- En Buenos Aires, a los dieciocho días del mes de marzo de 2009, a la hora 11 y 30:

 

 

- 1 -         

izamiento de la bandera nacional

 

Sr. Presidente (Fellner).- Con la presencia de 129 señores diputados queda abierta la sesión especial convocada para el día de la fecha, conforme al requerimiento efectuado por varios señores diputados en número reglamentario. (Aplausos prolongados.)

          Invito al señor diputado por el distrito electoral de Córdoba, don Francisco José Delich, a izar la bandera nacional en el mástil del recinto.

- Puestos de pie los señores diputados y el público asistente a las galerías, el señor diputado don Francisco José Delich procede a izar la bandera nacional en el mástil del recinto. (Aplausos.)

 

- 2 -                

convocatoria a sesión especial

Sr. Presidente (Fellner).- Por Secretaría se procederá a dar lectura de la resolución dispuesta por esta Presidencia convocando a la sesión especial del día de la fecha.

 

Sr. Secretario (Hidalgo).- Dice así:

 

aquí pedido de sesión especial y resolución de la presidencia POR LA QUE SE CONVOCA A SESIÓN ESPECIAL

 

Sr. Presidente (Fellner).- Corresponde que la Honorable Cámara resuelva si considera el proyecto referido en la convocatoria a sesión especial.

          Se va a votar.

- Resulta afirmativa.

 

Sr. Presidente (Fellner).- Se procederá en consecuencia.

 

 

convocatoria a elecciones de diputados nacionales período 2009-2013 y senadores de la nación para el período 2009-2015

 

 

Sr. Presidente (Fellner).- Corresponde considerar los dictámenes de la Comisión de Asuntos Constitucionales recaídos en el proyecto de ley por el cual se fija de modo excepcional la fecha de las elecciones nacionales de diputados y senadores de la Nación para el próximo 28 de junio de 2009 (expediente 2-P.E.-2009).

 

Aquí dictamen de comision de asuntos constitucionales contenido en el expediente 2-p.e.-2009

orden del día Nº 1.668

 

 

Sr. Presidente (Fellner).- En consideración en general.

          Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Landau.- Señor presidente: hoy nos encontramos abocados al tratamiento del proyecto contenido en el expediente 2-P.E.-2009, mediante el cual se propone fijar como fecha para la elección de diputados y senadores de la Nación en los distritos que corresponda el día 28 de junio del corriente año, proyecto que en el día de ayer tuvo dictamen favorable en la Comisión de Asuntos Constitucionales.

          En consecuencia, vamos a darle tratamiento al mismo solicitando su aprobación, que requiere una mayoría especial conforme lo establece en su artículo 77 nuestra Constitución Nacional toda vez que la materia sobre la que versa la cuestión refiere a normas electorales. Esta mayoría especial implica la obtención en este recinto de 129 votos favorables para lograr la aprobación.

          El primer análisis debe enfocarse en la Constitución Nacional, que establece sobre la fecha de elecciones que los comicios para elegir presidente y vicepresidente de la Nación deben efectuarse dentro de los dos meses anteriores a la conclusión del mandato del presidente en ejercicio.

          Nada ha dicho, en cambio, el constituyente del 94 sobre la fecha para las elecciones de diputados y senadores nacionales. En atención a esto es que el proyecto al cual estamos abocados refiere exclusivamente a dos normas de origen legal -Código Electoral Nacional- y no constitucional, o sea la suspensión por única vez del artículo 53, sobre la fecha del comicio, y del artículo 26, sobre la fecha de distribución y exhibición de listas.

          Reitero que todo ello se hace sin generar lesión constitucional alguna ya que lo referido a elecciones legislativas encuentra regulación únicamente en el Código Electoral Nacional.

          A grandes rasgos podemos afirmar que en materia de elecciones existieron tres etapas en la historia reciente de nuestra historia. La primera hasta los años 90, en la cual existía un criterio unificador de elecciones impuesto por la ley 23.229, que establecía: “...en oportunidad de la renovación parcial de diputados nacionales, el Poder Ejecutivo fijará una única fecha para la realización simultánea de las elecciones en todo el país”. Además, a través del artículo 2° invitaba a las provincias a  acogerse al régimen previsto por la ley 15.262, de simultaneidad de elecciones, a fin de que realizaran sus elecciones provinciales y municipales en la misma fecha indicada en el artículo antes mencionado. Esta norma rigió durante la década del 80 y bajo su imperio se realizaron todas las elecciones que se llevaron a cabo en ese período.

          A partir de 1991, con la derogación de esas normas, derivamos en el progresivo reinado de un estado eleccionario permanente en todo el país. A modo ilustrativo me voy a referir solamente a lo que sucedió en 2003, porque de lo demás todos hemos sido testigos. Simplemente quiero remarcar la multiplicidad de fechas electorales que demuestran lo perjudicial de esa situación.

          En 2003 se celebraron 63 actos eleccionarios bajo el control y administración de la Justicia Nacional Electoral, comprendidos en 23 procesos electorales. Además, ese año se realizaron elecciones en doce fechas diferentes. Hago hincapié en estas cosas para recordar el estado de dispersión electoral en el que nos encontrábamos en aquella época.    

          Finalmente, en 2004, con la reforma del artículo 53 del Código Electoral, el Poder Ejecutivo nacional encabezado en ese entonces por el doctor Néstor Kirchner retomó el criterio de unificación vigente hasta el año 1991. En este sentido voy a dar lectura del artículo que vamos a modificar en esta sesión para que se entienda cabalmente el sentido de la propuesta. Dice así: “Convocatoria y fecha de elecciones. La convocatoria a elección de cargos nacionales será hecha por el Poder Ejecutivo nacional.

          “La elección se realizará el cuarto domingo de octubre inmediatamente anterior a la finalización de los mandatos, sin perjuicio de las previsiones del artículo 148.”

          Precisamente, la modificación de 2004 se fundamentó en la utilización de un criterio de unicidad, articulación y simultaneidad de elecciones, previendo los enormes beneficios que esto le generaría a la sociedad en su conjunto. Esto es lo que se dijo durante el debate parlamentario tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores.

          No obstante, esa norma tenía un presupuesto necesario para ser exitosa, que es que las provincias realizaran simultáneamente sus propias elecciones provinciales y municipales.

 

Sr. Presidente (Fellner).-  La Presidencia solicita a los señores diputados que guarden silencio a fin de poder escuchar al orador.

          Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por  Buenos Aires.

 

Sr. Landau.- Señor presidente: sin embargo, en el presente aquella finalidad se ve desvirtuada, toda vez que diferentes provincias han modificado las fechas de sus elecciones en relación con la establecida para la de legisladores nacionales.                         

          Por ello, este proyecto fija la fecha de elección el 28 de junio e invita, recuperando el espíritu de la ley vigente hasta 1991, a que las provincias cuyas constituciones así lo permitan adhieran a ella.

          Resumiendo, la ley 25.983 de 2004 propició la unicidad en las fechas electorales. Pero en la actualidad la finalidad de aquella norma se ha visto desvirtuada. En consecuencia, resulta válida y legítima la propuesta del Poder Ejecutivo de fijar como fecha de comicio el día 28 de junio e invitar a las provincias a adherir, con el fin de reinstaurar el principio rector indispensable de la convergencia de las elecciones.

          A lo largo de los fundamentos del proyecto presentado por el Poder Ejecutivo encontramos las causas o razones de interés público que habilitan la suspensión de la aplicación del artículo 53 del Código Nacional Electoral. En mi opinión nos encontramos ante una propuesta que responde a una causa válida y que, sobre todo, respeta el principio de razonabilidad.

          En virtud de tal principio, que emana del artículo 28 de la Constitución Nacional,  cuando la Ley Fundamental depara una competencia a un órgano del poder impone que el ejercicio de la actividad consecuente tenga un contenido razonable.

          El Congreso cuando legisla, el Poder Ejecutivo cuando administra, y los jueces cuando dictan sentencia; todos deben hacerlo en forma razonable. El contenido de los actos debe ser razonable. El acto irrazonable entonces es arbitrario, defectuoso e inconstitucional, por cuanto la Constitución dispone que las normas jurídicas que se dicten en aplicación directa de aquélla deben ser razonables.

          Como hemos expresado, la propuesta del Poder Ejecutivo goza de un alto grado de razonabilidad, ya que no podemos desconocer el especial contexto internacional en el que se está viviendo y que nos posiciona en un estado de especial atención y cautela ante una crisis cuya real magnitud se desconoce.

          La prioridad consiste en evitar la multiplicidad de procesos electorales costosos que necesitan de recursos que pueden ser destinados a atender situaciones urgentes ante la emergencia.

          Por otra parte, es dable destacar que si bien la campaña electoral se encuentra regulada normativamente y limitada en sus plazos a los sesenta días anteriores a la fecha de la elección, lo cierto es que el proceso electoral ya se ha iniciado. De esto somos testigos todos.

          Por ello y en razón de la situación excepcional que estamos viviendo, es que se llama a la ciudadanía a expresar su voluntad mediante el voto el 28 de junio. El Congreso de la Nación no puede ser un obstáculo ante esta situación.

          La elección adquiere entonces el sentido de una consulta a la opinión y voluntad popular; un medio mediante el cual el cuerpo electoral expresa su pensamiento sobre la conducción real del Estado.

          Si todos estamos de acuerdo en que existe una situación de emergencia a la cual hay que abocarse de inmediato, este gobierno criteriosamente lo hará mediante las medidas que vaya implementando. En este caso particular lo hará con una que conlleva una mayor participación ciudadana porque, como decía  Joaquín V. González, el sufragio es la participación en el gobierno.

          No puedo dejar de remarcar –con la finalidad de evitar confusiones en la interpretación del presente proyecto‑ que las reglas de la competencia electoral no se modifican.

          Efectivamente, es falaz e inexacto que las reglas de juego del proceso electoral encuentren en este proyecto su modificación, toda vez que los elementos esenciales que lo caracterizan en su más alta expresión se encuentran incólumes.

          Esos elementos esenciales, como lo expresan la doctrina y la Justicia Electoral, son tres. Un padrón electoral conocido con anticipación: se mantiene el término de los 180 días; una autoridad imparcial en su aplicación: se trata de la Justicia Electoral con sus 24 juzgados de grado y la Cámara Nacional Electoral como vértice; finalmente, un Código Electoral inalterable, es decir, un proceso electoral cuyos términos no se han modificado en esta reforma que estamos considerando.

          Por lo tanto, se desprende de la lógica del razonamiento que si el presente proyecto no versa sobre esos tres puntos fundamentales significa que tenemos el mismo padrón, la misma autoridad de aplicación y el mismo procedimiento electoral. De ahí que no pueda concluirse en absoluto que las reglas de juego hayan sido modificadas.

          Finalmente, quiero hacer mención a las observaciones que se han formulado en relación con la exclusión de los menores de dieciocho años.

          Quiero recordar que la disposición que contempla el Código referida a la inclusión de ellos hasta el día de la elección continúa incólume y no ha sido afectada por esta modificación.

          En consecuencia, van a poder participar el día de la elección, estando incluidos en el padrón.

 

Sr. Presidente (Fellner).-  Una vez más la Presidencia solicita a los señores diputados que por favor hagan silencio y respeten al orador.

          Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Landau.- Finalmente, proponemos tres modificaciones al dictamen de comisión: en el artículo 1º, excluir los términos “en virtud de la profundidad y extensión de la crisis económica internacional”.

          En el artículo 5º, donde dice “artículo 53” debe decir “artículo 53 segunda parte”.

          En lo relativo al cronograma electoral anexo, que también forma parte de la presente, en cuanto al límite para la designación de autoridades de mesa se menciona el artículo 72 donde debiera decir “artículo 75”.

          Se trata de tres modificaciones de forma que no alteran en absoluto el fondo de la cuestión y, por lo expuesto, este bloque solicita el voto afirmativo para el proyecto en consideración, dejando constancia de que para su aprobación se requiere la mayoría prevista en el artículo 77 de la Constitución Nacional.

         

Sr. Presidente (Fellner).- Para informar el dictamen de minoría tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

 

Sr. Obiglio.- Señor presidente: los treinta y cuatro diputados que integramos el Interbloque Federal que se ha formado recientemente votaremos en contra del proyecto en consideración. Llegar en conjunto a esta decisión nos ha costado bastante pero lo hemos logrado y en verdad estamos orgullosos de ello.

          Cuando la presidenta hizo el anuncio del adelantamiento de las elecciones los miembros de este interbloque tuvimos posiciones dispares, básicamente fundamentadas en si creíamos o no que esa decisión respondía a la crisis internacional, para evitar que el año estuviera cargado de política y elecciones, o al interés del propio partido de gobierno. Realmente las opiniones estaban divididas, pero a medida que fueron transcurriendo las horas cada vez más nos fuimos acercando a la posición negativa, en particular porque en su mensaje la presidenta dijo que de esta crisis debemos salir todos juntos y que era necesario convocar a todos los sectores.

          Lo cierto es que las horas fueron pasando y los teléfonos no sonaron ni hubo convocatoria alguna. Se enviaron los mensajes necesarios diciendo: “Estamos acá, por la Argentina, por nuestro país y queremos aportar ideas y gente”. Sin embargo no obtuvimos ninguna respuesta.

          A medida que iba pasando el tiempo llegamos a la conclusión de que, lamentablemente, no podíamos creer lo que decía la presidenta en relación con los fundamentos de este proyecto de ley. En rigor consideramos que esto tiene otro motivo y que básicamente hay un debilitamiento de la alianza de gobierno que quiere evitar extender los plazos y llegar a octubre con elecciones intermedias. Por ello creemos que esto responde al interés del partido de gobierno y no de la Argentina o de la situación política frente a la crisis internacional, y votaremos por la negativa.

          A todo esto se suman algunos argumentos más potentes. En 2004, por unanimidad, el espectro político acordó fijar la fecha de elecciones en la cuarta semana de octubre. Cuando se quiere modificar un acuerdo político de todas las fuerzas lo que se requiere es convocarlas para debatir el tema y fijar una nueva posición común. Pero esto se ha decidido de manera unilateral, y no comprendemos cuál es el objetivo de romper un acuerdo político de todas las fuerzas y decidir desde la unilateralidad y con el apoyo circunstancial de la mayoría con que se cuenta en las Cámaras del Congreso de la Nación.

          En nuestra opinión la reforma de 2004 daba previsibilidad a las elecciones. Toda la sociedad, las fuerzas políticas y las organizaciones civiles sabían que las elecciones se celebraban en la cuarta semana de octubre. Esto evitaba la discrecionalidad que introduce este cambio, por lo cual consideramos que se debe mantener la cuarta semana de octubre para convocar a elecciones.

          Por otro lado, analizamos el argumento de la crisis internacional y observamos que este año hay una cantidad de elecciones en Latinoamérica. Por ejemplo, en Chile eligen presidente en diciembre, y las encuestas muestran que la oposición lleva quince puntos de ventaja al oficialismo. Sin embargo, a nadie se le ocurrió adelantar la fecha, y cabe señalar que se trata de un país vecino que, teóricamente, está sufriendo la misma crisis que nosotros.

          No entendemos por qué siempre la Argentina quiere dar la nota diferencial frente al resto del mundo. La verdad es que preferiríamos copiar los ejemplos de los vecinos y no ser siempre los que hacemos algo distinto.

          Entre los argumentos de la señora presidente hemos escuchado que tenemos que superar rápidamente este escollo. La verdad es que pensar que las elecciones son un escollo es algo que, por supuesto, no compartimos. Nosotros creemos que las elecciones son el acto más importante de la vida política; es el momento en que se produce el debate entre los ciudadanos, entre las fuerzas políticas y entre todas las organizaciones civiles. Es la fiesta de la democracia, no el escollo. Por eso nosotros quisiéramos ver que se esté elogiando la fiesta de la democracia y no diciendo “Adelantemos las elecciones porque cuanto más rápido las hagamos, más rápido nos sacaremos esto de encima”.

          Por otra parte, ¿qué va a suceder luego del 28 de junio? Los diputados y senadores que sean elegidos el 28 de junio recién van a asumir su cargo el 10 de diciembre. ¿Qué va a suceder en esos seis meses? Por un lado tendremos a los legisladores que están terminando su mandato y por otro a aquellos que van a ingresar el 10 de diciembre por haber sido elegidos.

          Me pregunto qué tipo de norma de importancia va a poder dictar el Congreso en esos seis meses. La verdad es que cualquier modificación importante que se haga podría ser inmediatamente modificada por la nueva composición de las Cámaras legislativas. Realmente no sabemos cómo van a quedar las mayorías, pero las mayorías de las dos Cámaras pueden llegar a cambiar, con lo cual no veo a la composición actual –que es la misma que va a tener el Congreso entre el 28 de junio y el 10 de diciembre- con muchas posibilidades de dictar normas serias e importantes para la vida de los argentinos.

          Para terminar, y teniendo en cuenta que soy diputado por la Ciudad de Buenos Aires, quiero hacer una reflexión sobre el tema que se ha puesto sobre el tapete, que es la fijación de la fecha de las elecciones para la Ciudad de Buenos Aires. Todos los gobernadores y el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tienen facultad constitucional para fijar la fecha de las elecciones de su distrito. Esto tiene un fundamento muy simple de entender por cualquier persona, y es que los temas municipales o provinciales difieren de los nacionales. No es lo mismo debatir en una campaña en la Ciudad de Buenos Aires si el pasto de la plaza está bien cortado que si la política exterior del gobierno nacional es buena; no es lo mismo debatir si las veredas están arregladas que si la política monetaria del Banco Central es adecuada o no. Me parece que son cosas que no tienen nada que ver.

          Cuando el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires fijó, dentro de sus facultades constitucionales, la fecha del 28 de junio para la elección municipal, lo que dijo es simple: “Quiero que los porteños tengan la posibilidad de discutir los temas municipales de forma separada de los temas nacionales, porque si uno unifica las elecciones, resulta que la discusión se mezcla y la gente no entiende si está discutiendo sobre el pasto de las plazas o sobre la seguridad nacional”.

          En este sentido se fijó la fecha y se dio la posibilidad a todas las provincias de tener esta discusión dividida de las elecciones nacionales con un plazo razonable.  El objetivo fue dar esta posibilidad a las provincias, de la misma forma que se hizo en las últimas diez elecciones en la ciudad de Buenos Aires por todos los gobiernos que la han gobernado. Lamentablemente este proyecto de ley quita a los porteños la posibilidad de debatir sus temas, que son los que la propia autonomía les concede, y los introduce en una discusión mucho más confusa y amplia en la que se van a mezclar todas las cuestiones.  Por supuesto que esto va en contra de lo que nosotros consideramos que es la autonomía de la ciudad, así como de los intereses de los porteños, a los que representamos los diputados por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

          Sobre la base de los argumentos mencionados los treinta y cuatro diputados que integramos el Interbloque Federal vamos a votar en contra de este proyecto y pedimos que la Cámara nos acompañe en este sentido. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Azcoiti.- Señor presidente: voy a comenzar mis palabras repitiendo algunas preguntas que fueron escuchadas hace unos días.  ¿Por qué adelantan tanto las elecciones?  ¿Por qué separan las elecciones nacionales de las provinciales?  ¿Qué le pasa a la burocracia?  ¿Tienen miedo de perder?  ¿Dónde está la calidad institucional de la que hablan?  Estas preguntas las hacía unas horas antes de la elección provincial en Catamarca el ex presidente de la Nación Néstor Kirchner. ¿Qué diría hoy Kirchner si le preguntáramos por qué adelantan tanto las elecciones?  ¿Tienen miedo de perder? ¿Dónde está la calidad institucional de la que hablan?  Francamente no me imagino a qué artilugio dialéctico tendría que recurrir Kirchner para dar respuesta a esto.

          En el mensaje de la presidenta de la Nación que acompaña el proyecto en tratamiento, respecto del cual adelanto el voto negativo de la Unión Cívica Radical, se hace referencia a que en el orden internacional han estallado los mercados financieros, desatando una crisis acerca de cuya identidad, extensión y profundidad todavía no se conocen datos, y a que la realidad de esa crítica situación en cuya génesis no tienen responsabilidad los argentinos, que sin embargo se ven expuestos a sufrir sus consecuencias, hacen necesario acortar la campaña.

          ¿Cuánto tiempo pasó desde el mensaje de la presidenta de la Nación en las Naciones Unidas cuando socarronamente rotulaba a la crisis como “efecto jazz”, o desde las palabras pronunciadas por la misma presidenta en el Consejo de las Américas cuando también decía que los primeros en tener un plan B debían ser los Estados Unidos porque a nosotros no nos afectaría mayormente?

          Ese país al que la presidenta argentina recomendaba tomar medidas para la crisis, en una crisis parecida a ésta, la del 30, no modificó la fecha de elecciones y votó, en pleno efecto de esa crisis, en el año 1932 al presidente Roosevelt, que fue sucesivamente reelecto. Tampoco en los comicios de 1940, el 5 de noviembre de ese año y más tarde el 7 de noviembre de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, se modificaron las fechas de las elecciones.

          De ninguna manera creemos que la reacción frente a la crisis sea modificar la agenda electoral. Ya lo dijimos hasta el cansancio: lo que hicieron los países serios del mundo fue convocar a la oposición, a los sectores del trabajo y de la producción y al empresariado.

          ¡Qué ejemplo para el país hubiera sido que ayer, en la reunión con la Mesa de Enlace se hubiera acordado avanzar! Nada de eso sucedió y por el contrario, hubo una vuelta más de tuerca y el desafío en el discurso de anoche del ex presidente de la Nación y presidente del partido oficialista, tanto al campo como a la oposición, en una actitud verdaderamente ofensiva.

          El periodista Eliaschev dice en una columna: “¿Qué capacidad de legislar tendrá el Congreso Nacional en los meses de julio, agosto, septiembre, octubre y noviembre? Uno puede decir que poca y nada. La capacidad legislativa de la Argentina habrá de reducirse, propiciando las condiciones para una nueva oleada de decretos de necesidad y urgencia.”

          Vamos a tener a partir de junio un Congreso elegido pero sin bancas y un Congreso sentado en estas bancas pero deslegitimado por una elección popular reciente. Creo que es un gravísimo error de la presidenta convocar a elecciones anticipadas. Esta es una herramienta de los sistemas parlamentarios y allí sí se disuelve el gobierno, se crea un nuevo gobierno y adelante con los faroles.

          Nada tiene que ver con la tradición hiperpresidencialista que tiene la Argentina la convocatoria a elecciones anticipadas y mucho menos si esas elecciones son las de medio término.

          Creemos que lejos de contribuir a la gobernabilidad corremos el peligro de que se ponga en riesgo la gobernabilidad.

          Para terminar, quiero recordar lo que decía la presidenta el otro día: estamos ante un mundo diferente al que conocimos y va a exigir de nosotros apertura, serenidad, racionalidad y gran ejercicio de patriotismo para discutir los problemas de la Argentina y del mundo.

          Desde la oposición, desde la Unión Cívica Radical, estamos dispuestos a poner toda la apertura, toda la serenidad, toda la racionalidad y todo el patriotismo  pero, señora presidenta: empiece por casa. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Buenos Aires.

 

Sra. Rodríguez.-  Señora presidenta: sinceramente cuando escuchamos a la presidenta en su discurso y cuando leemos el mensaje que envió no nos quedan dudas de que el gobierno se terminó constituyendo en el principal deslegitimador de las instituciones democráticas.

          La visión de las elecciones como un escollo, generador de gastos económicos y de división entre los argentinos, en verdad no tiene nada que envidiar a aquellos  gastados discursos de los enemigos de la democracia.

          Creo que quienes defienden esta posición deberían avergonzarse por defender una idea en la cual el debate electoral se presenta como fuente de inestabilidad. Pido permiso para leer a la presidenta. Cuando convoca dice: “De manera tal de que podamos, superado el escollo electoral, superada la elección, que siempre son posicionamientos, muchas veces personales,  partidarios, que poco tienen que ver con el interés de los argentinos.”

          Continúa diciendo: “Los argentinos necesitamos mucha tranquilidad, necesitamos mucha apertura, mucho diálogo, alejado de los intereses partidarios o sectoriales, porque la crisis es grave y demanda, entonces, una actitud diferente por parte de todos nosotros,  que todos los esfuerzos estén orientados, precisamente, a sostener la actividad económica y el nivel de empleo, que es lo que va a seguir permitiendo mejorar estos índices sociales...”.

          La democracia constitucional no concibe a las elecciones como una molestia o un obstáculo para el logro de objetivos políticos valiosos, sino todo lo contrario. Las elecciones son la parte fundamental del ciclo vital de la democracia: son la oportunidad para que los representantes rindan cuenta de lo que han hecho o no, para que los partidos políticos puedan presentar sus programas, candidatos, logros y ofertas y  para que la sociedad pueda discutir, comparar, reflexionar y dirigir el debate a los fines de una elección concienzuda sobre cómo serán representados de mejor manera sus intereses.

