- En
la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los cuatro días del mes de mayo de
- 1 -
Sr. Presidente (Fellner).- Con la presencia de 140 señores diputados, queda abierta la
sesión especial convocada para el día de la fecha, conforme al requerimiento
efectuado por varios señores diputados en número reglamentario.
Invito al
señor diputado por el distrito electoral de Buenos Aires, don Francisco de
Narváez, a izar la bandera nacional en el mástil del recinto.
- Puestos de pie los señores diputados y el público asistente
a las galerías, el señor diputado don Francisco de Narváez procede a izar la
bandera nacional en el mástil del recinto.(Aplausos.)
- 2 -
Sr. Presidente (Fellner).- Por Secretaría se procederá a dar lectura de la resolución
dispuesta por esta Presidencia convocando a esta sesión especial.
Sr. Secretario (Hidalgo).- Dice así:
aquí pedido de sesión especial
- 3 -
Sr. Presidente
(Fellner).- En consideración en
general.
Tiene la
palabra la señora miembro informante del dictamen de mayoría.
Sra. Ibarra.-
Señor presidente: tenemos en tratamiento un dictamen que propone habilitar el
matrimonio para personas del mismo sexo en igualdad de condiciones, derechos y
responsabilidades, y con los mismos requisitos y efectos, que corresponden al
matrimonio para las personas de distinto sexo.
Antes de
ingresar a la discusión de la iniciativa quiero hacer algunos reconocimientos.
En primer lugar deseo dejar en claro el reconocimiento a los militantes de las
organizaciones de lesbianas, gays, bisexuales y trans, cuyos integrantes vieron
cercenados sus derechos y se sintieron discriminados durante años. En una lucha
realmente incansable estuvieron trabajando codo a codo para poder llegar al día
de hoy para ver si por primera vez en el Congreso de
El
reconocimiento es entonces en primer lugar para todos los militantes, en la
persona de María Rachid, presidenta de
Asimismo
quiero hacer un reconocimiento muy especial a la señora diputada mandato
cumplido del Partido Socialista, Silvia Augsburger, quien está presente en este
recinto.
Ella es
autora de una de las dos iniciativas. De manera que un proyecto es de su
autoría, y ha sido acompañado por diputados de otros bloques, y otro es de mi
autoría y también ha sido acompañado por distintos diputados. Cabe destacar que
ella ha sido una luchadora incansable, por lo que realmente hubiésemos querido
que en esta jornada histórica estuviera sentada en una de estas bancas.
Como dije, el
dictamen de comisión que vamos a tratar hoy es la síntesis de dos iniciativas:
el proyecto de autoría de la señora diputada mandato cumplido Silvia Ausgburger
y un proyecto de mi autoría, ambos acompañados por diputados de otros bloques.
Hemos hecho una síntesis conjunta, hemos hablado con diversos bloques y
queremos plantear el debate de hoy con el mayor respeto y con la mayor
dignidad.
Sabemos que
en este debate se ponen en juego convicciones; en algunos casos, convicciones
religiosas, y en otros, fuertes ideologías vinculadas con la igualdad, con
cuestiones de discriminación, y diputados de muchos bloques hablamos hoy para
dejar de lado cualquier disputa política y poder entrar en un debate vinculado
con los derechos y con el contenido de esta norma, con todo el respeto que
merece nuestra sociedad cuando tratamos estos temas.
Dicho esto,
paso a abocarme directamente al tratamiento del dictamen que nos ocupa.
El dictamen
propone habilitar el matrimonio para personas del mismo sexo con iguales
requisitos, efectos, derechos y responsabilidades, sean los contrayentes de
distinto sexo o del mismo. La centralidad del dictamen es una discusión
vinculada con la igualdad. Estamos eliminando el requisito que tiene nuestro
Código Civil de que presten consentimiento el hombre y la mujer y pasamos a
hablar del requisito de que presten consentimiento “ambos contrayentes”. Además,
estamos diciendo que no se constituyen en marido y mujer sino en cónyuges.
Luego, el
dictamen genera una serie de concordancias en todos los artículos donde el
Código Civil hace mención al hombre y la mujer. Es decir, en todos esos
artículos aludimos a “contrayentes” y hacemos las concordancias a los fines de
la ley de nombre, de la ley de patria potestad y el régimen de inscripción en
el Registro Civil, así como algunos temas vinculados con la curaduría por
alguna incapacidad.
Centralmente,
de eso se trata el dictamen. Y termina con una cláusula interpretativa donde se
establece que todo nuestro ordenamiento jurídico tiene que entenderse en el
sentido de que los mismos derechos y las mismas responsabilidades atañen tanto
a los matrimonios de personas de distinto sexo como a los de personas del mismo
sexo.
Para dar un
abordaje desde el punto de vista del Estado, primero queremos plantear que lo
que estamos tratando hoy es la modificación de leyes civiles en un Estado
laico. No estamos abordando, ni podríamos hacerlo, el matrimonio de las
distintas religiones. No abordamos el matrimonio católico, no abordamos el
matrimonio de la religión judía, no abordamos el matrimonio de los musulmanes.
Repito: estamos tratando leyes civiles en un Estado laico.
Y en ese
sentido, ya hoy el matrimonio civil es absolutamente distinto a los matrimonios
religiosos. En la religión católica, por ejemplo, el matrimonio es un
sacramento y es indisoluble. En cambio, en el ámbito civil de nuestras leyes
civiles tenemos el divorcio vincular y acceden a este matrimonio civil las
personas de todas las religiones y también aquellas que optan por no tener
religión.
El segundo
punto para plantear es que necesariamente debemos abordar este tema desde el
punto de vista de un Estado democrático constitucional. Nosotros tenemos un
paradigma constitucional que ha establecido
Lo que
queremos decir es que constituimos una sociedad plural, como cualquier otra
sociedad humana. Pertenecemos a distintas etnias y religiones, tenemos
diferentes orientaciones sexuales y distintas opiniones políticas. Por lo
tanto, lo que hacen
En ese marco
debo aclarar que la modificación que hoy proponemos no agravia derechos de
terceros, la moral ni el orden público. Simplemente da derechos a aquellos que
los tenían restringidos.
Lo que no
parece razonable –es más, está prohibido‑ es otorgar derechos a unos
y quitárselos a otros en base a la orientación sexual. Digo esto porque existe
una interdicción, una prohibición de nuestra Constitución y de los tratados
internacionales, en el sentido de que no se puede discriminar, diferenciar o
distinguir en base a la orientación sexual.
Un párrafo
aparte merece el tema de la adopción. Como se ha discutido mucho sobre este
tema le quiero dedicar unos minutos de mi exposición. Al respecto, cabe señalar
que el dictamen en tratamiento no da derecho a los homosexuales a adoptar
niños; el derecho ya lo tienen. La ley en vigencia no permite ni impide que
gays y lesbianas adopten en las mismas condiciones y con los mismos requisitos
que rigen para los heterosexuales. Hoy esto ya lo hacen. Hay cientos de niños
que fueron adoptados por parejas homosexuales que crían a sus hijos en su
familia. Esta es una facultad contemplada desde siempre en nuestra ley de
adopción. Tal es así que el artículo 312 del Código Civil establece que nadie
puede ser adoptado por más de una persona simultáneamente, salvo que los
adoptantes sean cónyuges. Como pueden observar, la norma no exige orientación
sexual; no se pregunta si el adoptante es homosexual o heterosexual. Hoy las
parejas homosexuales adoptan a sus hijos y los crían, pero sólo uno de ellos
queda registrado como adoptante. Esta es la realidad que estamos viviendo; no
es algo que se establece a través de este proyecto. Lo que sí decimos en esta
iniciativa es que los chicos criados por padres homosexuales, donde sólo uno de
los integrantes de la pareja figura como adoptante, están en inferioridad de
derechos frente a aquellos que fueron adoptados por parejas heterosexuales.
Esos chicos tienen desamparo frente a la ley. En caso de fallecimiento del que
no figura como adoptante no puede heredarlo y solo puede requerir alimentos al
que figura como adoptante.
Si el
adoptante muere el chico queda huérfano y al otro, que a veces lo crió durante
años y lo ha protegido y cuidado dándole salud y educación, no se le reconoce
el vínculo legal con el niño.
En caso de
que el padre que figura como adoptante quede sin trabajo, ese chico no puede
tener la obra social del otro que lo ha criado.
La diferencia
que establece el proyecto que estoy informando es que a aquellas parejas
homosexuales en las que solo uno figura como adoptante, les daremos el estatus
legal de ser coadoptantes. De ese modo el chico tendrá la protección de heredar
a los dos, tener una obra social garantizada, alimentos, y en caso de
separación tener la posibilidad de pedir alimentos y heredar a ambos
integrantes de la pareja.
Nada estamos
inventando con esta iniciativa; estamos protegiendo derechos de chicos que hoy
reciben un trato desigual respecto de los adoptados por una pareja
heterosexual. Tanto es así que si sancionáramos un proyecto de ley de
matrimonio que impidiera adoptar a las personas homosexuales las estaríamos
poniendo frente a la disyuntiva de casarse o adoptar, cuando hoy la ley ya les
permite adoptar. Sin embargo, si quisieran casarse le tendríamos que decir que
deberán optar entre casarse o adoptar.
Para concluir
con este tema, hoy hay adopción porque ella no exige una orientación social
determinada.
Quiero
referirme brevemente a la alternativa unión civil o matrimonio. Si se habla de
unión civil para homosexuales y matrimonio para heterosexuales estamos en un
problema constitucional. Seguimos con la misma discusión vinculada a la
igualdad. Sería como establecer un régimen para personas de color y otro para
las blancas o un régimen para los judíos y otro para los católicos.
Tenemos un
Estado laico que reconoce la igualdad de las personas. Si lo que se está
diciendo es que se pretende crear una unión civil para homosexuales y
heterosexuales, para todos, pero dejar el matrimonio solo privativo para heterosexuales,
seguiremos estando en un problema de desigualdad y teniendo sentencias de
jueces que sostienen que es inconstitucional en razón de que otorga derechos a
unos y los niega a otros por su orientación sexual.
Después
plantearé las inconsistencias del régimen de unión civil que se propicia. Los
derechos no son los mismos; ni siquiera hay presunción de paternidad y hay una
serie de problemas, por lo que, tratándose de un régimen nuevo, crearía una
enorme cantidad de problemas en nuestro sistema civil.
En los
últimos minutos de mi exposición quiero decir desde una perspectiva histórica
que en un tiempo el matrimonio estuvo vedado a los esclavos porque no eran
libres. En otro momento estuvo vedado a los negros porque no eran blancos. En
otro momento también estaban prohibidos los matrimonios interraciales. Así
mismo estuvo prohibido para los homosexuales.
Hasta hace
muy poco las mujeres ‑en muchos lugares del mundo todavía sucede‑
no podían casarse en libertad e igualdad. Hasta no hace mucho las mujeres
teníamos que pedir autorización a nuestros maridos para trabajar. Hasta no hace
mucho las mujeres no podíamos ejercer la patria potestad sobre nuestros hijos.
Hasta no hace mucho las parejas estaban obligadas a convivir en matrimonio
aunque el vínculo estuviera disuelto y la gente ya no quisiera mantener ese
vínculo civil. Hasta no hace mucho las mujeres por ejemplo no podíamos votar.
A veces nos
cuesta explicar a nuestros hijos que hasta no hace mucho las mujeres teníamos que pedir permiso a nuestros maridos
para trabajar, como seguramente dentro de unos años nos va a costar trabajo
explicar que a dos personas, sólo por querer elegir para compartir la vida una
persona del mismo sexo, se les impedía acceder a una institución civil como es
el matrimonio. Ahora muchos van a poder acceder.
Pido
autorización para leer las palabras del presidente del gobierno español,
Rodríguez Zapatero, frente al Parlamento cuando se sancionó la ley de
matrimonio civil también para las personas del mismo sexo, porque se refiere a
cómo impactó en una sociedad. Este no es un problema sólo de la comunidad
homosexual sino de todos porque se trata de un problema de igualdad.
Dijo
Rodríguez Zapatero: “No estamos legislando, señorías, para gentes remotas y
extrañas. Estamos ampliando las oportunidades de felicidad para nuestros
vecinos, para nuestros compañeros de trabajo, para nuestros amigos, para
nuestros familiares, y a la vez estamos construyendo un país más decente,
porque una sociedad decente es aquella que no humilla a sus miembros. Hoy la sociedad
española da una respuesta a un grupo de personas que durante años han sido
humilladas, cuyos derechos han sido ignorados, cuya dignidad ha sido ofendida,
su identidad negada y su libertad reprimida. Hoy la sociedad española les
devuelve el respeto que merecen, reconoce sus derechos, restaura su dignidad,
afirma su identidad y restituye su libertad. Es verdad que son tan solo una
minoría, pero su triunfo es el triunfo de todos; también, aunque lo ignoren, es
el triunfo de los que se oponen a esta ley porque es el triunfo de la libertad.
La victoria nos hace mejores a todos porque hace mejor a nuestra sociedad.”
Quiero destacar que desde
el principio hicimos un trabajo en forma transversal con el esfuerzo de todos
los bloques para poder conseguir hoy esta sanción. Se ha hecho un trabajo
arduo, con mucho esfuerzo de parte de integrantes de todas las bancadas.
Estamos tratando una
cuestión de igualdad. No se trata de un tema religioso, ni de una cuestión sólo
de una comunidad; estamos tratando un tema que hace a toda la sociedad
argentina porque estamos discutiendo si le damos un lugar a la igualdad, a la
dignidad, al respeto, y si ponemos
Pedimos a todos nuestros
pares el acompañamiento en este proyecto y reconocemos la enorme tarea que se
ha hecho desde las comisiones, sus integrantes y la militancia de todos los
bloques que transversalmente han trabajado para esta iniciativa. (Aplausos prolongados.)
Sr. Presidente (Fellner).- Para informar sobre su dictamen de
minoría tiene la palabra el señor diputado por Ciudad de Buenos Aires.
Sr. Pinedo.- Señor presidente: celebro el tono levantado de
la exposición de la señora diputada miembro informante del dictamen de mayoría.
Me parece que esto
contribuye a tener un debate importante para nuestra sociedad, que tenemos que
dar y que no es un debate más sino que se va a ver reflejado en la sanción de
un proyecto de ley que modifica las condiciones de vida de personas de carne y
hueso, de nuestros compatriotas y de los que viven en
Esa circunstancia es la que ha motivado que los distintos bloques de
esta Cámara hayan tenido la inteligencia y el sentido común de dar libertad de
acción a sus miembros, a los efectos de que voten de acuerdono sólo con su conciencia sino también en función de lo
que crean más conveniente para sus conciudadanos.
En el caso
de nuestro bloque –aclaro que no estoy hablando en su nombre en este momento-
también procederemos de la misma manera y habrá manifestaciones en ambos
sentidos. Un grupo de señores diputados y diputadas de esta casa ha elaborado
un dictamen de minoría, y vengo a pedir el voto favorable de la mayoría de esta
Cámara.
Dicho
dictamen de minoría tiene dos características. La primera es que a las personas
adultas que quieran tener una relación conyugal les otorga más libertades que
las que tienen actualmente los contrayentes de un matrimonio civil. La segunda
característica está vinculada con el complejo tema de la adopción de menores.
En ese
sentido, en el debate de fondo nosotros no establecemos una regla fija de
adopción de menores porque no queremos que, sin dar un debate amplio sobre la
necesidad de modificar o no la ley de adopción vigente, se obligue a los jueces
a adoptar determinadas posiciones otorgando pautas de adopción cuando podrían
considerar que eso no es lo más conveniente para el caso de un menor concreto.
Ellos y los legisladores tienen la obligación de poner los derechos del niño
sobre los de los adultos, tal como está previsto en los tratados
internacionales que tienen rango constitucional en nuestro país.
Hemos
meditado bastante en materia de unión de adultos y los firmantes de este
despacho de minoría consideramos que la institución del matrimonio civil que
está orientada a la unión de los cónyuges y a la educación de los hijos es
valiosa para nuestra sociedad.
También
creemos que la ley de matrimonio civil impone a los contrayentes una serie de
limitaciones en sus libertades y en sus derechos que no tienen justificación –a
nuestro criterio- en los casos en los que no existen hijos comunes de dichos
contrayentes.
Por eso,
mientras discutíamos el dictamen de minoría
y analizábamos los diversos proyectos, algunos evaluamos la hipótesis de
establecer una institución que permitiera igualdad de derechos aún para las
uniones homosexuales.
En otro
momento, a otros –a mí en particular- nos pareció que esto era discriminatorio
en relación con la comunidad homosexual y pensé que podía ser más útil
establecer una institución que contemplara la situación de las parejas que no
tuvieran hijos porque, en ese caso, no tenía sentido limitar sus libertades,
tal como lo hace la ley de matrimonio cuando la limitación de libertades está
orientada a proteger a esos hijos.
Pero,
finalmente el dictamen de minoría opta por establecer una nueva institución sobre
la base de considerar que puede ser útil no sólo para los homosexuales sino
también para los heterosexuales. A nadie escapa que una institución de este
tipo sería beneficiosa para nuestra sociedad, dado que contempla la situación
de los heterosexuales que quieren adherir a ella, como sucede en la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires donde hay más uniones civiles de contrayentes
heterosexuales que homosexuales.
Esa situación
institucional y de derecho nos parece superior a la hipótesis de no tener
ningún derecho, como ocurre en las uniones de hecho, aún cuando hay hijos. Por
lo tanto, así como el dictamen de minoría considera que no es cuestión de
contraponer instituciones ‑unión civil versus matrimonio‑, como si
el triunfo de una fuera la derrota de la otra, nosotros entendemos francamente
que es útil para la sociedad, para nuestros compatriotas, para la gente que
quiere vivir en
En materia de
adopción hemos tenido largas cavilaciones y mucho estudio. Como bien dijo la
señora diputada Ibarra, la actual ley permite la adopción por parte de personas
no casadas, independientemente de su orientación sexual, es decir, de su
condición heterosexual u homosexual. Para nosotros, esa es una situación
indiscutiblemente valiosa y paso a explicar por qué.
El régimen
actualmente vigente prevé lo que nosotros creemos que debe prever: que los
jueces decidan las adopciones en cada caso concreto evaluando, en primer lugar
y como lo establece
Cuando
hablamos de adopción no nos referimos al derecho de las personas adultas a
adoptar como cuestión principal sino del derecho de los niños a ser adoptados,
a tener padres. Desde este punto de vista nos parece absolutamente valioso que
en un caso concreto los jueces consideren que Fulano de Tal, o Fulana de Tal,
independientemente de su orientación sexual se hagan cargo de la crianza y de
la educación de un chico en determinada situación.
Nos parece
que el dictamen de mayoría ha avanzado en ese punto, porque al establecer la
igualdad de las uniones homosexuales y heterosexuales en el matrimonio en
relación con la adopción –tema en el que avanza específicamente‑, fija
una postura en la legislación que el juez tendrá que aplicar. Los jueces no
pueden optar por aplicar o no una ley.
Podría ser
que en un caso concreto un juez crea que para determinado chico es mejor que el
adoptante sea Juan en lugar de Pedro o María. Entendemos que el magistrado debe
tener esa libertad, porque –insisto‑ en materia de adopción el tema
primordial es el derecho superior de los niños. No es mi intención dictar
cátedra ni dar una solución absoluta; por el contrario, debo reconocer ante los
señores diputados mi ignorancia. Hay algunos que nos dicen que es importante
para la formación de los chicos que tengan clara una diferenciación de roles,
de padre y de madre, y que la diferenciación de roles forma parte de la
personalidad de los chicos. Los roles en la educación ‑nos dicen algunos,
yo no soy un especialista- conforman la personalidad de las personas. En
consecuencia, es importante que estos roles existan no solamente en cuanto al
padre y a la madre sino a los abuelos, que tienen características distintas.
Yo no puedo
decir lo que dicen otros, o lo que dicen los que piensan lo contrario, pero la
verdad es que no sé si es lo mismo para un chico tener dos papás en lugar de
tener un papá y una mamá. La verdad es que no puedo decir si es así o no; si es
verdad o no es verdad. Como legislador,
tengo la obligación de resguardar, en primer lugar, el derecho superior del
niño y no imponer una solución a un juez que lo haga apartarse de lo que él
cree en el caso concreto en defensa del interés superior del niño.
No estamos
haciendo previsiones en este proyecto vinculado con la adopción de
homosexuales, sino que estamos absolutamente convencidos de que esta situación
merece un tratamiento más profundo, con especialistas que nos ilustren y con un
conocimiento mayor del que todos los diputados, o la mayoría, creo que tenemos.
Lo que
estamos haciendo en esta materia es simplemente dejar este debate para cuando
se discuta una modificación de la ley de adopción. Pero, insisto, no queremos
privar a los jueces de su libertad y protección de los derechos superiores de
los chicos.
Finalmente,
considero que la propuesta del dictamen de minoría garantiza mayores derechos a
los contrayentes, mayores libertades en materia de administración de los bienes
comunes o de cada uno y en materia de testamento.
Hemos
discutido este tema y ustedes saben que las personas que tienen hijos pueden
disponer libremente de un quinto de sus bienes. Lo que nosotros proponemos como
solución es hacer a la inversa en el caso de uniones civiles, estableciendo que
al cónyuge supérstite le corresponde tener una legítima del 20 por ciento, de
la que no se le puede privar porque nos parece que la convivencia en común
genera situaciones de asistencia que deben ser contempladas en el derecho
sucesorio.
También
creímos que era importante incorporar el régimen patrimonial al instituto que
promovemos –la señora diputada Ibarra se refirió a este tema-, ya que se trata
de un esfuerzo serio de los legisladores. Se propone que las partes puedan
acordar libremente entre sí lo que quieran. Si no acordaron, se establece un
régimen patrimonial porque si no caemos en la situación actual en donde los
jueces aplican por similitud el régimen de las uniones de hecho, que implica
una responsabilidad enorme de cada uno de los cónyuges o socios por todas las
acciones del otro cónyuge o socio, lo cual es inaceptable.
Por último,
hay otras obligaciones del matrimonio que considero están hechas en beneficio
de los hijos y nosotros no creemos que en el enlace civil tengan que subsistir,
como la obligación de convivencia, la obligación de fidelidad o de tener un
trámite complejo para la disolución del vínculo.
Entonces,
insisto, en materia de relaciones entre adultos, nosotros estamos proponiendo
un régimen de mucha mayor libertad para las partes que el régimen de
matrimonio, que es restrictivo en beneficio de los hijos. En materia de
adopción lo único que estamos haciendo es dándole libertad a los jueces para
que juzguen, en el caso concreto, cuál es el interés superior del niño.
Dicho esto
les quiero pedir a mis colegas, del mismo modo que lo hizo la diputada Ibarra,
que evalúen concienzudamente su
obligación de actuar como legisladores,
de cuidar los derechos que están al cuidado de los legisladores y de hacer prevalecer
siempre ‑como dice nuestra Constitución, y por sobre los derechos de los
adultos‑ los intereses superiores de los chicos. (Aplausos.)
Sr. Presidente
(Fellner).- Tiene la palabra la
señora diputada por Chaco.
Sra. Terada.-
Señor presidente: habiendo presentado un dictamen de minoría, paso a dar sus
fundamentos. Previamente me gustaría dejar sentado que desde nuestro bloque
–Coalición Cívica - ARI- estamos a favor del reconocimiento de los derechos
civiles, previsionales, de vivienda y de obra social de todas las personas, no
solamente de las del mismo sexo sino también de aquellas que quieran constituir
un instituto ampliado que denominamos unión familiar. ¿Por qué? Porque estamos
en contra de cualquier tipo de discriminación y a favor de los derechos
humanos, del respeto, de la dignidad y de la vida de todas las personas. Hablo desde mis propias convicciones
religiosas, como practicante budista.
Es cierto que
la realidad existe. Existen personas del mismo sexo que quieren constituir una
unión; pero también hay personas que sin
tener lazos sanguíneos constituyen una familia, y eso pasa muy frecuentemente
en el interior. En general, en el interior del país encontramos a los que
denominamos hermanos o hijos de crianza, que sin llegar a ser adoptivos forman
parte de la familia y también tienen derechos.
¿Qué pasa con
aquellos amigos y amigas que sin tener ningún tipo de interés intersexual sí
tienen una vocación de estar juntos y de constituir lo que denominamos unión
familiar? Es cierto que esta realidad existe, y también es cierto que es
función de los legisladores poder plasmar esto en las modificaciones que sean
necesarias en la legislación vigente.
Viene a mi
memoria lo que sucediera cuando se sancionó la gran reforma del Código Civil a
través de la ley 17.711. ¿Qué pasó en esa oportunidad? Se constituyó una
comisión con juristas de primer nivel, maestros del derecho civil como Spota,
Borda y López Olaciregui, que realizó un trabajo profundo sobre las
modificaciones necesarias. En realidad, ese trabajo reflejaba lo que Vélez
Sársfield ‑quien constituyó lo que es la obra del Código Civil- había
dejado plasmado para que en el futuro, atento a los grandes cambios que se
producían, también se realizaran las adaptaciones a las normas. Vélez Sársfield
era pragmático, y como hombre de derecho sabía perfectamente que en algún
momento tendrían que hacerse algunos ajustes.