          Lo más grave es que el propio oficialismo ha sostenido lo mismo en 2004, para lo que basta leer las versiones taquigráficas. Más grave aun, lo siguieron sosteniendo en la convocatoria electoral del 2007, donde en el decreto 487/07 desde el Poder Ejecutivo se afirma: “Que, asimismo, se estima adecuado dictar la medida correspondiente con suficiente antelación, a fin de posibilitar que los partidos políticos intervinientes en la elección realicen los actos necesarios para la difusión de sus postulados y  conocimiento, por parte de los ciudadanos, de los respectivos candidatos.”

          Justamente, ahora no tenemos esta suficiente antelación para que los partidos intervinientes puedan hacer sus actos necesarios, para que se conozcan sus postulados y para que los candidatos sean conocidos y elegidos con conciencia por parte de la ciudadanía.

          Nos oponemos a subordinar la ley a los intereses políticos de turno. Cuando la presidenta dice que sería casi suicida embarcar a la sociedad de aquí hasta octubre en una discusión permanente de posicionamientos cuando el mundo se cae a pedazos, y los pedazos de ese mundo se nos pueden caer encima, ¿qué nos está señalando?

          ¿Cómo se puede aportar serenidad y espíritu de  concordia, cuando se comienza vulnerando un compromiso político como el que tenía la Cámara de dotar de previsibilidad?

          En primer lugar, lo que ha sido suicida ha sido la deficiente gestión de gobierno de la situación de crecimiento económico que hemos tenido durante los últimos años, sin que ella revirtiera ni en mejores índices sociales ni en una mejor distribución del ingreso ni en una base importante para el desarrollo económico, productivo y social.

          En segundo lugar, también ha sido suicida haber negado lo obvio: que esta crisis internacional tendría impacto a nivel nacional, habiéndose mofado de ella.

          Finalmente, ahora es suicida tratar de ocluir esta crisis de la agenda pública, del debate ciudadano y de la ley electoral. Es suicida porque atenta contra las propias notas definitorias de la democracia.

          Una democracia deliberativa implica abrir a la discusión pública y al debate electoral los problemas más  acuciantes que tiene que enfrentar la sociedad. Se debe promover el debate, la participación ciudadana y que los partidos políticos defiendan y difundan sus propuestas, programas y soluciones.

          Además, se tratan de esconder las soluciones, porque en octubre saben que serán más graves todos los problemas que ahora ya impactan gravemente y llevan a la pobreza, al desempleo y la inseguridad a millones de argentinos.

          Finalmente, la democracia deliberativa exige que la ciudadanía pueda elegir entre estas propuestas, a fin de que la expresión de la voluntad popular esté dotada de un verdadero contenido en los comicios.

          En distintos párrafos del mensaje se hace mención a la necesidad de reducción de gastos como fundamento para justificar la excepcionalidad. Dice: “Tal medida se propicia con la finalidad de evitar los inconvenientes y los cuantiosos gastos que provocarían la múltiples celebración de actos electorales en distintas fechas...”

          Esto, justamente, es lo contrario de lo que dijimos todos nosotros en 2004. Un integrante del oficialismo, al cerrar su discurso, dijo –quizás con un lenguaje no muy bueno y que no comparto‑: “Tampoco debemos escandalizarnos por el hecho de que se invoquen razones de costos.”

          Es cierto que una buena política democrática tiene un alto costo. Una dictadura, aparentemente, es mucho más barata desde el punto de vista formal que una democracia. Tampoco vamos a exagerar en la utilización de los dineros del pueblo, de los que somos responsables. Es cierto que desdoblar puede presentar algún costo, pero, ¿cuál es el costo de evitar el debate público? ¿Cuál es el costo de que la ciudadanía no pueda expresarse sobre la base de propuestas concretas respecto de aquellas situaciones de mayor gravedad que se van a presentar de aquí a octubre?

          Se ha dicho ayer que nos dedicaremos hasta el 29 de junio a la campaña, como si a nosotros nos pagaran para estar acá dedicados a ello en lugar de estar resolviendo los problemas de la gente. Recién a partir de la mitad del año nos pondremos a ver cómo resolvemos los problemas de empleo, seguridad, pobreza y demás. ¿Recién a partir de la segunda mitad del año? Realmente no sé para qué nos pagan los ciudadanos nuestros sueldos.

          El proyecto se refiere de modo negativo al estado deliberativo que existiría si los comicios se llevaran a cabo en octubre. En una concepción democrática el estado deliberativo no es un estado negativo de cosas. En realidad, son pocas la oportunidades que tiene el pueblo de controlar a los gobernantes y expresarse de un modo relevante a favor de unos u otros candidatos. El adelantamiento de los comicios hace que esa expresión se realice sin el debate y las informaciones necesarias para que las decisiones del pueblo sean valiosas en este contenido.

          Finalmente se ha dicho acá que esta es una medida excepcional. Entonces, vale preguntarse cuál es la verdadera voluntad del gobierno para esta excepcionalidad que permite superar diferencias estériles y debates inútiles. ¿Debates inútiles? Nuevamente se está pretendiendo violar la concepción de una democracia constitucional plena y se dice que se lo hace por única vez.

          Por única vez se modifican las reglas de juego esenciales de la vida democrática. Por supuesto que se modifican; de hecho, vean si los partidos políticos podrán tener las mismas posibilidades de contar con sus mecanismos democráticos internos que establece la Constitución para garantizar su independencia.

          Por única vez se agrede a los partidos políticos; por única vez se imposibilitan las reformas antifraude; por única vez se da a entender que la crisis es inevitable, que se va a agravar, y que el gobierno quiere que se vote antes de que quede completamente en claro su incapacidad para enfrentar estos tiempos difíciles; por única vez se presenta a las elecciones como un escollo y al respeto de los tiempos que marca la República como un suicidio.

          Nosotros nos vamos a oponer, pero no lo haremos por esta única vez sino todas las veces en que se intente subordinar el estado de derecho a los intereses políticos de turno. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).-  Tiene la palabra la señora diputada por la Capital.

 

Sra. Bullrich.- Señor presidente: el Poder Ejecutivo ha enviado de golpe, abruptamente, un proyecto de ley para cambiar las reglas de juego vigentes y conocidas por todos.

          ¿Cuántas veces durante este año la señora presidenta acá mismo dijo que en octubre se iba a votar, como señala la norma que rige hasta el momento a los argentinos?

          Las reglas de la democracia son previsibles. En un Estado democrático puede haber discusiones respecto de qué políticas hay que llevar a cabo para solucionar determinados problemas, o hasta discusiones de valores. Lo que se acuerda en una democracia son las reglas de procedimiento; es decir, que se vota de manera regular, que se lo hace con previsibilidad, que se conocen esas reglas y que son aceptadas por todos.

          Por esta razón la Convención Constituyente y nuestra Constitución hablan de mayorías especiales, que no son las que impone el oficialismo. En nuestra Constitución la mayoría especial está pensada para una lógica de acuerdo entre partidos y no para que el oficialismo, a partir de un mecanismo de construcción de una mayoría de manera bastante poco transparente, quiera cambiar las reglas electorales.

 

- Ocupa la Presidencia la señora vicepresidenta 1ª de la Honorable Cámara, doña Patricia Vaca Narvaja.

Sra. Bullrich.- El miembro informante acaba de decir que esto es razonable. Por el contrario, es absolutamente irrazonable; es defectuoso y arbitrario modificar en un año electoral las normas que rigen el proceso electoral. Esto es algo contradictorio. El propio ex presidente de la Nación fue quien manifestó hace tres años  que había que dar credibilidad y sustentabilidad al proceso eleccionario, y hacerlo al igual que otros países, es decir, votar siempre en la misma fecha y bajo las mismas reglas.

          Sin embargo, fíjense lo que ha sucedido en la Argentina.  En el año 2003 el partido de gobierno no pudo ponerse de acuerdo en la elección de un candidato, y entonces decidió algo bastante extraño. Dijeron que iban tres candidatos por un mismo partido porque no podían resolver el problema de las elecciones internas.

          En 2004 decidieron que iban a ordenar esta cuestión y que entonces la votación se realizaría siempre el último domingo de octubre.

          Por su parte, en el año 2007 volvimos a tener una elección absolutamente desordenada: se robaron boletas en todas las urnas, hubo denuncias en todo el país, en Córdoba la elección fue un escándalo y hubo listas colectoras que provocaron un enorme desorden de representación. En esa elección del año 2007 el partido de gobierno necesitaba crear una lógica de fragmentación para poder dar la batalla electoral.

          Ahora parece que lo que necesita el partido de gobierno es hacer una elección rapidito, sacarse pronto de encima la elección –como dijo la presidenta‑...

 

Sr. Cantero Gutiérrez.- ¿Me permite una interrupción, señora diputada, con el permiso de la Presidencia?

 

Sra. Bullrich.- No le voy a conceder al compañero diputado Cantero ninguna interrupción, y aprovecho para decir que lamento de todo corazón lo que le sucedió la semana pasada en la ciudad de Río Cuarto.

          Entonces, la presidenta dice “votemos rapidito, casi sin que nadie se entere, casi sin debate, salteemos este escollo”. Ahora bien, ¿con qué argumento el gobierno plantea esto? Con el argumento de la gobernabilidad. Uno de los elementos básicos de la gobernabilidad en una sociedad es la seguridad. Si la gobernabilidad se quiere construir bajo la lógica de la inseguridad, es decir, de la incertidumbre y del cambio de normas, lo que está haciendo el gobierno es llamar a la ingobernabilidad.

          Fíjese usted lo que está haciendo el matrimonio presidencial. Está diciendo que lo que quiere es que tengamos a partir del 29 de junio un debate más o menos ordenado.  Esto quiere decir que hasta esa fecha no vamos a tener debate, y después de esta sesión se tendrán que ir rapidito a ver cómo se presenta la ley de radiodifusión y nos vamos a las elecciones.

          El 29 de junio vamos a tener un nuevo Parlamento, que va a tener otras mayorías. No voy a decir cuáles porque no quiero entrar en la provocación de si va a ganar la oposición o el oficialismo, pero va a haber otra composición parlamentaria. En consecuencia, vamos a volver a generar una lógica de inestabilidad: diputados que van a estar yéndose, diputados que van a estar queriendo opinar y un Parlamento paralizado por la lógica de manipulación electoral del matrimonio presidencial.

          ¿En qué se asienta este discurso presidencial? De acuerdo con lo que dijo la presidenta, en la crisis internacional. Fíjese qué paradoja. Me imagino a la presidenta de los argentinos yendo a la reunión del G-20. Acá vino y dijo: “Voy a ir al G-20 a decir que tienen que cambiar los paraísos fiscales”, justo el mismo día en que la Argentina propiciaba el blanqueo de capitales. 

          ¿Qué va a ir a decir ahora la presidenta al G-20? Irá a decir: “Tengo la medida concreta para que el país pueda aportar al mundo ante una crisis internacional financiera de dimensiones extraordinarias”. ¿Cuál es la medida?  Adelantar las elecciones. Esto es lo que le va a decir a Brown, a Sarkozy o a Obama: la medida que tiene el gobierno argentino para combatir la crisis financiera es adelantar las elecciones.

          No me parece demasiado serio que la señora presidenta plantee esto como una medida frente a la crisis internacional. Seguramente lo que acá va a suceder es lo que pasó en la elección de 2007, que nos produjo el conflicto más importante que tuvo la Argentina el año pasado.

          En la elección de 2007, que fue el 28 de octubre, la población, y sobre todo los productores y productoras agropecuarios, fue a votar sabiendo que las retenciones eran del 27 por ciento. Esto fue hasta el 28 de octubre. El 8 de noviembre, 10 días después, el entonces presidente de la Nación subió de un día para el otro las retenciones al 35 por ciento.

          Eso quiere decir que no lo quiso hacer una semana antes porque no quería que la población se enterara de las medidas que iba a tomar el presidente de la Nación. Eso nos trajo el conflicto más importante que tuvo el país el año pasado.

          Ahora seguramente lo que está pensando el matrimonio presidencial es tomar medidas que no quiere que el pueblo se entere. ¿Cuáles serían esas medidas? Si el gobierno quiere ir al Fondo Monetario, que venga y traiga al Parlamento de la Nación las medidas que haya que tomar, aunque sean difíciles. Lo que está planteando la presidenta de la Nación es adelantar las elecciones para después tomar las medidas que ahora no quiere compartir.  Eso ya lo hizo una vez y seguramente lo hará otra.

          Por eso para la Coalición Cívica este proyecto es irracional, arbitrario y lo que procura es, una vez más, como sucedió con el Consejo de la Magistratura y los superpoderes, hacer de las instituciones una herramienta del matrimonio presidencial, y esto no lo vamos a permitir. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra la señora diputada por Córdoba.

 

Sra. Sesma.- Señora presidenta: voy a fundamentar...

 

- Puestos de pie varios señores diputados hablan a la vez.

 

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Señora diputada Sesma: la señora diputada Giudici le solicita una interrupción, ¿la concede?

 

Sra. Sesma.- Sí, señora presidenta.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Para una interrupción tiene la palabra la señora diputada por la Capital.

 

Sra. Giuidici.- Señora presidenta: acaba de ocurrir algo muy grave que quiero que quede asentado en la versión taquigráfica.

          Un diputado se acercó a la banca de la señora diputada Bullrich y la agredió por su condición de género.

          Desde 1983 a la fecha a las mujeres nos costó muchísimo acceder a estas bancas. Hoy tenemos una participación del 40 por ciento en esta Cámara y espero que oficialistas y opositores denuncien lo que acaba de pasar y que el diputado que se acercó a “patotear” venga y pida disculpas. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Señora diputada Sesma: la señora diputada Gil Lozano le solicita una interrupción, ¿la concede?

 

Sra. Sesma.- Sí, señora presidenta.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Para una interrupción tiene la palabra la señora diputada por la Capital.

 

Sra. Gil Lozano.- Señora presidenta:  quiero poner en conocimiento de todos los legisladores que un señor se acercó a mi compañera de bancada y la amenazó tratándola de “atorranta”. Además le dijo que se cuidara antes de hablar de Córdoba.

          Quisiera que este señor, que aparentemente es diputado de la Nación, tenga la valentía de pedir la palabra y repita en voz alta lo que dijo. No podemos aceptar que una persona venga a patotear, y mucho menos a una mujer. ¡Lo que pasó es una vergüenza!. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Señora diputada Sesma: el señor diputado Montoya le solicita una interrupción, ¿la concede?

 

Sra. Sesma.- Sí, señora presidenta.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Para una interrupción tiene la palabra el señor diputado por Córdoba.

 

Sr. Montoya.- Señora presidenta: la verdad es que no amenacé a nadie. Le dije que era una atorranta y que no tenía autoridad moral para hablar de Córdoba, porque fue una de las responsables del mayor desastre que vivió la Argentina siendo funcionaria del gobierno de de la Rúa. (Aplausos.)

 

- Varios señores diputados hablan a la vez.

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Señora diputada Gil Lozano: le recuerdo que el reglamento de la Honorable Cámara prevé los mecanismos para plantear una cuestión de privilegio, si es que así lo desea. Le solicito que nos ajustemos a las disposiciones que rigen el funcionamiento de esta Honorable Cámara.

          Continúa en el uso de la palabra la señora diputada por Córdoba.

 

Sra. Sesma.- Señora presidenta: lamentamos lo que ocurrió en este recinto y nos solidarizamos con la señora diputada Bullrich. Entendemos que estas cosas no contribuyen en nada a solucionar la difícil situación por la que estamos atravesando.

          En lo que respecta al tema en consideración anticipo que votaremos negativamente el proyecto, porque el adelantamiento de las elecciones es una maniobra electoral inaceptable que no hace más que poner en evidencia que se sigue gobernando con un criterio autoritario agrediendo gravemente a las instituciones. Esto perjudica al gobierno porque ha licuado su credibilidad y el alto apoyo que tenía hace un año por parte de la ciudadanía. Todo es producto de esta forma de gobernar cada vez más autoritaria y agresiva. Es agresiva con las palabras, con las actitudes y con este tipo de proyectos absolutamente injustificados desde el punto de vista de las necesidades del país.               El primer argumento utilizado por la señora presidenta para adelantar las elecciones en relación con la crisis mundial es absurdo; diría que es casi infantil.

          Cuando se quiere comparar la elección nacional con la facultad que tienen los gobernadores y otros funcionarios de establecer las elecciones en el marco de lo que establecen sus constituciones y su legislación provincial, llegamos a la conclusión de que se trata de cuestiones que nada tienen que ver con la realidad, ya que la desvirtúan.

          Pero sí podemos realizar una comparación con países de la región que tienen elecciones este año. Me parece importante. Por ejemplo, Ecuador votará en dos rondas a partir de abril; en Panamá, se votará en mayo; en Uruguay, en octubre; en Honduras, en noviembre. Ni Chile ni Bolivia, que tienen elecciones en diciembre, han considerado necesario adelantarlas.

          En su mensaje la señora presidenta dijo que la remisión de este proyecto fue necesaria por la profanidad de la crisis. Es decir que según la valoración de nuestra presidenta hemos pasado de ser el país que crecía sólo por mérito propio a ser una Nación en crisis por responsabilidad exclusiva del proceso que se vive a nivel mundial.

          De la misma forma hemos pasado de ser el país inmune a las crisis mundiales –aquel que debía ser imitado por los países desarrollados‑, a ser un país que según la presidenta ni siquiera puede sostener un proceso normal de elecciones, porque se profundizaría la crisis. O la presidenta nos mintió antes o nos miente ahora. O quizá pretenda que la verdad sea un vestido que pueda ajustar a su medida, según la conveniencia y la ocasión.

          Es cierto que la Argentina está padeciendo la crisis mundial. Sin dudas que es así. Pero las consecuencias se han profundizado en función de un modelo político y económico que ya en 2007 entró en crisis por falencias y defectos estructurales.  Además, el gobierno no quiere aceptar esta realidad; tampoco quiere escuchar a los sectores económicos, sociales y políticos. En general, la política se basa en la imposición y no en el diálogo.

          Nosotros estamos convencidos de que esas razones son las que más afectan a nuestro país en este momento.

          Otra cuestión que me parece importante aclarar tiene que ver con la unificación de los comicios. La verdad que uno escuchó fundamentos que son absolutamente mentirosos y desvirtúan la realidad.  Además son cuestiones que al ser manifestadas por representantes políticos ‑diputados, senadores y distintos funcionarios‑, también producen un retroceso institucional y confunden a la ciudadanía.

          Se ha tratado de justificar este adelanto de las elecciones planteando que el gobernador de la provincia de Santa Fe y el jefe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires han hecho lo mismo, cuando en realidad son situaciones que nada tienen que ver entre sí. En Santa Fe el gobernador ha fijado las elecciones en el marco de lo que dispone la ley 10.300 y, de acuerdo con la ley que la regula, también ha establecido las fechas de las internas abiertas en virtud del sistema electoral que tiene la provincia.

          En realidad, la situación nacional de alguna manera complica la posibilidad de realizar los comicios en Santa Fe, debido a que en dicha provincia se juntan las internas abiertas, que se habían fijado para el 28 de junio, con esta elección nacional que se pretende convocar ahora. Esto genera un problema serio ya que se estaría convocando al electorado en un mismo día a votar en una interna y en una elección nacional con padrones y realidades diferentes.

          Por estas razones, en estos días las autoridades provinciales convocaron ‑como corresponde‑ a los partidos políticos y dialogaron con el Tribunal Electoral para resolver esta situación. Lo mismo ha sucedido con las otras elecciones provinciales, que se han convocado en el marco de las facultades otorgadas por la legislación provincial.

          Por otra parte, quiero mencionar una cuestión que tiene que ver con el mejoramiento de las instituciones y de la democracia. Nosotros siempre hemos sostenido que, como se hace en muchos países del mundo, las elecciones municipales y de gobiernos locales deben realizarse en fechas separadas del resto. Los fundamentos de ahorrar gastos y tiempo en las elecciones son más propios de gobiernos dictatoriales que democráticos. Objetivamente, las elecciones municipales necesitan ser debatidas en un marco que nada tiene que ver con el ámbito nacional.

          Por otro lado, esta no es la única situación que hemos vivido durante la gestión del ex presidente Kirchner y del actual gobierno. Como lo decíamos ayer en la reunión de la Comisión de Asuntos Constitucionales, cabe recordar que también se hizo lo mismo con las internas abiertas, que se suspendieron por única vez en 2003, para que ese traje a medida del Partido Justicialista le sirviera para resolver sus diferencias en una elección general.

          En 2006 la ley de internas abiertas se derogó. Por esa razón, el senador Rubén Giustiniani presentó un proyecto de ley en 2007 donde se expresa que las normas electorales pueden ser modificadas solo hasta el 10 de diciembre del año anterior a que se realice un proceso electoral. Por supuesto que esto tendría que ser motivo de la cultura política de este país y de la conducta de los dirigentes políticos, y no motivo de una ley.

          Recuerdo que uno de los párrafos del discurso que la señora presidenta pronunció frente a la Asamblea Legislativa el 1º de marzo fue justamente en este sentido, con lo cual uno no puede más que coincidir. En ese discurso habló de la necesidad del cambio de la cultura política para poder encontrarnos los argentinos en cuestiones comunes y en resolver los graves problemas que tiene la sociedad.

          Pero a poco tiempo de ese discurso la señora presidenta se desdice, no con sus palabras pero sí con sus actitudes, llevando a este Parlamento a la situación de tener que discutir este adelanto de elecciones sin ninguna justificación.

          Por otra parte, con respecto a ese cambio de cultura que nos solicitaba la presidenta, en realidad seríamos bastante ingenuos si creyéramos que se puede dar de parte de quienes hoy tienen la máxima responsabilidad de gobernarnos. Digo esto por lo siguiente: si no se ha dialogado con los bloques de la oposición, con los partidos de la oposición ni con la Cámara Nacional Electoral –que está pintada, porque no ha sido consultada-, ¿cómo vamos a pretender ese cambio de la cultura política de este país si la señora presidenta, o mejor dicho el ex presidente, decidió esto apenas con dos o tres personas más, sin siquiera consultar a los propios gobernadores del Partido Justicialista ni a las autoridades de su partido para conocer su opinión?

          La verdad es que nosotros también queremos un cambio de cultura política, basada en el diálogo, en el respeto a las instituciones, pero pensamos que los que primero tienen que dar el ejemplo son los que tienen la máxima responsabilidad, y estamos seguros de que no lo están dando. (Aplausos.)

 

cuestión de privilegio

 

 

Sra. Bullrich.- Pido la palabra para plantear una cuestión de privilegio.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Para una cuestión de privilegio tiene la palabra la señora diputada por la Capital.

 

Sra. Bullrich.- Señora presidenta: una vez concluido el discurso de la Coalición Cívica, en el que sentamos nuestra posición con respecto al proyecto de ley en discusión, planteamos nuestras dudas profundas en cuanto al tema de la transparencia. Y mencionamos como antecedente lo sucedido en la provincia de Córdoba: sospechas de fraude y poca transparencia –conocidas por el país entero-, lo que llevó a la Legislatura de Córdoba a cambiar la ley y establecer la boleta única.

          Terminado el discurso, se acercó un diputado de apellido Montoya que intimidó, patoteó y amenazó a mi persona y al bloque de la Coalición Cívica, cuya posición yo expresaba. Creemos que esto merece un pronunciamiento concreto y explícito de esta Casa si no queremos que se convierta en un lugar de la antidemocracia.

          Yo estaba expresando palabras políticas de mi bloque, y no podemos permitir la patoteada, la intimidación y la amenaza de ese señor diputado.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- La cuestión de privilegio planteada pasa a la Comisión de Asuntos Constitucionales.

 

convocatoria a elecciones de diputados nacionales período 2009-2013 y senadores de la nación para el período 2009-2015 (Continuación)

                             

 

 

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Continúa la consideración en general del proyecto de ley.

          Tiene la palabra el señor diputado García Méndez, quien compartirá su tiempo con el señor diputado Raimundi.

 

Sr. García Méndez.- Señora presidenta: como usted dijo, voy a compartir el tiempo que dispone mi bloque con el señor diputado Raimundi, y conjuntamente vamos a sentar la posición del bloque Solidaridad e Igualdad.

          Nosotros rechazamos este proyecto, y queremos aclarar que en este caso ese rechazo asumirá la forma de la abstención. Vale la pena destacar que este bloque no ha tenido problemas en apoyar iniciativas del gobierno cuando estas últimas, más allá de algunas dudas y suspicacias de carácter coyuntural, iban dirigidas hacia la resolución de problemas estructurales que benefician a los intereses nacionales. Así lo hizo, por ejemplo, cuando se trató la estatización de Aerolíneas Argentinas y de los fondos de las AFJP.

          En este caso, la forma de abstención que asume nuestro rechazo tiene que ver con nuestra negativa a sentarnos a discutir temas que sólo sirven para alejarnos de los problemas reales del país.

          Nos negamos a embarcarnos en una discusión estéril porque no queremos ‑a pesar de que ésta sea una posición minoritaria‑ embarcarnos en la lógica binaria imperante.  En general esta lógica binaria, de un lado y del otro, está guiada y legitimada por un concepto que mucho daño nos ha hecho y nos está haciendo, que es decidir en función del mal menor.

          Aquellos que deciden en función del mal menor son los que apenas realizan la opción ‑guiada por dicho mal menor‑ olvidan que se trata de un mal.  Esto ya lo he adelantado en la comisión.