En algunos
casos que se presentan en el ejercicio profesional de la abogacía, a veces
necesitamos recurrir a leyes ante determinadas situaciones para defender
derechos legítimos. Nos pasó en el caso de un matrimonio con un solo hijo, en
el que fallece el padre. Cuando se hace
la sucesión el hijo quiere vender la casa donde vivía su madre. Justamente el
artículo 3.573 del Código Civil, que fuera sancionado con la ley 17.711 seis
años después, acopla una modificación que permite que la viuda pueda tener ese
derecho real de habitación. Cabe destacar la importancia de ajustar los cambios
que se producen dentro de la realidad, como por ejemplo en la noción de hijo,
que antes estaba estrechamente vinculada con el fruto de la unión del hombre y
la mujer. Hoy, con el avance de la ciencia, hablamos de inseminación in vitro, fertilización asistida, bancos
de semen o de óvulos y tantas cosas que requieren, por supuesto, el ajuste de
nuestra propia legislación.
Debemos tener
esto en consideración y ver lo que pasa en la legislación comparada, donde
también de acuerdo con la idiosincrasia y la historia de cada pueblo se produjeron
modificaciones. Por ejemplo, en Inglaterra se habla de la asociación civil, una
suerte de contrato que permite que personas del mismo sexo o de diferentes
sexos puedan constituir un tipo de unión. Lo mismo pasa en Francia, con el
famoso PACS, que es el pacto de convivencia solidaria, en virtud del cual
personas del mismo sexo o de diferentes sexos pueden reglar sus relaciones. Y
por qué no mencionar en este marco a Alemania, que también tiene un contrato de
convivencia perpetua o vitalicia que regula este tipo de situaciones. Pero
veamos qué ocurre.
Cuando
hablamos de parejas del mismo sexo en realidad nos estamos refiriendo a
relaciones intersexuales, o por lo menos presumiéndolas. Pero, ¿qué sucede con
este otro tipo de situaciones en donde el vínculo se da por la familiaridad de
la que se hablaba recién? Me refiero, por ejemplo, al hermano y el hijo de
crianza, dos amigas o dos amigos, o dos hermanas mayores que toda la vida han
vivido juntas, que se brindan un apoyo mutuo y que al fallecimiento de una de
ellas se encuentran en esta situación. Si no existe un instituto como la unión
familiar, que contemple la situación de estas personas y defienda sus derechos
–nosotros estamos a favor del reconocimiento de los derechos civiles y
previsionales de estas personas-, ellas no encontrarán la contención adecuada.
Lamento que
las comisiones respectivas no nos hayan permitido un mayor y más democrático
debate a quienes hemos ingresado recién el 10 de diciembre a los efectos de que
esta reforma del Código Civil que se pretende hacer ahora pueda tener un
alcance amplio y con una mirada total, y no contemplar solamente a determinados
sectores dejando en un total desamparo a los otros.
Creo que la
familia es un instituto social que tiene numerosas connotaciones, y quizás el
instituto del matrimonio no serviría para contener todas estas situaciones. Por
eso, siendo respetuosa de las confesiones religiosas, que inclusive pueden
considerar al matrimonio como un sacramento, me parece que eso forma parte de
nuestra realidad, y los que habitamos en el interior lo sabemos porque lo
vivenciamos a cada momento.
Entiendo que
podríamos dar un salto cualitativo, buscar un instituto mucho más amplio y más
comprensivo de todas estas instituciones y situaciones que de hecho se producen,
porque si no, creería que estaríamos discriminando a estas personas que no
tendrían la contención necesaria.
Es por eso
que en este dictamen de minoría nosotros abogamos por una unión familiar, por
una unión que comprenda todas estas situaciones y que contemple los mismos
reconocimientos de los derechos civiles, hereditarios y previsionales, e
incluso el derecho real de habitación, para todas aquellas personas que estén
en esa situación.
Estimo que al
hacer una reforma del Código Civil deberíamos contemplar todas las miradas y
los institutos correlacionados. Sin embargo, hoy hubo una reunión de comisión
en la que se trató el instituto de la donación, dentro del cual está
involucrado el artículo 1808, que establece que no podría ser donataria la mujer
casada, sin el consentimiento del esposo o del juez. Si bien es un instituto
que está en desuetudo, debería haber sido incorporado, por ejemplo, en esta
reforma que hacemos hoy en relación con la institución del matrimonio, con
todos los elementos, aristas e instituciones que están vinculados a él.
Por supuesto,
la base de todo esto es el principio constitucional establecido en el artículo
16 de nuestra Carta Magna, que se refiere a la igualdad ante la ley. Pero creo
que esta igualdad tiene que ser plasmada en su verdadera dimensión.
En este
sentido me gustaría citar la opinión de Joaquín V. González acerca del
principio de igualdad ante la ley. Él sostenía que según la ciencia y el
espíritu de
De esto
deviene el apoyo que pedimos a los pares legisladores respecto de este dictamen
de minoría y del instituto de la unión familiar, porque estamos a favor del
reconocimiento de todos los derechos y en contra de cualquier tipo de
discriminación. Entendemos que la discriminación se daría en estas situaciones
que he narrado, en las cuales evidentemente esas personas quedarían
desamparadas. (Aplausos.)
Sr. Presidente
(Fellner).- Tiene la palabra el
señor diputado por San Luis, como miembro informante de otro dictamen de
minoría.
Sr. Merlo.- Señor
presidente: voy a compartir mi tiempo con la señora diputada Ivana Bianchi.
La primera
pregunta que nos surge al tratar este tema es qué estamos discutiendo. Entiendo
que lo que estamos discutiendo en este proyecto no es una posición más
humanitaria respecto de la homosexualidad sino el instituto del matrimonio, el
concepto y la regulación del matrimonio que queremos los legisladores
nacionales para todos los argentinos.
El matrimonio
es una institución de nuestra sociedad que se erige conforme a ciertos
principios, entre los cuales está la complementariedad de sexos, clave para la
procreación, socialización y educación de nuestros hijos.
La unión
entre un hombre y una mujer es una celebración milenaria que utilizaron los
distintos pueblos y las grandes culturas del mundo para dar inicio a la célula
básica de nuestra sociedad, que es la familia. La unión de un hombre y una
mujer es racional para la sociedad, ya que el resultado es la procreación,
asegurando la perpetuidad de la especie.
El matrimonio
establece no sólo roles de género de hombre y mujer, sino también de
parentesco, dado por la descendencia. Constatar una diferencia no es
discriminar. La naturaleza no discrimina cuando nos hace hombre o mujer. Las convenciones internacionales no
discriminan cuando exigen el requisito de hombre y mujer.
El Código
Civil tampoco discrimina cuando así lo exige. En realidad, tanto las
convenciones como el Código Civil lo que están haciendo es reconocer una
realidad natural.
No es
verdadero que el matrimonio de heterosexuales discrimine. Para que haya discriminación tiene que
existir arbitrariedad, y este no es el caso de una distinción que se base en
razones y en fundamentos.
Es justo
tratar igual lo igual; es justo tratar lo desigual como desigual, pero no es
justo tratar lo desigual como igual y lo igual como desigual. Con esto quiero decir que la equiparación en
nombre y derechos de los ciudadanos que asumen el compromiso de las funciones
sociales estratégicas, como es la procreación, no pueden ser considerados en
las mismas condiciones; en caso
contrario, se trataría de una discriminación injusta.
En
conclusión, creo que no es el matrimonio la institución que razonablemente
puede otorgar a las personas de condición homosexual la protección que se merecen.
Nuestra
Constitución Nacional, los tratados internacionales y el Código Civil reconocen
al matrimonio como base de la familia y de la sociedad. En primer lugar, en
nuestra Constitución Nacional el artículo 14 bis contempla como deber el
proteger a la familia.
A partir de
la reforma constitucional de 1994 se incluyeron los tratados internacionales
con jerarquía constitucional. Dichos tratados son muy claros al momento de
hablar del matrimonio como unión de un hombre y una mujer.
Lo mismo
ocurre con
Las
convenciones sólo destacan la calidad sexual del hombre y la mujer en los
artículos referentes únicamente al matrimonio. A la hora de considerar la
posibilidad de adopción por parte de las parejas del mismo sexo, no hay que
atender tanto al deseo de los presuntos adoptantes, sino al interés superior de los niños.
Aprobar la
adopción por parejas homosexuales iría en contra del principio número 7 de
Sin duda, se
requiere hacer frente a las necesidades que hoy presenta la comunidad
homosexual. El matrimonio, tanto en su sustancia como en su nomenclatura, no es
el instituto adecuado para reconocer la igualdad de las personas de condición
homosexual.
Todos estos
reconocimientos pueden ser suficientemente tutelados por el derecho común;
incluso, la situación de daño patrimonial, que se deriva de dichas relaciones
particulares, tiene vigente las vías de prevención y de reparación en nuestro
régimen legal.
En tiempos
tan cambiantes como los de hoy, los legisladores debemos ser valientes para
introducir nuevos paradigmas en beneficio de la comunidad y de los ciudadanos,
pero a la vez debemos ser moderados y prudentes para juzgar cuáles son aquellos
paradigmas que hacen que
Debemos velar
por un respeto cada vez mayor por la libertad individual y trabajar
incansablemente por el destierro de la
discriminación, pero no podemos dejar de reconocer las diferencias legítimas
donde ellas estén.
Me parece
oportuno que el Estado garantice la libertad de las personas del mismo sexo,
pero no que la institución para solucionar este tema sea el matrimonio o la
unión civil.
La
modificación al Código Civil hoy propuesta por el dictamen de mayoría afecta a
un sinnúmero de normas y situaciones que, dada la celeridad con que se ha
procedido en el debate, no han sido contempladas.
Sería un
error dar curso a un proyecto que propone un cambio sustancial en nuestro
ordenamiento social y jurídico sin antes prevenirse de las complicaciones prácticas que podría generar su aplicación y
sin contar con estudios serios sobre las consecuencias de las modificaciones
sustanciales que estamos produciendo en la organización social.
Podríamos
modificar el Código Civil, pero no está dentro de nuestras facultades alterar
las normas de jerarquía superior a la ley, sin incurrir en
inconstitucionalidad.
Aprobar este
proyecto significaría violar la jerarquía normativa dispuesta por los artículos
31 y 75, inciso 22, de
En la idea
que planteé al comienzo, lo que está en juego no es la consideración sobre las
personas de condición homosexual ni el respeto a su libertad.
Lo que está
en juego es el concepto de matrimonio, que no debe responder a los intereses de
un sector, sino a los intereses de todos los argentinos.
Por todo lo
dicho, me expreso en contra de la modificación del Código Civil para que puedan
contraer matrimonio personas del mismo sexo. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada
por San Luis.
Sra. Bianchi.-
Señor presidente: quiero dejar en claro que no estoy en contra de las uniones
homosexuales, y mucho menos, de su elección de vida. Quiero contarles que la
vida me ha regalado grandes amigos y muchos de ellos son gays.
Los
argumentos por los que me opongo al matrimonio entre personas del mismo sexo
son básicamente dos. El primero de ellos es que el matrimonio es una
institución especialmente heterosexual. Este es un dato antropológico del que
el derecho suele limitarse a tomar nota. Una unión formal entre personas del
mismo sexo será otra cosa, pero nunca un matrimonio.
El segundo
argumento por el que me opongo es que la unión entre personas del mismo sexo no
cumple las mismas funciones sociales por las que el derecho regula y protege el
matrimonio, por lo que no tiene sentido atribuirle toda la regulación jurídica
del matrimonio.
Un tema
aparte es la adopción por parte de parejas del mismo sexo, ya que basándose en
esto se busca un nuevo modelo de familia, a la que no estamos preparados como
sociedad ‑estoy segura de esto‑ para afrontar.
Hasta ahora,
nos guste o no, no se ha podido reemplazar el modelo de padre, madre e hijo
como la forma más viable de la adopción para un niño. Muestra de esto son los kibbutz de Israel, donde una mujer o
diferentes personas tomaban el lugar de padres para varios niños, o la madre en
Rusia, donde el Estado se arrogó la función de padre. Ambas experiencias
resultaron un fracaso y dejaron secuelas gravísimas para la sociedad.
Nuestra
cultura, quiérase o no, tiene parámetros fuertemente heterosexuales,
conformados en el seno de esta educación familiar tradicional. Siento que un
niño paternalizado por una pareja homosexual entraría necesariamente en
conflicto en sus relaciones personales con otros chicos; se conformaría
psicológicamente a un niño en lucha constante con él mismo y con su entorno.
La finalidad
de la adopción es una forma de filiación que quiere proporcionar a los menores
un hogar estable y adecuado para su crecimiento físico, intelectual y moral, un
entorno que sustituye todo aquello que su familia biológica le negó. Dos
hombres podrán ser muy buenos padres, pero nunca podrán ser dos buenas madres,
y viceversa.
La familia
tradicional ha pasado ya la fase experimental desde hace miles de años en la
mayoría de las culturas y, muy especialmente, en la nuestra. Los resultados ‑buenos
o malos‑ están claros, y están reflejados en la sociedad en la que
vivimos.
Pero de este
nuevo modelo de familia no sabemos nada. Es más: siento que con la adopción por
parte de parejas homosexuales estamos sometiendo a miles de chicos que han
pasado por un hecho traumático, como es el abandono, a un nuevo experimento.
Si esta norma
finalmente se sanciona, me pregunto:
¿cómo podríamos definir qué es una familia? No podemos decir que una familia es
un grupo de personas que viven juntas, porque hay gente que vive junta y no son
una familia. No podemos decir que una familia es un grupo de personas que se
quieren, porque hay gente que se quiere y no son una familia. Tampoco podemos
decir que una familia es el padre y la madre con sus hijos, porque tampoco es así,
ya que hay familias de hijos con padres y madres, familias de hijos con madres
solas y familias de hijos con padres solos.
Podríamos
decir que una familia es un núcleo de personas encabezado por dos de ellas, las
cuales hacen el amor periódicamente. Pero esto tampoco sería correcto, porque
hay personas que hacen el amor periódicamente y no son una familia.
Entonces, la
creación de esta nueva familia expondría a esos chicos a superar pruebas
mayores que los chicos adoptados por parejas heterosexuales. Yo puedo entender
el deseo de los homosexuales de ser padres, pero no deben imponer este deseo al
interés del menor.
Para
finalizar, quiero afirmar que no todo es
válido, legal y legítimo en nombre del amor. Yo creo firmemente en el amor: el
amor como base de una familia, como base de respeto, como algo esencial en la
vida; pero en nombre del amor no todo puede ser válido ni aceptado.
Hago hincapié en esto basándome en lo que para
mí fueron dichos poco felices de la señora diputada Gil Lozano en la reunión
conjunta de las comisiones, cuando dijo “¿Por qué no pensamos en uniones de
tres o cuatro personas? ¿Por qué no nos animamos a una vida de placer?” Luego
hizo alusión a la zoofilia, al decir que nos debemos permitir hacer el amor con
un perro, si el perro está de acuerdo. Sinceramente, señor presidente, no
podría describir mi estado y mi frustración al escuchar esas palabras y, sobre
todo, mi impotencia al pensar que en ese momento morían en el mundo miles de
mujeres y niños a causa de esas perversiones. Entonces, tengamos cuidado con el
mensaje que damos a la gente y a los chicos.
No podemos,
en nombre del amor, movernos en un ambiente donde se desenfoca la sexualidad
humana. La sexualidad debe ser un lenguaje de los sentimientos y del amor; el
amor hétero y homosexual, pero el amor, y no el placer solo. Estoy cansada de
escuchar a los llamados progres –entre comillas‑ que presentan a la
sexualidad como un mero objeto de placer, y no como una donación de una persona
hacia otra.
Por eso, creo que no debemos caer en un debate
simplista, donde quienes estamos en desacuerdo somos conservadores y
discriminadores, y quienes están a favor son progresistas, democráticos y
priorizan el derecho a la igualdad.
Para
terminar, quiero dejarles a todos mis compañeros diputados una frase del
biólogo Jean Piaget, que señala: “Denme a un niño en sus primeros años de vida
y responderé por su edad adulta.” (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- En razón de haber sido aludida,
tiene la palabra la señora diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra. Gil Lozano.-
Señor presidente: lamento muchísimo que la señora diputada preopinante no haya
podido interpretar una broma de mi parte.
Además, le
quiero recordar que en ese momento también hablé un poco del discurso que dio
anteriormente la señora diputada Terada; es decir, que a mí el dictamen de
mayoría que firmé me quedaba chico, porque me parecía que esta era una
oportunidad para haber podido discutir otros tipos familiares. De ninguna
manera planteaba una orgía y, mucho menos, la zoofilia.
Sr. Presidente (Fellner).- Señores diputados: creo que estamos
llevando a cabo un debate importante, con mucha altura y respeto. Por lo tanto,
evitemos las alusiones personales.
Tiene la
palabra la señora diputada por Buenos Aires.
Sra. di Tullio.-
Señor presidente: voy a intentar hablar en el mismo tono de respeto con el que
se ha venido hablando. Lo quiero hacer en forma personal, como diputada de
También
quiero defender el dictamen de mayoría desde el lugar de no sentirme mejor o
superior por mi condición de heterosexual o por haberle dado dos hijos al
Estado nacional en mi condición de mujer. Me siento igual a otros habitantes de
este país; siento que tengo los mismos derechos y obligaciones que todos los
ciudadanos que viven en
Quisiera
señalar –sobre todo luego de haber escuchado a los miembros informantes de los
dictámenes de minoría‑ que venimos trabajando en este proyecto desde
octubre o noviembre del año pasado. Hasta diciembre ocupé
Por lo tanto,
creo que todos los legisladores hemos tenido la oportunidad de nutrirnos de
distintas visiones y también hemos contado con el tiempo suficiente como para
adoptar nuestras propias decisiones. Somos todos adultos y es necesario que
tomemos una decisión desde nuestro rol de legisladores de
Voy a
defender el dictamen de mayoría haciendo una breve historia de la forma en la
que llegamos a la elaboración del texto en consideración. Esto fue posible,
entre otras razones, por la decisión que adoptaron las dos comisiones y los
diputados firmantes de los proyectos que sirvieron de antecedente para la
elaboración del dictamen; me refiero a las propuestas de las señoras diputadas
Vilma Ibarra y Silvia Augsburger, que en ambos casos contaron con la adhesión
de legisladores de diferentes bloques.
También
quisiera comentarles cómo llegamos –en mi opinión‑ a la elaboración de
este dictamen y por qué hoy los legisladores de
En este
sentido, estamos hablando del acceso irrestricto a todos los derechos
consagrados en nuestra Constitución Nacional. A eso apuntaban los dos proyectos
que hoy se ven sintetizados en el dictamen de mayoría.
¿Cómo
llegamos a la elaboración de esta propuesta? Tal como lo señaló la señora
diputada Vilma Ibarra –durante su exposición expresó su reconocimiento y
agradecimiento a
Ese debate lo
hemos tenido muchas veces en
Por lo tanto,
lo que hizo esa porción de la población es buscar a algún sector del Estado
–como ha ocurrido en muchos otros casos‑ que pudiera pugnar en la
misma dirección para alcanzar el reconocimiento de sus derechos. En este caso
lo hicieron a través de los diputados de
Como acabo de
señalar, esta no es la primera vez en la que el Estado argentino debate qué
hacer. Hubo un momento en
Así, las
mujeres de
La verdad es
que en ese momento el Estado no se planteó -y tampoco se debatió en el Congreso
Nacional- qué hacer con esa mitad de la población que no tenía acceso a los
mismos derechos que los varones, dado que estos últimos sí podían votar. Nadie
planteó que las mujeres podían elegir al presidente de una sociedad de fomento
o de
Tengamos en
cuenta que aquí no estamos hablando de la creación de un nuevo derecho ni de un
nuevo instituto. Lo mismo ocurrió respecto de los derechos de los trabajadores.
Justamente por esta razón, cuando hablo lo hago en mi condición de peronista.
Digo esto
porque cuando un sector de la población se reconoce al margen de un derecho
plantea sus reclamos de la mano del peronismo. En lo personal, me siento
orgullosa de servir de instrumento para que este tema se debata dentro de la
órbita del Estado, y así decidamos qué hacer.
Este es el
momento en el que el Estado tiene que decidir si sigue restringiéndole o no los
derechos a un sector de la población. Reitero que no estamos hablando de la
creación de un nuevo derecho ni de armar un nuevo instituto. Simplemente,
estamos discutiendo si a ese instituto –el del matrimonio‑, que figura en
el Código Civil, tendrán acceso o no todos los ciudadanos del país.
A lo largo de
la historia de la humanidad las peleas siempre se han dado en ese sentido,
porque llega un momento en el que el Estado tiene que decidir qué hacer: si le
sigue restringiendo o no los derechos a un sector de la población.
Evidentemente,
toda ampliación de derechos enfrenta a un poder; ese es el poder establecido.
Realmente creo que vale la pena afrontar este deber que tenemos todos los
legisladores. Como diputada de
Por otro
lado, escuché con atención las argumentaciones vertidas por los miembros
informantes de los dictámenes de minoría, y lo cierto es que no encuentro
ninguna razón para seguir restringiéndole a nadie el acceso universal al
instituto del matrimonio. La situación actual es algo que no puedo aceptar,
porque no le corresponde al Estado decidir qué tipo de familia le sirve y cuál
no. El Estado no regula la cantidad de hijos ni el tamaño de las familias de
También las
parejas del mismo sexo tienen, crían, aman y educan a sus hijos.
Así mismo es
real que hay jueces que amparados en el derecho constitucional casan a parejas
del mismo sexo, y que tales parejas adoptan niñas o niños en su seno. Si uno se
pregunta qué pasa con esos chicos lo cierto es que están en el peor de los
mundos pues no tienen los mismos derechos que los niños o las niñas de parejas
heterosexuales, biológicos o adoptantes.
El interés
superior del niño es tener exactamente los mismos derechos que el resto de las
niñas y los niños de este país. Respeto todas las visiones pero honestamente
considero que nadie puede creer que el interés superior de un niño sea tener
una mamá y un papá y no ser amado, cuidado y educado en el seno de una familia
que decidió constituirse como tal y seguir amando, cuidando y protegiendo a
esos chicos.
En mi opinión
si hay un interés superior que hay que cuidar es no ser discriminado, y el
Estado no puede ser el que discrimine a esos niños que son amados y cuidados
dentro de una familia que ha elegido constituirse.
Por eso
quienes trabajamos en el dictamen de mayoría propiciamos el acceso irrestricto
a ese instituto del Código Civil, que está amparado en nuestra Constitucional
Nacional y no solo en el artículo 16. Por otra parte recuerdo que
Con el
espíritu de ser coherentes con esa guía madre que tenemos los argentinos y las
argentinas planteamos el acceso irrestricto a este instituto del Código Civil
para todas las mujeres y los hombres de nuestro país sin distinción de su
elección o condición sexual.
Más allá de
cómo vote cada diputada o diputado, lo cierto es que históricamente
Ignoro cuál
será el resultado de la votación pero espero que este cuerpo sancione el
proyecto propuesto por el dictamen de mayoría, y todos los diputados y las
diputadas podamos dar una muestra de responsabilidad en la construcción de la
sociedad argentina. Todos queremos que este sea un país mejor, cada uno lo
busca desde su visión, pero creo que si se sigue restringiendo el acceso a este
derecho a una porción de la población no vamos por un buen camino. Me parece
que todos debemos reconocer que este país será significativamente mejor si
podemos sancionar el proyecto propuesto por el dictamen de mayoría. (Aplausos en las bancas y en las galerías.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada
por Córdoba.
Sra. Storni.-
Señor presidente: en primer término quiero expresar mi reconocimiento en
particular a
- Ocupa
Sra. Storni.- El
bloque de
Tal como lo
expresó la diputada Ibarra, quiero destacar que este dictamen es la síntesis de
los proyectos de autoría de esta diputada junto con la diputada mandato
cumplido Augsburger.
Hoy estamos
considerando una cuestión importantísima y trascendente: la reforma de varios
artículos del Código Civil referida a la institución del matrimonio,
particularmente el matrimonio civil, que en mi opinión debemos defender
básicamente como una institución laica.
Para abordar
el tratamiento de este tema sería propicio delimitar el ámbito de debate
evitando confusiones innecesarias que nos alejen del tema. Este debate
pertenece al campo de la dignidad humana, al de los derechos que garantizamos a
nuestros ciudadanos desde
La familia
como institución ha recibido constantes modificaciones legislativas, tanto
cualitativas como cuantitativas. Los antecedentes nos ilustran: el
reconocimiento de todos los hijos que otrora fueran llamados sacrílegos, la
derogación de la incapacidad relativa de la mujer posibilitando la
administración de los bienes gananciales, el establecimiento de la patria
potestad compartida y la igualdad entre cónyuges.
Junto con
este cambio también podemos observar en forma paralela la protección que brinda
El
significado de una vida en armonía con la dignidad humana fue cobrando
dimensiones diferentes según las épocas, entendiéndose y exigiéndose el
cumplimiento de nuevos derechos.
En este
sentido, debo destacar que la dignidad humana no es un atributo que cada
persona tenga por sí misma con independencia de la existencia de otras
personas, ya que la dignidad humana cobra su corolario como garantía del
contexto social, de sus relaciones interpersonales y de relaciones de igualdad,
y consecuentemente la pierde cuando es negada o degradada por otros.
Con la mirada
en la dignidad humana, evitando que sea una mera declaración de principios o un
texto de buenas intenciones, necesitamos construir desde la modificación de
algunas leyes del Código Civil un orden social más justo y solidario. El Estado
es el que debe organizarse y hacer cumplir lo firmado. Así como en distintos
momentos de la vida debemos asegurar ciertos derechos que cobran importancia
primaria, como la alimentación y la salud en la infancia, también debemos
garantizar en la vida adulta la posibilidad de elección, cualquiera sea la
inclinación afectiva, pues la formación de la familia es la base esencial y el
matrimonio la formalización de una situación de hecho.
Cuando
hablamos de esta reforma del Código Civil estamos refiriéndonos a derechos
protegidos constitucionalmente, en particular por los artículos 16, 19 y 75,
incisos 22 y 23, de
En la
conquista de los derechos humanos hemos recorrido un largo camino. Realmente
estoy muy orgullosa y siento una profunda satisfacción por el nivel en el que
está transcurriendo este debate, antes impensado. Recordemos las polémicas, la
virulencia y el escándalo que en su momento generó la ley de divorcio. En este
sentido, vaya mi reconocimiento como radical al presidente Raúl Alfonsín, que
impulsó esta transformación del Código Civil para introducir la ley de divorcio
‑ante la necesidad de parejas que habían dejado de amarse y sin embargo
tenían cuestiones en común‑ y también la ley de patria potestad.
Esta
situación fue regulada logrando el respaldo de amplios sectores de la
población, y por cierto el rechazo de algunos que como hoy siguen pensando que
estamos destruyendo a la familia. No; estamos intentando legislar a favor de la
igualdad y dar cumplimiento al mandato constitucional. Queremos legislar en el
sentido del reconocimiento de los derechos de las minorías.
Es importante
que podamos reconocer la existencia de los derechos considerados de cuarta
generación, como es el derecho a ser diferente, que deriva del derecho a la
libertad.
Soy de la
provincia de Córdoba, que fue pionera en la lucha por los derechos. Pertenezco
a una universidad que marcó un hito en 1918, en un proceso de transformación
que fue ejemplo en Latinoamérica. Esta reforma universitaria generó un avance
significativo. En su Manifiesto Liminar
rezaba “los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”. ¡Qué
grandes palabras! ¡Qué vigencia tienen a la luz de este tema que hoy es motivo
de un debate serio y responsable!
Sin embargo, a la par de estos avances
quedaban ciertos resabios que llegaron casi hasta ese siglo y que, valga la
redundancia, fue
Me estoy refiriendo al caso del
Colegio Universitario Montserrat, que discriminaba absolutamente el ingreso de
las mujeres amparándose en una supuesta tradición, francamente más digna de
Y hoy me llena de orgullo comentarles que me
acaban de alcanzar una resolución de
Es decir que ha habido un
profundo debate no solamente en
Señor
presidente: no podemos equiparar homosexualidad con perversión. Existen
perversos homosexuales y existen perversos heterosexuales. La mayor cantidad de
casos de abuso sexual que conocemos trascurren en seno de familias
heterosexuales y se trata de garantizar el interés superior del niño.
Hemos
avanzado notablemente despojando los prejuicios. La psicología y el
psicoanálisis tienen mucho que decir al respecto pero no voy a abundar en esos
detalles. Simplemente quiero destacar esta situación porque me parece que una
prestigiosa institución académica que emite una resolución de ese tipo está
avalándola, y jamás lo haría si hubiera algo que fuera contrario a cualquier
tipo de derecho que involucre a niños y adolescentes.
Recordaba que
algunos siglos atrás se luchaba por la defensa de los derechos civiles, y un
ícono fundamental fue
Es realmente
notable que en
Quisiera hacer mías las palabras vertidas por
el doctor Gil Domínguez en los debates que se llevaron a cabo en las reuniones
de comisión durante el año pasado.
Citando a ese
gran maestro que fue Sigmund Freud, en “Tres ensayos sobre teoría sexual” se
refiere a un niño de tres años al que cierta vez oyó dirigirse a su tía, desde
la habitación en que lo habían encerrado de la siguiente manera: “Tía, háblame,
tengo miedo porque está muy oscuro”. Y la tía le respondió: “¿Qué ganas con
eso? De todos modos no puedes verme”. A esto el niño respondió diciendo: “No
importa, hay mucha más luz cuando alguien habla”.
De eso se
trata la aplicación de
Por último,
para concluir, también quisiera citar las palabras de Pedro Zerolo, licenciado
en Derecho y concejal del Ayuntamiento de Madrid por el Partido Socialista. Se
trata de un activo militante por los derechos de la comunidad homosexual.
Pedro decía:
“
Argentina
En eso
estamos hoy: en legislar a favor de la igualdad de los derechos protegidos
constitucionalmente, y a favor de la inclusión de las minorías y de los
derechos humanos.
Sr. Presidente (Alfonsín).- Tiene la palabra el señor diputado Buenos Aires.
Sr. Solá.-
Señor presidente: voy a compartir mi tiempo con la diputada Celia Arena, quien
pertenece a mi bloque.
Como ya se ha
visto tanto en el bloque que represento como en otros, el tema que nos trae hoy
a
Como no sé si
se ha visto, es bueno recordar, y creo que lo sabemos los diputados presentes y
los que no lo están –también lo saben quienes están en las gradas- que en este
Parlamento, en líneas generales –y me puedo equivocar en algún caso- existe una
división entre quienes quieren reconocer el matrimonio entre individuos de un
mismo sexo y quienes quieren reconocer la unión civil de los mismos individuos.
Dicho de otra manera, no sé si llamar “homofóbica” a la posición de los que
buscan la unión civil.
Soy el
presidente de este bloque y junto con otros seis diputados vamos a votar a
favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. (Aplausos.) Hay
otros 24 diputados que quisieran que hoy se tratara la ley de unión civil. Me
consta que no quieren discriminar, que tienen plena conciencia de la
profundidad de lo que se trata, de la historia de la discriminación, de la
homofobia y de la persecución durante siglos a quienes no eligieron el sexo que
tienen sino que, simplemente, en forma natural se encontraron con él.
Sin
embargo, mis palabras no van a ser para defender a mis compañeros que sostienen
esta segunda posición sino que servirán para defender mí posición, es decir,
estar a favor del matrimonio del mismo sexo.
Señor
presidente: no puedo recurrir al derecho. No soy abogado ni tampoco soy de
aquellos que creen que hay que citar cuestiones del derecho para lucirse en
esta Cámara. Por el contrario; hay otros que lo hacen muchísimo mejor porque
les sale naturalmente y saben de qué hablan.
Sólo voy a
recurrir a lo que me pasa como persona, que supongo es lo que le ocurre a
muchos en
Asimismo,
tengo entendido que nuestra sociedad acepta con muchísimas más facilidad los
vertiginosos cambios culturales que debe soportar el mundo, que quienes tenemos
responsabilidades públicas. Alguien dijo que este mundo se parece mucho menos
al de 1970, época en la que el hombre llegó a
Durante
muchísimo tiempo varones y mujeres que se encontraron con su naturalidad
sexual, por así decirlo, debieron reprimirse. Fueron años y años, y tal vez
milenios, de sacrificios y de dolor.
No estamos
solamente legislando para el presente y el futuro; también estamos haciendo
justicia frente al pasado terrible que debieron vivir quienes no eligieron su
sexualidad, una sexualidad que al resto de la sociedad no le gustaba.
Las palabras
tienen un enorme valor; se sostiene que cuántas más palabras conocemos, mayor
cantidad de imágenes podemos tener y, por lo tanto, más amplio puede ser
nuestro pensamiento. Asimismo, se dice que un idioma restringido limita la
capacidad de mirar el mundo.
El término
“matrimonio”, que encierra un valor prohibitivo para los varones y mujeres de
buena voluntad que están en este recinto y que no quieren seguir discriminando
a nadie, es justamente el término que implica igualdad de derechos para
aquellos que no eligieron su sexualidad, que son homosexuales y que quieren
tener la posibilidad de casarse. La palabra “matrimonio” es la única que ellos
sienten que puede devolverles el derecho pleno. Ya que no hay igualdad social y
económica, por lo menos que haya igualdad legal.
La palabra
“matrimonio”, que en su origen significa “función de madre” –no ser madre sino
función de madre‑, es para muchos una enorme traba a partir de su adopción
por las iglesias. Las iglesias, sobre todo las cristianas y en especial el
culto católico, en el que me eduqué, consideran que está más cerca de Dios
quien es perseguido –ya sea un pobre, un oprimido, un esclavo o lo que fuere‑
que aquel que lleva una vida con todos los derechos. En otras palabras, creen
que está más cerca de Dios aquel que sufre, independientemente de cuál sea su
condición.
Si hablamos
de cristianismo, no entiendo cómo se puede invocar a
Pienso que
sólo se puede hablar de optar por la libertad cuantas más opciones de la
libertad existen, y esto se logra aumentando los grados de libertad del individuo
oprimido del mundo de hoy y no sólo de las minorías de las que hablamos.
Aliviemos la
situación de quienes pueden ser aliviados; no tenemos derecho de no hacerlo. Es
mucho mayor el sufrimiento de quien no puede gozar de igualdad ante la ley que
el sufrimiento de aquel que considera que esa igualdad lo ofende pese a que
puede gozar de ella. ¿Quién tiene más derecho? ¿El que se encuentra en una
situación de desigualdad o el que, como es heterosexual, quiere legislar desde
una posición sin problemas? ¿Por qué no nos sometemos un día a una cámara de
homosexuales para que juzguen nuestros derechos?
Por otra
parte, quiero recordar que muchos países
avanzaron de a poco, como no lo está haciendo
Canadá
primero les otorgó la condición de cónyuges a las personas del mismo sexo, lo
que les permitía acceder y agilizar trámites vinculados con el derecho de
pareja; por ejemplo, que uno tuviera la misma obra social del otro o de la
otra.
Luego vino la
unión civil, que otorgaba todos los derechos menos los de adoptar y heredar.
Finalmente
vino el matrimonio; como es sabido, una sola persona puede adoptar si así lo
habilita un juez, pero dos del mismo sexo no pueden hacerlo.
Si hablamos
de “personas” y si todos somos iguales ante la ley como lo establece nuestra
Constitución Nacional, ¿por qué queremos asignar otro nombre a la unión
definitiva entre parejas del mismo sexo? Estamos mostrando la hilacha; estamos
mostrando discriminación, por sutil que sea. Esto es como decir: los blancos a
la primera parte del ómnibus, aunque allí haga más calor, y los negros a la
segunda parte del ómnibus aunque allí esté más fresco en verano.
Por el
contrario, frente a una naturaleza que no gobernamos y que fabrica desiguales
en general, nuestra misión es equiparar a esos desiguales con igualdad ante la
ley.
Podría decir
mucho más, pero sólo agregaré que mi experiencia familiar –no hablo de
experiencia propia sino de la de mis hermanas‑ está ligada a la adopción
en dos casos. En uno de ellos, mi hermana cuando enviudó adoptó un niño que
había sido dado en guarda a dos parejas heterosexuales que por desavenencias
entre ellas lo habían devuelto en ambos casos al terrible lugar en el que
vivía. Traigo este ejemplo a colación porque la esencia central de la adopción
es la responsabilidad y el amor. Todo lo demás, no importa. ¿Qué se le pide a
quien va a adoptar? Básicamente, que pueda sostener al adoptado. De lo
contrario, la adopción no tiene sentido.
Pero además se le pide amor.
Hace muchos
años, Florencio Escardó escribió un libro en el que colaboró otro pediatra –mi abuelo‑, que
llevó por título Amor y proteínas. Con ese nombre se quiso resumir lo
que necesitan los niños; las proteínas dan la posibilidad de mantener la salud
de un chico, mientras que el amor es aquello que lo rescata. Y el amor no es
propiedad de los heterosexuales. (Aplausos.)
El amor es lo
que hace –que me perdonen los no adoptados, entre ellos yo mismo- que suelan
ser más queridos aquellos hijos buscados en adopción, peleados en adopción
durante meses, en un país donde es difícil adoptar, a menos que se entre en la
corrupción de la adopción que conocemos. Como decía, el amor es lo que hace que
esos hijos sean más queridos. Así cuando a veces la discapacidad de un hijo
hace que sea el hijo preferido, el más querido, al que se le da más amor y del
que se recibe más amor. Esto lo hemos visto muchas veces en familias con hijos
discapacitados y hemos aprendido de la experiencia; no es una ley, es algo que
la vida genera.
No me van a
negar ustedes que si una pareja, homosexual o heterosexual, tiene amor por un
hijo adoptado, el niño no tiene las mejores condiciones para criarse. Lo demás
es el prejuicio estético que hay contra el matrimonio homosexual, nuestros
propios prejuicios.
¿Es mejor ser
adoptado por un hombre solo, que se puede, o por una mujer sola, que se puede?
Si el niño es adoptado por una pareja y uno de ellos muere, al menos el otro
sigue cumpliendo la función de padre. Esa función no es tan natural como se
dice, esa función se elige, a Dios gracias, se cumple y no importa el sexo que
se tenga.
Discúlpenme
todos aquellos que crean, por la forma en que hablo, que trato de agredir para
ganar hoy esta votación. De ninguna manera. Yo soy el primero en decir a todos
los que están en las gradas, a los militantes, a los que se quieren casar o
simplemente a los que quieren tener igualdad legal, que no he visto en mis
compañeros, en mis colegas, otra idea que la de tratar de beneficiarlos, sólo
que algunos tienen sus límites. De modo que si he dicho algo que pueda hacer
sentir ofendido a alguien que no va a votar como yo, le pido disculpas por
anticipado.
Esta es mi
posición, señor presidente, y decidí hacerla pública, después de consultar con
mis compañeros que votan distinto y con mis compañeros que votan igual. (Aplausos.)
Sr. Presidente
(Alfonsín).- Tiene la palabra la
señora diputada por Buenos Aires.
Sra. Rodríguez.-
Señor presidente: en esta oportunidad voy a plantear la posición de una
cantidad de diputados y diputadas del bloque de
En primer
lugar, quiero hacer un expreso reconocimiento a todas las organizaciones de la
comunidad civil, gays, bisexuales, lesbianas, travestis y transexuales que han
acompañado con su activismo constante esta lucha, con el convencimiento de que
si no fuera por este activismo y esta militancia no estaríamos hoy discutiendo
este proyecto en el recinto.
También
quiero hacer un reconocimiento al diputado mandato cumplido Di Polina porque él
fue quien primero presentó este proyecto con el acompañamiento de algunos otros
señores diputados y posteriormente la señora diputada Silvia Augsburger siguió
con la lucha. Me parece justo mencionarlo en esta ocasión.
El dictamen
que estamos tratando va más allá del derecho de las personas del mismo sexo a
contraer matrimonio, dado que tiene como objetivo central garantizar derechos
de raigambre constitucional. Por eso no es una cuestión de mera decisión o algo
a lo que tan sencillamente podamos optar quienes hoy somos representantes del
pueblo. Esto escapa a la voluntad de todos nosotros porque es una cuestión –y
me referiré después a esto- que está decidida por nuestra Constitución
Nacional.
Este proyecto
refiere a cuestiones básicas de derechos humanos fundamentales de todas las
personas y es crucial para la construcción de ciudadanía, entendida como el
acceso al pleno goce y ejercicio de los derechos.
Respecto de
estos derechos fundamentales –y a ellos me he referido en más de una ocasión-
Carlos Nino elaboró un marco sobre tres principios fundamentales: el de la
autonomía, el de la inviolabilidad y el de la dignidad de la persona humana.
Básicamente
me voy a referir al primero de estos principios, que es el de autonomía, que
puede reconocer una raíz kantiana y que se vincula con la posibilidad que cada
persona tiene de optar libremente su plan de vida y de contar con los medios
para poder materializarlo, efectivamente como se ha dicho acá, siempre y cuando
no se afecte a terceros. Este principio es incorporado por el artículo 19 de
Ya se ha
dicho claramente cómo este caso del derecho contra el matrimonio no afecta a
otras terceras personas y, en todo caso, de qué forma las preferencias de las
terceras personas no pueden sobreponerse a este ideal de autonomía que nosotros
tenemos el deber de proteger.
Esta misma
línea de entendimiento fue adoptada en un fallo liberal de nuestra Corte Suprema,
como ha sido el caso Ponzetti de Balbín, y no estoy diciendo absolutamente nada
nuevo.
Creo que
aceptar que alguien, y más aún nosotros mismos, crucemos la línea de la
autonomía personal, es un grave precedente en la violación de los derechos individuales
que no nos está permitida.
La gente nos
vota para implementar políticas públicas, para defender, para garantizar
derechos. ¿Por qué cualquiera de nosotros o nosotras va a saber más que una
persona individual qué es lo que le conviene para su propio plan de vida?
Sinceramente, ninguno de nosotros, ningún representante, tiene más competencia
que ninguna de las personas que nos votaron para saber qué es lo que tienen que
hacer con su sexualidad o con su vida privada. En realidad, considero que nadie
tiene competencia para negar estos derechos y tomar medidas que no respeten
estas decisiones personales. Es más, todo el diseño de derechos individuales
fundamentales ha sido consagrado a los fines de evitar que aun mayorías
circunstanciales puedan imponerse sobre estos derechos.
En este
sentido voy a citar a Dworkin, quien consideraba como una carta de triunfo, un
as en la manga, una valla, aquellos derechos en los que las mayorías no pueden
imponerse sobre las minorías. Ahora esta autonomía no es valiosa,
independientemente de cómo está distribuida.
Justamente
los derechos, las oportunidades, los bienes y los recursos económicos,
sociales, culturales y simbólicos deben ser distribuidos en forma igualitaria y
esto es lo que estamos discutiendo hoy aquí, es decir, qué estándar de igualdad
va a tener esta Cámara para todas las relaciones intersubjetivas, no solamente
para cuestiones que tengan que ver con el derecho a contraer matrimonio.
Esta
noción de igualdad no es un ideal abstracto. Se encarna en cada decisión que
tomamos. Por eso la posición que adoptemos realmente es de suma
responsabilidad para cada uno de
nosotros, debido a que este estándar va a ser el que rija y el que luego deba
regir relaciones entre varones y mujeres, personas con necesidades especiales,
pueblos originarios, adultos mayores, personas de escasos recursos, distintos
tipos de diversidades sexuales, y así podríamos seguir con una eterna lista en
donde se plantean toda clase de relaciones intersubjetivas. Lo cierto es que
nuestra Constitución Nacional ya nos dio un pie sumamente claro respecto de
este principio de igualdad en el artículo 16 de la vieja versión. A partir de
la reforma constitucional de 1994 este principio del artículo 16 se ha
profundizado a través del reconocimiento de la jerarquía constitucional y de
los tratados internacionales citados en el artículo 75, inciso 22, que incluye
un principio más amplio aún que el viejo principio de igualdad: la prohibición
de toda forma de discriminación.
Justamente
esto nos obliga a adoptar cláusulas más robustas para la protección de la
igualdad y la no discriminación. La discriminación no sólo es una categoría
sospechosa sino que también socava el ejercicio de otros derechos. El Estado se
encuentra obligado a garantizar el ejercicio de estos derechos básicos para
cumplir tanto con los tratados internacionales como con las obligaciones que se
ha comprometido y asumido internacionalmente.
La
utilización del discurso de los derechos humanos en materia de este tipo de
leyes tiene un efecto de doble vía. Ofrece los mejores argumentos y fundamentos
a los fines de justificar este tipo de normas y medidas, pero a la vez permite
construir una concepción más robusta de los derechos humanos y de la
responsabilidad estatal por la omisión de garantizarlos.
Por
eso, este juego sistemático de los artículos 16, 19 y 75, inciso 22, de
Como
lo dijera el juez Warren en un fallo famoso de la corte norteamericana hay
opciones que, como representantes del pueblo, no podemos tomar, dado que la
propia Constitución Nacional ya ha tomado esta decisión por nosotros. El
derecho de las personas del mismo sexo a contraer matrimonio es una de estas
decisiones.
Por
este motivo resulta inconstitucional un régimen diferenciado y únicamente
aplicado a personas del mismo sexo, como contemplan algunos de los dictámenes
de minoría. Tal como se ha dicho acá, sería equivalente a la discriminación
sufrida por las personas de color en materia de educación o transporte público
en Estados Unidos, que eran relegados a lo que fue denominado régimen de
segregados pero iguales, y cuya inconstitucionalidad fuera totalmente
establecida por la propia corte norteamericana en el fallo que cité con las
palabras del juez Warren.
En
el mismo sentido se pronunció nuestra Corte Suprema de Justicia en el fallo
Delgado c/ Universidad de Córdoba, más conocido como Colegio Montserrat, que
prohibió la discriminación contra mujeres que no podían ingresar a ese colegio,
y utilizó exactamente los mismos fundamentos. Estos fundamentos son aplicables
en el día de hoy.
Ahora
bien, también existen otros dictámenes. En este sentido, lo que debemos aclarar
es que tampoco pueden mantenerse dos regímenes, aun cuando fueran para
relaciones entre personas de igual o distinto sexo, que garanticen menos o
diferentes derechos que otro régimen al que sólo pueden acceder personas
heterosexuales. Nuevamente, este sería un claro caso de violación a la cláusula
de prohibición a la discriminación, aún cuando se tratara ‑insisto- de un
régimen aplicable a personas de igual o distinto sexo. Si tiene menos derechos
que otro que sólo puede ser accesible a personas heterosexuales, este es un régimen
discriminatorio.
La
identidad humana es indivisible, como lo son los derechos humanos y también los
seres humanos. No tiene sentido asegurar la protección de los derechos humanos
de una parte de nuestra identidad y al mismo tiempo dejar de proteger un
componente central de la identidad humana como lo es la sexualidad. Por lo
tanto, no es aplicable al caso la regla que sostienen algunos respecto de que
debe darse tratamiento similar a quienes son iguales, y diferente a quienes se
consideran distintos.
Las
mujeres ya hemos padecido durante siglos, y sobre la base de distintos
argumentos, este tipo de justificaciones en su mayoría de base biologicista,
que partiendo de una biología diferente justificaron una sistemática
discriminación, violencia y exclusión. Este mismo sufrimiento es el padecido
por quienes adoptan sexualidades diversas, ya sean gays, lesbianas, bisexuales,
intersex, travestis, entre otros.
Sostengo
que no puede aplicarse esta regla que durante siglos perpetúa patrones de
discriminación, subordinación y exclusión desde distintos ámbitos, incluido el
derecho, porque lo que es relevante es la agencia moral de cada persona para
tomar libre y en forma responsable sus propias decisiones en igualdad de
condiciones. De esto se trata, y no de otra diferencia. Esta agencia moral es
idéntica para todas las personas, entonces le corresponde idénticos derechos.
El
debate de esta ley tiene una dimensión simbólica y otra práctica. En el ámbito de la dimensión simbólica la
discusión excede la cuestión concreta de la institución matrimonial. Muchas
veces hemos señalado los déficit de esta propia institución. La dimensión
simbólica, tal como se ha sostenido, es de particular importancia a los fines
de la reivindicación de los derechos.
Voy
a solicitar permiso para leer una cita de Hendrik Hartog que nos ilustra
quiénes son los actores que se oponen a este tipo de leyes. En este sentido,
señala: “existe una importante continuidad genealógica entre quienes se
opusieron a la liberalización del divorcio -es decir, que trabajaron para
mantener estrictas las reglas de salida-; quienes objetaron variedades de
cambios en las reglas que permitían a las esposas reclamar una igualdad
relativa respecto de sus esposos; quienes insistieron en la continua obligación
de las esposas de encontrar sus identidades dentro de matrimonios controlados
por los maridos; quienes lamentaron la incursión de las mujeres en la fuerza de
trabajo; quienes querían restringir la expresión sexual a los confines del
matrimonio, y quienes en la actualidad lideran la oposición al matrimonio gay”.
El
apoyo al matrimonio de personas del mismo sexo es una apertura y madurez en la
concepción de valores democráticos, el reconocimiento de que todas las personas
tienen el derecho a vivir en una sociedad que contemple y no ignore sus
experiencias de vida, el derecho a verse reflejadas en su cultura y en su
sociedad y no invisibilizadas, de vivir libres de discriminación, fundadas en
la orientación sexual o en la identidad de género. El objetivo final debe ser
la construcción de una cultura de derechos humanos que afirme una
universalidad, pero a la vez sea respetuosa de la diversidad.
Aquí se ha
dicho, por ejemplo, que estamos cambiando el régimen de adopción. Esto no es
así, tal como lo ha señalado la señora diputada miembro informante. En este
momento una persona gay, lesbiana, bisexual, travesti, transexual puede
adoptar, y de hecho hay casos judiciales en que se ha otorgado la adopción.
Es más,
efectivamente
Debemos ser
nosotros quienes impulsemos los cambios normativos para que se ajusten a las
realidades de nuestra sociedad. Como representantes del pueblo, nuestra
obligación es honrar
Sr. Presidente
(Alfonsín).- Tiene la palabra la
señora diputada por Buenos Aires.
Sra. González
(G.E.).- Señor presidente: hoy
tenemos la oportunidad, y asimismo la gran responsabilidad, de reconocer
derechos a personas adultas que no gozan de ellos. Tenemos la oportunidad de
reconocer las uniones homosexuales y de garantizar los derechos referidos a la
previsión social, los derechos sucesorios, patrimoniales y migratorios.
Esta gran
responsabilidad nos exige observar la historia y la realidad. La historia nos
dice que el matrimonio ha sido concebido como la unión del hombre y la mujer,
que en su complementariedad natural única tienen una capacidad especial y
distintiva: la de transmitir vida a sus hijos, la de procrear.
El
matrimonio, como unión entre hombre y mujer, tiene una significancia social de
continuidad, de procreación. Así concebido, el matrimonio está en nuestro
Código Civil, en los convenios y los tratados internacionales y en nuestra
Constitución Nacional, pero del mismo modo en que tenemos que contemplar la
historia debemos hacer lo propio con la realidad, y ésta nos dice que las
personas se unen por amor, aun sin poseer esta capacidad natural y distintiva.
Ante esta
realidad y ante la historia el Estado tiene que proteger a las personas sin
discriminarlas, pero circunscribir el matrimonio a la unión entre el hombre y
la mujer no es discriminar injustamente, porque se trata de dos realidades
distintas. Es un error plantear la diferencia y las dos realidades distintas
circunscribiéndolas a la opción sexual.