          Rechazamos este proyecto porque significa un manoseo gratuito del calendario electoral, lo cual no es bueno en dos sentidos: como principio y probablemente desde el punto de vista de la eficacia.  Esperemos que el tiempo no nos dé la razón en esto.

          Jugar con el calendario electoral en la Argentina posee peligrosos precedentes en la materia.  El peronismo casi siempre ha sido víctima de los manoseos de los calendarios electorales, y la verdad es que uno no se redime de su condición de víctima trasformándose en victimario, como en este caso.

          Manosear el calendario electoral en la Argentina es mentar la soga en casa del ahorcado.  Pero al mismo tiempo que estamos diciendo todo esto ‑y le queremos quitar dramatismo a la cuestión‑ somos plenamente conscientes de que no se cae el mundo si aquí se decide el adelantamiento de las elecciones; pero tampoco se cae el mundo si las cosas quedaran como están. 

          En definitiva, estamos perdiendo un tiempo precioso en donde el Poder Legislativo debería estar trabajando en pos de solucionar cuestiones centrales y preocupantes de la crisis. Sin embargo estamos sustituyendo esta tarea con un debate estéril al que nosotros no queremos plegarnos. Por eso marcamos de manera fuerte el fundamento de la abstención.

          Lo que está pasando aquí es un buen ejemplo de lo lejos que estamos, no sólo política sino conceptualmente, de la formulación de políticas de Estado.  Someter el rumbo del país al mero cálculo aritmético electoral, como reiteradamente lo hace el gobierno y buena parte de la oposición, significa rechazar desde el inicio las posibilidades de plantear políticas de Estado que no se logran con aritméticas electorales sino con consensos.  Quitarle dramatismo a esta propuesta del gobierno significa reconocer –hay que decirlo para colocarlo en su justa dimensión‑ que esto no es una afrenta constitucional.  No hay ninguna herida a la constitucionalidad por decidir un cambio de esta naturaleza.  Ahora bien, el hecho de que esto no sea una afrenta constitucional no significa que no sea una afrenta al buen sentido y a la razón.

          Legitimar en la dimensión de la crisis esta propuesta nos asemeja a aquellos que pisan el acelerador en las zonas pobladas de la ruta para pasar los peligros más rápidamente.  En realidad, pisar el acelerador implica aumentar los riesgos de sufrir este peligro y no permite pensar en las posibilidades de evitar que el mismo ocurra.  Sobran ejemplos de lo peligroso que resulta alterar discrecionalmente las normas prefijadas por razones de conveniencia. 

          Como dije aquí, y aprovecho la oportunidad para repetirlo, la Corte Suprema de Justicia de la Nación el 2 de diciembre del año pasado convalidó un decreto de la dictadura militar que permite la privación de libertad a los menores de dieciséis años por razones de protección.  Una jueza de menores que aplaudió a rabiar este fallo colocó las cosas en su justa dimensión al decir que el fallo es un esperpento jurídico, una aberración, pero es lo que a la sociedad le conviene.

          Concluyo diciendo que con tantos iluminados que nos dicen todos los días lo que la sociedad necesita al margen de las normas, no sería improbable que acabemos en la total oscuridad. 

 

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Raimundi.- Señora presidenta: básicamente voy a tomar una sola línea argumental para fundamentar nuestra posición. Se trata de lo que creo fue uno de los principales si no el principal argumento planteado el viernes pasado por la señora presidenta de la Nación en el anuncio del adelanto electoral.

          Ella habló justamente de tratar de dar tranquilidad al clima político de la Argentina porque estamos ante una crisis internacional que tiene efectos imprevisibles para el país, y si a ello se suma el clima de crisis internacional con la competencia preelectoral muy exacerbada eso genera una conflictividad insostenible e inconveniente para afrontar la crisis.

          ¡Qué distinto sería si un ciudadano común, cualquiera de nosotros pero más que nada los ciudadanos comunes, creyera en la humildad, en la sinceridad y en la autenticidad de los argumentos! Cuánto hubiera ayudado que esta misma presidenta que el otro día anticipó una crisis internacional de efectos imprevisibles hubiera reconocido una mala lectura de la crisis cuando hace tres meses, no más de ese lapso, planteó que la Argentina iba a afrontar la crisis de manera absolutamente desacoplada de sus efectos internacionales.

          La pregunta sería si es la anticipación de la elección lo que va a garantizar la tranquilidad. Estaba pensando en un ejemplo, pero un ejemplo nuestro y reciente. En octubre de 2007 hubo una elección con muchísima legitimidad en todo el país, con una clara victoria del oficialismo y una gran distancia con las fuerzas subsiguientes. Había incluso números de la economía y de la situación absolutamente favorables no solo en la Argentina sino en toda la región, con una posición que le hubiera permitido al oficialismo la consolidación de un clima de tranquilidad en la Argentina.

          Sin embargo, la mala administración política y una excelente situación económica y electoral llevó exactamente al efecto inverso de la tranquilidad buscada, con lo que quiero decir que no solo la elección anticipada sino aún una victoria electoral del oficialismo en la elección anticipada no garantizan en absoluto la tranquilidad que se busca.

          Para evitarlo debe haber de por medio una actitud, una gestualidad y una voluntad de tranquilizar el clima político en la Argentina. Para ser sinceros –todos saben que hemos coincidido en muchas miradas con el gobierno‑ forzar el alejamiento del fiscal general de investigaciones administrativas, se gane o se pierda una elección, no ayuda para nada ‑y estoy poniendo nada más que un botón de muestra‑ para eliminar los niveles de crispación que hay en la sociedad.

          Hay una primera razón elemental que nos lleva a no apoyar la iniciativa oficial y es que a un país le ayuda mucho más, en vísperas de una crisis, dar señales de estabilidad antes que dar señales de emergencia, de excepcionalidad y de romper los compromisos.

          Esa sola razón nos llevaría a no sentar el precedente de nuestro apoyo a un cambio de las reglas de juego en un país que para dar tranquilidad lo que tiene que hacer es consolidar sus compromisos con las reglas de juego.

          Hay un segundo argumento, que comparto y complemento. Es cierto que el ex presidente se quejaba en Catamarca de algo muy parecido a lo que hizo una semana después, pero este juicio no va en una sola dirección, sino que es de ida y vuelta.

          El ex presidente termina haciendo lo mismo que criticó hace una semana, pero un sector de la oposición termina quejándose del ex presidente porque hace lo mismo que ellos hicieron antes.

          Es decir que el cambio en las reglas de juego electorales en función de la conveniencia no es patrimonio del actual oficialismo, sino un hábito nefasto del  conjunto de la corporación política de la República Argentina.

          Nosotros nos vamos a abstener, lo que significa que no apoyaremos la iniciativa oficial, pero también nos vamos a diferenciar. En este tema, al igual que en muchos otros, estamos dando una profunda batalla cultural en el sistema político para dirimir qué tipo de oposición necesita la Argentina.

          Debemos distinguir entre una oposición con propuestas, que no apoya, pero hace un planteo activo de alternativas, y una oposición que no sólo no se ocupa de encauzar los conflictos, sino que los dilata en el tiempo y los agrava, porque a veces parece ser que los conflictos son la única razón de ser de la existencia política de esa oposición. (Aplausos.)

          En este sentido, los lenguajes de tragedia y de Apocalipsis, al igual que algunas actitudes oficiales, no ayudan a eliminar el estado de crispación que se denuncia.

          Supongamos que hay una nueva legitimidad electoral en la Argentina. El resultado electoral es uno de los principales componentes de la legitimidad política, pero no es el único, porque después de la elección hay una opinión pública variable, poderes permanentes y estrategias mediáticas, que contribuyen a crear climas de tranquilidad o intranquilidad.

          Depende mucho de quien haya ganado la elección la utilización de esa victoria electoral, porque se la puede utilizar como principal condición para crear consensos o acumular fuerzas para derrotar al enemigo. Si hace lo primero, presentaría un efecto tranquilizador, como pedía la presidenta, pero de la otra manera tendría un efecto exacerbador de la crispación social que se denuncia frente a la crisis que amenaza.

          Nuestra abstención no es pasiva, sino activa. No me queda tiempo, pero me comprometo a señalar los puntos que ofrecemos para enfrentar la crisis. Nos rebelamos a que la agenda de la política siga divorciando su escala de prioridades de la que tiene la sociedad. Esto no lo dirime un cronograma electoral, sino una vocación de encontrar entendimientos y reconstruir tejidos para frenar la crisis.  (Aplausos.)

 

 

- 3 -         

CUESTIÓN de privilegio

Sr. Urlich.- Pido la palabra para plantear una cuestión de privilegio.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Para una cuestión de privilegio tiene la palabra el señor diputado por Chaco.

 

Sr. Urlich.- Señora presidenta: voy a tratar de ser breve para manifestar mi sorpresa al abrir esta mañana el diario “Ámbito Financiero” y encontrar en la página cuatro una publicación titulada “Margaritas complican a un diputado” que pretende mancillar mi dignidad y la de mi familia.

          Esta publicación realmente llama la atención, pero debo aclarar que se refiere a hechos que no se ajustan en absoluto a la realidad. Creo interpretar lo que se pretende hacer con esta nota. El gobernador de la provincia del Chaco y sus funcionarios intentan hacerme callar porque estoy llevando a cabo un sinnúmero de denuncias por situaciones irregulares ocurridas en dicha jurisdicción, entre las que vale la pena resaltar la referida al vaciamiento del Nuevo Banco del Chaco.

          Esto se ha convertido en una costumbre en el gobierno de la provincia del Chaco. En ocasiones anteriores –durante el conflicto con el campo‑ he denunciado en este mismo recinto la actuación de agentes parapoliciales en dicha provincia. Por ello el auto de mi hijo fue quemado enfrente de mi domicilio. Los piqueteros contratados por el gobierno fueron mandados a mi domicilio durante mi ausencia para que se manifestaran. Estas son las actitudes que tiene el gobierno del Chaco y hoy utiliza el medio “Ámbito Financiero” para descalificar a mi familia y a mi persona.

          ¡Qué casualidad! En la vida hay circunstancias y casualidades. El diario “Ámbito Financiero” fue beneficiado con doce millones de pesos de préstamo por parte del gobierno de la provincia, que siempre se jacta de que recibe inversiones, aunque esto no es cierto. Le prestó doce millones de pesos a “Ámbito Financiero” que ya cobró para poner teóricamente en marcha una planta de impresión para el NEA y el NOA. Sin embargo, todavía no ha puesto ni una oficina en la provincia. Obviamente estos dineros han tenido otro destino.

          Creo que ello constituye una chicana muy dura, pero estoy dispuesto a defenderme. Reitero, “Ámbito Financiero” no ha puesto ni un ladrillo en la provincia del Chaco, pero con esta noticia me están notificando que con doce millones de pesos pueden escribirse muchas cosas en un diario. Esta es la realidad.

          Es un esquema que está utilizando el gobierno provincial por denuncias que voy a sintetizar, porque es bueno que se sepan. He denunciado el vaciamiento del Nuevo Banco del Chaco, entidad que recibió el gobierno en óptimas condiciones, yo diría que era uno de los mejores bancos  del país. Lo vaciaron con préstamos políticos, a sus amigos, y con el mal manejo administrativo.

          Además del préstamo a “Ámbito Financiero” existe una empresa brasilera llamada Tigre a la que le han prestado treinta millones de pesos. Los chaqueños no vimos ni las uñas del tigre, señora presidenta. Los treinta millones de pesos se los han llevado y en la provincia no existe una oficina ni un empleado de dicha empresa.

          También crearon un fondo fiduciario para una empresa de aeronavegación facilitando al compañero Franco Macri la suma de doce millones de pesos, para lo cual crearon un fideicomiso con el fin de poner en marcha una aerolínea.  Sin embargo, todavía no tenemos la copia de los contratos hechos entre el gobierno y dicha aerolínea, situación que niegan sistemáticamente.

          Creo que todo esto obedece a una campaña para hacerme callar. Tengan la plena seguridad el gobernador de la provincia del Chaco y sus funcionarios de que no me van a hacer callar. Tengo la conciencia absolutamente tranquila y acudiré a los caminos legales necesarios para defender mi buen nombre y honor.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- La cuestión de privilegio planteada pasará a la Comisión de Asuntos Constitucionales.

         

- 4 -         

convocatoria a elecciones de diputados nacionales período 2009-2013 y senadores de la nación para el período 2009-2015
(Continuación)

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Prosigue la consideración del asunto en tratamiento.

          Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza.

 

Sr. Thomas.- Señora presidenta: pido autorización para compartir mi tiempo con el compañero Felipe Solá.

          Nuestra intención es no repetir conceptos ya vertidos por otros colegas diputados aunque resultaría casi imprescindible hacerlo.

          Queremos fundamentar nuestro voto en contra de la iniciativa que se propone para adelantar las elecciones. ¿Cómo nos imaginamos que debería haber sido una convocatoria de tamaña magnitud? Quizás ingenuamente, cándidamente, se trataría de una convocatoria a todas las fuerzas políticas representadas en este Congreso con la finalidad que expresa la señora presidenta en su mensaje de envío de este proyecto: evitar turbulencias, dar mayor estabilidad al gobierno constitucionalmente elegido y crear un ambiente tranquilo, sin crispaciones, para poder actuar sobre las causas de una crisis nacional e internacional que, es necesario repetirlo, hace tres meses aparentemente era mucho menor o casi no nos iba a tocar. Es más, se dijo que era posible exportar el modelo argentino a otros países del mundo para resolver una crisis de tamaña magnitud.

          La verdad es que nosotros nunca creímos eso. Seguimos pensando que la crisis ya está instalada en la Argentina, que sin duda alguna en parte se debe a la situación internacional pero también hemos ayudado un poquito desde lo nacional.

          ¿Cómo tomamos nosotros esta convocatoria, más allá del resultado final? Da la sensación de que existe un engaño en cuanto a las verdaderas causas de esta convocatoria.  No sé si mis colegas han podido escuchar anoche al presidente del bloque de senadores del Frente para la Victoria, senador Pichetto. Ante la insistencia del periodista que lo entrevistaba, luego de argumentar sobre las primeras razones que habían llevado a presentar este proyecto, él mismo reconoció explícitamente que así como este mecanismo había sido utilizado en otras oportunidades ‑mencionó específicamente a los ex presidentes Alfonsín y Duhalde-, esta vez el gobierno había decidido usarlo de nuevo. También señaló que además de las causas que se invocan en el proyecto, estaba en juego un oportunismo electoral  porque el gobierno había evaluado que era mucho mejor anticipar el llamado a elecciones para junio. Dijo que seguramente de esta manera le iría mejor y pronosticó un triunfo del oficialismo en junio. Esto lo dijo el senador Pichetto anoche.

 

- Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, doctor Eduardo Alfredo Fellner.

Sr. Thomas.- Ahora bien, en todo esto también juega la percepción de la gente. Seguramente en esto tampoco nos pondremos de acuerdo.

          Hoy es un día muy especial para la Capital Federal. Hay una convocatoria para las seis de la tarde para manifestarse en contra del ambiente de inseguridad en la Argentina. No estoy diciendo que esto sea culpa exclusiva del gobierno, sino que creo que todos estamos involucrados en este gravísimo problema que se está acentuando por algunos motivos que conocemos  y por otros que tendríamos que estudiar con mayor profundidad.

          Entonces, por un lado seguramente 50 mil o 60 mil personas se estarán concentrando en Plaza de Mayo, y al mismo tiempo hay un conflicto del sector agropecuario en el que, si bien el gobierno tiene más que ver que la oposición, todos estamos involucrados. Me refiero a una convocatoria para que los productores vuelvan a la vera de las rutas. Además, si no se trata el tema de las retenciones, mañana a la mañana posiblemente tengamos una escalada del conflicto de imprevisibles consecuencias.

          Mientras todo esto sucede, nosotros estamos aquí adentro hablando acerca de si la solución es o no adelantar las elecciones. Consecuentemente, todos los dirigentes políticos que están aquí representados tendrán que volver a sus provincias, pensar en el armado de las listas y apurarse para hacer una elección interna en su partido. Eso no es lo que quiere la gente a pesar de que alguna encuesta indica con mucha felicidad que el 70 u 80 por ciento de los argentinos han considerado que el adelantamiento de las elecciones es una sana solución para los problemas de nuestro país. Personalmente creo que esto es mentira, y nos daremos cuenta a poco de andar.

          Cuando decimos de qué otra manera se podría haber enfrentado esta crisis, quiero rescatar los amagues que se hicieron para convocar al Consejo Económico Social. ¿Qué está primero? ¿Convocar a todas las fuerzas políticas en un ámbito como el que se ofreció y que hasta ahora no se cumplió, o adelantar las elecciones? ¿Por qué esa idea de que solamente el oficialismo puede aportar a la solución de esta crisis? ¿Por qué no considerar que todas las fuerzas políticas de este Congreso pueden aportar algo, más, menos, ideas, equipos técnicos, experiencias regionales, provinciales? ¿Por qué desmerecer o subestimar a otros que no piensan igual?

          Quizás en la diversidad podamos encontrar las soluciones a una crisis. En otros países ya se está usando este mecanismo, ya se ha convocado a gabinetes de crisis en los que oficialismo y oposición tienen que responder a esta responsabilidad. ¿Qué dirigente o diputado nacional en este Congreso puede negarse a una convocatoria de este tipo realizada por la presidenta de la Nación, en vez de tener que enfrentarse a esta otra estrategia? Ninguno de nosotros se podría negar.

          Nosotros hemos enviado en el día de ayer a la señora presidenta una carta ofreciendo esta estrategia. Quizás no sea tenida en cuenta pero la quiero reiterar. Ahí marcamos algunos puntos absolutamente imprescindibles que queremos discutir, sobre los que queremos aportar.

          Estos son: apertura de la agenda social, que transparente la situación angustiante del aumento de la pobreza y la indigencia en el país; seguridad, marco social preventivo y marco sancionatorio; economía y finanzas, incluyendo la situación del campo, la coparticipación de impuestos y los Estados federales.

          Vayan a preguntar a las provincias si realmente no se tenía que coparticipar el impuesto al cheque. Pregúntenlo ahora, cuando hay provincias que en 30 o 60 días se quedarán sin financiamiento. Pregúntenles.

          Otros temas son: desempleo, plan de contingencia, agenda electoral, y sobre este tema me quiero referir con algunos párrafos. Con otros colegas legisladores tuvimos oportunidad de visitar la Cámara Nacional Electoral, la cual –como todos sabemos‑ está encargada de la organización y fiscalización del proceso electoral. La sensación que nos transmitieron es que tenían serios problemas para asegurar todas las condiciones de transparencia y eficacia para las elecciones de octubre, no de junio, de octubre.

          También manifestaron que nadie les consultó si estaban en condiciones de asegurar lo que todos queremos que se asegure en junio. No comentaron que se enteraron por los diarios, esta fue la verdad, que les falta presupuesto, que no tienen las condiciones mínimas para trabajar, pero que van a hacerlo igual porque nuestra ley electoral es como un Ford T que sigue funcionando, mal, regular, pero sigue funcionando.

          Creo que mi compañero Solá va a abundar en este proyecto que presentamos para avanzar hacia la boleta única, al voto electrónico. Claro que todo esto puede quedar absolutamente desactualizado, pero por favor que quede constancia de que deberíamos agregarle a este proyecto una partida específica de fondos para que en un caso excepcional como el que estamos planteando, la Cámara Nacional Electoral y todos aquellos que tienen la responsabilidad de organizar y fiscalizar el escrutinio puedan hacerlo en las condiciones mínimas para asegurar que todo va a salir lo mejor posible.

          12.700 escuelas, 47.500 mesas son las que van a intervenir en la Argentina. Todo esto necesita padrones actualizados. Ustedes saben que con este adelantamiento tenemos prácticamente cientos de miles de ciudadanos que quedarán al margen.

          No quiero alargar más mi exposición, pero quiero decir que ahora o después de las elecciones esto se va a tener que hacer. Tratemos de hacerlo ahora para que la gente que representamos sufra lo menos posible esta crisis que ya nos involucra a todos.

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Solá.- Señor presidente: hay una discusión alrededor de si el adelanto de las elecciones es una cuestión de fondo, y a mí me parece que hay dos planos diferentes. Uno es el del hombre que piensa que va a tener que ir a votar sin muchas esperanzas, que en la Argentina existen y muchos, y el otro es el del hombre –que está más politizado y que tiene conciencia‑ que piensa que los actos de este tipo deben tener límites y deben relacionarse con las instituciones. Nosotros nos ubicamos en este último lugar.

          Siguiendo nuestros principios entendemos que la actitud del Poder Ejecutivo de proponer el adelantamiento de las elecciones implica algo que definiría como “trampa”. Digo esto porque el Poder Ejecutivo es el árbitro de este partido, en el que además juega. Por esa razón, tendría que proceder con especial cuidado –como surge de los fundamentos de la ley sancionada en 2004-, toda vez que es el responsable de fijar reglas de juego estables, respetando a todos los sectores.

          Esto es una trampa para el ciudadano común, que no está politizado ni plenamente informado. Hace más de cuatro años le dijeron que tenían que votar determinado día, y que para esa fecha debía informarse sobre quiénes serían los candidatos y las distintas propuestas, pero ahora le dicen que tiene que apurar esa decisión.

          En la Argentina no todos los votantes están politizados ni cuentan con una alta conciencia sobre lo que tienen que decidir. Por el contrario, en nuestra variada y heterodoxa comunidad tenemos de todo. A ellos es a quienes se trampea.

          También se trampea a la oposición, porque no tienen tiempo de armarse ni de integrar sus listas. En definitiva, no se les otorga el tiempo necesario para la búsqueda de consensos, que en un proceso electoral es una palabra fundamental para todos, tanto para el gobierno como para la oposición.

          Además, se trampea a los partidos a los que les hubiese gustado tener internas. Ahora no las van a poder tener, porque no hay tiempo.

          Se trampea a la población cuando se le dice que uno de los elementos centrales de la crisis –que la señora presidenta anticipa casi como una bomba atómica para el segundo semestre de este año- radica en el adelanto –entre comillas- del clima de campaña electoral. En realidad, el clima de campaña repercute sobre la gente por la cantidad de avisos que ven en la televisión, y esto todavía no se ha instalado. Por el contrario, lo que existe es un clima de debate muy fuerte desde hace tiempo sobre los gruesos errores en los que ha incurrido el gobierno –así lo entendemos nosotros-, que han generado una crisis económica, que puede convertirse en financiera.  Esto es anterior a las consecuencias que se prevé que puede tener la terrible crisis internacional.

          Se trampea también diciendo que el debate político,  los discursos que se pronuncian en esta Cámara y la discusión en los medios es una de las causas de la crisis y que por eso hay que superar esta instancia para luego sí poder discutir la crisis.  Esto es absolutamente falso. Lo cierto es que habrá debate ahora, durante el proceso electoral y también después de las elecciones, que esperamos sirvan para proteger a la gente de las consecuencias de la crisis.

          Por otro lado, se trampea cuando se dice que los gobiernos provinciales adelantaron las elecciones. Lo que ellos hicieron fue fijar fecha para los comicios; no adelantaron nada. Simplemente hicieron uso de sus atribuciones. El que sí está adelantando las elecciones es el gobierno nacional, que está modificando una fecha establecida por ley.

          Si teníamos alguna intención de discutir con el oficialismo sobre la posibilidad de descartar cualquier desorden que condujera a pensar que podía incurrirse en fraude electoral, hoy esa posibilidad ha desaparecido. Teníamos la intención de discutir la boleta única como antecedente del voto electrónico. Recordemos que el actual ministro del Interior escribió un libro sobre el voto electrónico, y este es un tema que hemos analizado con el superior tribunal electoral.

          Hoy no podemos discutir sobre el mejoramiento de las condiciones que todos los hombres y mujeres de buena fe quieren que rijan en un proceso electoral, cualquiera sea el partido en el que participen. Tengo la impresión de que eso tampoco importa, porque queda subsumido dentro de la trampa del adelanto.

          Es falso que el clima preelectoral altere la calma y el diálogo. La calma y el diálogo se han visto alterados desde hace tiempo por las actitudes del propio gobierno. Además, la propia señora presidenta de la Nación ha dicho que descuenta una crisis mayor, y al tomar la decisión de adelantar las elecciones lo único que hace el gobierno es poner más en evidencia esa posibilidad. Ni el pueblo ni la oposición esperan un diálogo superior al actual para después del 28 de junio. Pero no importa, porque el escollo electoral llegará igual: el 28 de junio, si este proyecto de ley es sancionado hoy. Allá iremos y se verá la verdad. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por el Neuquén.

 

Sr. Prieto.- Señor presidente: hay que razonar el debate que hoy se plantea desde tres planos que han sido atacados: el de la legalidad, la legitimidad y la oportunidad de esta medida.

          Me parece que si no ponemos las cosas en claro, pareciera que de tanto repetirse fueran aceptadas o ciertas.

          En cuanto al plano de la constitucionalidad, se han escuchado voces en la comisión. Existen normas en la Carta Magna y en tratados de jerarquía internacional que establecen pautas generales sobre el derecho del voto, que son absolutamente respetadas. Nadie ha dicho en qué puede consistir ninguna inconstitucionalidad. En todos estos casos corresponde al legislador –como efectivamente sucede‑ reglamentar este derecho.