- Ocupa
Sra. González
(G.E.).- No estamos diciendo que el
matrimonio, concebido como unión entre hombre y mujer, es distinto a las
uniones homosexuales, porque las personas contempladas en esas instituciones
tienen opciones sexuales diferentes. Estamos diciendo que la unión entre el
hombre y la mujer tiene la característica distintiva y natural de transmitir
vida. Reconocer esta característica natural y distintiva es reconocer nuestra
naturaleza humana. Es así que el matrimonio se constituye en la base de la
familia y exige la tutela del Estado como institución diferente de la que
proponemos nosotros en nuestro dictamen de minoría, como enlace civil, para
contener y reconocer las uniones homosexuales.
Se habla de
igualdad. Ciertamente el Estado tiene que defender y garantizar el principio de
igualdad, pero se trata –repito- de dos realidades diferentes.
Cuando tuve
oportunidad de participar en el debate lo cierto es que pude percibir una
cierta visión negativa respecto de la institución del matrimonio. Cuando se
hablaba de matrimonio se hacía referencia a la heterosexualidad compulsiva, a
una institución propia del capitalismo, a la dominación del hombre sobre la
mujer. La verdad es que percibí que se está utilizando la institución del
matrimonio como una lucha política y que no hay un real interés en el
matrimonio como una institución social, porque hay una visión negativa respecto
de lo que el matrimonio ha sido y es.
Por lo tanto,
no parece justo tener que modificar la institución del matrimonio, porque hoy
este Congreso, el Estado que somos, puede proteger ambas realidades distintas,
puede legislar para ambas sin necesidad de modificar la institución
matrimonial, que ha sido la base del ordenamiento jurídico familiar de nuestra
sociedad.
Dicho esto,
me cabe reconocer que hay un consenso -y creo que esto es muy positivo- acerca
del reconocimiento de las uniones homosexuales y de sus derechos, pero hay
muchas más dudas que certezas respecto de avanzar en el derecho de la adopción.
Aquí quisiera
detenerme para separar entre quienes tenemos una posición tomada y aquellos que
no la tienen acerca de la conveniencia de esta iniciativa, de qué es bueno para
nuestros niños. En realidad, nos debemos un debate profundo en el seno de esta
Cámara sobre la ley de adopción, porque hoy –tal como lo plantea el dictamen de
mayoría- se estaría incluyendo el derecho a la adopción como un derecho más de
las uniones homosexuales; estaríamos hablando del derecho de las parejas a
tener hijos y no de lo que significa la adopción, que es el derecho de los
niños a crecer y desarrollarse en el seno de una familia, la mejor que se pueda
tener.
Por lo tanto,
advierto una actitud como de empecinamiento en forzar una norma que, si tiene
los votos, no tiene los consensos sociales necesarios e impide avanzar
positivamente en el reconocimiento de los derechos y de las uniones homosexuales,
en lo que creo que sí hay consenso.
Insisto: este
pleno se debe el debate de la ley de adopción, y en esto me permito dar una opinión personal porque sí tengo una
posición al respecto. Pregunto si es lo mismo que un chiquito crezca y se
desarrolle en el seno de una familia compuesta por una mamá y un papá o que lo
haga en una familia con dos papás o con dos mamás. Me cuesta aceptar que,
frente a la situación de tener que entregar en adopción a un niño –que ya de
por sí tiene que pasar por la situación dolorosa de no tener a sus
progenitores-, el Estado aplique como único criterio el orden de inscripción en
el registro, es decir, qué pareja se anotó primero, sin considerar si se trata
de una pareja integrada por mamá y papá o bien por uno de los binomios
mamá-mamá o papá-papá. No podemos dejar de reconocer que si hoy no les damos a
los jueces las herramientas para decidir respecto de las situaciones
particulares de los chicos ‑tal cual lo manifestara el señor diputado
Pinedo cuando hizo uso de la palabra estaríamos frente a situaciones y
ante los ojos del dictamen de mayoría, de discriminación si el juez decidiese
que ese chico es mejor que crezca y que se desarrolle en un seno donde hay una
mamá y un papá.
Tenemos hoy
la oportunidad de dar derechos a las personas adultas, que no gozan de ellos,
sin descuidar el interés superior de los niños y por supuesto, dándonos la
oportunidad en esta Cámara de debatir profundamente la ley de adopción, además
en este tema tan sensible y por supuesto tan controvertido, tan difícil para
muchos incluso desde la fe, como se ha planteado.
Por lo tanto,
creo que nuestro dictamen de minoría, tal como lo planteamos, no sólo reconoce
sino que además avanza sobre una figura con
menos restricciones y más libertades, entendiendo que ha sido parte de
las demandas de la comunidad homosexual.
Pero apelo a
la razonabilidad de que la diferencia radica primero en que el matrimonio tiene
estas características distintivas de generar vida, y en segundo lugar, esta
Cámara se debe dar un debate profundo
sobre la adopción, tema en el cual no hay tanto consenso, para que avancemos en
la votación de una figura como el enlace civil.
Aquellos que
tenemos certezas respecto de lo que conviene o no, de lo que está bien para un
niño, para su crecimiento, podremos de esa manera debatir acerca de su
oportunidad, y quienes tienen más dudas que certezas podrán poner como
prioridad el interés superior de los niños, y no que hoy se vote como un
derecho más entre los derechos que le reconocemos a las uniones homosexuales. (Aplausos.)
Sra. Presidenta
(Fadel).- Tiene la palabra la señora diputada por Santa
Fe.
Sra. Fein.-
Señora presidenta: voy a ser muy breve, para dejar que el señor diputado
Cortina dé los fundamentos. De todas maneras nos parecía importante desde el
bloque socialista en primer lugar plantear nuestro unánime apoyo al dictamen de
mayoría.
Debemos
reconocer este día tan importante donde por primera vez en la historia de
nuestro país estamos discutiendo el acceso a la igualdad de personas lesbianas,
gays, bisexuales y trans, igualdad consagrada en
Debemos
aprovechar un día como el de hoy, tan trascendente, para hacer algunos
reconocimientos, porque como se ha planteado en otras discusiones y en otros
países, creemos que cada derecho conquistado, cada libertad alcanzada ha sido
fruto del esfuerzo y del sacrificio de muchas personas, que hoy queremos
reconocer y enorgullecernos de ellas.
Estamos
tratando un dictamen que surge de proyectos de nuestro bloque, de la señora
diputada mandato cumplido Silvia Ausburger, una compañera que ha compartido
nuestro bloque hasta hace algunos meses y que sabemos que hoy comparte este día
con nosotros los socialistas, que creemos tener la convicción y el deber de
transitar este camino de la igualdad.
También debe
mencionarse el dictamen de la señora diputada Ibarra que ha trabajado en el
marco de la comisión con un amplio consenso, con un amplio debate y que a
partir de este dictamen ha comenzado a construir un proceso de igualdad social
en nuestro país, sin discriminaciones.
Los
socialistas no creemos que la
legislación deba establecer categorías diferenciadas en la orientación sexual
de las personas y otorgar a las personas heterosexuales una protección
superior, porque esto resultaría claramente discriminatorio.
Así mismo
creemos, como ciudadanos y ciudadanas, que tenemos la necesidad de garantizar
la igualdad ante la ley, una igualdad que respete las diferencias y que
garantice la justicia de trato y oportunidades.
Fundamentalmente,
queremos decir que este debate de derechos civiles es también un debate de
derechos humanos y en este proceso estamos hablando de los derechos de Diego
que está enamorado de Miguel, de los derechos de Roberto y Pablo, de Juana y
Marcela y también estamos con muchísimos nombres propios como los de Alex y
José, como los de Norma y Ramona, que con sus historia contribuyeron a mostrar
la realidad que es y a permitir un reconocimiento jurídico para que se cumpla
el derecho de amor y felicidad.
Por eso, este
bloque va a apoyar por unanimidad el dictamen de mayoría. (Aplausos.)
Sra. Presidenta
(Fadel).- Tiene la palabra el señor
diputado por Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Cortina.-
Señora presidenta: ya ha sido dicho por la señora presidenta de mi bloque que
vamos a acompañar este despacho de las comisiones de Legislación General y
Familia, Mujer y Minoridad.
Seguramente
estamos en una sesión histórica, con numerosos discursos que obran en la
versión taquigráfica, sin duda muy importantes, tanto como cuando se discutió
en la década de los 80 el divorcio o en el siglo XIX el casamiento por registro
civil.
Me gustaría
dar lectura de algunos párrafos de un documento muy práctico que hizo
Entre estas
cuestiones está por ejemplo aquélla que dice que la finalidad del matrimonio es
la procreación, el cuidado de los hijos y la preservación de la especie. Como han dicho algunos señores diputados aquí,
el matrimonio asegura la procreación.
Dice el
documento que si así fuera debería prohibirse el matrimonio a las personas
estériles o a las mujeres después de la menopausia. Sería necesario instaurar un examen de
fertilidad previo al casamiento y que cada pareja jure que va a procrear, bajo
pena de nulidad si no lo hiciera en un determinado plazo.
También se
habla de las parejas de lesbianas que concurren a métodos de fertilidad
asistida para procrear. Lo cierto, dice el documento, es que las
personas no se casan para tener hijos, se casan porque se aman, tienen un
proyecto de vida en común y quieren recibir la protección que la ley garantiza
a los cónyuges. Algunas parejas se casan y nunca procrean, porque no pueden o
no quieren y otras tienen varios hijos sin casarse nunca.
Este tema de
la procreación es muy importante y debe ser discutido en pleno siglo XXI porque
si hay algo que se sabe científicamente a esta altura de la humanidad es que el
ser humano es producto de una evolución que ha durado más de un millón de años.
Efectivamente
no hemos convivido con los dinosaurios y hay malas noticias para algunos grupos
racistas en el mundo, que afortunadamente hoy en
La
civilización, tal cual nosotros la entendemos, tiene su origen hace
aproximadamente 10 mil años
Mucho antes de que existieran los matrimonios,
el ser humano procreaba y llenaba de vida este planeta. Es una falacia asociar
este tema de la procreación con la existencia o no de matrimonios
heterosexuales u homosexuales. A esta altura del siglo XXI, por supuesto que
eso es una falacia.
A la pregunta
de si el matrimonio es un sacramento religioso, el documento responde: “El
matrimonio es un contrato entre particulares. Lo fue antes que la religión lo
adoptara y lo transformara en un sacramento. Y lo es hoy en nuestro país, donde
el matrimonio civil es el único que tiene efectos jurídicos.”
Otra pregunta
es si podríamos ofender a una mayoría religiosa en este país con la sanción de
esta ley. Y el documento dice: “Por otra parte, jamás podría ser admisible que
un sector de la sociedad alegase que le ‘ofende’ que otro sector de la sociedad
disfrute de los mismos derechos que el resto.”
Otras
preguntas o polémicas son las siguientes: “La homosexualidad no es natural, no
es normal” y “El matrimonio proviene de la naturaleza; el matrimonio homosexual
no es natural.” A lo que el documento responde: “Si a lo largo de la historia y
en todas las épocas y culturas hubo siempre una proporción más o menos estable
de personas homosexuales, es evidente entonces que esa posibilidad es parte de
la naturaleza de los seres humanos, entre otras especies. Cuando un hombre se
enamora de otro hombre o una mujer de otra mujer, es porque esa es su
inclinación natural. Por otra parte, muchas veces se confunde mayoría con
normalidad y minoría con anormalidad.”
Y continúa el
documento: “El matrimonio homosexual es tan antinatural como el matrimonio
heterosexual. La patria potestad, el apellido, la herencia, la obra social, los
derechos migratorios, los bienes gananciales son invenciones humanas. El ser
humano vivió sin matrimonio…” ‑como decía yo antes‑ “…por miles de
años hasta que lo inventó; es un producto de nuestra cultura, de nuestra
historia, y respondió a las necesidades de una época.” Y más adelante agrega: “No
existe ninguna ley de la naturaleza que regule quién puede casarse. Del
matrimonio se encargan las leyes civiles.”
Y así hay un
montón de fundamentos muy interesantes. Pero hay uno muy importante que tiene
que ver con el nombre, que es el símbolo más importante en lo que se está
discutiendo. Se pregunta: “¿Pero cuál es la importancia del nombre?” Y el
documento responde: “El nombre puede ser inclusive más importante que los
propios derechos que el matrimonio reconoce, que podrían conquistarse por otras
vías.” Y más adelante agrega: “…habrá un mensaje simbólico muy fuerte, emanado
de la autoridad pública, que dice que esas parejas, y por lo tanto quienes las
forman, no merecen el mismo respeto como personas”, si no se sancionara una ley
de estas características.
Sigue
diciendo el documento: “Está claro que eso es lo que quieren quienes se oponen,
como cuando en España se aprobó el voto femenino y algunos planteaban que no se
llamara ‘voto’ sino ‘derecho a la participación política de la mujer’ porque
‘el voto es un atributo esencialmente masculino’. Cuando a los negros los
obligaban a sentarse en el asiento de atrás en los colectivos, todos los
asientos eran igual de cómodos, pero aceptar la humillación de irse al fondo
con la cabeza agachada significaba resignarse a ser tratados como escoria.”
Señora
presidenta: para nosotros esta sesión es un tramo más, muy significativo, muy
importante, pero no deja de ser ‑como decía la señora diputada Fein‑
un largo camino el que ha recorrido el Partido Socialista en defensa de la
diversidad sexual y la igualdad de género. Hemos colaborado y acompañado con
tesón y perseverancia a todos los que han luchado por estos derechos. No lo
hemos hecho desde una individualidad ‑por más brillante que sea su
argumentación jurídica, por más comprometida que esté esa individualidad o por
más mediática que sea‑, sino que lo hacemos desde una organización
política que tiene convicciones y coherencia. Lo hacemos como partido, como
Partido Socialista. El nuestro es un partido político que ha abordado este tema
con militancia y con estudio, con amplitud y con rigurosidad, y sobre todo, con
muchísimo respeto por aquellos que no comparten estas ideas.
Luego de
haber escuchado distintos discursos y argumentos y de haber leído varios
artículos en estos últimos tiempos, he llegado a la conclusión de que a pesar
de que hay innumerables argumentaciones a favor, hay dos que sintetizan a todas
ellas. En primer lugar, un enfoque desde el punto de vista de las libertades:
que en pleno siglo XXI nadie, y mucho menos el Estado, puede inmiscuirse en
cómo ama y en cómo goza un ser humano, ya sea una mujer o un hombre, en este
país, y ojalá pronto en todo el mundo. Quizás esta sea una concepción a la
defensiva, que habla de la tolerancia.
Pero hay otro
enfoque mucho más preciso que tiene que ver con la igualdad de derechos, con el
cumplimiento de nuestra Constitución, con que en este suelo argentino ‑si
estamos a la altura de las circunstancias a pocos días de cumplir doscientos
años como Nación‑ todos y todas tengan los mismos derechos y la misma
protección y tutela del Estado. Por un lado, el respeto a que cada uno sienta,
practique y exprese su amor y su goce de la manera en que lo decida, y por el
otro, la justicia y la igualdad de derechos. Estos dos argumentos juntos son
invencibles y nos parecen suficiente razón para apoyar este dictamen.
Queremos
agradecer a todos los bloques por estar presentes en esta sesión, incluso
bloques muy importantes cuyo presidente o presidenta no está de acuerdo con
este tema pero han mostrado madurez y están aquí presentes. Agradecemos al
bloque del Peronismo Federal, ya que a pesar de que la mayoría de sus miembros
no están de acuerdo ‑como decía el señor diputado Felipe Solá‑,
están sentados en este recinto.
También queremos
agradecer las palabras de los miembros del bloque que preside el señor diputado
Pinedo, e incluso sabemos que hay diputados de ese bloque que van a acompañar
este dictamen. También agradecemos a
A los
socialistas nos parece que con este tratamiento y esta metodología hemos dado
un salto cualitativo en el manejo de este Parlamento y, sobre todo, hemos hecho
honor y hemos reconocido la militancia de todas las organizaciones de
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado
López Arias, quien compartirá su tiempo con el diputado Morejón.
Sr. López Arias.-
Señora presidenta: efectivamente, hemos decidido compartir el tiempo con el
señor diputado Morejón. Seré muy breve pero no quiero dejar de fijar postura
sobre este tema, que es muy importante.
Después de
los tantos desencuentros y peleas que tuvimos en los últimos meses en este
recinto, realmente me siento muy gratificado de que seamos capaces de discutir
este tema con la profundidad y el nivel de respeto con que lo estamos haciendo
en este momento, más allá de la posición que cada uno tenga sobre el
particular.
En lo
personal, señora presidenta, uno de los valores permanentes durante toda mi
vida ha sido estar en contra de cualquier tipo de discriminación. He sido
consecuente con esta posición en todos los actos de mi vida pública y
cotidiana. También soy absolutamente respetuoso de las elecciones sexuales de
todo ser humano, cualquiera sea su sexo, y estoy absolutamente convencido de
que cuando dos seres humanos eligen un proyecto de vida en común, esto genera
derechos que tienen que ser reconocidos por la ley. Por eso creo que esta
sesión, cualquiera sea el resultado, va a ser un paso importante en ese
sentido.
Luego de este
pequeño introito debo decir también que luego de mucho conversar en nuestro
bloque y analizar las distintas situaciones, nos hemos inclinado por acompañar
el primer dictamen de minoría. No lo hacemos por una razón de discriminación ni
mucho menos, sino porque estamos absolutamente convencidos de que lo
conveniente y lógico es crear una institución especial que no discrimine y que
rija tanto para las parejas homosexuales como heterosexuales. Hacemos esta
propuesta por una razón muy simple, que no guarda ninguna relación con la
discriminación: toda la estructura jurídica y el entramado de derechos y
obligaciones de la institución del matrimonio ha sido proyectada, sobre todo,
para la concepción y crianza de los hijos. Por lo tanto, considero que ese
entramado de derechos y obligaciones no se puede adaptar a otro tipo de
situaciones, porque eso nos obligaría a hacer un reacomodamiento de toda la
legislación civil, lo cual no resulta conveniente en este momento.
Por esas
razones, nuestro bloque va a acompañar el primer dictamen de minoría. Creo que
con esta decisión no incurrimos en ningún tipo de discriminación, porque
estamos convencidos que esa es la mejor forma de reconocer estos derechos.
Nuestro voto no es negativo; es un voto afirmativo hacia esa institución que
entendemos debe crearse, que constituirá un enorme avance para toda la
sociedad.
Una última
reflexión que no quiero eludir se refiere al tema de la adopción. Personalmente
soy enemigo de cualquier tipo de discriminación en materia de adopción. Pero
también estoy convencido de que la legislación y las instituciones jurídicas de
Sra. Presidenta (Fadel).-
Tiene la palabra el señor diputado por Chubut.
Sr. Morejón.- Señora presidenta: venimos a esta sesión en
apoyo a la necesidad de salvaguardar los intereses de las personas y de los
individuos, en este caso en particular de un sector de la sociedad, que es el
de los homosexuales.
En ese
sentido, el artículo 16 de
Nuestra
propuesta está en consonancia con los tratados internacionales, que luego de la
reforma de 1994 adoptaron jerarquía constitucional, y con el artículo 16 de
Entendemos
que es nuestro deber respetar profundamente las libertades individuales de los
ciudadanos, incluso de los que desean unirse en parejas de un mismo sexo.
Más allá de
eso, cabe hacer algunas consideraciones. Estamos de acuerdo con ofrecer una
alternativa para las parejas que desean unirse pero no formar una familia en
términos tradicionales, como lo es el matrimonio. El matrimonio es la unión de
un hombre y una mujer, que es lo natural para una sociedad como condición para
la procreación a fin de asegurar la preservación de la especie. Un matrimonio
del mismo sexo se vería imposibilitado de cumplir esos roles.
Además, los
tratados internacionales con jerarquía constitucional son muy claros al hablar
de matrimonio.
Entonces,
estamos de acuerdo con dar derechos a las parejas de personas de un mismo sexo
y, en particular, que obtengan un nuevo estado civil –como posición jurídica
que da lugar a derechos y obligaciones‑ que afecte a sus derechos
patrimoniales propios de una vida compartida, basándose en el principio general
de la libertad de las partes para celebrar convenciones que establezcan el
régimen de administración y disposición de bienes.
Como bien
dice el dictamen de minoría, se propone este sistema jurídico porque la omisión
llevaría a asimilar el caso a las sociedades de hecho, que conllevan
responsabilidades ilimitadas de las partes por obligaciones asumidas por la
otra. Pero lo más importante es que un régimen patrimonial como el que estamos
proponiendo no crea parentesco ni da patria potestad a los descendientes.
Por ello,
como muy bien define el artículo al enlace civil, éste se configura con la
“voluntad de convivir y compromiso de asistencia recíproca”.
El matrimonio
es mucho más que eso. El matrimonio genera parentesco, filiación y requiere de
una mujer y de un hombre para procrear.
El dictamen
de mayoría modifica el artículo 172 del Código Civil en el sentido de que es
indispensable para la existencia del matrimonio el pleno y libre consentimiento
expresado personalmente por ambos contrayentes –no habla del varón y de la
mujer, como ocurre hoy‑ ante la autoridad competente para
celebrarlo. A partir de ahí el matrimonio tendrá los mismos requisitos y
efectos, con independencia de que los contrayentes sean del mismo o de distinto
sexo.
Por su parte,
el artículo 42 del dictamen de mayoría dispone lo siguiente: “Todas las
referencias a la institución del matrimonio que contiene nuestro ordenamiento
jurídico se entenderán aplicables tanto al matrimonio constituido por dos
personas del mismo sexo como al constituido por dos personas de distinto sexo.”
De esos dos
artículos se desprenden todos los efectos personales y patrimoniales del
matrimonio. En este sentido, cabe señalar que los efectos del matrimonio no
sólo incluyen los patrimoniales, sino también los personales, que abarcan la
patria potestad y el parentesco, como ya mencioné.
Por eso,
debemos mantenernos atentos a las modificaciones que hoy están en juego. Aún no
se sabe qué tipo de consecuencias puede generar en los menores a nivel
psicofísico y emocional durante su período de formación una maduración absolutamente distinta de
aquella que a lo largo de toda la historia de la humanidad dio sustento a la
supervivencia de la raza humana; estamos hablando del padre y de la madre.
El régimen
legal del casamiento y adopción de personas del mismo sexo ha sido debatido en
muchos países del mundo, aunque no ha sido aprobado en la gran mayoría de
ellos. El conjunto mayoritario de las naciones desarrolladas de
La adopción
es la cuestión central del debate, que está implícito en la modificación del
matrimonio civil. El dictamen sólo se refiere al uso del nombre ‑hablamos
del apellido‑ de la persona adoptada. Pero la realidad nos indica
que hoy las personas homosexuales no encuentran óbice para adoptar, ya que para
ello se requiere ser mayor de treinta años. Si se trata de un matrimonio, no es
necesario que acrediten esa edad, pero deben tener más de tres años de casados.
Por último, si se trata de un matrimonio que acredita la imposibilidad de tener
hijos, los cónyuges no tienen obligación de acreditar los años exigidos en los
puntos anteriores. Pero lo importante –esto es lo que quiero destacar‑ es
que hoy nadie puede ser adoptado por más de una persona simultáneamente, salvo
que los adoptantes sean cónyuges. Esto implica que una pareja ‑independientemente
de su sexo‑ que vive en concubinato, es decir que no está casada, podrá
adoptar a través de uno u otro de sus integrantes, pero no los dos
conjuntamente.
El proyecto
contenido en el dictamen de mayoría modifica el artículo 324 del Código Civil
en relación con la guarda cuando se refiere al cónyuge sobreviviente. La norma
establece: “Cuando la guarda del menor se hubiese otorgado durante el
matrimonio y el período legal se completara después de la muerte de uno de los
cónyuges podrá otorgarse la adopción al sobreviviente y el hijo adoptivo lo
será del matrimonio.” Actualmente se refiere a la viuda.
Es muy
importante lo que acabo de señalar, porque como hemos visto en el caso de dos
convivientes, si no están casados, el conviviente no adoptante no puede
adoptar. Pero al equipararse los requisitos y efectos del matrimonio, ya sea
que esté conformado por personas del mismo o distinto sexo, se incorpora la posibilidad
de que matrimonios sin distinción puedan adoptar.
Además,
aunque se sostenga que, a partir de la sanción de la ley de adopción 24.779, el
juez o Tribunal deberá valorar, en todos los casos, el interés superior del
niño, no puede dejarse en manos judiciales la decisión de si la supuesta
adopción es conveniente para el niño.
Por eso,
encontramos inaceptable que en la figura de la adopción los niños queden
obligados a crecer y a formarse en la ausencia de las naturales aportaciones de
lo masculino y lo femenino, en la figura de un padre y una madre.
Aceptamos que
las conductas de la sociedad van más rápido que las normas que se encargan de
regularlas, pero debemos hacernos cargo de lo que nos compete.
Apoyo los
efectos patrimoniales a favor de las parejas de un mismo sexo, pero considero
que es inadmisible el matrimonio homosexual en los términos del Código Civil,
en tanto está en juego algo más que un vínculo jurídico. (Aplausos en las galerías.)
Sra. Presidenta
(Fadel).- Tiene la palabra la señora
diputada por Buenos Aires.
Sra. Linares.- Señora presidenta: aclaro que compartiré mi
término con mi compañero de bancada Fabián Peralta.
Tal como lo
hizo el diputado Roy Cortina, en primer término quiero agradecer el trabajo
desarrollado por las dos diputadas que trabajaron muy fuertemente en el
dictamen de mayoría, que el bloque GEN acompañará con su voto, y también
reconocer el trabajo militante de las organizaciones sociales.
Reconocemos
su labor para que hoy este tema se esté debatiendo en este recinto y,
fundamentalmente, que se hayan tomado el tiempo para hablar con cada diputado y
diputada que quiso escucharlas. Contaron las angustias propias de cada una de
sus historias y, además, la discriminación diaria que aún hoy se produce en
También
quiero agradecer a todos los diputados que hoy estamos en nuestras bancas, brindando un ejemplo de madurez política y
responsabilidad social. Esta actitud nos permite demostrar a la ciudadanía que
este cuerpo trabaja en las comisiones todas las semanas, y que nuestra
presencia en el recinto un martes, un miércoles o un jueves sólo es uno de los
hechos de los cuales debemos rendir cuentas los legisladores.
A mi
entender, cuando uno ocupa una banca lo hace pensando en que es un
representante del pueblo y que nuestra obligación es representar a todos y a
todas. Aquí no debemos tener en cuenta las convicciones religiosas ni las
construcciones subjetivas y culturales que cada uno y cada una de nosotros
tiene -ni lo que pensamos en nuestros partidos políticos-, sino -ni más ni
menos- cómo el Estado debe regular los temas que hoy debatimos. En ese sentido,
no tengo duda alguna de que el Estado –nosotros desde nuestro rol de
legisladores‑ debe regular la igualdad de derechos para todas y todos los
habitantes de
Estamos
debatiendo en este recinto situaciones que ocurren cotidianamente en nuestro
país. Hoy contraen matrimonio –esta institución jurídica y laica‑
heterosexuales y homosexuales. En verdad, la justicia va bastante más rápida
que nosotros, por lo cual lo que estamos considerando es algo que ya se está
llevando a cabo. Lo único que podríamos lograr es agilizar esta situación que,
insisto, es un hecho cotidiano y periódico.
Estamos
discutiendo la modificación del Código Civil para promover el reconocimiento de
los derechos jurídicos para contraer matrimonio a personas que, por otro lado,
están protegidas constitucionalmente. Se trata de reconocer la libertad que
tiene cada ciudadano de elegir con quién vivir en pareja, que está regulada por
el matrimonio. La intención es otorgar iguales derechos y obligaciones con
independencia de que los contrayentes sean del mismo o diferente sexo.
Más de diez
años atrás, durante 1999 el Comité de Derechos Humanos de
Cada cual
podrá leer la parte que desee de los tratados internacionales, pero a mi
entender en el artículo 2º de
No alcanzamos
a comprender cuáles son los argumentos contra el reconocimiento igualitario de
derechos y obligaciones y también deberes que otorga la posibilidad de contraer
el matrimonio laico y jurídico. ¿Cuál es la razón que el Estado tiene para
negar a algunas personas ese derecho por el solo hecho de poseer una identidad
sexual diferente? En mi opinión tiene más que ver con un prejuicio, el
desconocimiento y la falta de escucha que tenemos en este país respecto de
estos grupos que, si bien parecen minoritarios, tienen mucho para decir. Pero
además es necesario señalar que todavía en
Como ya lo
expresó el diputado Felipe Solá, etimológicamente matrimonio tiene que ver con
la función de madre, pero nosotros creemos que los conceptos son elaboraciones
humanas y construcciones culturales y sociales que deben ser reflexionadas y
modificadas en el tiempo.
¿Acaso alguna
abuela o bisabuela –en mi caso abuela‑ o una tía mayor no les ha
comentado que se casaron con quien la familia les elegía y no con quien ellas
querían? ¿No les contaron que no se habían casado enamoradas? El tema era que
las personas se casaban para toda la vida. ¿No escucharon algo así? Yo sí. Por
eso no podemos decir que en la década del veinte el matrimonio es lo mismo que
en la del sesenta, ni mucho menos en la actualidad.
Los jóvenes
hoy dicen: “Nosotros no nos casamos”, y esto tiene que ver con que ellos han
tomado al matrimonio como una institución que no es tan importante. Para ellos
lo trascendente es el amor y la responsabilidad que una persona toma cuando se
va a vivir con alguien.
Creo que
todas estas cosas son las que nos deben hacer reflexionar. No hay que tomar los
conceptos tanto desde lo etimológico, porque de ser así, cuando hablamos de
patrimonio y patria potestad, estaríamos hablando sólo de varones; sin embargo,
hay una ley que consagra la patria potestad compartida. Me parece que hay que
ser más flexibles, amplios y permitir que cada uno de nosotros pueda comprender
la realidad social que hoy existe cotidianamente en las calles.
Creo que no
hay duda alguna de que hay dos artículos que claramente avalan la posibilidad
de contraer matrimonio –como institución jurídica y laica‑ a personas del
mismo sexo. Me refiero al artículo 16, que dispone que todos los habitantes
somos iguales ante la ley, y al artículo 19, que es bastante claro cuando
plantea la protección de la libertad individual para diseñar y llevar a la
práctica un plan de vida.
El artículo
19 contempla que no haya un daño a terceros. A mí entender, si ha habido un
daño a terceros en juego, es el que se ha producido a los grupos que han sido
tratados de un modo indebido y ofensivo durante décadas, y justamente es el
daño que venimos a reparar. Se trata de formas de vida diferentes, que merecen
reconocimiento en la medida que quien la lleva adelante no está dañando a
otros. Se trata de que el Congreso otorgue un instrumento legal para empezar a
saldar parte de las deudas que el Estado tiene con estas personas.
No se trata
sólo de discutir la igualdad de derechos civiles, sino también el
reconocimiento de derechos humanos. Estamos hablando del derecho a la igualdad
de trato, a la igualdad jurídica y a la igualdad de oportunidades, y del
derecho a la vida, la salud y el trabajo.
Ojalá que la
sanción de esta ley nos permita avanzar hacia una reforma social y cultural
donde la diversidad sexual, política, de opiniones y religiosa sea aceptada
naturalmente y respetada por toda la sociedad.
Ojalá que la
sanción de esta ley contribuya a terminar con la discriminación que sufren hoy
aquellas personas que sienten atractivo por personas de su mismo sexo.
La verdad es
que hoy estamos hablando solamente de
igualdad de derechos; esto es, tener obra social, derechos previsionales
iguales, la posibilidad de heredar los bienes de su compañero o compañera y no
quedar en la calle –sumado a la angustia de perder a su ser querido‑ por
ser expulsados de sus casas por los familiares que no aceptaron la diversidad
sexual elegida por su hijo o hija. También significa tener igualdad ante los
bienes gananciales y los derechos migratorios.
Ojalá que
esta ley termine con la discriminación y estemos contribuyendo a mejorar la
justicia social.
El bloque del
GEN acompaña no sólo la igualdad jurídica de lesbianas, gays, bisexuales y
trans, y la ley de matrimonio para todos y todas, sino que también queremos la
ley de identidad de género para todas las personas trans (Aplausos.), la modificación de la ley antidiscriminatoria para que
incluya la diversidad sexual, la derogación de los códigos de falta y
contravencionales en todas las provincias del país.
Necesitamos
saber si queremos estar en un Estado de derecho donde la libertad y la igualdad
sean banderas irrenunciables e insustituibles o deseamos continuar con los
prejuicios propios del desconocimiento, que hace que en esta sociedad se siga
discriminando la diversidad sexual. Se trata de decidir si queremos que el
Estado nacional –es decir, nosotros‑ elabore políticas y acciones
concretas que permitan avanzar hacia una sociedad más justa, más libre y más
igualitaria. (Aplausos.)
Sra. Presidenta
(Fadel).- Tiene la palabra el señor
diputado por Santa Fe, a quien le restan dos minutos para compartir el tiempo
con la diputada preopinante.
Sr. Peralta.-
Señora presidenta: voy a hacer
uso de la palabra cuando sea mi turno, utilizando los siete minutos que me
corresponden.
Sra. Presidenta (Fadel).-
Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Sabbatella.- Señora presidenta: adelanto nuestro voto a
favor del dictamen de mayoría. Éste fue elaborado como producto de un trabajo
intenso, comprometido y militante de muchos años por parte de las
organizaciones sociales,
Este dictamen ha sido fuertemente
militado por nuestra compañera de bancada y autora de uno de los proyectos, la
diputada Vilma Ibarra, junto a diputados y diputadas de distintos bloques, que
aportaron mucha intensidad y esmero a esta propuesta. También a ellos y ellas
el mayor de los reconocimientos de todos y todas.
Señora presidenta: nos encontramos a
punto de dar un paso fundamental a favor de la igualdad y de la libertad
mediante un proyecto que ha conseguido un importantísimo aval en la comisión,
que es el fruto maduro de miles y miles de voluntades que, trascendiendo las
pertenencias partidarias y superando -no sin debate- matices, diferencias y
discusiones, hicieron primar la coincidencia en terminar de una vez y para
siempre con la injusta discriminación que por su opción o deseo sexual padecen
ciudadanos y ciudadanas de nuestro país.
De eso se trata esta discusión: poner
fin a una situación enmarcada en nuestro Código Civil, que impide que muchos y
muchas iguales sean reconocidos y reconocidas en esa igualdad. No es una opción
partidaria, señora presidenta. Que todos los habitantes de este país seamos
iguales ante la ley es un imperativo ético al que es imposible e indeseable
renunciar.
Comentaba la diputada Vilma Ibarra la
frase del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero,
durante la presentación de esta iniciativa en su país. Las voy a repetir porque
me parecen profundas e importantes: “Una sociedad más decente es aquella que no
humilla a sus miembros”.
No se trata entonces de concederle un
beneficio a una minoría. Lo que este dictamen propone, y nosotros venimos a
refrendar con nuestra opinión y voto, es avanzar en que todos y todas quienes
formamos este inmenso y diverso colectivo social tengamos los mismos derechos y
responsabilidades en esta democracia.
Estamos aquí para saldar de una vez
por todas una inmensa deuda al equiparar ante la ley los derechos de todas las
parejas, más allá de su opción o deseo sexual.
Esto que viene a resarcir
definitivamente una tremenda humillación que padecen algunos y algunas es un
beneficio para el conjunto de la sociedad, porque es la sociedad toda la que
sube varios peldaños por la escalera de la igualdad y la libertad.
Cualquier miembro de una pareja del
mismo sexo debe tener derecho a heredar al otro, como lo hacen los
heterosexuales; cuando eso no sucede, hay desigualdad.
Cualquier miembro de una pareja
homosexual debe poder ser beneficiario o beneficiaria de la obra social del
otro u otra, como sucede con las parejas heterosexuales; cuando eso no ocurre,
hay discriminación.
Cualquier pareja debe poder adoptar un
hijo o hija con los mismos derechos que otra; cuando eso no pasa, hay una
inmensa injusticia, que es nuestro deber corregir.
Cualquier persona debe poder percibir
la pensión por su pareja fallecida; cuando eso no sucede, hay un destrato o
maltrato con el que debemos terminar.
El Estado debe garantizar el derecho a la
igualdad y la no discriminación de las personas. Eso debe traducirse en la
concreción de la legislación necesaria y la corrección de aquella que niega la
aplicación de esos derechos.
Señora presidenta: además de la
igualdad consagrada por nuestra Constitución Nacional hay numerosos tratados,
acuerdos y convenciones internacionales que la enmarcan y que no pueden ser
obviados.
Por eso, no
tengo dudas de que este Congreso será recordado por el paso que estamos a punto
de dar. No será sólo un capítulo glorioso en la historia de numerosas
organizaciones sociales referentes y militantes que lucharon democráticamente
sin parar en contra de la discriminación y la desigualdad. Conocemos y
reivindicamos esa lucha, esa constancia y ese compromiso, el de muchos y muchas
que hoy acompañan este debate con la esperanza de dar finalmente el paso tan
deseado.
Señora
presidenta: lo que hoy estamos debatiendo busca consagrar esos derechos
negados; negación que se traduce en miles de pequeñas y gravísimas
discriminaciones y humillaciones.
Pero vamos a
dar un paso que es trascendente para todos y no para algunos. Vamos a dar un
paso a favor de una sociedad mejor que la que tuvimos hasta hoy, porque cuando
desde esta Honorable Cámara impulsamos leyes que consagran derechos y terminan
con las injusticias, honramos la democracia, la igualdad, la libertad, la
memoria de los que no se resignaron, la sociedad en que vivimos y el futuro que
queremos construir.
Quiero
felicitar a las organizaciones que sin descanso vienen luchando por esta causa.
Quiero felicitar a los muchos y las muchas que intervinieron en esta
iniciativa.
Señora
presidente: estoy seguro de que la aprobación de este proyecto de ley será un
homenaje a todos los que lucharon y luchan por la igualdad de derechos, además
de que constituye una transformación impresionante y feliz en la vida de miles
de parejas de nuestro país que fueron y son discriminadas.
Esta
iniciativa no es contra nadie. No le falta el respeto a ninguna convicción ni
anhela herir a quienes desde otros pensamientos y sentires también intentan
construir una sociedad más justa y solidaria.
Esta ley es a
favor de todos y de todas. Esta ley está a favor de la igualdad y, por eso,
cuenta con nuestro impulso y militancia.
Amén de
querer escuchar con interés las opiniones de todos los bloques sobre este
proyecto, adelanto nuevamente el acompañamiento por unanimidad de nuestra
bancada al dictamen de mayoría, y lo hago con la alegría de saber que estamos a
punto de dar un paso más a favor de la equiparación de derechos y de la
igualdad. Se trata de un paso más para construir esa democracia profunda y
verdadera que soñamos para todos y todas: para nuestros hijos, hijas, nietos y
nietas. Se trata de un paso más en la construcción de derechos civiles,
sociales, políticos, económicos y culturales que, insisto, soñamos para el
conjunto de la población.
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra la señora diputada por Nuequén.
Sra. Comelli.-
Señora presidenta: como anticipara oportunamente, voy a compartir mi tiempo con
la diputada Guzmán, quien va a hacer su primera alocución en esta Cámara.
Como
presidenta del Movimiento Popular Neuquino quiero expresar que en esta ocasión
nuestro bloque va a votar en forma dividida: en forma afirmativa lo hará la
diputada Guzmán y quien habla, y en forma negativa, el señor diputado Brillo.
Entendemos
que el presente debate obviamente es de una enorme trascendencia, mucho mayor
que la de todos los temas que se han mediatizado, porque nos ha enfrentado a
nuestra historia, a nuestros miedos, a nuestros prejuicios y a nuestras
convicciones.
Festejo que
hoy podamos haber llegado al recinto después de casi 25 años de aquella reforma
de 1987, que para algunos pasó desapercibida y que en realidad quería
consolidar el modelo de la exclusión y de la discriminación.
Cuando
iniciábamos este estudio yo me planteaba qué es lo que me correspondía hacer
como legisladora. En realidad lo que nos corresponde es dar una respuesta como
Estado, es decir, cómo se para frente al otorgamiento y a la garantía de
derechos cuando éstos no existen.
A partir de
allí, con total e íntima convicción, entiendo que el Estado debe garantizar la
no discriminación étnica, religiosa o política. En este caso, quien no puede
acceder al matrimonio tal cual está contemplado en el Código Civil, está siendo
discriminado.
No somos ajenos
a los planteos relacionados a la fe que respetuosamente nos acercan nuestros
colegas, pero en este año del Bicentenario nos ponemos a rever la historia y la
actuación de muchas instituciones.
Mirando hacía
atrás, siendo muy chica, tengo presente el recuerdo de Jaime de Nevares quien
siempre nos decía que el último fin que debíamos tener en la vida era trabajar,
luchar y bregar por la igualdad y la libertad. Cuando teníamos seis años
seguramente no hablábamos del tema que estamos considerando hoy en esta Cámara,
pero él se encargó muy fuertemente de dejarnos esa impronta tendiente a no
discriminar, a no temer, a respetar la diversidad y estos nuevos modelos de
familia que iban apareciendo.
Seguramente en los territorios del sur de
nuestro país se viven más situaciones monoparentales, porque existe una inmensa
mayoría de madres solas.
- Ocupa
Sra. Comelli.-
Creo que tenemos la profunda obligación de defender y garantizar los derechos
constitucionales de todas y de todos. Por respeto a todas las creencias y a
todos ustedes, no debemos aplicar nuestro propio código moral.
Por ello, con
la salvedad del señor diputado Brillo, este bloque va a apoyar el dictamen de
mayoría. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la
señora diputada por Neuquén.
Sra. Guzmán.-
Señor presidente: no voy a hablar sólo como diputada nacional sino como
militante de la justicia social y de la igualdad.
Como
representante del pueblo y en cumplimiento de mi mandato legislativo, me
propuse trabajar por la igualdad de oportunidades y de acceso a una vivienda
digna, por una salud integral, por una educación de calidad, por la protección
de un ambiente saludable y sustentable y por la justicia social, para que no
haya más pobres, indigentes ni hambre en nuestro país.
Acabo de
enumerar temas que, desde mi punto de vista, son prioritarios. Son las
cuestiones que, según mi humilde opinión, deberían constituir el eje de
nuestros debates, es decir, las que nos insuman el tiempo, el esfuerzo y el
trabajo de cada uno de nosotros.
Sin embargo,
he comprobado que la agenda legislativa es muy parecida a la mediática, y que
algunos grupos tienen más poder de lobby que otros, porque a veces no se
escuchan los reclamos de los que no tienen voz.
Admito que el
matrimonio civil entre personas del mismo sexo no estaba en mi agenda, pero fue
uno de los temas sobre el que tuve que ponerme a pensar, a analizar, a profundizar
durante el corto mandato en esta Cámara.
Porque soy
coherente con mi militancia por la igualdad y la justicia social es que votaré
a favor de la modificación del Código Civil.
En primer
lugar, quiero circunscribir el tema que estamos debatiendo. El proyecto de ley
en tratamiento tiene por objeto modificar el Código Civil en lo que se refiere
al matrimonio. Se cambia la fórmula “marido y mujer” o “esposo y esposa” por
“contrayentes” o “cónyuges”. A fin de que la reforma sea coherente, se
introducen modificaciones a diversos artículos del Código Civil.
Los
impedimentos para contraer matrimonio se encuentran muy bien detallados en el
artículo 166 ‑entre otros‑ del Código Civil. Ninguno de los nueve
incisos del mencionado artículo hace referencia a la necesidad de que los
contrayentes sean de diferente sexo.
Para
fundamentar mi postura citaré las palabras de algunos especialistas que
participaron de las reuniones informativas celebradas en
El articulo
16 de
Me permito
citar al doctor Roberto Saba, quien en la exposición que hizo el año pasado
decía: “El principio de igualdad se refleja en
el artículo 16 de
Más adelante, el doctor Saba manifiesta: “Aquí la discusión
es cuáles distinciones están permitidas constitucionalmente. Me refiero a qué
diferencias el Estado puede hacer entre las personas y cuáles no desde el punto
de vista constitucional.
“
Luego, dice: “La pregunta que queda por responder es si el
sexo de las personas, mejor dicho, si el requisito de que ambas personas tengan
sexos diferentes para poder contraer matrimonio, es razonable para lograr el
fin de su regulación. Entonces, si no lo fuera, ese requisito es
inconstitucional.”
Finalmente, el doctor Saba expresa: “Y ninguno de los fines
de la regulación parece dejar ningún espacio para que el sexo diferente sea un
requisito razonable...”
Queda claro que pese al principio constitucional de
igualdad ante la ley el Estado hace algunas distinciones. Un ejemplo evidente
que se aplica en la regulación de varios derechos es la edad. A los diez años,
ninguna persona puede viajar sola al exterior o casarse. Entonces, la pregunta
en este caso puntual es si la imposición de pertenecer a diferentes sexos para
contraer matrimonio está o no justificada.
Frente a algunos argumentos que suelen exponerse, en una
reunión de comisión el doctor Gargarella decía: “Me parece que también
sería un error tratar de resolver la cuestión apelando a cuál es el concepto de
matrimonio, que es el tradicional en
Sr. Presidente (Fellner).-
Sra. Guzmán.-
Sí, señor presidente.
Durante el
debate en comisión escuché argumentos a
favor y en contra. Algunas de las razones esgrimidas para oponerse al
matrimonio entre personas del mismo sexo denotan una fuerte cultura homofóbica,
aunque también he tomado nota de fundamentaciones impecables a favor del
proyecto de ley.
Por
experiencia de vida, por herencia cultural o por formación, quizás uno tiene
como ideal la imagen de la llamada “familia tradicional”: madre, padre e hijos.
Nací y viví en una familia así; formé mi familia de la misma manera, que quizás
sea –desde mi punto de vista‑ la deseable. Sin embargo, entiendo que dos
personas tienen el derecho de elegirse entre sí, basadas en el amor y el
respeto. Tienen el derecho de formar una familia, de ser reconocidos por la
sociedad y ante la ley. Es hora de dejar los prejuicios de lado y de ser menos
egoístas. Es momento de incluir y no de excluir. Demostremos que
Finalmente quiero dejar en este recinto una reflexión que
en alguna oportunidad hizo Margaret Mead: “No dudes jamás de la capacidad de
tan sólo un grupo de ciudadanos conscientes y comprometidos para cambiar el
mundo. De hecho, siempre ha sido así.” (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).-
Tiene la palabra la señora diputada por Córdoba.
Sra. Merchán.- Señor presidente: antes de referirme al tema en
discusión quiero celebrar un hecho que seguramente celebrará la totalidad de
los presentes: acaba de ser apresado Martínez de Hoz,...
- Aplausos prolongados y manifestaciones en las bancas y en
las galerías.
Sra. Merchán.-
...quien ha sido el símbolo del genocidio económico de nuestro país.
Hablaré en
nombre del interbloque Movimiento Proyecto Sur. Para ser sincera –creo que todos
se habrán dado cuenta‑, me vuelve el alma al cuerpo porque ha sido una
semana difícil para quienes peleamos duramente a fin de que este tema se
tratara hoy en el recinto.
Para nuestro
interbloque, como para otros sectores de esta Cámara, no estamos ante un tema
de conciencia o de ideas individuales sino ante una profunda convicción
política en el sentido de que esta es una cuestión central que merece ser
debatida. No está en un segundo ni en un tercer plano sino en un primer plano,
y a nuestro juicio debe formar parte de cada una de las banderas que levantamos
y llevamos adelante.
Decía que me
ha vuelto el alma al cuerpo porque hemos pedido esta sesión especial teniendo
dudas acerca de si íbamos a ser capaces de estar todos presentes en este
recinto. Ahora veo que estamos dando este debate con una altura increíble y lo
celebro absolutamente. Por eso me gustaría hacer un poquito de historia, tal
como lo hicieron los señores diputados preopinantes, quienes han dicho muchas
cosas que nosotros también pensamos. Insisto: tengo ganas de hacer un poquito
de historia acerca de cómo se fue dando este debate aquí en el Congreso.
Muchos
diputados dijeron que este proyecto fue responsabilidad de las organizaciones y
efectivamente así sucedió. Las organizaciones que están a favor de la
diversidad sexual han trabajado de una manera increíble.
En este
sentido, quiero retomar algunos de los debates que se presentaron de una manera
mucho más fuerte y virulenta en las comisiones. Allí se dio la misma situación
que tuvimos aquí con respecto a si teníamos quórum o no, porque este debate es
político, profundo y nos atraviesa fuertemente.
Uno de los
debates más claros que se llevó a cabo se basaba en que el matrimonio era una
institución pensada para la continuidad de la especie y la procreación. La
verdad es que esto fue ampliamente discutido en nuestra comisión, a punto tal
que muchos diputados que pensaban de esa forma modificaron su opinión y
tuvieron la capacidad de ver que esto no era así.
Creo que el
tema es muy claro. De otro modo, ¿cómo hubiéramos hecho tantas madres solteras
para continuar la especie si no nos casábamos? ¿Cómo se hacía antes de que
existiera el matrimonio para que efectivamente pueda continuarse la especie?
¿Por qué pensamos que va a desaparecer la pareja heterosexual si simplemente
queremos reconocer que ya existen parejas homosexuales?
Creo que esta
discusión se fue acabando dentro de las comisiones y aquí se han escuchado muy
pocas opiniones de diputados que vuelven a hacer referencia a esta cuestión.
Por otro
lado, se plantea el problema de la adopción. Creo que en algún lugar esto tiene
que ver con el resultado de algunas encuestas que plantean que el conjunto de
la sociedad está de acuerdo con que haya matrimonios del mismo sexo, pero dudan
con respecto a si tiene que haber o no adopción.
Nosotros
tenemos la convicción absoluta de que tiene que haber adopción, como ya dijeron
varios señores diputados, porque es una realidad que ya existe.
En cuanto al
interés superior de los niños, me gustaría hacer una comparación con el
divorcio. Yo era muy pequeña, vivía en una familia de madre y padre separados
pero esto no se podía decir. Durante años los hijos de familias de padres
separados teníamos que estar ocultando una realidad, que efectivamente era que
nuestros padres no vivían juntos; algo tan simple como eso. Cuando se discutía
respecto de los intereses de los niños y el matrimonio ‑parecía que
íbamos a quedar todos en la calle-, no se tenía en cuenta que estábamos
obligados a ocultar nuestra propia realidad. Creo que exactamente hoy pasa lo
mismo con los niños y niñas que son criados por parejas del mismo sexo.
Incluso hay
otro debate político que tiene que ver con las minorías y las mayorías.
Nosotros creemos que no hay minorías y mayorías sino diversidad; este
también es un debate político y tiene
que ver con cómo nos posicionamos frente a esta realidad. De qué manera nos
planteamos claramente que queremos la igualdad absoluta ante la ley para ser,
dentro de la sociedad, todo lo diverso que queramos ser. Me parece que también
este es un elemento importante y fundamental.