          En nuestro caso, tal como figura en el Código Electoral y como se va a proceder de aprobarse este proyecto, es el Congreso de la Nación el que luego de deliberar y de resolver por mayoría –como ocurre en democracia‑ va a decidir la cuestión.

          Hay muchos lugares en nuestro propio país, aun en el orden nacional en otras etapas históricas, donde todo quedaba librado a la discrecionalidad del Poder Ejecutivo.

          Me parece que es más sano y ajustado a la finalidad que sea el Congreso –como efectivamente sucede‑ el que resuelva la situación.

          Resalto que esto en manos del Poder Ejecutivo reviste discrecionalidad. De ningún modo se puede aceptar hablar de discrecionalidad, porque arbitrariedad es lo que no tiene razón ni sentido. En cualquier supuesto que se fije una fecha electoral dentro de un lapso previo a la elección, esto tiene sentido. En todo caso, es una cuestión de oportunidad o algo opinable, como ocurre en la política. En definitiva, éste es el plano en el que debe plantearse la discusión. No ya en el de la constitucionalidad ni en el de la institucionalidad, sino en la de la política. De hacerlo, se trata de forzar argumentos.

          Aquí se ha dicho que se fuerza la institucionalidad o que se hace trampa.  ¿Cómo podemos decir que se fuerza la institucionalidad si se está respetando el trámite ordinario para la modificación de las leyes, mediante la sanción de otra norma? Las leyes no son eternas. Van cambiando de acuerdo con las circunstancias.

          Se dice que se cambian las reglas de juego en el proyecto, porque estamos en un año electoral. Hace poquito, treinta días: el 10 de febrero y el 23 de febrero muchos de los diputados que esgrimen esos argumentos presentaron un proyecto para efectuar cambios fundamentales en la legislación electoral, como los vinculados con la denominada boleta única.

          ¡Ese sí era un proyecto –no abro juicio sobre su viabilidad‑ que hubiera cambiado no sólo reglas de juego preestablecidas, sino lo que en la Argentina se ha venido haciendo tradicionalmente desde hace mucho tiempo!

          Allí no había oportunismo ni alteración de las reglas de juego ni arbitrariedad.

          Forzar las instituciones, forzar las interpretaciones o trampear –como se ha dicho aquí‑ en todo caso es algo que sucedió en una elección reciente que se ha puesto como ejemplo varias veces. Me refiero a la de Catarmarca, no porque el resultado de la elección haya sido objetable sino por otra razón. Fíjense lo que dice la Constitución de esa provincia: “Las elecciones para la renovación de las Cámaras legislativas se realizarán el día domingo del mes de marzo, y si hubiera elecciones nacionales, se realizarán simultáneamente.” Sin embargo, no las hicieron simultáneamente; y las mismas voces que se escucharon hoy acá, cuando hablan de Catamarca procuran forzar una interpretación porque no hace falta ser muy erudito para darse cuenta de que, efectivamente, no es la interpretación que se llevó adelante en esa provincia.

          Creo que está dentro de la lógica del juego político que dentro de los márgenes de la legalidad y de la institucionalidad cada uno de los actores políticos trate de ganar la voluntad del electorado. Pero es preferible que esto se haga a través de la persuasión y de los proyectos presentados y no a través de la obstrucción permanente; pero cada uno elige su estilo en esto.

          A mí me parece que tenemos que centrar el debate en el plano de lo político que, como les decía, es el plano de lo opinable, de lo discutible. Lamentablemente, advierto que en el debate político argentino –y no sólo en esta cuestión de hoy- se está perdiendo la lógica del “amigo-adversario”, que es la lógica del juego político, para pasar a la lógica del “amigo-enemigo”, en el cabal sentido de este último término.

          Cuando se pasa ese límite o esa lógica, es decir, cuando se plantea el debate no en términos políticos sino en términos morales o éticos, aparece esta perversidad –que por supuesto también la gente advierte- en la que unos dicen que todo lo que hacen los otros está mal, por el solo hecho de que son los otros los que lo hacen, y creen que lo que hacen ellos es la posición correcta, la verdad dogmática y revelada, incluso cuando poco tiempo atrás su posición pudo haber coincidido con la que esgrime quien tiene la iniciativa política en la Argentina.

          Me parece que eso es peligroso para el normal juego institucional, e incluso es peligroso en términos morales, porque lo mínimo que se debe hacer cuando se plantea la discusión en estos términos es tener la autoridad moral para poder esgrimir el argumento.

          Entonces, hablar de forzar las interpretaciones y de hacer trampa no es un argumento válidamente utilizable por aquellos que han forzado las interpretaciones y han actuado de acuerdo con su propia conveniencia, dentro o fuera de la legalidad, como hay tantos casos. Pero es evidente que algunos de los que hoy vienen a plantear esto no tienen autoridad moral, y esto la gente lo percibe.

          En definitiva, la fecha de las elecciones es una circunstancia. El pueblo se va a expedir por cualquiera de las opciones que se le ofrezcan, y seguramente va a votar la mejor; por lo menos va a ser lo que resuelva la mayoría, pues así es como funciona la democracia.

          Me parece que realmente atenderíamos al reclamo de la gente si acortáramos ‑como efectivamente va a suceder‑ el tiempo del debate político; no para no dar el debate político, porque de esto se trata. Pero acortamos el tiempo para poder resolver estas cuestiones de aquí al 28 de junio, y con un gobierno fortalecido, seguramente, poder enfrentar entre todos –como corresponde‑ la crisis en la que estamos inmersos. Me refiero a la crisis en el mundo, que bastante bien la estamos sobrellevando en la Argentina, no como producto de la casualidad sino del estado en que se encuentra por políticas adoptadas recientemente por el gobierno. 

          Para terminar, quiero decir que no debemos tener miedo a votar. Al pueblo no hay que enseñarle a votar, como se dijo recientemente desde los sectores de privilegio, porque el pueblo sabe votar.  Por eso, hagámoslo rápido y de la mejor manera. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Basteiro.- Señor presidente: le informo que voy a compartir mi tiempo con la señora diputada Cecilia Merchán.  No lo había anunciado antes a la Presidencia, pero vamos a proceder de ese modo.

          Pertenezco al bloque Encuentro Popular y Social e informo que vamos a votar –tenemos diferencias en nuestro voto con la señora diputada Vilma Ibarra‑ a favor de este proyecto del Poder Ejecutivo que impulsa la convocatoria a elecciones nacionales para el próximo 28 de junio. El motivo principal que nos impulsa a votar afirmativamente esta iniciativa es que consideramos que la medida es razonable, coherente y de sentido común. Sabemos que de continuar la coyuntura política de la manera en que se está dirigiendo terminaremos seguramente en una maratón de elecciones en los próximos meses, donde todos los domingos muchos argentinos estarán expectantes de cómo terminó la elección en una provincia, una localidad o una ciudad.

          Creemos que esto no le sirve a la democracia, más allá de que es bueno que la ciudadanía se exprese permanentemente.  Entendemos que buscar una unificación de esa fecha es algo coherente. Las diferentes posturas adoptadas por algunos jefes de gobiernos provinciales no aceptando la recomendación que hace cuatro años aprobó este Congreso para fijar la última semana de octubre como fecha de elecciones nacionales, convocando a las provincias a que lo hagan en el mismo tiempo y forma, hacen que sea la Nación la que modifique la fecha, sumando la posición de las provincias que ya lo han hecho.

          Esto seguramente traerá aparejado ahorro de energía a muchos argentinos e incluso a esta Cámara de Diputados, que debería estar en una actitud pensante, atenta a legislar, y no inmiscuida permanentemente en campañas nacionales o provinciales que restan capacidad a la labor parlamentaria. La iniciativa obviamente también genera ahorro de recursos, porque se va a poder instrumentar en un mismo acto eleccionario, lo cual apunta a poder trabajar coherentemente y que la expresión de la ciudadanía sea incluso más acorde a lo que pasa en cada una de las provincias y en el país.

          La postura de sumarnos a apoyar esta medida es vista con beneplácito por gran parte de la población. Hoy tomé conocimiento de algunas encuestas de opinión que indicaban que la mayoría de los argentinos está de acuerdo en adelantar la fecha electoral. Si no se aprueba este proyecto gran parte de la ciudadanía tendrá que estar atenta a un cronograma electoral que va a generar una situación de distracción permanente.  La población muchas veces no es amigable con las posiciones o cuestiones políticas como para permitirse votar tres o cuatro veces en el año, como ocurre en algunas provincias. Por eso es que esta medida me parece más que aconsejable.

          Otro motivo que tomamos en cuenta ‑ya fue planteado por más de un legislador‑ es que esta convocatoria, como lo ha dicho la presidenta de la Nación, se da en una situación de crisis global nunca vista en los últimos 70 años, quizá la crisis más importante que ha tenido el capitalismo en toda su historia, y obviamente esa situación debe llamar a todos y a cada uno de los argentinos a poner el mayor empeño para ver de qué manera podemos sortearla, o que los coletazos no nos afecten o nos interrumpan.

          Basta ojear los diarios del mundo para darse cuenta de los niveles de desocupación y del “parate” económico que han tenido los países de Europa central, incluso los propios Estados Unidos.

          Esta situación en otro escenario y en otro momento del país seguramente hubiese afectado a la Argentina, generando consecuencias negativas para los sectores más empobrecidos de la población. En este caso no la está afectando de la manera que quizá muchos quieren y esperan, deseando que los propios tiempos profundicen esa crisis, porque en esto también se especula mucho electoralmente. En ese sentido me parece que la postura que tienen algunos sectores de la oposición cuenta como argumento principal la especulación política, aunque por ese mismo motivo también adelantaron las fechas de elección en las diferentes provincias.

          Por todo esto reclaman y advierten acerca de vendavales y situaciones de crisis extremas, cuando la realidad es que todavía por suerte no hemos sido afectados, por lo menos de la manera en que están siendo afectados los países centrales.

          Desde este bloque, con una coincidencia plena y absoluta de cada uno de nosotros, creemos que para evitar que la crisis se propague y llegue a nuestro país el Poder Ejecutivo debe tomar medidas aun mucho más activas que las que tomó hasta el momento, por lo menos aquellas que no sólo piensen en los sectores industriales y en los productores agropecuarios sino que generen lo que la propia presidenta tiene como una de sus intenciones: que la participación en el producto bruto interno tanto de los trabajadores como del mundo empresario sea efectivamente de un 50 por ciento cada uno. Para eso creemos que deben haber medidas mucho más activas, como es el aumento de las jubilaciones o la instrumentación de salarios mínimos que cubran el costo de la canasta familiar.

          Pienso que de esa manera vamos a salir de la crisis, la vamos a poder sortear, practicando aún más democracia y un proceso electoral que también traiga como consecuencia un poco de bienestar a los sectores más necesitados de la población.

          Voy a ir terminando mi exposición para que pueda hablar mi compañera Merchan. Reitero el apoyo a esta medida. Debemos ser coherentes y saber que el próximo 28 de junio no se termina la historia, que tiene que continuar y profundizarse el proyecto de cambio que se está llevando adelante hasta el momento. Creo que la propia población, el propio ciudadano, el pueblo argentino, serán los que van a definir sobre cómo y de qué manera tenemos que seguir avanzando.

          No me caben dudas de que la mejor manera sigue siendo la democracia y que el Parlamento hoy esté debatiendo este proyecto es la expresión de la mejor calidad de trasparencia, principalmente para evitar trampas y poner sobre el tapete las actitudes de sectores de la oposición. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Córdoba.

 

Sra. Merchán.-   Señor presidente: agradezco al compañero Basteiro porque me ha dejado el tiempo esta vez tal como lo habíamos acordado. Creo que en los años 80 y 90 la dirigencia política argentina pensó que era posible y que no habría ningún costo si se decía una cosa y se hacía absolutamente otra.

          En ese sentido hay algunas frases célebres y tristemente recordadas por todos nosotros, por ejemplo, “con la democracia se come, se cura y se educa”; “la casa está en orden”; “tendremos salariazo y revolución productiva”; que lo sigamos porque no nos iba a defraudar, que el que depositó en dólares cobrará en dólares. Son frases que han quedado muy grabadas en nuestra historia.

          Sin embargo, con todas estas mentiras y falacias, como es decir una cosa y hacer otra, lo que se logró fue una destrucción enorme del sistema político argentino, una destrucción que implicó no solamente la desconfianza de la sociedad y del  conjunto de la ciudadanía sino la falta de participación en las cuestiones que se vinculan con el futuro del país.

          En ese sentido siempre hemos creído que una de las principales tareas de los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández era reconstruir esa confianza de la gente en la política y volver a enamorar a la ciudadanía con la política, en cuanto ello significa ansias de transformación y de superar situaciones injustas que se viven.

          Este seguramente es el desafío que tenemos muchos de los legisladores que estamos sentados aquí. Más allá de cómo votemos, aspiramos a reconstruir y reconstituir esta  confianza como única herramienta de legitimidad del espacio que ocupamos.

          Estimamos que el adelantamiento de las elecciones en realidad, no ayuda en esa dirección. Por el contrario, el irrenunciable objetivo que creíamos tenían estos gobiernos en cuanto a reconstruir la credibilidad política hace agua con estas medidas. No es bueno forzar el calendario electoral ni manipularlo en función de evitar resultados adversos.

          Creemos que en nuestra sociedad hay un  aprendizaje histórico, que se da a lo largo y a lo ancho del país y que no acepta los dobles discursos ni la justificación de lo injustificable. Entonces, no es correcto convalidar esa forma de hacer política, tan propia de los años 90 en nuestro país.

          Ese aprendizaje está en los barrios, en las universidades, entre los trabajadores y en todo el campo popular, donde debemos reconstruir esa confianza. Allí también se reconstruyen las fuerzas para poder encarar efectivamente esta crisis que nos alcanzó y que no sabemos hasta dónde nos afectará.

          En ese sentido creemos que todos los sectores populares y progresistas, lejos de caer en un análisis apocalíptico o destructivo tenemos la enorme tarea de plantear y vertebrar nuestras propias opciones de país.

          Desde nuestro punto de vista, cualquier legitimidad se basa en el respeto de los intereses y legitimidades del conjunto de nuestro pueblo, que periódicamente se delega en el gobierno y sus representantes cuando emite su voto.

          También creemos que esa legitimidad se gana cuando en contextos difíciles como el actual se tiene en cuenta la realidad de millones de compatriotas que atraviesan una situación muy compleja.

          Por ello, en vez de estar discutiendo esta iniciativa deberíamos debatir proyectos y propuestas que se anticipen al escenario crítico futuro, que podría ser peor que el actual. Sin dudas, esto nos habría ubicado mucho mejor frente al marco que se presenta.

          Creemos que estamos a tiempo de tomar esas medidas, que son muy prioritarias. Este es el debate que necesita la ciudadanía para volver a confiar en la política, a fin de entusiasmarla y enamorarla nuevamente con la política.

          Los cuatro integrantes del bloque creemos que es muy importante debatir la repatriación de nuestro patrimonio energético, la defensa de nuestros recursos naturales, la prohibición o suspensión de despidos, la cobertura por hijo o hija para todos los desempleados y subempleados en nuestro país, la inversión necesaria para nuestro sistema sanitario y educativo, el incremento de los planes de contención social –que es dinero que se vuelca directamente al consumo‑ y tantas medidas que ayudarían a proteger a nuestra ciudadanía.

          Creemos que este es el rol que debe tener el conjunto de la dirigencia política en la Argentina. Consideramos que esa es nuestra responsabilidad y allí vamos a seguir poniendo toda nuestra energía. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Álvarez.- Señor presidente: en el día de ayer se dieron en la comisión –salvo algunas excepciones- pocos argumentos jurídicos en contra de la modificación del Código Electoral. Se han oído más argumentos de tipo personal ‑como ocurrió en esta sesión- recordando quiénes estaban a favor y quiénes en contra de dicha iniciativa, e incluso respecto de los dichos que tuvieron lugar en situaciones similares de elecciones pasadas.

          Creo que este no es un buen camino para dilucidar el quid de la cuestión. Como dijo un señor diputado preopinante, fundamentando su voto a favor de este proyecto de adelantamiento de las elecciones, aquí hay un aspecto fundamentalmente político que debemos resaltar. Aunque no es nuestro estilo, creo ver la buena fe subjetiva de este tipo de medidas. Centrar el debate en un terreno excesivamente pantanoso, casi rayano en el agravio personal, no es nuestra intención ni mucho menos.

          De modo que no vamos a transitar ese peligroso camino, pero sí resaltar que la discusión que puede darse en el recinto goza de la buena fe objetiva que tiene el proyecto.

          Se han vertido argumentos políticos y, por lo tanto, opinables. En lo que según nuestro criterio comprende el núcleo central de los fundamentos se hace referencia a la crisis económica financiera que vive el mundo y que sin lugar a dudas recibe nuestro país en forma de coletazos. Obviamente, existen algunas cuestiones internas que impiden resolver dicha crisis y aún la agravan.

          Si estas cuestiones están vinculadas con esa crisis llama por lo menos la atención de que no se haya exhibido con anterioridad este argumento. Casi estamos inaugurando estas sesiones ordinarias y nunca se nos advirtió que esta situación de crisis -que no lleva sólo quince días- pudiera derivar en la necesidad del adelantamiento de las elecciones nacionales. Recordemos que este ha sido un argumento vertido por algunas provincias  y que hemos escuchado en reiteradas oportunidades, pero existe una diferencia entre fijar una fecha y cambiarla.

          De todos modos quiero decir, aunque no pretendo ser oportunista porque lo he sostenido desde hace mucho tiempo, que este es un momento apto e interesante para plantear cuestiones relacionadas con la cultura política y que tienen que ver con la necesidad de separar las elecciones provinciales de la nacional, teniendo en cuenta –cosa que aprendí mientras fui intendente municipal- que en épocas de elecciones nacionales los argumentos provinciales quedan absolutamente subsumidos en una problemática distinta.

          No es bueno que desde las administraciones provinciales no pueda plantearse una problemática propia en este sentido y que deba someterse a una discusión de carácter nacional. Si este es un argumento político, creo que por el contrario es buena esta cultura de poder separar y distinguir en momentos electorales una problemática de otra, lo cual no debe llamarnos la atención ni tampoco asustarnos.

          Por otra parte, se han visto en este recinto

‑incluso nos ha pasado a nosotros‑ diferencias internas, por lo cual comparto lo que dijo un diputado preopinante en cuanto a que no debemos hacer de esto una cuestión ética y moral sino una cuestión política. De todas maneras, creo que esta cuestión política nos puede acercar si encontramos algunos puntos en común, y uno de ellos es nada más y nada menos que la fecha de las elecciones. Ese fue el espíritu con el cual se consensuó que el último domingo de octubre fuera para todos la fecha de la elección nacional. Nada se dijo respecto de las elecciones provinciales, por lo cual me parece que no es un argumento válido decir que como se lo ha hecho en esas jurisdicciones, se justifica hacerlo en ésta.

          Está claro que no hay que tenerle miedo a las elecciones. Soy de los que creen que la alteración de la fecha no va a cambiar fundamentalmente el resultado de una votación. Pero con la misma sinceridad debo decir que este adelantamiento perjudica a partidos, agrupamientos o frentes en formación. No perjudica a una dirigencia política sino a quienes –como no tenemos miedo a esa elección- queremos ofrecernos como alternativa electoral.

          Por último, quiero expresar ‑tal como lo señalara ayer la señora diputada Ibarra‑ que en caso de aprobarse el texto del proyecto tal cual ha venido, durante el tratamiento en particular señalaremos algunas cuestiones que presentan inconvenientes. Me refiero fundamentalmente al artículo 5º. Supongo que cuando la diputada Ibarra haga uso de la palabra se referirá a este asunto, porque fue ella –no quiero quitarle el derecho de autor- quien señaló el inconveniente que traería dejar el artículo 5º tal como está. Dicho artículo dice: “Suspéndase por única vez lo dispuesto en el artículo 53...”. Creo que no sería bueno para nadie, empezando por el oficialismo, suspender todo el artículo 53.

          Finalmente, a fin de no caer en reiteraciones y para ahorrar tiempo, con la autorización de la Presidencia voy a insertar el resto de mi discurso.

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Neuquén.

 

Sra. Comelli.-  Señor presidente: creo que desde el 1º de enero no nos han quedado dudas de que este es un año electoral. Tan así es que veníamos preparados para desplegar en la Cámara una actividad en este marco electoral hasta el mes de octubre. Pero el Poder Ejecutivo nos ha sorprendido con este proyecto. Digo que nos ha sorprendido porque la semana pasada estábamos sentados en estas bancas y no teníamos conocimiento de la propuesta de adelantamiento de las elecciones nacionales para el 28 de junio.

          Como decía recién un diputado, en el marco de una discusión política que no la entiendo ni ética ni moral, adelanto que el Movimiento Popular Neuquino va a acompañar esta iniciativa.

          Ya en el año 2004, cuando discutíamos acerca de fijar o no una fecha, quienes representamos a los partidos provinciales también hablábamos en las comisiones de dar un debate más amplio, que hubiera sido lo ideal. Digo esto porque al unificar las elecciones en una sola fecha y volver a colocar a los candidatos a diputados y senadores nacionales en las mismas boletas que los candidatos a presidente, muchos de ellos lograron ser electos gracias a estas listas sábana, “colgados” del candidato presidencial. Quienes pertenecemos a partidos provinciales no tenemos esa opción. Los que estamos aquí figuramos en una boleta muy pequeña, en la que sólo estaba nuestro nombre, sin estar debajo del de ningún dirigente nacional candidato o candidata a presidente.

          Por lo tanto, creo que todavía queda bastante por discutir en lo que respecta al Código Electoral. Las distintas jurisdicciones podrían haber adecuado sus códigos –algunas lo hicieron‑ estableciendo una fecha fija en la misma línea por aquello que discutimos de si es poner una fecha o cambiar una fecha.

          Independientemente de esto quería hacer dos o tres reflexiones en cuanto a los argumentos que nos brindan. La crisis financiera real, que cada día se traduce más en una crisis de la economía real, la viven muy de cerca las provincias que tienen una economía, como la nuestra, vinculada a las commodities y al petróleo.

          Considero que los costos de tener múltiples elecciones se va a tener que seguir dando y pido al oficialismo que si quiere evitarlos digan, por ejemplo, a sus colegas de la ciudad de Neuquén, para citar un caso, que pongan como fecha de la elección el mismo 28 de junio, porque de lo contrario el discurso del oficialismo va a tener distintas interpretaciones, dependiendo de si se hace acá o en otras localidades.

          Me parece un argumento válido acortar la discusión electoral para abocarnos a los problemas reales de la gente. En esta Cámara hemos vivido muchos años viendo cómo en los años electorales prácticamente no ha habido sesiones. Estoy en esta Cámara antes de la época de la presidencia de Eduardo Camaño y he visto que en meses enteros no había sesiones porque se trataba de un año electoral. Entonces, cualquiera se dará cuenta de que acortar este debate permitirá hacer hincapié en los problemas reales de la gente, que son serios.

          Respecto de si la presidenta dice la verdad o no, me parece que es una terrible pregunta plantear si uno le cree o no, o si hay especulación política. Seguro que la hay, claro que sí. A ningún ciudadano se le escapan los problemas que se le presentan al gobierno, con las distintas estrategias de alianza y conflictos de gabinete, que no me voy a poner a analizar.

          Pero creo que también hay una especulación, como la ha habido en todas las jurisdicciones que no actualizaron acorde con la ley del 2004 sus códigos electorales poniendo una fecha fija. Esto también fue así.

          Sobre la cuestión de si hay una lógica electoral planteando un juego para debilitar al otro, creo que también existe, pero frente a todas estas realidades necesitamos que el Congreso funcione y discuta cómo reactivar la economía, el empleo, el consumo, y para esto considero que lo mejor es en este año conflictivo acortar la discusión electoral.

          En junio tenemos elecciones y tendremos un resultado que convalide o sea adverso al gobierno nacional. Me imagino que tendrán un plan B necesario para que continúe, como todos deseamos, una gestión con la presidenta a cargo del gobierno hasta la finalización del mandato, con la vocación de arribar a un consenso sobre la base de la decisión del electorado para llegar a las soluciones que se demandan.

          El Movimiento Popular Neuquino no le teme a las elecciones. En mi provincia vamos a enfrentar a todo un arco político, desde la izquierda, pasando por el frente, la Coalición, la CTA, hasta los partidos de derecha. A estos les vamos a ganar para retener estas bancas, por lo que me parece que esta discusión no debe tener el tono de drama que se le ha dado en algunos medios, y mucho menos una connotación de violación constitucional, porque no es así.

          Este es un problema más de dirigentes que de la gente. Debemos tener muy en cuenta las consecuencias, y a lo largo de la historia el Partido Justicialista siempre se ha renovado con distintas facetas. Este partido provincial decide someterse a las urnas y si es tres meses antes le damos la bienvenida en aras de la salud de la discusión en este Congreso. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Santa Fe.