También
escuchamos durante este tiempo algunas hipótesis en el sentido de que las
personas que gustaban de otras del mismo sexo tenían problemas psicológicos,
que las lesbianas odiaban profundamente a los hombres o que la familia es sólo
de mamá y papá, cuando esa realidad no puede ser vista en ningún lado o en muy
pocos lugares.
Creo que aquí
se puede percibir la fuerte acción que llevaron a cabo las organizaciones
durante todo este tiempo y me siento muy contenta de haber sido parte de esta
pelea, junto con diputados de todos los bloques, en todo el país.
No solamente
algunos señores diputados soportaron insultos en las reuniones de la comisión
sino que además tuvieron la capacidad de dar el debate, con altura, de modo que
en todo el país hoy no estamos discutiendo si está mal o está bien que existan
parejas del mismo sexo, cuestión con la que iniciamos el debate y parecía que
era algo anormal.
Hoy nadie
puede decir que sea anormal la existencia de parejas del mismo sexo. Estamos
peleando, y creo que hoy vamos a lograrlo, para que estas parejas sean
reconocidas del mismo modo que son reconocidas las parejas heterosexuales. En
ese sentido, creo que esta pelea tiene mucho más que ver con la realidad y con
una condición cultural y social.
Seguramente
muchísimas parejas del mismo sexo no tienen ganas de casarse, igual que muchas
parejas que no son del mismo sexo, y la verdad es que está bien porque tienen derecho
a elegir si se quieren casar o no. Pero sí estoy segura de que a partir de
ahora, si logramos la sanción de esta ley, las parejas van a poder salir de la
casa tomadas de la mano, van a poder ir al supermercado y abrazarse, van a
poder decir a sus padres que efectivamente son pareja y lo van a poder hacer no
sólo en
Para nosotros
la igualdad jurídica es un elemento fundamental a fin de alcanzar la igualdad y
la justicia social. Observen que esta ley tiene algo muy interesante: genera un
avance enorme en justicia social y no va a pasar por
Por último,
seguramente hay mil cosas que se quedan en el tintero pero que mis compañeros
van a reforzar, quiero decirles que a veces la política se ve en blanco y negro
y nos dicen que tratemos de verla en sus grises. Hay gente que ve la realidad
en blanco, negro y gris. La verdad es que nosotros tenemos muchas ganas de ver
la realidad en colores. (Aplausos
prolongados en las galerías y en las bancas.)
Sr. Presidente
(Fellner).- Tiene la palabra el
señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Macaluse.-
Señor presidente: estoy contento porque estamos demostrando que, pese al
disenso, que en muchos casos es fuerte,
Creo que éste
es el resultado de la convocatoria que hemos impulsado junto con otros bloques.
La reunión del día de hoy no era para ver quién juntaba tres o cuatro diputados
más a fin de vencer al otro bloque sino que se trataba de juntarnos para
debatir ampliamente un tema en el que la dirigencia política estaba en deuda
con la sociedad. Creo que éste puede ser un camino para bucear y profundizar de
manera que podamos resolver, con el mismo respeto, con la misma altura, con la misma
dignidad, otros temas que la sociedad nos está demandando. Tenemos que
funcionar y resolver.
Quiero
señalar, para no abundar en otras cuestiones ya manifestadas por otros
compañeros con anterioridad, que los derechos se consagran institucionalmente
después de una lucha que expresa un entramado
muy complejo de vínculos sociales y políticos, y que la mayoría de las
veces son fruto de largos padecimientos, temores, discriminaciones y angustias.
Este creo que es el caso. Por eso queremos saludar a las organizaciones y a
quienes no perteneciendo a ellas se animaron a dar este debate en el seno de la
sociedad.
Hoy estamos
desmontando una barrera discriminatoria, y digo “desmontando” y no “derribando”
porque está claro que en esta discusión hay serenidad y no la violencia verbal
que sí hubo en otros momentos de la historia donde debimos derribar barreras.
Esto se produce porque la sociedad ha aceptado culturalmente lo que la
dirigencia todavía no ha resuelto. Por eso, desde el Poder Legislativo hemos
obligado a
Además, esto
muestra una sociedad que va delante de la dirigencia; una dirigencia que
resuelve con retraso algunos problemas que la sociedad ya ha asumido. Tal vez
en la disputa cotidiana, en el cronograma y en la agenda electoral estemos
perdiendo la perspectiva de mediano y largo plazo. Cuando la dirigencia
política y cultural de un país se pierde
en la disputa cotidiana y deja la perspectiva de largo plazo, el país camina en
círculos y no puede avanzar.
Nosotros
tenemos un desafío enorme como dirigencia, más allá del lugar en el que nos
puso la sociedad al votarnos, sea oficialismo u oposición. Tenemos el desafío de cohesionar una sociedad
que por diversos motivos está fracturada, fragmentada, y en algunos casos
enfrentada y dañada. La epidermis social está dañada por lo que aconteció,
sobre todo, en los años 90, y tenemos la obligación de reparar esa epidermis
social a través de los debates y las resoluciones.
La generación
de los años 80 se autoimpuso un desafío enorme: cohesionar a una sociedad
diversa; y lo hizo con una estrategia que dio resultados disímiles. Lo que
logró cohesionar a través del impulso de la educación pública lo degradó
después, porque esa cohesión también implicó la homogeneización cultural, la
pérdida de la diversidad e incluso el desconocimiento del otro, a veces en
términos simbólicos y muchas otras veces en términos físicos, ya que generó un
genocidio para provocar dicha cohesión social.
Tenemos un
desafío muy similar, pero creemos que aprendiendo de la historia podemos tomar
un camino diferente: intentar la cohesión a través de políticas de inclusión.
Esta es una política de inclusión. La sociedad nunca va a estar cohesionada si
todos no nos sentimos parte, si no nos sentimos incluidos, si alguno de
nosotros se siente discriminado y no puede ser partícipe de todos los derechos
y obligaciones.
Tenemos que
intentar buscar la cohesión de nuestra sociedad a través de la perspectiva del
respeto a la diversidad y del
pensamiento distinto del otro, y no de un paradigma o modelo que señala qué es
lo que hay que copiar para llegar a ser algo superior a lo que somos.
Es
imprescindible que todos demos este debate, más allá de las diferencias
partidarias que tenemos. Debemos tomar en nuestras manos un desafío que no es
menor: incluir en términos sociales y económicos a miles y miles de excluidos
en los últimos años en nuestro país. Esta es la obligación y el desafío que
tenemos todos nosotros, y en esa tarea nos van a encontrar junto a ustedes,
sean del partido que sean, si pretenden avanzar rectamente en este camino. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado
por Neuquén.
Sr. Prieto.- Señor presidente: me honra integrar esta
Cámara que ha tenido la oportunidad de sancionar estas leyes que en muy poco
tiempo van a ser reconocidas como transformadoras e impulsoras de cambios
necesarios y democráticos.
Hoy venimos a
tratar justamente una de esas leyes. No estamos hablando de una norma que
tendrá consecuencias institucionales y que nos interesan fundamentalmente a los
políticos, sino de una ley que ha interesado a toda la sociedad.
Lo hacemos en
un marco en el que estamos despojados, en gran medida, de pertenencias
partidarias, mandatos políticos, a fin de dejar librado nuestro voto a la
conciencia de cada uno. Por supuesto que esto no significa que esta decisión no
sea política y sumamente importante.
La libertad
es el primer gran objetivo que tanto ha costado conseguir, y la democracia es
un instrumento útil para ello. Tal vez pareciera que es un objetivo que ya se
ha conseguido, pero como todos los grandes objetivos, implica caminar hacia el
horizonte. Siempre podemos hacer algo más en función de dicho objetivo. Creo
que la sanción de este proyecto va a significar un paso más en ese camino hacia
la consecución de la libertad.
La democracia
como sistema no sólo debe garantizar una eficiente toma de decisiones
colectivas sino también que cada individuo pueda llevar adelante su propio plan
de vida, hacer sus elecciones y tomar sus decisiones en el mismo plano de
igualdad que los demás.
Este es uno
de los casos en el que el pensamiento de las mayorías no debe imponerse sobre
el de las minorías, porque estamos hablando de los derechos básicos y
fundamentales del hombre. Hoy vamos a impregnar a nuestro Código Civil de una
mayor cuota de legitimidad, como concepto moral y no como sanción jurídica del
Congreso. Vamos a dar legitimidad a esta ley que regula la legislación en
general a fin de que resulte más aceptable para todos y cada uno de los
individuos, reconociendo las elecciones y brindando igualdad a los distintos
contrayentes de un matrimonio.
El otro gran
objetivo que tenemos las sociedades en general y que se da en las democracias
en particular es la consecución de la igualdad. Pareciera que la igualdad
jurídica ya estuviera conquistada, que ya es un capítulo obtenido y que sólo
nos debemos preocupar por la igualdad de oportunidades y la igualdad en materia
económica. Pero cuando analizamos asuntos como el que hoy estamos tratando nos
damos cuenta de que tampoco en todos los casos la igualdad jurídica está
estrictamente conseguida, porque si bien todos somos iguales frente a la ley,
la ley no es igual para todos.
Con la
sanción de esta ley vamos a teñir de igualdad al Código Civil para que todos
tengan los mismos derechos que generosamente nuestra Constitución otorga a los
extranjeros en igualdad de condiciones que a los nacionales, como el derecho a
casarse, sujeto a lo que establezca la ley, y hoy la ley se va a adecuar a los
tiempos y lejos de imponer en el Código Civil un pensamiento religioso o
siquiera mayoritario, va a permitir que aun los que piensen de manera distinta
o tengan otra orientación sexual puedan tener igualdad ante la ley, con los
mismos derechos y las mismas obligaciones en el plano de las relaciones de
familia, en orden a hijos, alimentos, derechos de sucesión, de pensión, etcétera.
Pasamos
entonces de una idea de igualdad de derechos a la de igualdad en los derechos.
Hoy vamos a hacer posible que en
Proyectos
como éste significan una adecuación a los tiempos y organizar la sociedad hacia
el futuro reconociendo los cambios y las transformaciones que en ella se
producen. Pero básicamente sanciones como la de hoy significan un paso más en
la consecución de esos grandes objetivos: el primero –del que hablaba al
principio-, el de la libertad, y el segundo, el de la igualdad.
Si la
igualdad es un ideal que nos debemos esforzar para alcanzar, actuar para
apoyarlo es una obligación moral.
Por eso el
bloque de
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado
por Buenos Aires.
Sr. Ledesma.-
Señor presidente: primero quiero resaltar el hecho de que los presidentes de
bloque hayan sometido esta gran decisión al libre albedrío de los señores
diputados. Y cuando decimos “libre albedrío” nos estamos refiriendo a un
párrafo bíblico, algo que Dios nos legara, en cuanto a la posibilidad de elegir
entre el camino correcto y el camino incorrecto.
En esta
oportunidad voy a expresar la posición de nuestro bloque fundándola en la fe.
En este sentido, me voy a referir a los capítulos I y II del Génesis, donde
podemos leer: “Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los
creó varón y mujer.” “Luego, con la costilla que había sacado del hombre el
Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. El hombre exclamó:
‘¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará mujer’”.
“Y los bendijo, diciéndoles: ‘Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y
sométanla’”.
El artículo
2° de nuestra Constitución Nacional dice: “El Gobierno federal sostiene el
culto católico apostólico romano.” Es por eso que vengo a defender mi posición
desde la fe, pero también desde el derecho.
Mucho se ha
hablado del derecho: del derecho constitucional, del derecho individual, del
derecho colectivo y del derecho internacional. Yo también voy a hacer algunas
menciones a estos derechos.
El ser humano
ha sido creado a imagen de Dios. Esta imagen no sólo se refleja en la persona
individual sino que se proyecta en la complementariedad y reciprocidad –varón y
mujer-, en la común dignidad y en la unidad indisoluble de los dos, llamada
desde siempre “matrimonio”.
Sr. Presidente
(Fellner).- Señor diputado: la
señora diputada Carrió le solicita una interrupción. ¿Se la concede?
Sr. Ledesma.-
Cómo no, señor presidente.
Sr. Presidente
(Fellner).- Para una interrupción
tiene la palabra la señora diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra. Carrió.-
Señor presidente: para garantizar la pluralidad del debate es bueno que cada
uno de nosotros hable de su propia fe y de su propia interpretación de ella,
porque hay otros que también somos católicos practicantes y hemos leído todos
los evangelios y sólo conocemos que la primera ley es la del amor, la del amor
en la diversidad y la no exclusión. (Aplausos
en las bancas y en las galerías.)
Sr. Presidente
(Fellner).- Continúa en el uso de la
palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Ledesma.-
Gracias, señor presidente y señora diputada.
El matrimonio
es la forma debida en que se realiza una comunión singular de personas, y ella
otorga sentido plenamente humano al ejercicio de la función sexual. A la
naturaleza misma del matrimonio pertenecen las mencionadas cualidades de
distinción, complementariedad y reciprocidad de los sexos, así como la
admirable riqueza de su fecundidad. El matrimonio es un don de
La familia es
el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la
protección de la sociedad y del Estado.
El Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos dice en su artículo 23: “Se
reconoce el derecho del hombre y de la mujer a contraer matrimonio y a fundar
una familia si tienen edad para ello.”
Corresponde a
la autoridad pública tutelar el matrimonio entre el varón y la mujer con la
protección de las leyes para asegurar y favorecer su función irremplazable y su
contribución al bien común de la sociedad.
Si se
otorgase un reconocimiento legal a la unión entre personas del mismo sexo o se
la pusiera en un plano jurídico análogo al del matrimonio y la familia, el
Estado actuaría erróneamente y entraría en contradicción con sus propios
deberes al alterar los principios de la ley natural y del ordenamiento público
de la sociedad argentina.
Para
concluir, voy a citar a Su Santidad el Papa Benedicto XVI, cuando era prefecto
de
Por eso
nuestro bloque va a votar en contra de este proyecto de ley. (Aplausos y
manifestaciones en las galerías.)
Sr. Presidente
(Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado
por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Lozano.- Señor presidente: es un placer, por lo
menos para mí, sentirme tan expresado por los planteos que han hecho varios de
los señores diputados preopinantes, la señora diputada Vilma Ibarra, la señora
diputada Merchán, el señor diputado Solanas, el señor diputado Macaluse y la
señora diputada Fein.
En verdad
quisiera reivindicar el hecho profundamente democrático que supone estar dando
este debate y como todos lo esperamos, estar dando el paso de votar
favorablemente el dictamen de mayoría.
Digo esto no
sólo por las apreciaciones que se han hecho en relación a la cuestión del
Estado de derecho y de la igualdad sino desde el plano más sustancial de la cuestión
democrática. Por lo menos para nosotros,
un régimen social es democrático en tanto es capaz de garantizar la autonomía
de las personas.
Por autonomía
se entiende la capacidad de cada persona de poder construir su propia historia.
Desde la experiencia del Movimiento Proyecto Sur es que hoy venimos a apoyar lo
que hoy estamos discutiendo, es decir el matrimonio de personas del mismo sexo,
con la misma fortaleza con la que reclamamos las garantías en materia de
ingresos por encima del umbral de dignidad, en fin las garantías para que toda
persona pueda trabajar y participar del proceso de producción de la riqueza
social, las garantías al acceso universal, a la salud y a la educación, a la
participación en la creación cultural y en las decisiones.
Como no podía
ser de otro modo, también está la necesidad de garantizar la posibilidad de
decidir y de tener libertad a la hora de definir su orientación sexual. Es en
este plano donde nosotros estamos tratando de cuestionar el intento de
perpetuar un imaginario colectivo, que es tramposo y que sostiene una situación
cultural opresiva, un imaginario colectivo que nos propone mirar por un lado
una mayoría supuestamente normal, sana, versus una minoría que puede ser negada
y humillada y en el medio de la relación entre mayoría y minoría, tamizada por
la intolerancia.
Quiero ser
muy claro en este punto: lo que estamos votando hoy, lo que estamos
discutiendo, este planteo normativo no obliga a nadie. No estamos diciendo que deben casarse con las
personas del mismo sexo. Estamos reconociendo una realidad.
No supone una
imposición absoluta a nadie. Estamos poniendo una norma a la altura de la
realidad que en todo caso estamos teniendo. Y en este sentido creemos que
resulta absolutamente pernicioso transformar en una suerte de determinismo
biológico a la biología, en una suerte de cárcel de la libertad y la opción que en materia sexual pueda tener
una persona.
En este plano
también nosotros entendemos que toda sociedad que niega es una sociedad que
produce enfermedad, es una sociedad que paraliza y que angustia. Toda sociedad
que construya sus normas recogiendo la verdad enaltece y dignifica.
En este
sentido descreemos de aquellas posturas que vienen a plantear hoy, como se ha
demostrado en varias de las intervenciones, que el carácter del matrimonio
tiene que ver con la procreación. Está
claro que eso no es así, porque habría que reclamar un examen de fertilidad a
cada uno de los que se casan.
También
habría que evitar que lo hagan personas con mayor edad que la necesaria para procrear. Eso no
tiene ni pies ni cabeza. Es otra la
discusión que se está dando en este sentido y por esa razón es que creemos que
acompañar este tipo de normas y este dictamen de mayoría supone hoy decirle
basta a un determinismo biológico que se transforma en opresión cultural y
social.
Asimismo,
decirle basta a una estrategia de negación que humilla y margina, y decirle que
estamos dispuestos a acompañar toda estrategia normativa que suponga y tenga
como sustrato el reconocimiento de la verdad. (Aplausos y manifestaciones en
las galerías.)
Sr.
Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor
diputado por Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Solanas.-
Señor presidente: voy a agregar algunas ideas a todo lo dicho, solidarizándome
con tantos legisladores y conceptos vertidos esta tarde. Bien se ha dicho que
es una tarde muy peculiar y que nos llena de satisfacción.
Después de
varias semanas en que esta Cámara no encontraba el rumbo, hoy nos encuentra
unidos en el tratamiento de una iniciativa que viene a contestar una larga
injusticia pero lo más lindo es que legisladores de distintas corrientes de
opinión, de distintos partidos políticos estamos coincidiendo en la idea de más
democracia, de más justicia y de más igualdad en
Por eso,
saludo a todos los legisladores que hoy van a dar su voto al proyecto de la
mayoría. Saludo a los autores del proyecto, la señora diputada Vilma Ibarra, y
los diputados que la acompañaron, Cecilia Merchán, Liliana Parada, Lozano,
Macaluse y tantos otros. Saludo sobre todo esa lucha solitaria y firme que llevó adelante la comunidad
homosexual argentina,
Simplemente
quiero decir, para no reiterar todos los otros argumentos que ya se vertieron
sobre el derecho al matrimonio, que es un derecho universal y que no hay ningún
código, ningún paradigma ni ninguna religión que pueda encorsetar los
sentimientos, los afectos o el amor que está en la base de cualquier relación
humana.
No hay Patria
sin identidad y sin memoria, señor presidente.
Por eso,
señor presidente, en respeto a la identidad, a la libertad, a la libre elección
de las parejas y de la sexualidad y porque es obligación del Estado proteger a
las familias, nosotros apoyamos decididamente este dictamen de mayoría y
volvemos a saludar a todos para que esta tarde se corone con una gran votación
el matrimonio civil de personas de igual sexo. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado
por Córdoba.
Sr. Fortuna.-
Señor presidente: hoy estamos afrontando la tarea de debatir una cuestión
compleja y controvertida que genera opiniones encontradas y que obviamente
torna dificultoso el intento de acercar posiciones entre miradas que son
diferentes.
Sin embargo,
desde mi opinión, como peronistas no podemos obviar que la familia siempre ha
sido uno de los ejes doctrinarios fundamentales y que da sustento al
pensamiento justicialista. Esto es así porque para el Justicialismo la familia
es el núcleo primario en el cual los seres humanos participan, se pueden
expresar en todas sus facetas y esperan ser aceptados tal cual son.
La familia es
el primer lugar de la formación, de la educación y donde realizamos nuestra
primera experiencia de convivencia. En definitiva, la familia es el lugar de
transmisión de la cultura y de los valores; es el lugar de transmisión de las
visiones del mundo y de la vida, y también de la construcción de la confianza.
De allí la
importancia que tiene la familia. Tanto es así que esa Constitución que impulsó
el Justicialismo durante su primera gestión, allá por el año 1949, en su
artículo 37 tenía cuatro apartados: sobre los derechos del trabajador, sobre
los derechos de la familia, sobre los derechos de la ancianidad y sobre
educación y cultura. Eso resalta la centralidad que tiene la familia en el
pensamiento y en el proyecto del Justicialismo.
La relevancia
de la familia se asienta en que ella es el ámbito donde cada niño puede
absorber los valores que lo convertirán en el ciudadano que necesita nuestra
comunidad y no en un sujeto indiferente. En ese sentido, el Justicialismo
reconoce como núcleo básico de la familia al vínculo entre un hombre y una
mujer unidos en matrimonio, y ello es así por la necesaria complementariedad de
los sexos que permite la procreación y la continuidad de la especie humana como
una de sus funciones fundacionales.
Sin embargo,
señor presidente, debemos reconocer que en nuestra sociedad actual existen
sectores que sin adoptar el modelo enunciado logran un vínculo estable y que
son parte de la comunidad homosexual y de la diversidad de la sociedad en su
conjunto, en la que todos nosotros compartimos y convivimos.
Frente a esa
realidad no nos podemos mantener al margen ni silenciosos. Debemos ocuparnos de
la problemática de esos grupos que forman parte de nuestra realidad. Esta es
una realidad innegable de nuestra sociedad y como legisladores no debemos
obviarla. Por el contrario, la debemos reconocer e incorporar a nuestro debate.
Tenemos muy
en claro que hay derechos que surgen precisamente de la convivencia entre los
seres humanos. En este sentido, creo en la necesidad de ir revisando
progresivamente la legislación que mencionaba anteriormente, que nos exige
contemplar la posible protección por parte del Estado de aquellas personas que
hoy se encuentran en una situación de desamparo legal.
Fíjese, señor
presidente, que hoy en nuestra provincia de Córdoba
Al mismo
tiempo, creo que tenemos que ir revisando esa legislación. Para ello, debemos
abordar el debate partiendo de un diálogo sincero que se dé en un marco de
tolerancia, lejos de presiones y de apuros, ya que estamos discutiendo un tema
que es de gran importancia para el futuro de nuestra sociedad.
Es una
realidad que en torno a esta cuestión existen diversas barreras -culturales, ideológicas
y religiosas- que aún no han madurado en el seno de la sociedad. Por lo tanto,
esta es una instancia que como legisladores no podemos obviar.
Por estas
razones, estimo que es fundamental continuar con el diálogo y con la discusión
tolerante sobre cuestiones tan caras a nuestra idiosincrasia.
En ese
sentido, no podemos negar que existen cuestiones conexas al matrimonio de
personas del mismo sexo, que aún no han sido debatidas con la profundidad y
extensión que su relevancia ameritan. A título enunciativo podemos señalar en
relación con el concepto de matrimonio que el derecho romano lo definió como la
cohabitación de dos personas de distinto sexo; así fue receptado por nuestra
legislación. Además, la doctrina sostuvo al respecto que la diversidad de sexo
de los contrayentes es una cuestión casi esencial para la existencia misma del
matrimonio; creo que esto ni siquiera haría falta enunciarlo.
Por otro
lado, el tema de la adopción también forma parte de una de esas cuestiones
conexas que tampoco ha sido abordada con la amplitud y profundidad que
requiere. Este es un aspecto que trasciende lo meramente normativo, porque va
atado a una realidad cultural de gran raigambre en nuestro país.
Por ende, no
se trata sólo de incorporar nueva legislación o de modificar un Código; se
trata de superar concepciones que aún tienen vigencia.
Reconocemos
que este es un debate que ya se viene dando en el seno de nuestra sociedad,
pero sabemos también que las cuestiones en juego nos exigen continuar
transitando por la senda del diálogo y del respeto. Este es el único camino que
en el futuro nos permitirá contar con una norma que tenga como sustento
fundamental el consenso mayoritario de la sociedad.
Entonces,
como estamos convencidos de la necesidad de profundizar el debate que se viene
llevando adelante, los integrantes del bloque Córdoba Federal no vamos a
acompañar el proyecto contenido en el dictamen de mayoría. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).-
Corresponde que haga uso de la palabra el señor diputado Robledo, que
compartirá su tiempo con la señora diputada Regazzoli. Sin embargo, el señor
diputado Vargas Aignasse le está solicitando una interrupción. ¿La concede?
Sr. Robledo.- Sí,
señor presidente.
Sr. Presidente (Fellner).-
Para una interrupción tiene la palabra el señor diputado por Tucumán.
Sr. Vargas Aignasse.-
Señor presidente: el señor diputado preopinante comenzó la defensa de su
posición hablando del Partido Justicialista; incluso, dijo que lo hacía en
nombre de ese partido y de su doctrina.
En ese
sentido, como militante del Partido Justicialista quiero dejar en claro que
este no es un debate doctrinario acerca de la doctrina del partido, como
tampoco es un debate sobre el sacramento del matrimonio o sobre la sexualidad
de alguien. Este es un debate sobre derechos civiles y libertades individuales.
Por eso, los exhorto a que demos un gran debate sobre este tema.
Traer a la
discusión cuestiones vinculadas con la fe católica –a las que adhiero
fervientemente por ser católico apostólico romano‑, creo que no es
conveniente. Existen postulados de
Por lo tanto,
los exhorto para que demos un gran debate sobre el tema en discusión. Les pido
que no seamos funcionales a un sector que pretende convertir esta discusión en
pequeña, chica y minimalista sobre la base de improntas y de latiguillos que
discriminan y ofenden, que no tienen nada que ver con este gran debate que
debemos dar. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).-
Señor diputado Robledo: el señor diputado Fortuna le solicita una interrupción.
¿La concede?
Sr. Robledo.- Sí,
señor presidente.
Sr. Presidente (Fellner).-
Para una interrupción tiene la palabra el señor diputado por Córdoba.
Sr. Fortuna.-
Señor presidente: cuando en nuestro rol de diputados emitimos un juicio o una
opinión sobre un proyecto de ley –como ocurre en este caso‑ que
tiene connotaciones especiales, lo hacemos desde nuestras convicciones. También
discutimos sobre los derechos de la sociedad sobre la base de nuestras
convicciones políticas e ideológicas.
En ese
sentido, no se puede recortar la visión que uno tiene sobre cada uno de los
temas para acercarse a la opinión del señor legislador, a quien respeto absolutamente.
No creo que estemos minimizando el debate al traer a este recinto cuestiones
que tienen que ver con nuestra manera de pensar o con el proyecto político que
cada uno defiende. Justamente, hay legisladores de otros partidos y de otras
ideologías políticas que hoy se han expresado con un profundo sentido político.
Por lo tanto,
no comparto la posición del legislador preopinante, aunque la respeto. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).-
Tiene la palabra el señor diputado por
Esta Presidencia
le reitera que ha sido parte de su tiempo el que se ha utilizado en estas
interrupciones.
Sr. Robledo.-
Señor presidente: considero que por la característica del debate correspondía
dar lugar a estas interrupciones sin que ello implicara que se esté insumiendo
parte de mi tiempo. Si le permito una interrupción a un diputado, tengo que
darle al otro la posibilidad de contestar. Entonces, para que mi compañera de
bloque también pueda expresarse solicito que se amplíe el tiempo del que
disponemos para hacer uso de la palabra.
En primer
término, como peronista deseo dejar en claro desde qué óptica fundo mi opinión
respecto del matrimonio de personas del mismo sexo.
La doctrina
que el general Perón nos legó considera a la familia como la célula básica y, como
tal, debe ser protegida por el Estado. En este sentido, el matrimonio que da
origen a la constitución de la familia, para nosotros no surge como una
categoría de libre interpretación ideológica y representa mucho más que la
unión civil entre dos personas, más allá de su sexo. Para nuestra ideología el
matrimonio y la familia sólo tienen sentido si los remitimos a la doctrina
social de
El peronismo
es la versión política de la doctrina social de
El matrimonio
es una institución particular, autónoma y anterior al Estado, con propósitos
determinados que requieren de la complementariedad entre el hombre y la mujer
por su capacidad única de concebir unión y concordancia, formando a la sociedad
por el camino de la maternidad y la paternidad.
Bien se sabe
que en todas las comunidades la diferenciación entre mujeres y hombres es un dispositivo
esencial de la organización social. Todas las sociedades registran relaciones
de matrimonio y vínculo familiar y le conceden expectaciones reguladas a los
roles de maridos y esposas, padres e hijos, y a veces a otras relaciones en el
interior de familias ampliadas. Pues, el matrimonio es una institución creada
por la historia y la realidad como la unión de un hombre y una mujer que, por su complementariedad única
garantiza la continuidad del orden de toda la sociedad.
La humanidad
debe su conservación a la familia instituida sobre el matrimonio. El efecto
ineludible del reconocimiento legislativo de las uniones homosexuales es la
redefinición del matrimonio, que se transforma en una institución que en su
condición legítimamente reconocida inutiliza la referencia principal a los
agentes atados a la heterosexualidad, tales como la acción de procrear y la de
formar. De darse esta posibilidad la definición del matrimonio sobrellevaría un
cambio primordial, con peligroso deterioro del bien común.
En las
alianzas homosexuales están totalmente alejados los componentes biológicos y
antropológicos del matrimonio y de la familia que lograrían implantar
juiciosamente el reconocimiento legal de tales uniones. Éstas no están en
circunstancias de aseverar convenientemente la fecundación y la conservación de
la raza humana.
Como se puede
manifestar en la realidad, la ausencia de la práctica de la maternidad o de la
paternidad afecta en el desarrollo de los niños.
El Papa Juan
Pablo II en su Exhortación Apostólica “Familiaris Consortio” de noviembre del
año 1981, escrita a la luz de lo que
Sigue
diciendo: “Esta totalidad, exigida por el amor conyugal, corresponde también
con las exigencias de una fecundidad responsable, la cual, orientada a
engendrar una persona humana, supera por su naturaleza el orden puramente
biológico y toca una serie de valores personales, para cuyo crecimiento
armonioso es necesaria la contribución perdurable y concorde de los padres.”
Continúa: “El único ‘lugar’ que hace posible esta donación total es el
matrimonio.” Y agrega: “La institución matrimonial no es una injerencia
indebida de la sociedad o de la autoridad ni la imposición intrínseca de una
forma, sino exigencia interior del pacto de amor conyugal que se confirma
públicamente como único y exclusivo, para que sea vivida así la plena fidelidad
al designio de Dios Creador.”
Concluyentemente
tal experiencia sería peligrosamente inmoral y se pondría en franca contradicción
con el principio, reconocido por
El bien común
requiere que las legislaciones reconozcan, beneficien y resguarden la unión
matrimonial como pedestal de la familia, elemento esencial de la humanidad.
Registrar legítimamente las uniones homosexuales o compararlas al matrimonio,
representaría cegar valores esenciales que conciernen al capital común de los hombres.
En orden a
estos fundamentos, creemos que, primero, las personas del mismo sexo merecen tener derechos jurídicos
que les permitan llevar su vida en común. Esos derechos expresados en una unión
civil no pueden desde nuestro punto de
vista hacerse extensivos al concepto de familia que defendemos desde nuestra
doctrina ya que como explicara se encuentra fuertemente enraizada con
Por otra
parte, tampoco estoy de acuerdo con la adopción plena o simple para el caso de uniones
civiles de personas del mismo sexo. La misión trascendente de la familia en
tanto no se trata de algo puramente biológico afecta una serie de valores que
trascienden en la educación de los hijos y para cuyo crecimiento armonioso es
necesaria la contribución de ambos padres. Al respecto creemos que podría
incluirse una modificación de la ley 24.779, de adopción, de manera tal que se
permita la tutela o potestad de menores para el caso de dos personas de igual
sexo en unión civil.
Por estas
razones, aunque creemos finalmente que el voto de una norma de estas
características debe quedar librada a la libertad de conciencia del legislador,
adelanto mi voto negativo al proyecto de ley en consideración.
- Aplausos y manifestaciones en las galerías.
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada
por
Sra. Regazzoli.-
Señor presidente: debemos reconocer la realidad. Vivimos insertos en una
sociedad globalizada que gracias a los adelantos tecnológicos, informativos y
sus correlatos sociales hacen que cada vez más sepamos y asumamos situaciones
que permanecieron y permanecen ocultas debajo de la alfombra.
Pareciera que
aquí tratamos solamente la posibilidad de que dos personas de un mismo sexo
puedan unirse legalmente o, como algunos prefieren, en matrimonio. Pero,
señores diputados y diputadas, hablamos de reconocer derechos e igualdades a
personas que se encuentran viviendo esta situación desde hace mucho tiempo.
Lo que se
está debatiendo hoy en este recinto excede el marco meramente ideológico. Hoy
estamos aquí trayendo a la luz y dándole
marco legal a una realidad social universal. Desconocer que en nuestro país y
en el mundo existen personas del mismo sexo conviviendo es querer tapar el sol
con las manos.
Este debate y
las posturas tan marcadamente encontradas me trae el recuerdo de los primeros
años de la democracia, cuando se discutió la ley del divorcio. Muchos
seguramente creyeron, en todo su derecho, que se vendría una avalancha de
divorcios y de familias desmembradas. El tiempo demostró lo contrario: esa ley
sirvió para blanquear situaciones que en algunos casos venían de años, y no
aumentó la cantidad de separaciones legales en las parejas. Lo que sí
demostraron las estadísticas es que la gente se casa menos, y no creo que sea
por esa ley.
Situaciones y
opciones personales que antes eran vergonzantes, hoy están aceptadas por la
sociedad y contempladas en los derechos de las personas, pudiendo acceder a
beneficios que antes eran impensables. Veamos si no cómo era vista una madre
soltera hace treinta años, y cómo hoy son contempladas, valorizadas y
privilegiadas en situaciones como en la entrega de viviendas públicas, los
sistemas de salud, programas sociales, etcétera.
Esta reforma
al Código Civil debe mirarse ni más ni menos que como una adaptación del Código
a las realidades sociales. Somos las personas las que debemos consensuar el
código que rige nuestras relaciones y debemos hacerlo acorde a las exigencias
que los tiempos nos demandan.
Además, si
hay algo que debemos rescatar del tratamiento de este proyecto de ley es el
espíritu de debate que generó, y que es una de las principales características
del sistema democrático.
La hora exige
que asumamos posturas de contemplación y tolerancia, tanto con los que piensan
como nosotros y más aún con los que difieren de nuestras costumbres. Así es la
democracia, la misma que nos permite estar sentados en estas bancas.
Creemos que
lo que hoy votamos no es concluyente, seguramente deberemos hacer ajustes más
adelante. Pero necesitamos traer a la superficie y reconocer esta realidad para
ir perfeccionando la letra de la ley.
No vamos a
llegar a nada con ocultar y negar una realidad. Ya pasamos varias veces por
estas situaciones en la historia de nuestro país y de nada sirvió. Tarde o
temprano hubo que asumir las realidades que nos componen como sociedad.
Por todo
ello, voy a acompañar la sanción de esta modificación (aplausos), aun con algunas dudas que pueda tener en algunos
aspectos, pero confiando en que aquí se trata de oportunidades de equidad e
igualdad ante la ley, de reconocer a personas insertas en una sociedad que
quiere ser moderna, pero que hasta el día de hoy carecieron de derechos
fundamentales, como el de que su amor tenga un marco legal.
Como dijo la
diputada Merchán, hoy la política se viste de colores. (Aplausos en las bancas y las galerías.)
Sr. Presidente
(Fellner).- Tiene la palabra la
señora diputada por Buenos Aires.
Sra. Vázquez.-
Señor presidente: yo también voy a celebrar con mis compañeras y compañeros
diputados que estemos llevando adelante esta sesión porque implica un
reconocimiento a la política. ¿Política en qué sentido? En el sentido de que la
semana anterior, cuando discutimos en
También es
una celebración a la política, porque del mismo modo los diputados y diputadas
que pedimos una sesión especial para mañana, al ver que había otra sesión
especial solicitada para hoy, pero privilegiando que el primer tema fuera la
ley del matrimonio, vinimos a dar quórum y debatir para aprobar este proyecto
que todos están esperando.
Creo que se
han dado muchísimos argumentos en torno a esta cuestión, pero me parece que
centralmente hay dos derechos que nuestra Constitución Nacional consagra de
manera categórica: la igualdad ante la ley, en el artículo 16 –igualdad que no
diferencia entre homosexualidad o heterosexualidad‑ y el artículo 19, que
deja librado a la conciencia de cada uno las acciones privadas de los hombres,
refiriéndose a los hombres y mujeres en su conjunto y sin excluir a la
homosexualidad.
La realidad
es que nuestra ley de matrimonio civil –aquí discrepo con muchos de los
diputados preopinantes‑ ha sido y es, hasta que no sea modificada,
inconstitucional, por cuanto ha agravado las exigencias establecidas en el
texto de nuestra Carta Magna al establecer un condicionamiento que dispone la
diferencia de sexo entre los contrayentes. Eso no es así en nuestro texto
constitucional ni en las convenciones internacionales, como
Entonces, no
es que hoy venimos a otorgar un derecho que no es tal. Si sancionamos este
dictamen de mayoría, venimos a cumplir con un deber constitucional, que es
adaptar nuestro Código Civil a los preceptos que contiene la ley superior de
los argentinos.
¿Por qué esto
es importante? Porque no es la única cuestión en nuestro Código Civil que de
alguna manera está violentando los preceptos que consagra nuestra Constitución
Nacional.
Mucho se ha
hablado aquí sobre el matrimonio como institución, y tenemos que hacer una
conceptualización sobre qué queremos decir cuando hablamos de matrimonio.
El matrimonio
ha sido concebido desde antes del Imperio Romano, en la civitas romana, en el siglo IV antes de Cristo, como una cuestión
vinculada a la protección del derecho a la herencia y la propiedad, relacionada
fundamentalmente con la figura del jefe de la familia o pater familias, y al lugar de la mujer en esa conformación
particular de familia.
¿Hablamos de
este matrimonio, una institución que lleva 2.400 años cuando hoy estamos
legislando sobre matrimonio civil? ¿Hablamos del matrimonio concebido en
Hablamos del
matrimonio a partir de
- Ocupa
Sra. Vázquez.-
Esa institución de 2.400 años no puede ser la misma que debatimos, porque nada
se mantiene –ni siquiera la biología‑ en términos estables por semejante
cantidad de tiempo. ¿Cómo podríamos entonces pensar hoy que desde la cultura
podríamos sostener instituciones con los mismos rasgos que hace 2.400 años o
siquiera con cien años?
Por eso,
remitiéndonos a nuestro propio ordenamiento jurídico y para ser realmente
fieles a la interpretación que tienen las normas, necesitamos adecuar esta
institución que, como sostengo absolutamente, viola las exigencias contenidas
en los preceptos constitucionales y debe ser adaptada a las circunstancias
actuales.
La pregunta
es si la homosexualidad y la heterosexualidad son actuales. A lo largo de toda
la historia de la humanidad han tenido lugar la homosexualidad y la
heterosexualidad; lo que está sucediendo simplemente es que en la evolución de
la cultura somos capaces de aceptar la diversidad y entender que lo maravilloso
que tenemos los seres humanos es que somos diferentes unos de otros, que no
tenemos que parecernos ni respetar un patrón o ser similares a tal o cual; no
tenemos que ser como la media o la norma.
La realidad es que hoy estamos
más cerca de poder aceptar la diversidad y la pluralidad, y estamos más cerca
de institucionalizar a través de nuestras leyes ese derecho que sí es
absolutamente natural. No pertenece a la cultura, sino exactamente a los
derechos naturales de todo ser humano el ser reconocido en su identidad, en su
singularidad, en su individualidad y en sus diferencias, porque justamente
ellas son las que nos enriquecen. De eso se trata también nuestro sistema
democrático y que hayamos podido consensuar para llegar a esta sesión.
Debemos
respetar el derecho de las mayorías y proteger y resguardar el de las minorías,
preservando ante todo la igualdad de derechos ante la ley y, fundamentalmente,
el derecho sobre el que se basa toda la construcción del estado de derecho y de
la democracia, es decir, el derecho a elegir.
Entonces, me
voy a permitir responder a quienes, haciendo uso parcial de fragmentos del
Antiguo Testamento, plantean una situación que este último ni siquiera
contempla. Aclaro que no lo digo desde una convicción religiosa ni desde una
pertenencia a tal o cual religión; lo hago desde una concepción que implica el
respeto absoluto a aquellos mitos fundadores que tiene nuestra cultura
occidental.
El derecho
más importante que tienen los seres humanos, el derecho que según esa misma
génesis nos ha otorgado el Dios de
Sencillamente,
estamos hablando de legislar desde la responsabilidad absoluta sobre el amor
entre los seres humanos. ¿Qué poder le podemos reconocer al Estado, más allá
del que el propio Dios de las antiguas escrituras le ha otorgado al hombre?
Hablamos de la capacidad de elegir, que es un derecho irrestricto e inalienable
de la naturaleza humana, pero al mismo tiempo es el que más nos acerca a Dios.
Por lo tanto,
por todos estos argumentos, nuestro bloque va a apoyar este proyecto de ley.
Quiero decir que, sinceramente, tenía dudas respecto al tema de la adopción,
pero los discursos que he escuchado en esta misma Cámara me han convencido de
apoyarlo absoluta y totalmente. (Aplausos prolongados.)
¿Saben
por qué? Porque me puse a pensar: ¡qué injusto es el sistema jurídico y qué
injustos podemos ser entre los seres humanos! Hay personas que por su sola
condición de heterosexuales, aún siendo apropiadores de hijos de desaparecidos,
pueden adoptar. ¿Y en este recinto negaríamos esta posibilidad a mujeres
y hombres de bien, a personas con capacidad de amar, de construir, sin
psicopateadas, que quieren hacerse cargo de la vida de otros –no para usarlos
con otros fines-, por la sola condición de la homosexualidad? No me lo
permitiría bajo ningún punto de vista.
Este
proyecto de ley constituye un cambio cultural importante. En
La
verdad es que los agradecidos somos nosotros, porque tenemos la oportunidad de
dar un debate de cuestiones que son centrales y ancestrales. Aquí no estamos
solamente cambiando una norma del Código Civil de
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra la señora diputada por Tierra del Fuego.
Sra. Belous.-
Señora presidenta: a medida que avanza el debate realmente es sorprendente y
reconfortante escuchar algunas posturas, y otras no tanto.
En esta
oportunidad quiero recordar que fue justamente en la provincia de Tierra del
Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, a la que represento, en la que
gracias a la decisión de la gobernadora Fabiana Ríos de acatar y hacer cumplir
un fallo de la justicia se pudo realizar el primer matrimonio de personas del
mismo sexo.
Es muy
difícil ser progresista en una provincia tan pequeña como la nuestra, en la que
no hay elites académicas ni intelectuales, como ocurre en las grandes ciudades,
que ayudan, legitiman y nutren toda la política progresista. No obstante,
estamos gobernando la provincia y enfrentando muchas dificultades económicas,
aunque aquellos que tienen un discurso progresista, a la hora de igualar
derechos, son los que más discriminan.
Por eso, la
oposición a esta decisión, en particular por parte de los grupos conservadores
a todo nuestro programa de gobierno, ha sido y es sumamente feroz y lamentable.
Pero nosotros seguimos trabajando en políticas no discriminatorias, porque
Fabiana Ríos no ha perdido el objetivo.
Por eso, esta
decisión, al igual que muchas otras, se enmarca en la búsqueda del bienestar y
la igualdad de todos los habitantes de nuestra joven provincia.
Todos
recordamos los momentos difíciles que tuvieron que pasar José y Alex al ver
frustrado su deseo de materializar su amor ante la justicia, pero pudieron
hacerlo gracias a la convicción de no discriminar que tiene nuestro gobierno.
Además, es de
destacar que el primer matrimonio entre dos personas del mismo sexo tuvo lugar
en el fin del mundo, pero este acto de igualdad y no discriminación no provocó
el fin del mundo, de la civilización ni de la familia, como algunos argumentan,
sino que, simplemente, el Estado dio los mismos derechos de los que gozamos las
parejas heterosexuales de elegir libremente con quién queremos unirnos y de qué
manera.
Las personas con una sexualidad diversa a la
hegemónica se encuentran hoy con un trato ilegítimamente discriminatorio. Y más
allá de que nos hemos acostumbrado a esta terrible palabra, no existe obstáculo
mayor para vivir una vida digna. No existe actitud más denigrante que la
discriminación.
Hoy estamos
discutiendo si el Estado va a reconocer distintos derechos, que no son ni
dádivas ni aisladas concesiones benéficas. Son derechos que les corresponden a
todas las personas por el hecho de ser personas, seres humanos. Allí radica la
diferencia entre el totalitarismo y la democracia, el respeto por la diferencia
y el reconocimiento de la diferencia, pero sin que esa diferencia acarree
desigualdades jurídicas.
Hoy,
diputados y diputadas debatimos el futuro de nuestros representados y
representadas. Hoy tenemos la
posibilidad de reconocer derechos de muchos mandantes, derechos que son negados
ilegítimamente, pero que se encuentran consagrados no sólo en nuestra Constitución
Nacional, sino también en tratados internacionales de derechos humanos. Hoy tenemos la posibilidad de incrementar la
felicidad de las personas a través de los instrumentos legales necesarios para
que puedan llevar adelante una vida plena en sociedad; pero, principalmente,
hoy tenemos la posibilidad de saldar una deuda pendiente con un grupo
históricamente sojuzgado, objeto de discriminación y de desprestigios, que es
una vergüenza en una sociedad democrática.
No se trata
de quitarle nada a nadie; se trata de hacer de nuestros habitantes personas más
felices y con igualdad de derechos. Por
eso acompaño con profunda convicción la decisión de la gobernadora de mi
provincia, quien tuvo el coraje de hacer cumplir una sentencia que no le
gustaba a algunos grupos de poder al permitir la primera boda entre personas
del mismo sexo en América Latina.
Por las
razones expuestas, hoy mi voto es por un presente sin discriminación, por la
igualdad y a favor del derecho de formar una familia para todas las personas
que habitan en
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por Catamarca.
Sr. Paroli.-
Señora presidenta: como integrante del Frente Cívico y Social de Catamarca, un
espacio donde convergen más de diecisiete partidos y diversas agrupaciones
sociales, expondré mi posición en este debate, que considero histórico.
Hoy se
discute en un sentido amplio el concepto de familia como institución
fundacional de nuestra sociedad y si la sanción de este proyecto de ley afecta
o no los modelos de matrimonio y de familia, tal como los conocemos.
Hablar del
matrimonio y de la familia, que se constituye a partir de él, es hablar de la
base sustancial de la sociedad, de la razón de ser y de trascender, de la
trasmisión y de la enseñanza de valores, normas y preceptos que hoy y en esta
instancia, más que nunca, es necesario preservar y revalorizar.
En la génesis
del matrimonio entre un hombre y una mujer y su devenir en familia, que se va
conformando con la llegada de los hijos, se generan los umbrales para la
construcción de sus personalidades. Las
familias funcionan como estructuras de humanización y lugares de contención y
transformación de nuestros niños desde su mismo nacimiento, mediante el
inestimable poder del amor paternal, maternal y familiar y la preparación para
su inserción, interacción y convivencia en sociedad.
El
significado unitivo y procreativo de la sexualidad se funda en la realidad
antropológica de la diferencia sexual y en la vocación al amor que, naciendo de
ella, predispone a la procreación.
Este conjunto
de significados personales hace de la unión corporal entre el hombre y la mujer
en el matrimonio la expresión de un amor por el que se entregan mutuamente, de
tal modo que esa donación recíproca llegue a constituir una auténtica comunión
de individuos, que, a medida que sus convicciones sean plenas, irán conformando
el seno más apto para la llegada de nuevas vidas.
Las
prerrogativas legales vigentes en nuestro país han sido otorgadas a los
matrimonios que se celebran entre un hombre y una mujer, que en una comunión de
valores cargada de compromiso espiritual, emocional, intelectual y sexual
constituyen el ámbito propicio que predispone a la procreación y conservación
de la especie humana.
Resulta de
trascendencia para la formación integral de los niños que estos tengan definida
la imagen paterna inculcada por el hombre y la imagen materna por parte de la
mujer. De esta manera, las figuras de
padre y madre resultan fundamentales para construir la identidad sexual de los
individuos.
El matrimonio
y la familia han sido protegidos por el Estado, que ha dictado diversos
ordenamientos legales para ratificar la constitución del matrimonio y los
derechos de familia. En su último
párrafo, el artículo 14 bis de nuestra Carta Magna dispone que en especial la
ley establecerá la protección integral de la familia. Sin embargo, el matrimonio es más que la suma
de derechos de los contrayentes; por ello, quienes lo conforman adquieren a su
vez diferentes obligaciones.
El inciso 23
del artículo 75 de nuestra Constitución Nacional establece: “Legislar y
promover medidas de acción positiva que garanticen (...) el pleno goce y
ejercicio de los derechos reconocidos por esta Constitución y por los tratados
internacionales vigentes sobre derechos humanos, en particular respecto de los
niños, las mujeres...”
Un ejemplo de
tratado internacional que legisla sobre esta materia es el Pacto de San José de
Costa Rica, que en su artículo 17, inciso 2, dispone: “Se reconoce el derecho
del hombre y la mujer a contraer matrimonio y fundar una familia...” De la
misma manera, el artículo 17, inciso 1, consigna que la familia es el elemento
natural y fundamental de la sociedad, y que debe ser protegida por el
Estado.
Por lo
expresado precedentemente y ante la modificación legal que se intenta
introducir en nuestro Código Civil, tenemos el deber de recordar que el
matrimonio –en el marco de la legislación vigente‑ no puede ser contraído
más que por personas de distinto sexo; es decir, una mujer y un hombre.
Se dice
entonces que el Estado tendría la obligación de eliminar la discriminación,
que, según la opinión de personas con identidades sexuales diversas y sus
organizaciones, impide acceder al matrimonio. Es ciertamente necesario proteger
a los ciudadanos contra toda discriminación, pero es igualmente necesario
proteger a la sociedad de las pretensiones particulares de grupos o
individuos.
En el marco
legal vigente no es posible que dos personas del mismo sexo contraigan
matrimonio. Por lo tanto, que las leyes lo impidan no supone discriminación
alguna. En cambio, sí sería injusto y
discriminatorio que la institución histórica del matrimonio fuera tratada igual
que una unión de personas del mismo sexo, que no tiene ni puede tener el mismo
significado psico-socio‑simbólico.
De ninguna manera resulta razonable que se intente que relaciones que
son distintas, sean consideradas iguales.
A veces se
arguye en contra de estas afirmaciones sosteniendo que la sexualidad puede ir
separada de la procreación, y que de hecho así sucede por la aplicación de
técnicas que, por un lado, permiten el control de la fecundidad y, por el otro,
hacen posible la fecundación en laboratorios.
Sin embargo, será necesario reconocer que estas posibilidades técnicas
no pueden ser consideradas un sustitutivo válido de las relaciones personales
íntegras que constituyen la esencial realidad antropológica del verdadero
matrimonio.