 

Sr. Dalla Fontana.- Señor presidente: los diputados que integramos el bloque Santa Fe Federal no creemos conveniente ni oportuno aprobar una modificación del cronograma electoral vigente.

          La sanción de la ley 25.983, que estableció un día fijo para la elección de cargos nacionales, ha sido y es considerada por todos los sectores políticos como un importante avance institucional. Permitió superar un estado de cosas en el que las fechas de las elecciones eran fijadas según la conveniencia circunstancial del partido gobernante, fuera éste el que fuere. Se trata de una norma que, además, fue sancionada con el consenso unánime de todas las fuerzas políticas.

          Por ello, merituando costos y beneficios, creemos que los argumentos que se esgrimen para adelantar las elecciones no son suficientes para justificar una medida que viene a alterar las reglas de juego vigentes.

          Nadie duda de que, frente a las turbulencias y la contracción económica mundial, nuestro país va a enfrentar variados y graves problemas. Sin embargo, enfrentar esta situación poniendo la crisis entre paréntesis, adelantando elecciones y esperando a que estas concluyan, para recién después ponernos a trabajar para solucionar los problemas de fondo, no nos parece razonable.

          Por último, no es verdad que la actual situación necesariamente genere falta de gobernabilidad o erosione fatalmente el capital político de los oficialismos. Esta crisis que nos golpea afecta también a nuestros vecinos; sin embargo, la popularidad de Lula en Brasil, de Tabaré en Uruguay o de Bachelet en Chile no ha disminuido sino que, por el contrario, ha registrado un aumento.

          Concentrarse en resolver los problemas que enfrentamos nos parece la única receta recomendable para crear gobernabilidad y también para obtener el acompañamiento de la ciudadanía a través del voto, ello con independencia de cuándo se lleven a cabo las elecciones, más tarde o más temprano.

          Por ello, ratificamos nuestra posición respecto de la inconveniencia de modificar el cronograma electoral vigente.

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Córdoba.

 

Sr. Delich.- Señor presidente: hubiera preferido que las elecciones se llevaran a cabo conforme lo establecido, en octubre próximo, pero sobre todo hubiera preferido que esta crisis descomunal que afecta a todo el planeta no se hubiese producido.

          Desgraciadamente esta crisis, que no podemos eludir, que no podemos desconocer ni podemos dejar de instalar en el centro de nuestras preocupaciones, por la fuerza de las cosas está decidiendo por nosotros en no pocos planos.

          No me voy a referir aquí a la crisis ni a su naturaleza ni a sus consecuencias; ya lo hice en dos oportunidades anteriores. Por esa razón, solicito la inserción en el Diario de Sesiones de dos artículos que publiqué durante el último mes en distintos medios del país y de la región.

          Al parecer, siempre estamos detrás de los acontecimientos en lugar de estar delante de ellos. La pregunta es cómo enfrentar la crisis y cuáles son las opciones que tienen la Argentina y América Latina frente a una crisis de esta magnitud.

          A medida que pasan las semanas y los meses vamos tomando conciencia de que lo que al comienzo aparecía como una crisis financiera está afectando cada vez con más fuerza las economías reales, desatando transformaciones mucho más profundas.

          A medida que transcurre el tiempo se va instalando una suerte de bruma que nos aleja de los orígenes de la crisis. Por ello, vale la pena recordar que el responsable de esta crisis planetaria es Estados Unidos. Lo novedoso de todo esto es que toda América latina -en particular la Argentina- está mejor parada para afrontarla.

          Pero no sólo necesitamos reconocer los orígenes de esta crisis, sino que también debemos apelar a nuestra propia historia para repensar cómo salir de esta situación y qué propuestas debemos impulsar. Así, recuerdo que la crisis de 1929 terminó con el régimen constitucional a partir del golpe que derrocó al gobierno de don Hipólito Irigoyen; en ese momento se inauguró una década de incremento de las desigualdades y de decremento en la calidad de la democracia.

          La salida de la última crisis que enfrentamos -me refiero a la de 2001-, cuyo punto cúlmine fue la devaluación del 400 por ciento en la paridad del dólar que hasta entonces era de uno a uno, implicó la duplicación de los niveles de pobreza. Así, de un 30 por ciento pasamos literalmente al 60 por ciento de pobres en nuestro país. No necesito decir que las consecuencias de esa crisis la terminaron pagando los sectores más pobres de la sociedad.

          Las consecuencias no sólo se vieron reflejadas en los índices de pobreza. Como todo el mundo sabe América latina es la región más desigual del planeta; aclaro que no estoy hablando de porcentajes de pobreza o de indigencia sino de desigualdad en el sentido literal de la palabra.

          Por lo tanto, la pregunta crucial que debemos formularnos es cómo enfrentamos esta crisis sin agudizar las desigualdades sociales, sino tendiendo más bien a disminuirlas. No es una utopía pensar que las crisis implican siempre una oportunidad. Quizás para nosotros esta también sea una oportunidad. Tenemos la posibilidad de evitar que las condiciones sociales se agraven, que la desigualdad se incremente y que la pobreza aumente. Debemos preocuparnos por evitar que la crisis golpee a los sectores menos favorecidos de la sociedad.

          En algún momento dije que esta crisis se va llevar puesto los modelos de desarrollo y de industrialización que parecían asentados para siempre. Esta civilización, que se construyó a partir de la senda marcada por Estados Unidos de Norteamérica, cuenta con varios íconos. Uno de ellos es el del automóvil, que refleja lo que implica el individualismo en el país del Norte: cada uno con su automóvil. No importa lo que pasa con el medio ambiente ni con la comunicación ni con el transporte ni con el traslado a las personas, etcétera. Cada uno en automóvil. Hasta el año pasado esa sociedad llegó casi al sueño perfecto: 0,8, casi un automóvil por habitante. La contaminación del ambiente no tiene límite a partir de lo que pasa en los Estados Unidos.

           Simplemente lo señalo como un ejemplo de lo que se avecina: una reestructuración de las economías y de la sociedad.

          No vamos a estar ajenos a replantear nuestro propio modelo de desarrollo y de crecimiento. Precisamente en este marco es donde quiero situar ahora esta decisión de convocatoria a elecciones. Precisamente en dicho marco imagino cuándo y cómo la crisis es una oportunidad.

          Llamar a elecciones –y que por supuesto se lleven a cabo‑ implica abrir un período de debate nacional muy pero muy necesario en un momento de extrema intensidad de la crisis, donde todas las medidas que tome el gobierno, más las que pudiera adoptar, deben estar orientadas a la solución del problema que padece el mundo, por lo menos de manera equitativa.

          Ayer la señora presidenta de la República anunció la nacionalización y devolución al Estado de la antigua fábrica militar de aviones. Con esto no sólo certificó el fracaso de una de las privatizaciones, sino que nos dijo a los cordobeses que se abre otro modelo de industrialización, donde el Estado va a jugar un rol importante.

          Esa vieja fábrica militar de aviones fue fundada en 1928. Diez años después fue acompañada por la Universidad Nacional de Córdoba al crear la primera carrera de Ingeniería Aeronáutica del país y de América Latina.

          No es que se estatice un polo productivo, sino que se trata de otro modo de imaginar el futuro, con el objeto de que esa fábrica esté ligada a lo mejor de la ciencia y de la tecnología argentinas. Desde ese momento comenzamos a pensar en que existe otro modelo. Esta decisión, tomada en el marco de la crisis, apunta a su superación.

          Espero que el debate electoral sea tan franco y sincero como el que necesita el país.

          Algunos dirigentes han dicho que ninguna  medida es posible si estamos lejos del mundo. ¿Qué es el mundo? Algunos creen que el mundo es el Fondo Monetario Internacional. Otros consideran que es el sistema financiero internacional. Realmente pensar así constituye una tontería.

          Gracias a que no estamos en el Fondo Monetario Internacional, y a que Brasil tampoco forma parte de él, estamos resistiendo la crisis. Con las recetas del fondo, ahí sí diría como cualquier cordobés del medio: “Estamos en el horno, amigos.”

          Precisamente porque no estamos en el Fondo Monetario Internacional es que la crisis se pudo enfrentar.

          Otros creen que no importa dejar de lado el superávit fiscal. Insisten en volver al Fondo y en endeudar al país como en la década de 1990. Ya conocemos las consecuencias. No se puede dejar de lado el superávit fiscal. Constituye una pieza central no sólo para este gobierno, sino para un nuevo modelo de desarrollo si es que pensamos en términos propiamente nacionales.

          Voy a votar favorablemente esta convocatoria a elecciones, con la esperanza de que tengamos un gran debate nacional, y que digamos todo lo que pensamos no sobre gobierno, sino acerca de cómo salir de la crisis. Esta no tiene que ser una elección contra el gobierno. Personalmente, me gustaría o quisiera que fuera un gran debate sobre cómo salir de la crisis.

          Por eso voy a votar favorablemente este proyecto de ley. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Salta.

 

Sra. Torfe.- Señor presidente: no voy a redundar en muchas cuestiones que ya se plantearon, pero me gustaría hacer hincapié en algunas cuestiones políticas, sobre todo con respecto a la falta de diálogo político. Para nosotros, como partidos políticos, es muy importante tener en cuenta estos temas, sobre todo en los casos electorales como el que estamos tratando hoy.

          Pensamos que debe existir un respeto hacia nuestras instituciones, tal como lo establece el artículo 38 de la Constitución Nacional, que garantiza que los partidos políticos puedan actuar y organizarse. Pero esta medida que estamos tratando hoy aquí, sobre el adelantamiento de las elecciones, no beneficia a la provincia de Salta.

          Digo esto porque en el caso particular del municipio de Payogasta tenemos previstas elecciones internas abiertas para el 29 de marzo. El 7 de junio hay elecciones para elegir intendente. Luego tenemos tres elecciones para cubrir cargos legislativos. Asimismo, se estableció que el 14 de junio habrá elecciones internas abiertas para que los partidos elijan sus candidatos. En caso de aprobarse esta iniciativa, el 28 de junio habrá elecciones para elegir legisladores nacionales. Y el 6 de septiembre habrá otra elección para elegir legisladores provinciales. Si este proyecto no se aprueba, las elecciones en Salta se realizarán conjuntamente en el mes de octubre.

          Por eso quería plantear esta situación en especial. Nosotros como políticos conocemos de cerca lo que significa una elección en las provincias y el trabajo que lleva organizar un comando electoral y una campaña por parte de los candidatos. También pensamos, como partido, que debe existir una relación directa entre la fecha en que los candidatos son electos y la fecha en la que asumirán, porque en caso de aprobarse esta iniciativa habría un hueco y una falta de legalidad. No sabríamos a quién tendríamos que dirigirnos, y creo que esto debilita todavía más un sistema democrático.

          En su proyecto, la señora presidenta habla de la profundidad de la crisis. Creo que esta medida está provocando una crisis dentro de la institucionalidad, dentro de los partidos políticos, porque no nos está permitiendo poder organizarnos como partidos.

          También debemos hacer hincapié en lo que significa la campaña para un candidato, cuestión que también es respetable. Hay algunos partidos que ya tienen sus candidatos instalados, pero hay otros partidos que merecen tener el tiempo suficiente como para poder instalarlas o poder hacer una campaña electoral como la venimos realizando.

          Con esta medida, en la provincia de Salta vamos a provocar un desencuentro entre los ciudadanos, porque la verdad es que muchas veces cuando se hacen encuestas la gente no sabe qué cargos electivos están en juego.  Imaginen el caso de nuestra provincia, donde tenemos tantas elecciones. Creo que debemos ser serios para el ciudadano y hacer las elecciones como las veníamos realizando.

          Leí el debate de la iniciativa que se trató en oportunidad de convocarse a elecciones de diputados nacionales en diciembre de 2004.  No quiero ahondar en ese tema pero coincido plenamente –y coincidimos como partido‑ en que ésa debe ser la fecha en que se deben realizar las elecciones.

          Espero que sepan entender que este bloque ha sabido acompañar y dar todas las herramientas necesarias para que el Poder Ejecutivo pueda afrontar ciertos problemas, como esta crisis.  Lo supimos acompañar en todo sentido, pero en esta oportunidad la medida que se quiere implementar perjudica a nuestra provincia.

          Por las razones expuestas el bloque del Partido Renovador votará por la negativa el proyecto que estamos tratando. 

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

 

Sr. Lozano.- Señor presidente: en primer lugar explicitaré la posición del bloque de Proyecto Sur y luego haré dos reflexiones, una sobre lo que entendemos que plantea lo que hoy estamos haciendo para la relación entre el sistema político institucional y la sociedad, y otra respecto de algunos datos objetivos del contexto que resultaría si se aprobara este proyecto, que van más allá de la intencionalidad que cada uno pueda esgrimir y que creo que deben ser tomados en cuenta.

- Ocupa la Presidencia la señora vicepresidenta 1ª de la Honorable Cámara, doña Patricia Vaca Narvaja.

Sr. Lozano.- Respecto de nuestra posición hago mías las palabras de los señores diputados Emilio García Méndez y Carlos Raimundi.  Nosotros también vamos a abstenernos en la votación de este proyecto. El fundamento de esta postura es que entendemos que desde el punto de vista de la alteración de las reglas de juego lo que hoy estamos discutiendo es en gran medida un verdadero mamarracho institucional.  Es un mamarracho que subordina la lógica de las instituciones a la especulación electoral y que también subordina la suerte de los argentinos a la suerte de sus dirigentes.  Pero es un mamarracho que, por lo menos desde nuestro punto de vista –en esto queremos ser muy claros‑, no involucra solamente al oficialismo a nivel nacional. En realidad, más allá de la hojarasca discursiva las verdaderas razones que explican la decisión del adelanto de las elecciones nacionales no son muy distintas a aquellas por las cuales se produjo el desdoblamiento abrupto, por ejemplo, de las elecciones en la ciudad de Buenos Aires. 

          Quiero ser claro también en esto: no es que yo esté desconociendo la existencia de facultades para que el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires establezca la fecha; lo que quiero decir es que si fuera por ser serios respecto del cumplimiento de la Constitución, la de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es elocuente al expresar la conveniencia de las elecciones desdobladas y la necesidad de que esas elecciones involucren no sólo cargos legislativos sino también en el orden comunal.

          Sin embargo, en lugar de que los porteños supiéramos hace tiempo que teníamos elecciones desdobladas tuvimos que esperar meses de especulación electoral hasta que quien terminó resolviendo esto fuera el encuestólogo de turno Durán Barba. Es decir, la lógica institucional es puesta al servicio de una especulación electoral e incumpliendo una vez más, como los gobiernos anteriores en la Ciudad, por la ausencia de la elección de comunas.

          Con esto quiero decir que este tipo de práctica no involucra exclusivamente a la estrategia del oficialismo nacional. En ese sentido, la preocupación que tenemos es que pareciera que estamos brindando la imagen de una corporación política que lejos de estar discutiendo una agenda de prioridades de la sociedad frente a la crisis, está discutiendo cómo escapa de los efectos negativos que la crisis puede producir sobre los oficialismos en cada uno de los lugares.

          Por eso es que no nos sentimos contenidos ni en la opción del sí respaldando esto que nos parece inadecuado, ni tampoco en una opción negativa que vemos cargada de cierta cuota de oportunismo, porque la verdad es que la práctica que ambos tienen es exactamente la misma.

          El segundo punto que quería decir es esta pequeña reflexión sobre la cuestión que implica discutir estas cosas para la relación entre el sistema político y la sociedad.

          En verdad la sensación que tenemos es que este tipo de debates aleja a la sociedad del sistema político. Los otros días veía una encuesta, y más allá de los límites que todos sabemos que toda encuesta tiene, advertía que había votaciones divididas respecto de quienes fueron encuestados en cuanto a la conveniencia de junio o de octubre. No había discusión entre los encuestados para mostrar una mayoría elocuente, ya que sostenían que, tanto junio como octubre, ninguna de esas dos fechas les alteraba su vida cotidiana.

          No se trata de un tema menor: que la elección no tenga nada que ver con la alteración de la vida cotidiana significa la expresión manifiesta de un grado de distancia que sería conveniente desandar para dar sentido al debate político en la Argentina.

          En verdad esto tiene que ver efectivamente, como recién decía un señor diputado preopinante para justificar su voto a favor, con que ciertamente deberíamos estar discutiendo qué opciones tenemos frente a la crisis. Pero no es eso lo que estamos discutiendo. Estamos discutiendo el adelanto electoral. No estamos discutiendo las opciones frente a la crisis. No estamos discutiendo si es correcto haber planteado tarifazos que han despertado una situación de conflicto abierto en parte importante de la población del conurbano.

          No estamos discutiendo cómo llegamos con políticas específicas sobre la infantilización de la pobreza o sobre la población más vulnerable. Tampoco estamos discutiendo un seguro de empleo  y formación para quienes están en situación de desempleo. No estamos discutiendo la prohibición de los despidos en las empresas más importantes del país. No estamos discutiendo el control sobre los fondos de la ANSeS, fondos que hoy están siendo utilizados de manera ilegal sin control alguno, cuando podrían ser resueltos a favor de otros sistemas previsionales para garantizar la movilidad y dar los haberes correspondientes a los jubilados y no el aumento miserable de dos pesos por día que se les dio ahora.

          En ese contexto, estas cosas son las que tendríamos que estar discutiendo, como el tratamiento diferencial que merecen tener las unidades de menor tamaño, tanto a nivel urbano como rural, para evitar los efectos de mayor concentración que toda crisis tiene, más las urgencias estructurales que tienen que ver con el saqueo del petróleo, la minería y de tantas cosas que sería urgente discutir para replantear nuestra situación actual. Y en lugar de estar discutiendo las opciones, estamos discutiendo el adelanto electoral.

          Si estuviéramos discutiendo opciones sería razonable el debate del Parlamento. A buena parte de la sociedad le interesaría y además, si no alcanzara con el Parlamento, yo podría incluso entender el planteo plebiscitario que hace el gobierno nacional de poner al pueblo por detrás de una estrategia política que implique afrontar la crisis para que no la paguen los de siempre.

          Ocurre que no es esto lo que estamos discutiendo: estamos discutiendo un adelanto electoral que tiene como única excusa buscar o bien un nuevo cheque en blanco o revolear la crisis de gobernabilidad al conjunto de la sociedad.

          Ese es el punto donde esta cuestión no cuaja y no tiene sentido. No tiene sentido acompañarla y hay que tratar de pasar rápido de este tipo de debate para entrar en las discusiones de fondo que la sociedad argentina en todo caso necesita.

          El tercer punto que quiero plantear se relaciona con un contexto del que no podremos escapar, más allá de la intencionalidad o de las razones que se esgriman verbalmente.

          Se deben considerar dos datos en materia económica. El primero se vincula con las cuentas públicas nacionales. Si uno observa la recaudación y la proyecta hacia el total del año, el anuncio de los 53 mil millones de pesos de obra pública, hecho por la presidenta de la Nación para este año, no tendría posibilidades de concretarse.

          En realidad, si la obra pública se realizara, implicaría que tendríamos un rojo en las cuentas públicas de 34 mil millones de pesos. Si observáramos el agregado de las provincias en el año 2007, encontraríamos un rojo de 500 millones, mientras que en 2008 el déficit fue de 1.800 millones de pesos.  Pero la previsión para este año es de un déficit de 13 mil millones de pesos para el agregado provincial.

          Esto significa que no hay plata para hacer lo que se dice que se va a hacer este año. Entonces, si no la hay, el segundo semestre, salvo que haya rectificaciones, requerirá objetivamente un ajuste fiscal.

          En segundo lugar, los dólares que dispone la Argentina -para afrontar lo que necesita para funcionar y enfrentar la fuga de capitales que está soportando- tampoco alcanzan. En consecuencia, el segundo semestre será de ajuste y devaluación. El ajuste fiscal y la devaluación implicarán un mayor sufrimiento para extensos sectores de la población argentina.

          Un tercer punto reside en que si se cumple con lo que se plantea, tendremos un conjunto de políticos  elegidos, pero un Parlamento que funcionará con menor potencia y respaldo político. Es decir que las medidas de ajuste estarán acompañadas por un sistema político más débil y no más fuerte.

          Esto tendrá un solo resultado: aumentará la capacidad de avance del poder económico sobre el conjunto de la sociedad. Este tipo de estrategias, en lugar de fortalecer, debilitan. Esto es lo que el Parlamento debería evitar. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra la señora diputada por Santiago del Estero.

 

Sra. Velarde.- Señora presidenta: el gobierno nacional vuelve a sorprendernos con una decisión que es mitad increíble y mitad insufrible, consistente en cambiar el calendario electoral, lo que es ajeno a la institucionalidad de la República.

          Digo esto porque en una República democrática la norma no sólo debe ser legal –es decir, ajustada a derecho‑, sino, sobre todo, también legítima, o sea, válida desde la confiabilidad que genera.

          Si de algo adolece la decisión de adelantar las elecciones es de confiabilidad. En primer lugar, no es confiable, porque se trata de una decisión arbitraria. El régimen electoral es la regla jurídica de la convivencia política.

          En consecuencia, cualquier modificación al régimen electoral exige como condición sine qua non para su validez que nazca del consenso o acuerdo entre las distintas fuerzas políticas que integran el país. La pregunta es: ¿a quién se consultó para hacer esta modificación? Ni siquiera al propio partido.

          Me parece que no estamos en una República; esto es más propio de una monarquía, pero lo que es más complicado, no de cualquier monarquía, no estamos hablando de la monarquía inglesa posterior al siglo XVIII donde el poder estaba en el Parlamento, estamos hablando de la monarquía de los últimos años de la Rusia zarista donde el Parlamento existía para justificar la monarquía constitucional, pero en realidad el poder lo detentaba el monarca y los ministros eran sirvientes.

          Pregunto nuevamente: ¿a quién se consultó? Los ministros no fueron consultados, el propio partido no fue consultado, y la oposición ni que hablar; jamás fue convocada al diálogo y al consenso. Entonces, si esto no es una construcción hegemónica de poder creo que los argentinos deberíamos plantearnos el concepto de hegemonía en el poder.

          La decisión no es legítima precisamente porque es arbitraria. La decisión de adelantar las elecciones no es legítima porque no es seria. La previsibilidad es una de las razones de prosperidad de los países serios, y en el año 2003 el entonces presidente Kirchner prometió a los argentinos el siguiente eslogan: “Argentina un país normal, Argentina un país serio”. No hay un país serio si no hay previsibilidad. Estamos hablando precisamente de eso: de un país normal y serio.

          Las democracias presidencialistas no cambian su régimen electoral por las crisis. Tal vez podría justificarse en una democracia parlamentaria, pero no en una democracia como la nuestra que es presidencialista. ¿Qué ocurre en una democracia parlamentaria? En un momento de crisis, ante la falta de apoyo a los proyectos de gobierno, se busca construir una nueva mayoría, pero si no la logran se van.

          Entonces, ¿cómo puede gobernarse con media Cámara que se va el 10 de diciembre y media Cámara que es elegida seis meses antes? El gobierno contribuirá a la ingobernabilidad mientras que la oposición, como corresponde, sostiene la gobernabilidad del sistema. ¿Acaso no contribuye también a la ingobernabilidad este gobierno cuando mantiene el país en conflicto y confrontación permanentes?

          Apuran la huida. Lo que ocurre es que nosotros, la oposición, queremos que este gobierno termine su mandato como corresponde el 10 de diciembre de 2011. Ratificamos: somos opositores no golpistas. Esta decisión de adelantar las elecciones es arbitraria, y por eso no es legítima. Es poco seria, por eso no es legítima. Y no es legítima –y con esto termino- porque no tiene fundamentos serios.

          La verdad es que la señora presidenta acaba de descubrir la pobreza, y eso es importante en una Argentina que tiene más de diez millones de pobres e indigentes. Pero lo que es más importante ahora es que no solamente ha descubierto la pobreza sino también que el país está en crisis. Esto es lo que realmente vale. El país está en crisis, pero en esta confrontación permanente amigo-enemigo al que nos tiene acostumbrados el gobierno en estos últimos tiempos aparece un nuevo puesto. ¿Cuál es este nuevo puesto? Crisis versus elecciones.                 La verdad es que tenemos que convocar a elecciones para poder afrontar la crisis.

          Ocurre que de esta manera, mediante el adelantamiento de las elecciones no van a lograr su cometido, que no es otra cosa que evitar una derrota catastrófica ‑ya que de igual modo la van a tener‑, ni tampoco van a lograr el cometido planteado erróneamente, que es el de paliar la crisis. ¿Sabe por qué, señora presidenta? Porque los países serios enfrentan las crisis con un plan serio tratado en el Congreso Nacional, y la verdad es que este gobierno no tiene ningún plan anticrisis para que lo trate Parlamento.

          Por lo tanto, esta medida que sin lugar a dudas ‑y lo ratificamos- es arbitraria, poco seria y carece de fundamentos ciertos, es otro de los efectos de este estilo que la misma presidenta ha llamado “jazz”, de improvisación de este gobierno. Por eso no estamos dispuestos a apoyar este desatino institucional de neto corte fascista y por ese motivo vamos a votar en contra.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra la señora diputada por Buenos Aires.

 

Sra. Vázquez de Tabernise.-  Señora presidenta: en principio quiero adelantar el voto afirmativo de nuestro bloque, Partido de la Concertación FORJA, para el proyecto de ley en debate.

          Si bien podemos hacer propios muchos de los argumentos que se han vertido aquí, de todas maneras quisiera dar algunas precisiones. Entonces, voy a comenzar leyendo  la frase que pronunció la presidenta Cristina Fernández de Kirchner el jueves pasado en Chubut: “Elecciones desdobladas desde marzo a octubre. Una larga fiesta de la democracia, bajo vientos huracanados”... “¿No les parece suicida y hasta obsceno que mientras arde el mundo, en vez de trabajar para la cohesión social, la solidaridad y la unidad nacional, estemos asistiendo al triste espectáculo de sectores que hacen de cada tema, de cada conflicto, una emboscada contra las instituciones democráticas?”

          ¿Por qué cito las palabras de la señora presidenta? Porque me parece que la oposición lamentablemente vuelve a incurrir en un error que consiste en leer el libro por la mitad. Es decir, cuando habla de la decisión que toma el gobierno nacional de enviar este proyecto al Parlamento, se enanca en que supuestamente el gobierno nacional dijo que es debido a la crisis que está planteando el adelantamiento de la elección de diputados y senadores nacionales. Pero ni el gobierno ni la presidenta han dicho esto. La presidenta habla de elecciones desdobladas desde marzo hasta octubre.

          Con este proyecto de ley lo que están diciendo la presidenta y el gobierno es simplemente que gobernadores, como el caso de Binner en Santa Fe, y como el jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y tantos otros que ya empezaban a aparecer en el horizonte, comenzaron a plantear de una manera suspicaz y especulativa adelantar sus elecciones, siguiendo una práctica que lamentablemente en el año 2003 la vimos en su máxima expresión, porque de alguna manera era el corolario de la crisis profunda que los partidos políticos teníamos en la Argentina.  El gobernador y el jefe de Gobierno creen que se pueden salvar solos aunque se hunda el país. Esa es la especulación cortita.

          Cuando ella planteó el adelantamiento lo hizo en este contexto. El gobierno nacional nunca hubiera mandado este proyecto de ley si los gobernadores o el jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no hubieran planteado el adelantamiento de las elecciones.

          En este contexto de crisis internacional ‑opositores y oficialistas podemos discutir muchas cosas pero ninguno niega su magnitud‑ aparece como suicida que cada uno se quiera salvar en forma individual. De esto está hablando el gobierno nacional, que la salvación no es individual, que la salvación es colectiva, que todos construimos un modelo y todos necesitamos aportar a él.

          Pero yo quisiera que desdramaticemos la cuestión porque desde ese anuncio para acá la verdad es que se ha hecho casi imposible escuchar la radio o mirar la televisión una hora seguida, porque la dramatización absoluta de la fijación de una fecha electoral hoy es moneda corriente.

          Hoy parece que la causa de todos los males –ayer era el campo, antes de ayer las AFJP, y siempre hay un motivo nuevo‑ es el adelantamiento de la fecha de las elecciones, que simplemente fue la reacción de un gobierno, que toma una decisión en el campo de la legalidad y la legitimidad.

          Nosotros tampoco salimos a discutir la legalidad de la decisión tomada por Binner, Macri o el gobernador Brizuela del Moral. Entonces, ¿por qué nos niegan y nos discuten la legalidad y legitimidad de la decisión que toma el gobierno nacional?

          Una buena parte del arco opositor de la Argentina tendrá que aprender que los partidos en la cancha no se juegan solos, que los demás también juegan.  Yo le creía  a Macri en ocasión de su primera reacción. Le creí cuando hizo su conferencia de prensa porque me parecía atinada la postura ‑habiendo él adelantado la fecha de las elecciones en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires‑ de no plantear un frente opositor al proyecto que envió el gobierno.

          Lamento que no esté presente el señor diputado De Narváez porque me gustaría que me contara por qué cambió la decisión, porque yo también le creí cuando en una primera instancia salió por los medios a decir que iba a apoyar la medida del gobierno. No hay explicación ante la pregunta de por qué unos pueden y otros no. 

          La realidad es que se han sorprendido y mucho al ver que –como en la cancha jugamos todos‑ el gobierno nacional hizo uso de sus herramientas constitucionales, democráticas, para responder frente a la cuestión, porque reitero que no es la crisis lo que causa la convocatoria anticipada a elecciones, sino los distintos adelantamientos de las elecciones anunciados en las provincias.  Esto nos llevó a la necesidad de unificarlas.

          Hay una larga lista desde el año 1987 para acá que indica cuántas veces se cambiaron las fechas de las elecciones.  Por empezar voy a citar la de 1987, que la hicimos el 6 de septiembre. Esta fecha aciaga la recuerdo muy bien porque en la Unión Cívica Radical fue motivo de mucho debate, ya que justamente recordaba el golpe institucional de 1930 a don Hipólito Yrigoyen. En ese momento estábamos con el plan Primavera, después del plan Austral, y se tenía la idea de especular para llegar mejor a las elecciones.

          Todos los partidos políticos hemos hecho esto en la Argentina. Hoy se puede proponer acordar que de acá para  adelante no se modifiquen más las fechas, como lo dice una ley de 2004, que invita a las provincias a que adhieran a fijar sus fechas electorales junto con la Nación el cuarto domingo del mes de octubre, lo cual no lo hizo ninguna.

          Entonces, si vamos a poner una fecha unificada y establecer una regla unívoca para todos, bienvenido sea, hagámoslo, pero reconozcamos que en cada una de estas medidas siempre hubo un grado de especulación, y hagámonos todos cargo de ello.

          Otra cosa que vamos a decir una y mil veces, y no me voy a cansar de repetirlo, es que uno no puede salirse de su propia historia. No se puede ser tan incoherente y pretender gobernar un país diciendo desde el arco opositor que es inconstitucional, ilegal o inoportuna aquella herramienta que el propio partido ha usado cada vez que consideró que servía a sus intereses. Digan otra cosa, pero no usen estos argumentos que están utilizando.

          Para no aburrir a los señores diputados con cifras, voy a solicitar la inserción en el Diario de Sesiones de la larga lista de fechas –más de cien‑ que tenemos acá y que abarca los últimos veinticinco años.

          Por otro lado, aquí se ha hablado de que es necesario debatir los problemas que aquejan a la ciudadanía. Estamos totalmente de acuerdo; de eso queremos hablar y todo el tiempo venimos a hacerlo a través de los proyectos de ley que envió el Poder Ejecutivo el año pasado. Siempre estuvimos hablando sobre cómo hacer frente a la crisis, sostener el modelo de crecimiento y resguardar el trabajo de la gente.

          Siempre hemos escuchado en la teoría política que la campaña electoral ofrece a todos el gran escenario para presentar sus propuestas, hablar de los temas que cada uno prefiere y que promete a la ciudadanía concretar, y para que la ciudadanía pueda evaluar no solo lo que decimos sino desde qué lugar hablamos, quiénes son los que hablan y con qué pasado. Eso también lo va a medir la ciudadanía.

          Otra de las cosas que me he apuntado para señalar es que aquí se ha dicho que el adelantamiento de las elecciones fue una provocación, que prácticamente todos pueden llegar a coincidir, y que fue una consecuencia del adelantamiento que se produjo en el período preelectoral. Pero yo me pregunto: ¿fue el gobierno el que adelantó la discusión preelectoral? La respuesta es no. Claramente fue la oposición a través de los medios de comunicación que han ofrecido un sinnúmero de espacios para que se instale este discurso tratando de legitimar que no solamente reflejan la realidad sino que además la van produciendo.

          Pese a la crisis internacional, a lo largo de estos meses la oposición buscó –creo que de una manera irresponsable‑ el desgaste del oficialismo, como si el desgaste de un gobierno no trajera aparejado –estamos hablando de una campaña que empezó el año pasado, no ahora‑ el desgaste de los sueños, las esperanzas y las posibilidades de los argentinos, esmerilando la credibilidad social de un gobierno democrático.

          El maridaje entre medios de comunicación, oposición y algún sector que sirvió como disparador de toda esta cuestión, fue lo que vimos la semana pasada en esa conferencia de prensa que dio la mesa de enlace acompañada por todo el arco opositor y donde pudimos escuchar una vez más frases que pensábamos que estaban en el archivo o en los libros de historia, como cuando Hugo Biolcati habló de que había que aprender a votar. En ese momento el maridaje quedó más que explícito.

          Y ya que se habla de las supuestas confesiones que hacemos los oficialistas, yo diría que la oposición a través de sus propias declaraciones de estos días ha confesado que no está preparada ni en condiciones de abordar en estos tres meses una campaña electoral, sus elecciones internas, etcétera. Entonces, la ciudadanía tiene que pensar que si esta gente no puede abordar en conjunto una campaña electoral, ¿cómo pueden presentarse como una alternativa para gobernar? Evidentemente no lo son.

          Ha quedado demostrado que les resulta fácil juntarse para decir “no”. También ha quedado demostrado que les resulta tremendamente difícil ponerse de acuerdo en alguna propuesta que sirva para mejorar la calidad de vida de los argentinos.

          En los próximos días cada fuerza democrática alistará, organizará y mostrará su caudal representativo. Digo esto porque les adelanto que vamos a ganar esta votación, al igual que la del Senado. Pero no hay nada que temer; no tienen que tener miedo del voto popular. Es bueno para todos que esto suceda, porque una vez más la esperanza de un país mejor y más justo va a salir de ronda por las calles cuando el pueblo vote. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra la señora diputada por la Capital.

 

Sra. Ginzburg.- Señora presidenta: a pesar de que no integro la Comisión de Asuntos Constitucionales ayer estuve presente en la reunión y pude extractar algunos conceptos.

          Un diputado oficialista dijo que era necesario actualizar la voluntad popular lo antes posible por la crisis que estábamos viviendo. En este sentido, me pregunto cómo va a funcionar este Congreso habiéndose elegido con tanta anticipación una nueva composición para esta Honorable Cámara.

          El mismo diputado señaló que a otros gobiernos se les ocurría bajar los sueldos y las jubilaciones, pero que este gobierno busca otras soluciones. Sinceramente, no creo que una elección sea la solución a una crisis.

          Ese mismo legislador se refirió a los grupos de poder y expresó que el campo estaba tratando de ubicarse en las estructuras de los partidos políticos.

          Además, se hizo un racconto de las veces que se vulneró la credibilidad por no respetar las fechas electorales. Se mencionó el Pacto de Olivos y se dijo que teníamos una gran deuda. Ahora bien, tenemos una gran deuda pero nunca la honramos. No entiendo cuál es el sentido de hablar de todas las violaciones en las que se ha incurrido a lo largo de nuestra historia para justificar esta otra.

          Otro diputado habló de coherencia y dijo que el diputado Pinedo o De Narváez –no recuerdo exactamente- expresaron su apoyo en un primer momento y luego, de acuerdo con lo que resolvieron en el seno del bloque, cambiaron de opinión. En este sentido, me hubiese gustado que el ex presidente Néstor Kirchner hubiera procedido con la misma coherencia cuando le preguntó a Brizuela del Moral por qué adelantaba las elecciones y si lo hacía por miedo. Cuando hablamos de lo que hacen los demás primero debemos mirarnos a nosotros mismos.

          Alguien remarcó que alguna diputada estaba exacerbada. ¿Acaso no tenemos el ejemplo del presidente del partido Justicialista agrediendo y fustigando continuamente? ¿Alguien cree que es el único con derecho a salirse de cauce?

          La campaña de Catamarca fue nacionalizada, pero no porque se hicieron presentes en esa provincia los presidentes del partido Justicialista y de la Unión Cívica Radical, sino porque estuvieron los ministros del gobierno nacional y algunos intendentes del conurbano bonaerense. Como consecuencia de ello las provincias no pueden discutir sus problemas y sus cuestiones que son distintas, porque están influenciados por los problemas de toda la Nación. Por eso, cuando se habla de coherencia, hay que mirar lo que cada uno dice.

          Recién una diputada se refirió a lo que ocurrió en 1987. Por supuesto que se adelantaron las elecciones. Pero en aquella oportunidad fueron consultados todos los bloques. Existía una crisis reconocida, y por eso se requirió la opinión de todos. Además, ese adelantamiento de las elecciones significó que un presidente se tuviera que ir antes, cuestión que no ocurrió en ninguna provincia.

          “Si se pudieron adelantar las elecciones provinciales, ¿por qué no se adelantan las nacionales?” Porque nunca ocurrió que un gobernador se tuviera que ir antes. Aquí lo que aconteció fue que un presidente debió retirarse antes de que concluyera su mandato.

          Realmente me alarman las cosas que se han votado en este Congreso desde que soy diputada. Alguno me va a decir seguramente si no me ha alarmado ser funcionaria durante los gobiernos de los doctores Alfonsín y de la Rúa. Bueno, tenían sus problemas. Lo aclaro antes de que me lo pregunten para evitar las chicanas.

          Me alarma lo que ocurrió cuando se votó el tema de las AFJP. No es porque estemos de acuerdo con un sistema solidario, de reparto o privado, sino porque si queremos restablecer un sistema solidario, devolvamos los ahorros, porque muchos en lugar de comprarse una casa en las Lomas de San Isidro los guardaron para su vejez. Esto realmente fue un robo. Insisto: devolvámosle el dinero que injustamente le quitamos a la gente, y después comencemos con un sistema solidario.

          Esa votación va a surtir efecto en el tiempo, porque creo que los que votaron a favor de la reforma van a tener que responder personalmente. Reitero: no se trata de un sistema de reparto o privado, sino de hacer las cosas en forma ordenada, devolver a la gente su dinero y no robarle.

          No voy a negar que adelantar las elecciones me parece algo muy nimio. Las consecuencias las vamos a tener ahora y no el año que viene. En cambio, los que como colocaron su plata esperanzados en una AFJP van a tener consecuencias en el futuro.

          Recién se hablaba de que estaban en condiciones. Perdón, pero me parece que hay diputados que se olvidan de que hay partidos políticos que realizan internas. Nutren su vida de las internas. ¿Cómo puede ser que de un día para el otro venga a decir que todo el cronograma que existía queda sin efecto? ¿Van a designar sus candidatos a dedo, como hizo el ex presidente con la actual presidenta? No hubo una interna.

          Los partidos que tienen elecciones internas no están en condiciones, lo que es muy grave y perjudica a la institucionalidad.

          También se dijo que la señora presidenta habló de cohesión nacional y de unidad. ¿Qué consulta se ha efectuado a la oposición desde que está este gobierno sobre algún tema? ¿Qué es lo que hace el ex presidente Kirchner? Gritar y decir que los que tienen más den un poco. Entonces, que comience él a dar algo de su patrimonio, que todavía no lo pudo explicar. Se predica con el ejemplo.

          También se habló del desgaste que la oposición le causa al oficialismo. El oficialismo se desgastó todo, a pesar de tener todo a su favor: las mejores circunstancias económicas y el mejor apoyo popular. Por su torpeza y soberbia el oficialismo se desgastó.

          Si comparo esto con algunas cosas que se han votado acá, me parece intrascendente.

          Pero vuelvo a decir que perjudica la vida institucional del país porque afecta a aquellos partidos políticos que tenían programadas elecciones internas. Pero parece que los partidos políticos ya no interesan.

          Realmente estoy preocupada, porque esta manifestación de la señora presidenta diciendo que la crisis obliga a adelantar las elecciones, cuando eso no pasa en ninguno de los otros países que están viviendo la misma crisis que nosotros, demuestra cierto grado de inseguridad. No voy a decir cuáles serían las consecuencias que tendría el adelantamiento de las elecciones, pero les puedo asegurar que serían consecuencias nefastas para la economía de nuestro país.

          Me preocupa la inseguridad que todo esto está creando en la sociedad. En este sentido, ya vemos lo que dicen algunos diputados: que se quieren ir, que llegamos a octubre, que no llegamos a octubre. ¿Cómo creen que con estas conjeturas –sea de quien sea la culpa‑ vamos a poder encontrar una solución a la crisis que tenemos? Verdaderamente, vamos de mal en peor.

          Yo no sé a quién va a beneficiar o a perjudicar esto. No estoy tan convencida de que el cambio de la fecha electoral perjudique a la oposición y beneficie al oficialismo, o viceversa. Lo que creo es que va a perjudicar al país, porque la inseguridad que demuestra una presidenta que dice que hay que adelantar las elecciones por la crisis está despertando mucho miedo en la gente.

          Un día votamos aquí una ley de reforma previsional y de la noche a la mañana se quedaron con los ahorros de las AFJP porque había que tener un sistema solidario. En realidad a mí no me perjudicaba esa medida porque yo había optado por el sistema de reparto, pero eso se tendría que haber hecho ordenadamente y, en todo caso, devolviéndole sus ahorros a la gente.

          Al mismo tiempo, así como el presidente del Partido Justicialista dijo que Brizuela del Moral adelantaba las elecciones porque tenía miedo, y ahora ellos las terminan adelantando, no me extrañaría que mañana busquen una mayoría calificada para acortar nuestros mandatos, porque en este gobierno todo es posible. A veces recuerdo lo que ocurrió durante el gobierno del ex presidente Menem con María Julia Alsogaray y ENTEL. Pero la verdad es que al lado de esto, aquello era un bálsamo de seguridad. Este es el peor gobierno constitucional que he vivido, incluyendo el de Isabel Perón.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Sarghini.- Señora presidenta: ya mucho han expresado algunos diputados con los que comparto tarea parlamentaria respecto de lo que significa esta iniciativa y las razones por las que no la acompañamos.

          A manera de síntesis, usaría el término que utilizó el señor diputado Solá, quien dijo que esto es una trampa. Y no lo digo porque nos sintamos tocados por esa trampa. No acompañamos esta norma porque no queremos ser cómplices de esa trampa.

          Dicho esto, quiero referirme a los fundamentos de esta iniciativa. Si bien he escuchado otros argumentos de parte de aquellos diputados que la defienden, yo me voy a ceñir estrictamente a los argumentos vertidos en el mensaje que acompaña el proyecto del Poder Ejecutivo y a los argumentos que expresara aquí el miembro informante.

          Los fundamentos del mensaje dicen textualmente que esta medida es excepcional por la profundidad y extensión de la crisis externa. El miembro informante decía que el adelanto tiene un alto grado de razonabilidad, en especial en el contexto internacional de crisis financiera.  Allí están los fundamentos objetivos explicitados por el oficialismo acerca de la necesidad de adelantar la fecha de las elecciones que estaba prevista, marcando una regla de juego sagrada –diría yo‑ de la democracia, para el cuarto domingo de octubre. 

          ¿Quién puede ignorar la crisis internacional?  Las estimaciones prudentes hablan de una caída del 6 por ciento del producto de la principal economía del mundo en el segundo semestre; del 2 al 2,5 por ciento de caída de nuestro principal socio, Brasil; y de una caída del 4 por ciento de México.  ¿Quién puede ignorar lo que está pasando en el mundo? A los únicos que escuché ignorar la crisis durante un período prolongado fueron precisamente los voceros de este gobierno, incluyendo sus máximas autoridades. 

          No hace tanto tiempo que tratamos aquí el presupuesto nacional para el año 2009, y la crisis en el mundo ya había estallado.  En aquel momento decíamos “no apuremos la votación del presupuesto”, “pueden estar allí los principales instrumentos fiscales y financieros para poder mitigar los costos de la crisis.”  El argumento era que nada nos iba a pasar.

          Recuerdo que apareció entonces una expresión que yo no usaba en el lenguaje de la economía: “estamos desacoplados”. Ese desacople hacía que pudiéramos votar aquí, cuando la crisis ya había estallado, un presupuesto que tenía un dólar promedio de 3,19 pesos.  Hoy, promediando marzo, está en 3,67 pesos ‑centavo más, centavo menos‑ y se está vendiendo a futuro a 5 pesos.

          En aquel momento también se aprobó un presupuesto que indicaba que la economía argentina –se lo escuché repetir a la ministra de la Producción hace pocos días‑ va a crecer al 4 por ciento.  Ninguna estimación prudente coloca a la economía argentina con una tasa de crecimiento de signo positivo.  Los más prudentes ‑y me gustaría que acierten‑ la ponen en cero. Hay máximo consenso de los analistas privados en que va a caer por lo menos en dos puntos. 

          Como sería tan miope ignorar la crisis y no saber que tenemos que hacer algo, es miope ignorar que hubo errores propios, internos, que trajeron hacia adentro del país las consecuencias que hoy estamos viviendo.

          No todo es efecto de la crisis.  Muchas cosas tienen que ver con errores de política económica que cometió este gobierno y que lamentablemente muchos advertimos.  Los advertimos cuando se discutió el presupuesto para el año 2008 y también cuando se trató el presupuesto para 2009, y lo hicimos del mismo modo cada vez que tuvimos la posibilidad, planteando ‑con aciertos o con errores‑ propuestas alternativas.  Es mentira que no tenemos propuestas alternativas; en todo caso se podrá no coincidir con ellas.  

          Cada vez que advertimos que iban por mal camino sugerimos algo; por ejemplo, que con los excedentes de recaudación se generara un fondo que posibilitara tener hoy recursos que nos permitan hacer la verdadera política de un momento de crisis, que sería tener que poner la plata donde hay que ponerla para aquellos que tienen la máxima propensión al consumo, que son aquellos que menos tienen, y que además son los que tienen el mayor efecto multiplicador en la economía. Pero manifiestan que no las tenemos, porque en aquellos momentos era preferible decir que los que critican y se oponen no tienen propuestas. Teníamos propuestas, y a todos nos gustaría hoy poder tener un fondo equivalente a 2 puntos del PBI, cuando todo el mundo le está dedicando 2 puntos del PBI a  la  salida de la crisis. Nosotros no lo tenemos porque nos los gastamos en la fase expansiva del ciclo cuando no había ninguna necesidad de hacerlo.

          Por eso nos pasan muchas de las cosas que nos están pasando. Estos errores, a los que se les puede agregar el conflicto con el campo, la manipulación del INDEC, el desgaste institucional que significó tantas cosas que hoy debatimos, son los que le han creado a este gobierno esa sensación de falta de credibilidad, de falta de legitimidad.

          Yo les respondo que tienen legitimidad porque se las dio el pueblo en la última elección. La mayoría que tiene el oficialismo en esta Cámara de Diputados es legítima, se la dio el pueblo con el voto, y la pueden, la deben y la tienen que usar hasta el 10 de diciembre de este año. No hay ninguna necesidad de que este gobierno se busque revalidar a sí mismo.

          El gobierno ha perdido credibilidad porque se ha distanciado de la gente y yo, como peronista, que cree que lo principal que ha dicho Perón es que el único heredero es el pueblo, les digo que cuando se distancian del pueblo se están alejando de su verdadero origen, y se han distanciado del pueblo porque se han equivocado con las medidas.

          Si se quieren relegitimar con el pueblo, les pido que no vayan a una elección anticipada, corrijan estas medidas. Todavía estamos a tiempo porque la política siempre manda a la economía, y en crisis, mucho más.

          En vez de tomar medidas hoy para resolver temas concretos como la inseguridad, el riesgo de desempleo, el desplome de las exportaciones, la caída de la actividad industrial y de la producción agropecuaria, y en vez de estar haciendo las correcciones, se va a cometer un error político que va a traer ahora las consecuencias de la crisis que temen sufrir en octubre.

          Digo esto porque precisamente lo único que se hace cuando se cometen errores, tratando de ocultar crisis que van a venir, es adelantar sus consecuencias. Esto es lo que quiero advertir. No digan que no tenemos propuestas, porque proponemos no hacer esto, y también debatir leyes para resolver el tema del sector agropecuario y del sector agroalimentario, así como el problema del empleo y abaratar los costos de las pymes, que tienen que sostener casi el 70 por ciento del empleo, cuando los pedazos de la crisis se les caigan encima, y aquí utilizo las palabras de la propia presidenta.

          Reitero que esta ley nos va a enfrascar en la necesidad de tener que resolver cuestiones electorales en los próximos cuarenta días. Una vez resueltas esas cuestiones electorales en ese lapso, se va a entrar en un proceso electoral, y una vez salidos de ese proceso electoral vamos a terminar junio con una elección que les va a quitar legitimidad a quienes hoy la tienen por derecho propio en estas bancas.

          Además, se va a paralizar hasta fin de año el Congreso, después de la elección, porque en vez de estar legitimado, como ocurre hoy, va a estar deslegitimado por una elección que no tiene ningún sentido.

          Me pregunto por qué adelantar las elecciones. ¿Cuál es la razón? Salvo que ese tan anunciado “Plan B”, que le reclamamos al mundo y que nunca lo enunciaron, fuera este. ¿El Plan B para resolver la crisis será adelantar la elección?

          ¡Qué lástima que no le dijimos al mundo que estaríamos zafando de las consecuencias tan duras para los argentinos! (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra la señora diputada por Córdoba.