No hay
razones antropológicas ni éticas que permitan hacer experimentos con algo tan
fundamental como es el derecho de los niños a conocer a su padre y a su madre
o, en su caso, a contar al menos con un padre y una madre adoptivos capaces de
representar la polaridad sexual conyugal.
La relevancia
del único y verdadero matrimonio para la vida de los pueblos es tal que
difícilmente puedan encontrarse razones sociales más poderosas que las que
obligan al Estado a su reconocimiento, tutela y promoción. Se trata, en efecto,
de una institución más primordial que el Estado mismo, inscripta en la naturaleza
de la persona como ser social.
Los
legisladores tenemos hoy la responsabilidad superior de contribuir a la solidez
de la sociedad y favorecer, con los ordenamientos legales que dictemos, a que
nuevas generaciones tengan un concepto claro de lo que significa formar una
familia y su trascendencia.
En
particular, y humildemente desde mi cosmovisión personal, ratifico en plenitud
la experiencia de nacer, crecer y educarse en el seno de un matrimonio
conformado por un hombre y una mujer, como ejemplo a conservar para las futuras
generaciones.
No obstante,
y reconociendo la existencia de otras formas de relaciones, considero podrían
establecerse nuevas figuras legales para los casos de parejas constituidas por
integrantes no heterosexuales.
Señora presidenta:
creo firmemente que requiere suma responsabilidad el legislar para personas,
que como los niños, pertenecen a uno de los segmentos etarios más indefensos de
la sociedad. Las medidas que aquí se tomen afectarán el devenir de nuevas
generaciones y no es posible ni está probado que sea necesario alterar el
modelo de la institución familiar tal como ha trascendido a través del tiempo
de existencia de la organización humana.
Por estas
razones, y en consonancia con el juramento “...Por Dios,
Sra. Presidenta
(Fadel).- Tiene la palabra la señora
diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra. Hotton.-
Señora presidenta: en primer lugar, quiero comenzar por aclarar en qué marco y
en qué forma se gestó este debate, porque aquí hay muchos diputados que hablan
de tolerancia y de no discriminación pero el año pasado, cuando comenzó este
debate, yo recibí una amenaza de muerte, mis páginas han sido hackeadas y
Este año,
cuando la diputada Claudia Rucci, presidenta de la comisión, inició el
tratamiento de este tema, también recibió una amenaza de muerte. Solamente lo
digo porque desde ese lugar nosotros hemos comenzado a dar este debate, estamos
aquí y lo estamos llevando a cabo. (Aplausos.)
Es llamativo
también que quienes promueven la igualdad y la no discriminación se manejen en
estos términos. Asimismo, me llama la atención que en los medios ocupen más
lugar 300 personas tirando huevos en una catedral que 10 mil personas
autoconvocadas en cuatro días a favor de la familia. No los vimos, pero esos
ciudadanos estaban.
- Aplausos en las galerías.
Sra. Hotton.- Por
otro lado, tampoco hemos podido debatir, por ejemplo, los dictámenes de minoría
sobre unión civil y enlace civil que hoy se están presentando y que tienen que
ver con la defensa de los derechos de personas del mismo sexo. No los hemos
debatido en la comisión y hoy es la primera vez que estamos discutiendo el
alcance de estos derechos. ¿Saben por qué? Porque en la comisión hubo presión
para que se tratara el matrimonio homosexual sí o no. Por supuesto que a esa
posición, que incluye la adopción, me opongo.
Como
diputados no podemos tener la responsabilidad de modificar el Código Civil sin
un debate serio. Es claro que nuestro voto debe depender no solamente de
nuestras convicciones, no sólo estamos aquí como Cynthia Hotton o Patricia
Fadel, a nosotros hay mucha gente que nos votó y que también en este momento
tenemos que representar.
- Aplausos en las galerías.
Sra. Hotton.-
¿Los escuchamos? ¿Los tenemos en cuenta?
Le pregunto a
usted, señora presidenta, qué piensa el pueblo de su provincia, Mendoza y
pregunto lo mismo a los otros señores diputados de la misma provincia. ¿Saben
qué piensa su gente?
Tengo la
convicción de defender el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer
pero, además, mi convicción está respaldada porque estoy segura de que
represento el voto de millones, millones y millones de argentinos que piensan
esto.
- Aplausos en las galerías.
Sra. Hotton.- Sé
que somos modernos pero no nos quedemos solamente con lo que piensan los
porteños o lo que dicen los medios de comunicación; hablemos con nuestra gente.
El 25 de mayo
de 1810 en el Cabildo abierto la gente decía: “El pueblo quiere saber de qué se
trata”. Estamos muy cerca de festejar el Bicentenario, ¿no creen que el pueblo
se merece ser consultado? ¿No creen que el pueblo tiene que participar de este
debate, que tiene que ver con una gran transformación de nuestra sociedad? Yo
los consultaría.
Por ese
motivo he presentado un proyecto de ley, contenido en el expediente 2.579-D.-2010, en donde justamente pido a los
diputados que consideremos la posibilidad de consultar al pueblo sobre qué es
lo que piensa.
Por otro
lado, tal como decía anteriormente, no ha sido debatido en la comisión el alcance
de los derechos y estamos dispuestos a hacerlo.
Voy a
mencionar algunos países, para que sepamos los años que han llevado los
debates. Por ejemplo, Francia ha tenido doce años de debate y todavía no hay
matrimonio homosexual ni tampoco adopción por parte de homosexuales. Brasil
lleva cuatro años de debate y ni siquiera se ha legislado todavía por unión
civil. En Cuba, país al que quizás a alguno le interesa lo que piensa, no
existe matrimonio homosexual ni adopción; tampoco en Chile. En Venezuela, que quizás
también a alguno le pueda interesar, en la última reforma de 2009 se estableció
que se protege el matrimonio entre un hombre y una mujer y se dijo que las
uniones estables de hecho entre un hombre y una mujer, que cumplan los
requisitos establecidos en la ley, producirían los mismos efectos que el
matrimonio. ¿Estos países son retrógrados o fascistas?
Traigo estos
ejemplos porque muchísimas veces nosotros hemos escuchado la descalificación:
“A usted no le importan los derechos de las personas del mismo sexo, no los
está respetando”.
Considero que
necesitamos un debate mucho más largo y siento que hay señores diputados que
piensan lo mismo. Ha habido una imposición, una presión de un sector y creo que
tenemos que reflexionar sobre esto. ¿Estamos dispuestos, por esa presión, a
cambiar todo el sistema institucional de las familias y de los hogares?
En
Por otro
lado, quiero expresar que los tratados internacionales a veces han sido mal
citados. Soy diplomática de carrera y conozco la relación de los distintos
tratados, por ejemplo
Por otro
lado, para aquellos que dudan en decir matrimonio sí, adopción no, les comento
que no podemos separarlos. Si decimos que el matrimonio lo extendemos a la
posibilidad de que las personas del mismo sexo puedan casarse, ahí sí
tendríamos que respetar todos los derechos, porque de lo contrario, no darles
la adopción sería discriminatorio.
Hay ocho
países en el mundo que aceptan el matrimonio entre parejas del mismo sexo. De
ellos, siete lo aceptan con adopción. El único país que no acepta la adopción
es Portugal, porque se acaba de firmar en 2010. Por lo tanto, seguramente
dentro de dos meses van a pedir que se incluya también la adopción, lo cual es
entendible.
No podemos
separar una cuestión de la otra. Cuando hablamos de matrimonio como unión única
y de complemento entre un hombre y una mujer, el Código Civil argentino
establece límites por cantidad, sexo, consanguinidad y edad. Si decimos que el
matrimonio es la unión de un hombre y una mujer, y consideramos que dos
personas del mismo sexo no pueden casarse, con lo cual los estamos
discriminando, ¿qué ocurriría si el día de mañana un grupo de tres personas quiere
contraer matrimonio? Si no accedemos a dicho pedido estaríamos
discriminándolos.
Lo mismo
sucedería si se tratara de dos hermanos. Hace diez días aparecieron por
televisión dos hermanos, un hombre y una mujer –no sé si los vieron- diciendo
que habían tenido un hijo y que se sentían discriminados porque no podían
casarse. Estos argumentos me parecen casi ridículos.
En la reunión
de
Repito: matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer.
Si hoy empezamos a decir que personas del mismo sexo podrán contraer matrimonio –no me refiero exclusivamente a sus
derechos-, el día de mañana también podremos estar permitiendo el matrimonio
entre tres o cuatro personas, entre hermanos o entre un mayor y un menor si se
aman y hay consentimiento, etcétera. Realmente no sé si estamos preparados para
todo esto.
Ahora quiero hablar del tema de la adopción, porque es una
cuestión que me preocupa muchísimo y también me duele. Hay diez mil chicos en
Hace un año que esa discusión se postergó por el derecho de
las personas del mismo sexo a poder adoptar aquellos chicos. Reitero que son
diez mil niños que están esperando ser adoptados; no tienen carteles ni lobbies, de modo que me gustaría
verdaderamente empezar a priorizar estos derechos. Este es un tema que me
duele, y espero que el día de mañana nos demos cuenta de que progresismo es
defender los derechos de los más débiles.
- Aplausos en las galerías.
Sra. Hotton.- Le
pido dos minutos más, señora presidenta, ya que tantos aplausos me están
interviniendo.
Cuando damos
estos debates tan a las apuradas –aclaro que en otros países estos temas se
analizaron diez o cuatro años como en Francia o en Brasil‑ estamos
dejando muchas desprolijidades. Por ejemplo, cuando se habla de adopción en el
Código Civil las parejas casadas tienen que esperar tres años para adoptar, a
menos que demuestren que poseen una imposibilidad física. Este aspecto no ha
sido modificado en el proyecto de ley que estamos considerando. Por lo tanto,
si se aprobara dicha iniciativa, el día de mañana las parejas homosexuales
tendrían prioridad, porque biológicamente está demostrado que no pueden tener
chicos, sobre las parejas heterosexuales. ¿No deberíamos revisar todas las
consecuencias...?
Sra. Presidenta (Fadel).-
Sra. Hotton.- Sí,
señora presidenta.
Sra. Presidenta (Fadel).-
Para una interrupción, tiene la palabra la señora diputada por Tucumán.
Sra. Córdoba.-
Señora presidenta: simplemente quería saber si se tendrá la misma tolerancia
para los demás señores diputados en cuanto al tiempo para hacer uso de la
palabra.
Sra. Presidenta (Fadel).- Esta Presidencia ha tomado la misma decisión
que el anterior presidente a cargo en el sentido de permitir al orador
redondear su exposición.
Continúa en
el uso de la palabra la señora diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra. Hotton.-
Como para mí el respeto es un valor muy importante, voy a terminar aquí mi
exposición.
- Aplausos y manifestaciones en las galerías.
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra la señora diputada
por Corrientes.
Sra. Areta.-
Señora presidenta: es para mí
un día realmente muy especial.
Le cuento mi historia: salí de mi provincia de Corrientes hoy a las cinco de
la mañana para estar presente en este debate. Lógicamente he tenido
conversaciones con la gente de mi provincia, pero indiscutiblemente por el
hecho de mi profesión y de mi militancia social estoy completamente convencida
de que es absolutamente fundamental analizar la historia, porque si no lo
hacemos jamás podríamos entender el motivo por el cual hoy estamos sentados en
este recinto debatiendo sobre la legalidad del matrimonio homosexual. Conocerla
es imprescindible para enfrentarnos a la realidad, porque la perspectiva
histórica nos da la posibilidad de comprender que las cosas no son
irremediables, que no han sido tal y como hoy las conocemos, y sobre todo que
pueden cambiar.
La historia nos permite comprender que
la homosexualidad, conocida hasta hace poco como un vicio antinatural, ha sido
considerada en otras sociedades como algo natural e incluso bueno.
El término “homosexualidad”, tal y
como hoy en día se utiliza e interpreta, no es aplicable a
Las relaciones con muchachos más
jóvenes estaban mal vistas, igual que hoy en día; una característica de madurez
de un muchacho era la capacidad de “pensar por sí mismo” frente a las
atenciones de un hombre adulto. Era una de las tradiciones fundamentales de la
vida griega que se practicaba y disfrutaba al máximo. De hecho, era una
necesidad social de cuya exploración no prescindían ni poetas ni filósofos; era
un asunto del que se debatía en público como parte integrante de las
reflexiones de las mentes más elevadas.
El breve
renacer de la cultura clásica en el siglo II de nuestra era fue también testigo
de una historia de amor real que parecía un reflejo de la leyenda de Zeus y
Ganímedes, la del emperador romano Adriano y Antinoo, un simple joven griego,
quienes fueron compañeros inseparables durante muchos años, hasta que el joven murió
ahogado en el Nilo a los diecinueve años de edad. Adriano, trastornado por el
dolor, ordenó a los sacerdotes que convirtiesen a Antinoo en un dios. Tras su
deificación, el joven constituyó el último gran motivo del arte griego, poco
antes de su declive final. Las estatuas y retratos nos dan fe de su melancólica
belleza y de su naturaleza enigmática. Su culto sobrevivió en las partes
orientales del imperio hasta el surgimiento de la cristiandad, en el siglo IV,
cuando el fervor religioso, unido al político, empezó a destruir todos los
restos de la religión y la cultura clásicas. Las enseñanzas de quien predicó el
amor fueron utilizadas para dar el golpe de gracia a un amor sin fin, sobre el
que cayó el peso de un silencio que iba a durar varios siglos.
En contra de
lo que se cree, durante
Carlomagno,
en el siglo IX, se lamentaba de que en su reino hubiera monjes sodomitas, pero
no proponía ninguna jurisprudencia que los castigara.
Pero en el
siglo XII todo cambia bruscamente. En Europa se comienzan a promulgar leyes que
sancionan los actos de sodomía con la castración, el descuartizamiento o la
hoguera. Según los historiadores, los factores que propician este cambio son,
entre otros, el hecho de que la sociedad de la época se encuentra con una serie
de enemigos ante los cuales es conveniente alentar el odio: el Islam, los
judíos y los herejes.
Para algunos
historiadores el puntapié inicial lo dio Felipe IV de Francia, cuando acusó a
los templarios de dedicarse a prácticas de sodomía. En Francia se detuvo a
todos los templarios en una noche y bajo aberrantes torturas se los hizo
confesar que así era. Ordenó que todos fueran quemados en la hoguera y, por
supuesto, que todos sus bienes y riquezas, que por cierto eran cuantiosas,
pasaran a la corona.
Desde
entonces, cuando no se ha sabido de qué acusar a un enemigo con el que se
quiere acabar se lo acusa de homosexual.
Si nos
trasladamos a los siglos XIX y XX nos encontramos con ilustres artistas,
poetas, pintores, gente común, que sufrió y tuvo que ocultar su condición
homosexual. La invisibilidad de dicha condición les permitía desarrollar una vida
pseudonormal y no ser juzgados como locos.
Tras su
estancia en Nueva York y Cuba, Lorca comenzó a ser más audaz en la
representación de la homosexualidad. Lejos de su familia y los valores
conservadores españoles, fue capaz de concebir y comenzar a escribir su obra
más abiertamente homosexual: Oda a Walt
Whitman, la pieza dramática El
público y la inconclusa La
destrucción de Sodoma.
La
homosexualidad de Wilde ‑que debía ser secreta‑ y la necesidad de
ser aceptado socialmente pudieron haber sido factores para la unión con una
joven, Constance Lloyd. Esa unión produjo rápidamente dos hijos. Inició la
práctica constante de la homosexualidad en 1886, cuando conoció a un joven en
Canadá, Robbie Ross, que iba a ser su amigo fiel y finalmente su albacea literario.
El éxito
temprano de Josephine Baker debe mucho a la sexualidad intensa que proyectaba
en sus presentaciones. Su traje más famoso es el de un cinturón de plátanos.
Conocida como “
Lo que
mantuvo cuidadosamente oculto de su público lleno de adoración eran sus enlaces
sexuales con muchas mujeres, que siguieron desde la adolescencia hasta el final
de su vida. Entre las más conocidas de sus amantes lesbianas estaba Clara
Smith, una cantante negra de blues y
la artista mexicana Frida Kahlo. Tras su muerte se celebraron tres funerales,
uno en París y dos en Mónaco, a los que asistieron gran parte de la élite del
gobierno francés y personalidades del entretenimiento.
La vida
privada de las primeras estrellas del cine, como Nazimova, Greta Garbo, Marlene
Dietrich y otras muchas actrices de los años 1930, 1940 y 1950, fueron parte de
lo que entonces se denominaba en el argot gay “círculos de costura”, una
expresión acuñada por Nazimova para describir las reuniones discretas de las
lesbianas de Hollywood.
Como diputada
de
Como ya lo he
expresado, este es un momento histórico del Congreso Nacional. Por primera vez
estamos debatiendo el derecho civil de lesbianas, gays, bisexuales y
transexuales, colectivo social que tiene vulnerados sus derechos al acceso a la
protección y reconocimiento del Estado para sus parejas y familias.
De qué manera
se puede sostener que los textos de
A veces en
No podemos,
como dirigentes, quedar atrás de los cambios culturales que la sociedad y los
ciudadanos nos están pidiendo. Tenemos que acompañarlos.
Los
argentinos debemos recuperar el liderazgo que nos caracterizó siempre en
América latina, estando adelante en lo referente a la inclusión y derechos
humanos.
Como diputada
de
Es mi
ferviente deseo que mi país encuentre el camino del consenso en todas sus
manifestaciones y espero que no seamos el último país en legitimar el derecho
de las personas, sino que estemos entre los primeros. (Aplausos. Varios señores diputados rodean y felicitan a la oradora.)
Sra. Presidenta
(Fadel).- Tiene la palabra el señor
diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Bonasso.-
Señora presidenta: verdaderamente creo que hay varias razones para celebrar en
el día de hoy. La primera, en el orden del tiempo, la expuso rápidamente como
buena noticia nuestra compañera de bloque Cecilia Merchán, contándonos que ese
genocida llamado José Alfredo Martínez de Hoz está finalmente preso. Es una muy
buena noticia. Otra muy buena noticia es
esta sesión, y en esto yo le pediría a los colegas trabajadores de prensa de
los distintos medios que la tomaran muy en cuenta, no en beneficio de este
Parlamento ni de esta dirigencia política actual sino de la democracia
argentina.
Parecía que
esta sesión no se iba a realizar y se
está realizando de manera exitosa con un debate serio y de altura. Para utilizar una vieja palabra, en desuso,
podemos hablar de un debate transversal que recorre a los distintos bloques,
aparentemente algunos bloques grandes e importantes, sin distingos de oficialismo
u oposición, puntualmente en torno del tema del matrimonio entre personas del
mismo sexo.
Tal vez,
yendo un poco más al fondo, este debate tiene que ver con algo aún más
abarcador y todavía más trascendente, que es la subsistencia o el cambio del país
autoritario.
Mi generación
conoció diversas formas de persecución y de discriminación, mucho antes digamos
de que la dictadura más feroz de la historia argentina tomara el poder el 24 de marzo de 1976.
Eran formas
aparentemente, no diría benignas porque eran perversas, que estaban aceptadas.
Porque ser joven era sospechoso, estaba aceptado que tener el pelo largo
también era sospechoso. Se le pedía documentos a cualquiera, de cualquier
manera, en forma intempestiva, y no sólo
en los gobiernos militares sino también en los civiles hostigados,
presionados, acechados y finalmente derribados por los gobiernos
militares.
Ni hablar de
las preferencias sexuales, que merecían la discriminación, el insulto soez, la
brutalidad y la violencia. Algunos hemos
hecho el servicio militar y sabemos qué pasaba en relación con la
homosexualidad en dicho servicio.
Entonces,
creo que hay motivos para celebrar el tema que estamos considerando, y que no
sólo hay que destacar simplemente cuando dos diputados se agarran a los
gritos. Digo esto por los colegas
trabajadores de prensa, porque a veces las buenas noticias también deberían ser
noticia, deberían ser motivo de publicación.
Es una buena
noticia para la política argentina el hecho de que estemos discutiendo este tema.
Efectivamente, creo que hace al mejoramiento del país.
Si pudiéramos
sintetizar las distintas exposiciones, podríamos decir que hay algunos aspectos
que sobresalen, desde mi manera de ver o hacer la crónica. Uno es el de la adopción, como objeción al
matrimonio entre personas del mismo sexo, y otro es la propia semántica de la
palabra matrimonio.
Me voy a
referir un poco más en detalle a estos dos aspectos. En primer lugar yo me
pregunto por qué es un límite para la adopción que el matrimonio sea entre dos
personas del mismo sexo. Efectivamente,
no lo es como muchos lo han señalado para personas que están separadas o
divorciadas y que adoptan. Lo que pasa
es que plantearlo como objeción incluye al prejuicio de una manera subrepticia.
¿Qué inmoralidad
le pueden legar a nuestra infancia si hay un matrimonio de personas del mismo
sexo? Eso es lo que está virtualmente como sospecha. Es muy curioso que haya
algunos prelados, a los que no les preocupó que se entregaran en adopción a los
hijos de los desaparecidos, a comisarios, a represores, y a genocidas y sí les
preocupa la adopción por parte de personas del mismo sexo.
- Aplausos y manifestaciones en las galerías.
Sr. Bonasso.-
Vayamos a las aberraciones grandes de esta sociedad o no nos vamos a entender
nunca, porque cuando hay amor, no hay aberración.
El segundo
aspecto al que me iba a referir es el semántico de la palabra matrimonio, que
preocupa a algunos señores legisladores y también a algunos prelados.
La palabra
matrimonio, en el encuadramiento que le damos, como en muchas otras sociedades
judeocristianas, la vinculamos a la santidad, al sacramento, a la familia
heterosexual, con lo cual generamos un estereotipo del lenguaje. El matrimonio es eso y sólo puede ser eso
porque esa es la etiqueta que se le ha puesto desde un determinado molde
dogmático y cultural.
Pero
podríamos tener una definición distinta de matrimonio y sugiero la siguiente
que voy a leer: “El matrimonio es una institución social que representa un
compromiso público de amor entre dos personas para toda la vida o por el tiempo
en que sigan amándose.”
Porque
también, obviamente, estoy a favor del divorcio.
- Aplausos y manifestaciones en las galerías.
Sr. Bonasso.-
Quiere decir entonces que la cuestión referida a la reforma del Código Civil,
por otra parte no es una institución sagrada
sino histórica como
Entonces,
¿cómo no va a cambiar el Código Civil? Se habló del derecho romano, que no
respetaba a los gladiadores y permitía que los leones se comieran a los cristianos. En definitiva, ¿voy a recalcitrar una y otra
vez en un derecho tan desprestigiado desde el punto de vista de quien era
devorado por los felinos? No.
Incluso creo
que hasta podríamos modificar los código napoleónicos. Un señor diputado, muy
buen abogado me está mirando y yo le digo que creo que se pueden modificar los
códigos napoleónicos.
Finalmente,
diría que yo creo en iguales derechos entre ciudadanos y ciudadanas y he
peleado toda mi vida por esa igualdad.
Soy coherente con lo que he peleado toda mi vida.
No estoy
dispuesto a que el Estado o alguna otra institución me diga con quién puedo o
debo casarme y con quién no debo o no puedo casarme. El matrimonio tiene que ver con un compromiso
público de amor entre dos personas y negarle ese derecho a casarse a dos
personas que viven bajo leyes civiles de una república laica es una violación a
la dignidad humana.
- Aplausos y manifestaciones en las galerías.
Sra. Presidenta
(Fadel).- Tiene la palabra el señor
diputado por Santa Fe.
Sr. Favario.-
Señora presidenta: no soy creyente religioso y hago esta afirmación para
liberarme al inicio de que se pueda pensar en que alguna influencia confesional
pudo o puede tener mi pensamiento.
- Ocupa
Sr. Favario.-
Creo que el tema que estamos debatiendo no encierra cuestiones ideológicas,
sino que es una definición de la conciencia, de las conductas, de las creencias
religiosas de algunos. De ninguna manera podría aceptar el planteo de que votar
a favor del dictamen de mayoría significa sostener posiciones progresistas y
votar en contra de ese dictamen o a favor de una alternativa distinta importa
adscribirse con posiciones de derecha. Y menos aun podría aceptar, señor
presidente, que simplifiquemos esto diciendo que es la opción entre el
autoritarismo y la libertad. Ejemplo de ello son las posturas contradictorias
que existen en todos los bloques ‑o en casi todos, para ser más preciso‑,
ya que algunos de sus miembros votarán a favor y otros en contra de este tema.
Asimismo,
abonando mi tesis de que no es una postura ideológica la que se define hoy,
vale recordar que a lo largo de la campaña electoral no hubo ningún partido
político que exhibiera en su plataforma, en sus temas específicos de debate o
en las exposiciones preelectorales para captar el voto de la gente, la
imperiosa necesidad del tratamiento de este tema.
Sí creo que
hay una realidad social que no puede ser ignorada, esconderse debajo de la
alfombra o disimularse, como se hizo a lo largo de tanto tiempo invocando
razones de vergüenza, de pudor o de simple hipocresía. Reconocida esa realidad,
entiendo que hay que adaptarse a ella.
Y porque nos
encontramos en una Argentina que aparte de nuestras propias contradicciones
políticas indudablemente ha madurado, podemos hoy afrontar respetuosamente este
debate sin que nadie pueda decir que alguien se está rehusando a fijar su
posición.
Se pretende
modificar el Código Civil para posibilitar el matrimonio entre personas del
mismo sexo. Adelanto mi posición contraria al dictamen de mayoría y mi decisión
de votar a favor del dictamen de minoría que reconoce el enlace civil.
- Aplausos y manifestaciones en las galerías.
Sr. Favario.- Es decir, no voy a