 

Sra. Morandini.- Señora presidenta: me resulta muy difícil reivindicar para este Congreso un lugar de debate, donde la ciudadanía dialoga con sus representantes, con tan escaso número en las bancas. Si fueran ciertos los fundamentos de la iniciativa que hoy nos convoca, una ley excepcional para corregir o para solucionar la crisis, estaríamos todos aquí sentados tratando de debatir, de escuchar, de argumentar para salir de esta crisis que se invoca como fantasma. En realidad, me temo que todo esto servirá únicamente para que nuestra sociedad se llene de miedo y se cancelen todos los derechos laborales, porque no hay nada peor que perder el trabajo, lo que obliga a aceptar cualquier condición que se ofrezca para que ello no suceda.

          Me he tomado en serio este debate y tengo una tendencia a dar respuestas de tipo personales, porque me cuesta mucho argumentar sobre lo irracional, quizás porque le tenga miedo.

          Entonces, fui a buscar autoridad jurídica, para tratar de suplir mi falta en este sentido. Así encontré un fallo de la Cámara Nacional Electoral, que rechazó la pretensión de Rovira de anticipar las elecciones en Misiones. El fallo dice textualmente que lo hacía por ser ello absolutamente irrazonable.

          Entonces, lo que consideraba de sentido común –la irrazonabilidad, como una interpretación de quienes no tienen cultura jurídica‑ se plasmó en una sentencia jurídica, que señala que también hay decisiones de los poderes ejecutivos que son absolutamente irrazonables.

          La sentencia dice que se trata de un típico acto de arbitrariedad, que desborda totalmente la discrecionalidad temporal que razonablemente le otorgan al Poder Ejecutivo la Constitución y las leyes.

          En los considerandos del fallo se dice: “Las elecciones, que son un acto de suprema garantía para los electores, se convierten en una imprudente puja de poder político.”

          Estando autorizada por una sentencia jurídica, en verdad ahora tengo ganas de hablar a los escasos colegas que están sentados en el recinto y tratar de responder  –a fin de que exista un verdadero debate‑ a algunas de las consideraciones que se han vertido.

          También estoy tentada de hacer psicopolítica, analizando lo que quizás no pueda entender por mi escasa cultura partidaria. Parecerían delirios políticos; me refiero a la proyección que se enseña desde el psicoanálisis o desde el budismo, en el sentido de que siempre ponemos afuera todo lo que carecemos.

          Entonces, me pregunto qué firmeza hay en los argumentos para que tenga que descalificar tanto al otro. Digo como reflexión que no se traen argumentos para convencer o para señalar cómo salir de la crisis. Sólo se trata de descalificar al otro. Tal vez de esa manera se da más fuerza –perdónenme la suspicacia‑ a la escasa firmeza de convicciones.

          En un día como hoy también es inevitable que haga referencia a lo que estaba previsto que sucediese en la calle. Desconozco lo que está pasando ahora, pero lo que debería estar en los debates parlamentarios ha sido desplazado a los medios de comunicación, cuando al significación política debería estar aquí.

          Entonces tengo que preguntar qué nos ha pasado para que la ciudadanía esté en la calle, legitimando la pena de muerte como forma de resolver problemas, cuando vivimos en un país en el que hace más de treinta años una gran parte de nuestra sociedad legitimaba con el “por algo será” a los secuestros y las muertes, sin que podamos reconocer una corriente subterránea entre el “por algo será” y el “esta gente no merece vivir”, que hoy se está plasmando por el miedo a la inseguridad.

          Resulta que si esto es fácil detectar como dolor y carencia, porque hemos sido incapaces –me refiero a  todos: la dirigencia política, los periodistas, los maestros‑ de poner valores y de brindar una cultura de derechos humanos, para que en lugar de reclamar por más violencia, todos estuviéramos tratando de resolver lo que nos afecta, que llamamos la inseguridad, cuando en otros tiempos, en nombre de otra seguridad, se cancelaban también todos los derechos.

          Si esto es fácil es fácil de reconocer por la ciudadanía, qué perturbador resulta escuchar esta concepción antidemocrática y mercantilista que reduce al ciudadano a una mero votante. Hemos escuchado a la señora presidenta hablar del escollo electoral. Ayer en la Comisión de Asuntos Constitucionales también se habló de carnaval electoral.

          Pertenezco a ese sector de la ciudadanía que todavía se emociona por ir a votar, en un país donde las urnas estuvieron escondidas durante mucho tiempo. Por eso no termino de entender que hoy se diga que las elecciones son escollos, caras, partiendo de un criterio absolutamente antidemocrático y mercantilista. Creo que no hemos sido capaces de construir una cultura democrática en el poder.

          Por un lado una buena parte de la ciudadanía legitima la pena de muerte y por otro, desde el poder se declama una cultura política que ha normalizado el debate sobre las elecciones. El momento de las elecciones es el tiempo que tiene la sociedad de verse a sí misma; es el gran momento de poder hablar de las cosas  que nos aquejan. No es el momento de hablar de candidaturas sino de reencontrarnos con nosotros mismos como sociedad para que estén en debate todos los temas. Esto hace a la riqueza de la democracia y a la riqueza de las elecciones.

          Porque se ha hecho de la propaganda un instrumento político pareciera que lo que molesta es que se esté en campaña electoral. Me gustaría hacer una reflexión sobre algo que me asombra desde hace mucho tiempo, aunque no diría que me quita el sueño. Tal vez este puente roto que existe entre la ciudadanía y aquellos que tenemos que representarla se deba al hecho de que se haya dejado en manos de la publicidad, que vende ilusiones y mentiras, lo que tiene que ser verdad: el compromiso de la dirigencia política para resolver los problemas que nos aquejan.

          Me parece antidemocrático que se diga que se distraen esfuerzos pensando que se tienen que cambiar las reglas de juego en un momento en que la ciudadanía debe concentrarse en sí misma, en lo colectivo. La política es eso: es el otro, es la interacción con el otro.

          Temo que lo que estamos logrando con esta forma de usar la ley como traje a medida y no como chaleco de fuerza es el ensimismamiento de las personas con sus problemas privados. Estamos cerrando la puerta a la participación, al diálogo ciudadano y al sustento de una democracia que se precie de tal.

          Con el argumento de la previsibilidad se abona la incertidumbre. Quiero agradecer a muchísimos diputados que en este momento se encuentran en el recinto por todo lo que me han enseñado; esto me permitió no solo aclarar lo que ignoraba en relación con las leyes sino también lo importante que resulta la filosofía que las sustenta.

          Un colega que no está en este momento -por eso no digo su nombre-, me enseñó uno de los dichos anónimos jurídicos de mayor fuerza filosófica: las Constituciones son los chalecos de fuerza que se colocan las sociedades en momentos de lucidez para evitar suicidarse en momentos de locura.

          Nuestro país ha hecho de la emergencia la normalidad. En este mismo recinto se han convalidado argumentos de unos diciendo que siempre se hizo. Yo misma podría haber pensado en algún momento “tengo que ser humilde y aprender de aquellos que llevan años en este recinto”, cuando muchas veces se dice que son las reglas del juego.

          Si nuestro país no estuviera en la crisis brutal en la que se encuentra, podríamos  -insisto- tener humildad y decir “quiero aprender de ustedes”. Pero hoy no hay razón para decir que siempre se hizo, porque lo único que nos va a sacar de la crisis actual es, precisamente, que nos aferremos a la ley como si fuera un chaleco de fuerza para construir normalidad democrática, que  no es otra cosa que el diálogo.

          Una parte de los fundamentos del proyecto que estamos considerando se refiere a la necesidad de recuperar la legitimidad de un gobierno. ¿Qué es la legitimidad de un gobierno si no el respeto al otro? Es cierto que las elecciones dan permiso para gobernar, pero la democracia lleva implícitos derechos. Y los gobiernos tienen legitimidad cuando garantizan esos derechos: derecho a la ciudadanía, a los partidos y a este Congreso, que va a terminar más herido de lo que estaba, cuando en nombre de las mayorías se presentaron aquí muchos proyectos que ni siquiera fueron abiertos al debate. Esos proyectos venían cerrados, lacrados, porque contaban con esa mayoría que nos enrostraban y que debilitaban este Parlamento. Después de junio no importan los resultados. No me importa quién gane o pierda porque tengo claro que quienes están perdiendo son la democracia y la ciudadanía. Se está debilitando la democracia. Esta es la psicopolítica...

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- La Presidencia ruega a la señora diputada que vaya redondeando su exposición porque se ha agotado su tiempo.

 

Sra. Morandini.- Hacer psicopolítica es darnos cuenta de qué estamos diciendo. En cada exaltación de lo que decimos para defender la democracia y buscar legitimidad, lo que en realidad estamos haciendo es deslegitimar a este Congreso que había empezado a ser escuchado, que había empezado a ser un poder autónomo. Ahora sí sospecho que la intencionalidad de esta ley no es otra que volver a disciplinar este Parlamento para que sea una escribanía que convalide lo que con un control remoto se hace desde la Casa Rosada. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza.

 

Sr. De Marchi.-  Señora presidenta: voy a hacer tres reflexiones en forma rápida.

          En primer lugar, este pretendido adelanto de elecciones, esta violación flagrante a las reglas de juego, constituyen el reconocimiento más explícito por parte del gobierno del fracaso de sus políticas. Digo esto porque adelantar significa decir entre líneas que dentro de un tiempo vamos a estar peor que hoy. Inclusive ha superado a Menem, quien decía “estamos mal pero vamos bien”. En este caso, este gobierno está diciendo “hoy estamos mal, pero quédense tranquilos que dentro de un tiempo vamos a estar peor”.

          La pregunta que cabe formularnos en esta primera reflexión es qué va a pasar el día 29. ¿Ese día vamos a empezar a estar bien, vamos a estar mejor?

          Este gobierno equivoca permanentemente el rumbo. El 29 no vamos a estar mejor sino peor, y vamos a estar peor por un hecho muy claro: han hecho lo imposible por romper las bases del sistema de gobierno argentino, caracterizado por el republicanismo, el federalismo y la representatividad. 

          Ya se han llevado puesto el primero, porque está claro que no estamos en presencia de una verdadera república. Se han llevado puesto el segundo, porque estamos en un esquema centralista como pocas veces o nunca el país conoció. Y el tercer pilar, la representatividad, la van a perder el 28 de junio, porque en esta fecha la gente va a demostrar que este gobierno ni siquiera la representa. Entonces, la solución que pretenden plantear desde el gobierno se va a transformar a partir del 29 en una trampa.

          Podemos hacer una segunda reflexión y mencionar algo que ya se ha dicho aquí, pero no por esto deja de valer la pena reiterarlo. Lo que se está haciendo implica claramente el desprecio más absoluto por las reglas de juego, por la ley. Esto es como pretender cantar envido con 34 y encima hacernos creer que a partir de ahora es válido. Es como cambiar las reglas de juego a medida que se juega.

          Esta mañana leí en un diario digital de la provincia de Mendoza, MDZ, una columna de un historiador muy importante que hacía algunas referencias o reflexiones rápidas. Se planteaba, por ejemplo, qué pasaría si al Papa se le ocurriera adelantar la Navidad porque necesita unos votos para un Concilio que se va a realizar? O, yendo a algo más terrenal, qué habría pasado si a Bush se le hubiera ocurrido cambiar la fecha de las elecciones norteamericanas del 1° de noviembre, como históricamente se han venido realizando en Estados Unidos.

          No cabe en la cabeza de la ciudadanía responsable que estas cosas sucedan. Hay una realidad. ¿Por qué no suspenden las elecciones? El fundamento sería hasta que midan mejor en las encuestas. Entonces pueden pasar dos o tres años y quizás en algún momento haya algún golpecito de suerte, de acuerdo con algún encuestador -que no sea pago porque si no les va a mentir y van a ir a las elecciones y van a perder-, algún encuestador serio que les diga que están bien y pueden hacer las elecciones.

          Hay una ley que dice que en la Argentina las elecciones nacionales se celebran el cuarto domingo de octubre; punto, clarísimo, elemental, básico. ¿Por qué improvisar? Al mejor estilo Cristina yo diría que acá no estamos con el efecto jazz sino con el efecto payada, que es aquel recurso que utiliza el gaucho que tiene como herramienta solamente a su guitarra y va improvisando a medida que avanza el canto.

          Eso es lo que hace este gobierno, improvisar día tras día. Yo he escuchado declaraciones de importantes hombres de este gobierno el mismo día en que se estaba anunciando la medida, y decían que se estaban enterando por televisión. Esto no es serio.

          La tercera reflexión es que con esta medida se deja expuesta la más humillante sumisión en la cual se encuentran no todos, pero la mayoría de los gobernadores.

          Podemos citar el caso de la provincia de Mendoza. Su gobierno, que es buena gente, está en su peor momento, no producto de ninguna crisis sino de su propia ineficiencia. Quizás hubiera necesitado un par de meses más para ver si hacían algo de lo que venían prometiendo y mejorar así aunque sea un poco la imagen, porque iban a una derrota absoluta y desastrosa. Sin embargo, sumisamente, sin hacer la más mínima reflexión al respecto, en Mendoza se adelantaron a decir rápidamente que iban a acompañar la decisión de la presidenta.

          Esto se suma a una ya larga lista de abusos del gobierno nacional hacia todas las provincias, pero en lo que a mí respecta me refiero a Mendoza. No quiero detenerme en este tema, pero Mendoza está perdiendo por año cerca de 2.000 millones de pesos de un presupuesto de casi 5.000. Es decir que del total del dinero que debe disponer la provincia, pierde el 40 por ciento por haberse transformado en una delegación –para colmo no calificada‑ del gobierno nacional.

          Hablaba al comienzo sobre la pérdida clara del federalismo en el país, y estas son las consecuencias: provincias que tienen un déficit importante, que casi no pueden pagar sus sueldos, y sin embargo están sometidas a este esquema nacional tramposo, sin mencionar la larga lista de humillaciones a las cuales se las somete. No estoy incluyendo el dinero que Mendoza tiene que gastar en viajes del gobernador a la ciudad de Buenos Aires, con los cuales no consigue nada. Sería mejor sugerirle al gobernador que no viaje más, porque nos sale más caro el collar que el perro.

          Han transformado a los gobernadores de provincia en aplaudidores VIP del Salón Blanco. Esta medida demuestra con meridiana claridad lo que estoy diciendo.

          Termino mi exposición con un paralelismo, dejando a salvo las enormes distancias históricas, de impacto internacional y de ilustración que rodearon a los episodios. ¡Cómo le encantaría a Néstor Kirchner pararse y decir a los cuatro vientos “el Estado soy yo”, al mejor estilo de Luis XIV en la segunda mitad del siglo XVII, cuando conducía con absoluta intolerancia y personalismo los destinos de aquella Francia!

          Pero Luis XIV, con su intolerancia a cuestas, le hizo conocer a los franceses un extremo, y eso dio lugar al advenimiento casi inmediato de la República en Francia. Entonces, espero que este gobierno nos deje como herencia, aunque más no sea, el conocimiento de los extremos menos queridos de esta supuesta o aparente democracia representativa para que, finalmente, en la Argentina volvamos a recuperar la República.

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Misiones.

 

Sr. Kakubur.- Señora presidenta: el bloque Dignidad Peronista va a acompañar la iniciativa del Poder Ejecutivo votando afirmativamente el dictamen de mayoría recaído en el proyecto de ley mediante el cual se fija en forma excepcional para el 28 de junio de este año la fecha de las elecciones legislativas nacionales y se dispone la suspensión de las disposiciones del artículo 53 del Código Electoral Nacional, aprobado por ley 19.945.

          Resulta importante destacar que nuestra posición parte de la certeza de que el adelantamiento de las elecciones es constitucional. En eso coincido con lo manifestado por la señora diputada Silvia Beatriz Vázquez. Se trata de una modificación que se pone en práctica a través de una reforma al Código Nacional Electoral y el Poder Ejecutivo no hace más que ejercer la facultad que tiene para pedir esa modificación. Obviamente, el trámite incluye el paso del proyecto por ambas cámaras de este Congreso, respetando todas las instancias institucionales.

          Percibimos una aceptación por parte de la sociedad de la propuesta de acortar los tiempos electorales a fin de acortar el debate, que de lo contrario sería excesivamente largo en el escenario de crisis que se está dando a nivel mundial y que sin duda va a repercutir en nuestro país.

          Coincidimos con los fundamentos por los cuales se convoca a elecciones y por los que además se invita a las provincias a adherir a esta iniciativa. Entendemos que es conveniente que las elecciones se hagan en un mismo día. No es bueno escalonar el proceso electoral, incluso hasta por una cuestión económica.

          Comparto las expresiones de un diputado que dijo que no hay que temerle a la expresión de la voluntad popular y al ejercicio pleno de la ciudadanía, es decir, a votar y ser votado.

          Lo relevante en este momento de crisis es que resulta necesario seguir trabajando para defender los puestos de trabajo recuperados y creados, para lograr una mejor distribución de la riqueza y para construir un país más federal que nos incluya a todos por igual. En definitiva, debemos seguir trabajando por una nación más humana, solidaria y equitativa para todos los que habitamos en este querido país.

          Desde mi provincia, Misiones, que cuenta en esta Cámara con siete legisladores nacionales, seguiremos acompañando el proyecto nacional puesto en marcha desde el Poder Ejecutivo, apoyando las políticas e iniciativas que coincidan con nuestras convicciones de avanzar hacia un proyecto de país consolidado en los principios democráticos, soberanos, solidarios y aquellos que bregan por una verdadera justicia social. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

 

Sr. Lorenzo Borocotó.- Señora presidenta: siempre me gusta hacer análisis, que en este caso hasta puede ser casi médico. Diría que voy a aplicar lo que en la actualidad se denomina “medicina por la evidencia”.

          No se pueden discutir las cosas que son evidentes. Últimamente la Argentina enfrentó dos crisis: la de 2001 y la actual. La primera fue endógena; diría que tuvo que ver en parte con la génesis de los argentinos. La actual es exógena. Las dos marcan los acontecimientos políticos y sociales y se reflejan con las marchas en las calles. Cierto famoso político las sintetizó en la expresión “Es la economía, estúpido”.

          Es importante que para medir estas dos crisis se utilice el mismo metro patrón. Si quieren podríamos usar el de platino e iridio que se encuentra en París, la diezmillonésima parte del Ecuador, o la velocidad de la luz en el vacío. Es maravilloso, pero es el mismo metro patrón. Y eso es lo que no tenemos los seres humanos, menos cuando tenemos ideologías. Ni hablar cuando tenemos intereses.

          Es curioso ver eso desde esta banca que es unipersonal, aunque convendría que de vez en cuando miraran cómo se votan algunas cosas, y no tergiversar nada.

          Todos los movimientos políticos existentes

–recién el señor diputado Lozano dijo lo mismo‑ están regidos por la misma idea: que se viene una crisis que en realidad ya está. La noto en el hospital. Va a ser peor, y entonces todos quieren guarecerse, quizá políticamente.

          Pero a mí lo que me interesa es valorar el origen de las dos crisis que acabo de mencionar. En realidad, son un poco ideológicas.

          En la historia de mi vida –que ya es larga‑ cayeron por implosión los dos únicos sistemas que eran nuevos: el comunismo, o las ideas de izquierda, y ahora acaba de caer la ideología de derecha.

          Pero aquella era una ideología; esto, si me permiten –como buen diputado de la Capital Federal‑­, es un afano. Se robaron todo.

          La llaman “la crisis financiera”. Me llama la atención la palabra, que viene del griego finis; finiquitar: fin y quito; finado. Tiene que ver un poco con todas esas cosas turbias o con la muerte de algo.

          Bertrand Russell publicó en 1922 un artículo, “Free Thought and Official Propaganda”, donde afirmaba que las escuelas primarias deberían enseñar el arte de leer con incredulidad los periódicos.

          Sobre ese mismo tema, dice Borges: “Entiendo que esa disciplina socrática no sería inútil. De las personas que conozco, muy pocas la deletrean siquiera. Se dejan embaucar por artificios tipográficos o sintácticos. Piensan que un hecho ha acontecido porque está impreso en grandes letras negras. Confunden la verdad con el cuerpo doce.” Se los dice un periodista que hizo periodismo siempre.

          En AIG comenzó el problema: 73 ejecutivos se premiaron con hasta 6 millones de dólares cada uno. O sea que Obama les dio 165 millones para arreglar lo que ellos mismos habían roto, pero se quedaron con la plata. Se siguen dando un sueldo. Esto es lo que me interesa de las dos crisis.

          Aquella ideología cayó porque quizá se equivocaron en valorar al hombre; creyeron en la solidaridad y en la comunidad, pero después aparecieron los pícaros. Pero acá fue un robo.

          Tenemos que guarecernos un poco de esto del robo. Más aun: hasta pienso distinto a algunos economistas. A veces incluso se enturbian más las aguas para que parezcan más profundas. Hay muchos que hablan de nuevo, a pesar de que en 2001 dijeron que el dólar iba a estar a 10 pesos.

          Lo que acaba de ocurrir en el mundo y que está provocando todos estos movimientos no ha sido una caída estructural, sino un robo. Se robaron todo, quienes nos dicen a nosotros que no debemos hacerlo.

          De manera que sobre la base de este problema que nos han creado me pongo a pensar seriamente si conviene o no anticipar las elecciones, sea en Catamarca, en la Capital Federal o donde fuere. Y tengo que empezar a unirlo de acuerdo con una idiosincrasia o una forma de ser que tenemos. Muchas veces los lunes después de una elección yo decía “bueno, por fin terminó; ahora aparecerán otra vez en la radio y en la televisión las cosas de todos los días”.

          Indudablemente la lucha política se transmite. Entonces, ¿qué convendrá más? Por ejemplo, un éxito apoya una gestión, mientras que un fracaso la debilita. Es ahí por donde hay que estudiarlo.

           Y no me gusta usar pequeñas palabras para después hacer todo un discurso; esto es feo. Acá se trajo a colación la palabra “escollo” utilizada en su discurso por la señora presidenta, a quien no conozco pero de la cual me llama la atención su capacidad intelectual para poder improvisar y la capacidad física que tiene para no cansarse, más allá de que esté equivocada o no.

           Le aseguro, señora presidenta, que ya prácticamente no tengo dudas de que la cosa anduvo mejor, porque en el año 2001 –o sea, hasta hace un ratito‑ mi hijo, mi hermano y yo atendíamos en el consultorio veinticuatro enfermos por día, y terminamos atendiendo a uno.

          Les pido perdón porque para poder sintetizar uno no tiene más remedio que generalizar; de lo contrario, uno no puede opinar. Se trata de la misma idea económica. Es decir, las dos crisis son producidas por la misma idea, en la que yo creí, porque desde hace quince años vivo intentando saber cuál es el camino.

          Vuelvo a repetir que ya dudo de la especie a la cual pertenezco, porque se ve que el camino no lo encontramos en ningún lado; en todo caso, pasamos épocas mejores o peores. Pero es buscando y buscando como vamos a encontrar el camino. Mi familia procedió así: buscó y buscó. ¿Qué podía hacer mi padre a comienzos del siglo pasado si no había terminado tercer grado y tenía que estar rebuscándosela en la curtiembre de un frigorífico que tenía calabozos dentro de su predio, hechos por sus fantasmas, que avisaban a la policía a qué obreros tenía que meter presos? ¿Qué podía ser mi padre si no anarquista? ¿O qué podían ser nuestros abuelos, que vinieron con el socialismo?

          Pero un día nos dimos cuenta de que lo estatal no andaba y nos pasamos a lo privado. Y ahí me equivoqué médicamente, porque se nace empresario; es genético. Una vez dije en este recinto que los músculos que aprietan y agarran tienen mucha más fuerza que los que abren la mano. Es así, y no está ni bien ni mal. Lo único que tenemos que ver es cómo nos vamos refugiando en esto y buscarle la vuelta a la cosa.

          Todo depende del cristal a través del cual se mira. Depende de si los diputados estamos sentados acá o allá. Pero siempre se esgrimen los mismos argumentos, para un lado o para otro. Es decir, si el penal se comete en el área de River, los de Boca van a gritar que fue penal y los de River van a gritar que no lo fue, y si ocurre a la inversa, la opinión también será al revés. Así somos en todo.

          Quiero remarcar que esto se fue levantando muy de a poco y que costó mucho. Esta crisis no fue producida por el Poder Ejecutivo que tenemos en este momento sino que empezó allá por el año 2001 cuando a alguien se le ocurrió, pese a declamar que el uno a uno se iba a seguir manteniendo, decir “esto no sigue”.

          Y después vino otro ministro que consiguió que esa tremenda deuda externa ‑por Dios, no nos endeudemos más‑... Escuchaba recién hablar a Delich, pero escucho el nombre del Fondo Monetario Internacional y resulta que son los mismos de esto.  Somos los mismos.  El fiscal general de Nueva York, Andrés Cuomo, denunció que ya pagó por lo menos un millón de dólares ‑hubo casos en que se pagaron cuatro y seis millones‑ a cada uno de los setenta y tres ejecutivos.  Obama aparece por televisión diciendo “señores contribuyentes: sepan que ustedes están pagando lo que hicieron los señores de Wall Street por incapacidad y por codicia”.  Pueden escucharlo; hasta lo traducen.

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Señor diputado: redondee su exposición.

 

Sr. Lorenzo Borocotó.- Sinceramente creo que de acuerdo con nuestra forma de ser conviene que esto se haga en la Nación, en la Capital y en otros lados.  Conviene que la fecha se unifique para que podamos tener un poco más de tranquilidad y ver cómo podemos enfrentar esto.

          No quiero más mentiras ni que se tergiversen las palabras. 

          Permítame, señora presidenta, que lea algunas expresiones: “compleja madeja”, “raras alianzas”, “candidatos entremezclados”, “salto de partidos”, “nuevas uniones”, “traspasos políticos”, “nuevos lazos políticos”, “cambios de rumbo político”, “sorpresivos entendimientos”, “increíble alianza”, “notable cambio”, “impensado giro”, “vueltas políticas”, “reubicarse”, “nueva alineación”, “encuadrarse”, “conversos”, “reanimación”, “una baja para Cobos”, “vuelve”, “nuevos lazos”, “oposición se amalgama”, “viraje”, “cambio de postura inicial”.  Estas son todas las palabras que se buscan. Sin embargo, cuando se quiere hacer daño, ¿saben cómo le dicen a una persona que se portó toda la vida con hidalguía y corrección?  Que no pueden encontrar nada más que ironías. ¿Y sabe qué se le dice? 

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Por favor, señor diputado...

 

Sr. Lorenzo Borocotó.- “Tránsfuga”.  Algún reputadísimo diputado de ese momento dijo eso.  (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

 

Sr. Bonasso.- Señora presidenta: quiero adelantar que el bloque unipersonal de Diálogo por Buenos Aires va a votar afirmativamente este proyecto, tal como lo he anticipado en una columna que escribí y en algunos medios. 

          Como es obvio, incluso por la ubicación geográfica que tengo en esta Cámara, este no es un paso de carácter oficialista, como podrían presuponer algunos.  Son notorias mis diferencias con el gobierno en algunos puntos estratégicos, uno de los cuales, sin ningún lugar a dudas, es la muy desafortunada política ambiental que en beneficio de un falso concepto de federalismo esgrimido por algunos gobernadores con intereses particulares en la minería, en la soja o en la industria maderera ha determinado que la ley de bosques tardara catorce meses en tener su correspondiente decreto reglamentario y que la presidenta vetara la ley de glaciares, sobre la cual vamos a insistir.  El próximo 30 de marzo haremos en el Anexo de la Cámara de Diputados una audiencia pública con el señor defensor del Pueblo, Mondino, y con representantes de la comunidad académica y científica para insistir en la ley de glaciares, que fue aprobada por unanimidad por esta Cámara.  Sería innecesario hacer esta aclaración, pero como nuestro país se mueve permanentemente por la suspicacia y las deformaciones de la opinión pública, tal vez no haya sido ocioso este introito.

          Yo estoy apoyando –lo voy a decir con toda claridad no una medida, como han sostenido algunos diputados de la oposición, que teóricamente beneficia al gobierno, sino una medida que, por el momento en que se la toma, creo yo, protege al Estado.

          Los diputados y las diputadas no solo somos representantes del pueblo, sino también hombres y mujeres de Estado, cosa que a veces se olvida porque pareciera que somos comentaristas, opinólogos, por la consulta de algunos medios.

          Nuestro deber primordial es la defensa del Estado, concebido como síntesis del conjunto de la sociedad. Y además, como lo he dicho tantas veces, como refugio de los débiles.

          Cuando la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, anunció este proyecto de adelanto de las elecciones, en Chubut, me preocupó que el ex presidente de la Nación Néstor Kirchner tocara de manera muy franca ante el periodismo el tema de la gobernabilidad.

          La gobernabilidad no es un problema que solo preocupe a este gobierno o a cualquier otro que pueda ocupar transitoriamente el poder del Estado. La gobernabilidad es un tema que le preocupa al Estado, y yo siento que hay corrientes subterráneas o superficiales que van en contra de los intereses del Estado. He escuchado, como si se tratara de una adivinación ante una bola de vidrio, que en este país vamos a tener elecciones anticipadas de presidente de la Nación.

          Me parece absolutamente contrario y deletéreo al espíritu de las instituciones que se diga temerariamente que va a haber elecciones anticipadas de presidente de la Nación. Ojalá que no prosperen esas ideas en algunas cabecitas.

          También por influencia de estos nuevos tribunos autoconvocados e inventados por los grandes medios de comunicación, como la señora Susana Giménez o el señor Tinelli u otros más, estamos en vísperas de otra marcha contraria y repugnante a los principios del Estado de derecho, en la medida en que se basa en el sostenimiento de la pena de muerte. Y lo digo con toda claridad y sin ninguna demagogia, con el mismo carácter y con la misma firmeza con que con otros legisladores me levanté y me retiré del recinto cuando se sentó ahí el falso ingeniero Blumberg para tratar de que reformáramos el Código Penal a todo vapor, con resultados gravosos para ese cuerpo normativo. No soy penalista, pero los resultados fueron gravosos para dicho código.

          En defensa del interés del Estado, en momentos de canibalismo político y de odio en todos los sectores, debo señalar que se advierten manifestaciones sumamente desafortunadas de miembros del oficialismo, así como acciones sumamente desafortunadas en contra de miembros del oficialismo, como la agresión de la que fueran objeto los señores diputados Alejandro y Agustín Rossi, con quienes me solidaricé cuando fueron víctimas de ese acto brutal, sin ninguna clase de justificación.

          En función de esa historia personal y de la audacia o temeridad que algunos me adjudican –diría, en todo caso, de la coherencia con ciertos principios‑, me opuse al veto presidencial a la ley de glaciares y a la ley de blanqueo de capitales, pero hoy defiendo el adelantamiento de las elecciones.

          Podría oponerse un argumento incontrastable, que consistiría en que la iniciativa fuera contraria a nuestra Constitución, que es el pacto social en el cual se basa nuestro estado de derecho. Sin embargo, no es así: no he escuchado a ningún constitucionalista que diga que esta medida del Poder Ejecutivo nacional es contraria a la Constitución nacional.

          Podría argumentarse que en algún caso está justificado el adelantamiento de las elecciones, como lo hizo el señor jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri, quien actuó de acuerdo con la ley, lo que está bien. Probablemente, también actuó de acuerdo con su conveniencia política, al igual que la presidenta de la República.  Si no violaron la ley, no hay nada de malo en lo que hicieron Cristina Fernández de Kirchner, Macri o Binner.

          ¿Pero qué es necesario para la salud de la República? Esto es lo que entiendo que estamos debatiendo. Creo que es necesario, antes que el adelanto o el adelantamiento –aquí hay una cuestión semántica‑ de las elecciones, su unificación, a fin de que efectivamente toda la dirigencia política nos consagremos a resolver la crisis en un marco de diálogo y de paz social.

          Invoco la paz social, porque creo que ella se puede alterar. Estoy en contra de que se altere la paz social de los argentinos. En un marco de reflexión y de diálogo institucional, debemos abocarnos a la consideración de los problemas que sí preocupan al conjunto de los argentinos, como la inflación –que recorta el salario, a pesar de las cifras adulteradas‑, la  verdadera distribución del ingreso, la preservación del empleo -ante la crisis internacional y sus efectos sobre nuestro país- y la inseguridad, lo que es legítimo y no es de izquierda ni de derecha, como creen algunos tontos.

          El otro día un diputado, con el que tengo una buena relación personal y bastantes diferencias políticas, decía que esto era un plebiscito, y no podemos recurrir a él. La Confederación Helvética desaparecería si se acabaran los plebiscitos. No es un plebiscito, pero ante algunos ojos podría aparecer como una ratificación plebiscitaria.

          Asumamos que ello fuera así. ¿Cuál es el temor? Si es una medida temeraria del gobierno, me extraña que algunos miembros de la oposición digan que el gobierno se está equivocando, porque le puede ir mal.

          Si al gobierno le va mal, tendrá que acelerar y profundizar el diálogo institucional con la oposición, que yo estoy proponiendo. Incluso, si al gobierno le va bien, también estará obligado a profundizar el diálogo con todos los argentinos. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Tiene la palabra el señor

diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Amenta.- Señora presidenta: sé que somos muchos los que queremos fijar nuestra posición hoy, por lo que solicito autorización para insertar parte de mi exposición. Me concentraré en los puntos que sí quiero sostener a viva voz.

          Uno de ellos se refiere al consenso. Cuando se encuentra que la Constitución nacional fija una mayoría agravada, es necesario preguntarse cuál es la razón de que ello sea así. ¿Qué es lo que buscó el constituyente?

          ¿Por qué en esta materia, al igual que en temas impositivos o fiscales, se requiere una mayoría agravada o hay una limitación para no poder legislar sobre la base de decretos de necesidad y urgencia? ¿Por qué ocurre eso? Yo encuentro la siguiente respuesta  independientemente del procedimiento: cuando se ha agotado el diálogo, la única manera de resolver determinado tema sometiéndolo a votación, según el constituyente, es que la búsqueda del diálogo y del consenso sea genuina.

          Puede darse el caso de que muchas leyes tengan la mayoría necesaria para ser legales, pero no siempre cuenten con el consenso necesario o se constituyan como resultantes de aportes de diversas personas con distintas visiones. Esto es así por dos motivos: la naturaleza de lo que estamos discutiendo hoy, el sistema electoral por el cual vamos a dirimir nuestras diferencias y someternos a la ciudadanía en la próxima elección, y los fundamentos que el Poder Ejecutivo  utiliza al enviar este proyecto ante un fuerte contexto de crisis. Obviamente el consenso resulta fundamental.

          No deberíamos pensar si se cuenta o no con los ciento veintinueve legisladores sino decidir si agotamos o no todas las herramientas en búsqueda de una resultante que le dé a la norma la verdadera fortaleza que requiere más allá de la legitimidad del número. En este aspecto estamos en deuda.

          Habida cuenta de que los fundamentos y la norma en sí misma son suficientemente importantes, no comparto que el tema haya sido enviado al Parlamento, tratado en comisión esa misma tarde, para cumplir el trámite de rigor, y se haya traído a este recinto como si fuera un proyecto sobre tablas sin haberse agotado la discusión.

          En este sentido, creo que estamos involucionando. Estamos modificando transitoriamente, pero modificando al fin, una norma que había marcado una evolución en nuestro sistema electoral. La capacidad del gobernante de turno de modificar una fecha o determinar el cronograma electoral ‑capacidad que teníamos en las décadas del 80 y 90, antes de la reforma- no le hace bien al sistema, porque si bien es legal, así como es legítimo que el partido que detente el poder de turno tenga la posibilidad de participar electoralmente, también hay que reconocer que es un arma muy poderosa que la elección se realice en una fecha u otra.

          Creo que habíamos ganado en fortaleza y en previsibilidad, pero lo que nos proponemos hoy representa un paso atrás. No quiero dejar de resaltar cuál es mi opinión en el sentido de sostener un discurso para cada postura. No comparto el doble discurso. Lo que vamos a hacer, modificar una norma para adelantar las elecciones, es muy distinto a lo que implican las facultades que tienen los distintos gobiernos provinciales para fijar y establecer sus cronogramas electorales de acuerdo con las normativas internas o constituciones provinciales.

          Así como digo que es distinto, no puedo dejar de resaltar que el sistema nacional era de mayor evolución y calidad. Por supuesto que todos debemos respetar el criterio federal y las normas provinciales, pero hubiera sido deseable que aquellas que no evolucionaron en ese sentido lo hicieran en algún momento para quitar al gobernador la facultad de fijar discrecionalmente la fecha de la elección. No se trata de una coyuntura de un determinado momento, porque ganaría el sistema.

          Otro aspecto importante a resaltar es que algunos fundan, quizás como fortaleza del proyecto, que esto es por única vez, que es una medida excepcional. Creo que el hecho de que sea por única vez y una medida excepcional lo único que hace es legitimar que la norma de fondo que va a perdurar es la correcta. Si estuviéramos ante una normativa que falló, este Congreso tendría todas las facultades para derogarla, cambiarla o para proponer otro sistema. Pero como se trata de modificar por única vez y circunstancialmente determinada norma manteniendo la normativa de fondo, hay que reconocer que la posibilidad de que el Ejecutivo de turno no establezca un calendario electoral permanente es mucho mejor.

          Para finalizar –voy a completar mi exposición por escrito- quisiera decir que creo que las causas que motivan este proyecto poco tienen que ver con los fundamentos de la crisis económica. Y si lo tuvieran, creo que son argumentos equivocados. En un proceso de crisis económica como el que estamos atravesando se necesita como nunca del consenso, del diálogo, de una postura generosa, poner el hombro y una oposición totalmente propositiva. Pero también es necesario que del otro lado estén receptivos. Entiendo que esa es la manera de afrontar una crisis y no echándole la culpa a ella –aunque es cierto que existe- como único motivo para cambiar un sistema electoral, que en el fondo persigue el objetivo de interferir en el proceso de constitución de las alianzas o de evitar un desgranamiento de personas que hoy son allegadas al oficialismo pero que podrían ir buscando otros rumbos. En mi opinión, estos son los principales motivos por los cuales se pretende adelantar las elecciones.

          Fíjese, señora presidenta, que se dice que este adelanto de las elecciones es por causa de la crisis. Sin embargo, en Estados Unidos durante el epicentro de la crisis tuvo lugar una campaña electoral, que no se alteró. Eso no significa que no hubiese temática para discutir; por el contrario, había temas muy importantes que debatir, como el relacionado con la política internacional o la cuestión sanitaria. Les explotó un tema importantísimo que no anuló el debate ni la obligación de opinar o de trabajar sobre el resto de los asuntos. Agregó un tema más a la agenda, pero con una determinada característica: que la sociedad –según muchos estudios que se hicieron en ese momento- iba a castigar a quien utilizara la crisis de una manera cercana a la politiquería y con fines totalmente cortoplacistas y electoralistas.

          Entonces, nosotros debemos aprender de eso porque si tenemos que poner el hombro para salir adelante, ya sea que nos encontremos en un proceso electoral hacia junio o bien hacia octubre, también tendremos que responder con sensatez y respeto y no hacer politiquería o política electoralista de corto plazo con las propuestas de salida de la crisis.

          Por otra parte, me hubiera gustado que esta iniciativa contuviera otras cuestiones que sí están enunciadas en los fundamentos. Por ejemplo,  se dice en ellos que nos deberíamos abocar a la defensa de los puestos de trabajo, al ahorro y a la inversión nacional. Yo coincido con esto, pero también sostengo que esa es una obligación que tenemos estemos o no en un proceso electoral. De una vez por todas debemos asumir que no hay paréntesis en el año electoral. No es que cierra el Congreso. Si alguien piensa eso, está equivocado; si damos esa imagen, está mal. Tenemos que ocuparnos de los problemas de los argentinos todos los días, estemos o no en un año electoral.

          En este proyecto en particular me hubiera gustado encontrar algunas otras cosas, algunos gestos. Por ejemplo, en la parte de los fundamentos se menciona “acortar el espacio de la propaganda electoral”, y  me hubiera gustado que eso tenga correspondencia en el articulado.

          ¿No hubiera sido interesante modificar el artículo 64 quater llevando el plazo de la publicidad oficial al término del 64 ter?  Para tenerlo fresco, en vez de que haya una limitación de siete días sobre la inauguración de obras en el período electoral, ¿no hubiera sido interesante, dado que se acorta el escenario electoral y todo se precipita, que la ampliemos a treinta y dos días?

          Esto lo dejo como propuesta. Me parece que se podría haber avanzado mucho más de lo que se avanza. Dado que queremos atravesar rápido el proceso electoral, que no haya dudas de legitimidad, de fraude y que nos aboquemos directamente a la solución de los problemas, ¿no hubiera sido coherente hablar de voto electrónico, de boleta única y de toda otra medida –la proponga la oposición o el oficialismo‑ que facilite, transparente y haga más ágil el sistema?

          Creo que se ha perdido una gran oportunidad. Considero que habría sido interesante que así como en 24 horas sacamos dictamen para tratar este tema prácticamente sin discusión, nos hubiésemos abocado a hablar de todos estos temas que también habrían enriquecido el debate, el sistema y la metodología. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Tiene la palabra la señora diputada por la Capital.

 

Sra. Lenz.- Señora presidenta: quiero dejar constancia de mi voto afirmativo al proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo que modifica de modo excepcional el artículo 53, en su segunda parte, del Código Electoral nacional, sancionado en diciembre de 2004. Su reforma puso en cabeza del Poder Ejecutivo la facultad de la convocatoria nacional.

          Voy a compartir algunas breves consideraciones políticas en virtud de las ya cinco horas que llevamos de debate, para reflexionar acerca del espíritu del artículo 53, que fija como fecha de las elecciones el cuarto domingo de octubre. Cuando se lo sancionó, la discusión rondaba en torno a concentrar las elecciones que se realizaban en las provincias.

          La realidad política mostró que las provincias terminaron teniendo elecciones en distintos momentos del año. Un ejemplo de esto –y como militante de la Capital Federal no lo puedo soslayar‑ es el adelantamiento político del cronograma electoral de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Si bien es el jefe de gobierno quien certifica y fija la fecha de la elección, la adelanta en términos políticos, porque podría haberla fijado en otro momento, por ejemplo en octubre.

          Acuerdo con la modificación excepcional de unificar las elecciones porque resulta necesario, a mi modo de ver, frente al incierto escenario global, tomar decisiones activas para no someter a la ciudadanía a un período prolongado de campaña electoral, y para que la sociedad pueda definir lo antes posible quiénes serán sus representantes en ese contexto.

          Debemos tener una legislación que nos permita ahorrar  los recursos y los esfuerzos que se pondrían en juego en una campaña prolongada. La pronta realización de las elecciones es una iniciativa que seguramente va a ser acompañada por la sociedad con su voto.

          La ciudadanía espera que estemos dispuestos a debatir ideas y presentar  propuestas concretas. Las campañas dependen de esto y no de su extensión en el tiempo.

          Es por eso procedente y legítimo que el Poder Ejecutivo envíe a este Congreso el mencionado proyecto de ley. Debatirlo en este recinto fortalece las instituciones y es un aporte a la calidad institucional, como uno de los puntales del Estado. Además, implica dar respuesta a las expectativas y a la demanda de certidumbre de futuro imaginado por la sociedad.

          En la sociedad democrática la política es esencial, en la medida en que garantice el funcionamiento del sistema.

          Los procesos de diálogo han ingresado en un escenario que necesita de soluciones políticas. Éstas se dirimen en las urnas y aquellos que esperen el apoyo del pueblo tendrán que someterse a su voluntad.

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Lanceta.- Señora presidenta…

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Señor diputado: el diputado Bullrich le solicita una interrupción, ¿se la concede?

 

Sr. Lanceta.- Sí, señora presidenta.

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

 

Sr. Bullrich.- Señora presidenta: no quería dejar pasar más tiempo porque escuché declaraciones del señor diputado Bonasso utilizando esta Cámara para atacar una marcha que está por suceder a las dieciocho horas, diciendo que es una marcha por la muerte, una marcha por la pena de muerte.

          La marcha de las 18 horas es para pedir mayor seguridad por parte de ciudadanos que no tienen banderías políticas. La va a encabezar un rabino y un sacerdote católico.

          Me alegro de que el señor diputado Bonasso haya evolucionado y no crea más que hay que matar al que piensa diferente ‑como pensaba en el pasado‑ para imponer una idea. Pero la difamación y la mentira tampoco sirven. La Argentina va a evolucionar cuando la gente acepte y tolere al que piensa diferente.

          Si el señor diputado Bonasso tiene una propuesta, estamos dispuestos a escucharla. Si tiene una propuesta respecto de la inseguridad, que la proponga y la debatiremos. Pero no usemos la difamación y la mentira para atacar al otro. Es mejor que querer matarlo, pero sigue siendo igual de malo para construir una sociedad y una República que realmente funcione.

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Lanceta.- Señora presidenta: viene bien el tema mencionado en la interrupción a mi discurso porque en realidad tendríamos que  estar ocupándonos de la seguridad, de los ocho chicos que mueren por día por causas evitables, de la educación, de la salud pública, de la inseguridad que torna a la provincia de Buenos Aires en un lugar en el que no se puede vivir.

          Lo cierto es que hoy nos convoca la modificación del calendario electoral. Ayer yo tenía fundamentos de tipo jurídico y de tipo político, que los sostengo. Durante el transcurso de la noche, a través de programas políticos, se han incorporado otras cuestiones que me llevan a la convicción de que estamos ante un escenario sumamente grave de manipulación, y que denota que estamos ante una gestión absolutamente populista.

          Hay tres pilares en los que se legitima la democracia republicana: los comicios, las instituciones y la ciudadanía. Desde el punto de vista electoral, la democracia es democracia de electores, según sostiene Naciones Unidas. Visto desde el ángulo de las formas institucionales es la convergencia de todos los factores en un ciudadano que asume la res pública como su norte. Hay ciudadanos proactivos, no pasivos, esperando una comunicación directa. Las modernas formas de comunicación hacen que los ciudadanos tengan un rol activo permanente, del que no nos damos cuenta. Este ciudadano activo se está formando e informando de las verdaderas razones por las cuales este gobierno decide adelantar las elecciones.

          Aquí se ha dicho, no sin razón, que el segundo semestre fiscal va a ser catastrófico, que va a ser malo. Ojalá nos equivoquemos en el diagnóstico, pero todo indica que así va a ser. Es decir que este cuerpo, deslegitimado en el 50 por ciento por los nuevos diputados que tendrían que ingresar, tendrá que tratar con la actual composición las leyes de ajuste que seguramente van a venir.

          Sigo insistiendo y lo reafirmo que no es cierto que esta ley no se contradiga con la Constitución Nacional. Hemos incorporado a nuestro ordenamiento jurídico normas de tipo supranacional que ponen límites al poder legisferante local. Por el artículo 75, inciso 22, de la Constitución se incorpora el Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, entre otros, que establece que todos los ciudadanos tienen derecho a participar en la dirección de los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, votar y ser elegidos en elecciones periódicas, auténticas, realizadas por sufragio universal e igual y tener acceso, en condiciones generales de igualdad, a las funciones públicas de su país.

          Este acortamiento del plazo electoral no nos permite vivir la democracia interna en cada uno de nuestros partidos políticos. Tengamos en cuenta que en esta República –gracias a Dios- ningún ciudadano puede ser candidato si no lo es a través de un partido político.

          Aquí hemos hablado de la necesidad de consolidar el sistema de partidos, pero este objetivo no lo vamos a lograr si no hacemos lugar a la democracia interna. Quizás como el oficialismo no necesita de democracia interna no le importa que los demás partidos la sostengan a rajatabla.

          En ese sentido, mi partido, el radical, que dirime las candidaturas y otras cuestiones en escenarios de democracia interna, ha visto alterado y roto su cronograma electoral, que fue diseñado en función de la vigencia de una norma de consenso. Recordemos que en su momento se dijo que esa norma era de consenso porque surgió de una decisión y de una política de Estado. Esa ley se sancionó para los tiempos, de ahí la exigencia de una mayoría calificada para modificarla.

          Este proyecto vulnera las posibilidades que tiene un ciudadano que quiere postularse a una banca de diputado o senador nacional o provincial, o de concejal en su pueblo. Se está violando el derecho que todos tenemos a ser elegidos.

          También vulnera en más de 180 días la posibilidad de muchos jóvenes que por primera vez podrían llegar a votar, porque quienes cumplan los 18 años después del 28 de diciembre del año pasado no podrán participar de estas elecciones, cosa que sí podrían hacer si el escrutinio se hiciera en octubre, ya que el plazo de 180 días se computaría tomando en cuenta esa fecha. Por lo tanto, esta iniciativa viola nada menos que el derecho de los jóvenes a elegir, cuando justamente ellos son los que están aprendiendo a vivir en democracia.

          Además, aquí hay una doble trampa. Lo digo porque en condiciones objetivas el oficialismo siempre es el que está mejor posicionado para presentarse prontamente a una elección. Y la doble trampa se daría en caso de confirmarse lo que es un secreto a voces, en cuanto a que el ex presidente sería candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Recordemos que el ex presidente tiene domicilio en Santa Cruz y que la residencia de Olivos es territorio federal. Por lo tanto, no tiene residencia en la provincia de Buenos Aires como para ser candidato por ese distrito.

          Lo que más me preocupa es que se incorpore un elemento político que me provoca pavura. No le temo a las elecciones, pero me da pavura cuando se juega con las instituciones. En estos días escuché decir a un subsecretario de Estado –el señor Emilio Pérsico- que si perdían las elecciones se iban. El periodista repreguntó:
”¿Cómo que se van?”. La respuesta fue directa: “Nos vamos porque esta es una elección plebiscitaria. Vinimos con un proyecto para no correrle una coma”. Pero si el plebiscito les sale en contra es porque deben correr más de una coma. Hoy nos encontramos en esta situación porque no están dispuestos a arribar a ningún tipo de consenso. Por eso la decisión de Kirchner, hecha pública esta mañana, fue transmitir la idea de que si pierden se van.

          Esa es una democracia de chantaje. Ninguno quiere que la presidenta se vaya antes de cumplir su mandato, que finaliza en 2011. No queremos vernos sometidos al chantaje que implica decir: “Si nos votan en contra la señora presidenta se va y que Cobos cumpla el mandato con un grupo económico”, tal como lo señaló Emilio Pérsico.

          Si esta es una elección basada en el chantaje el ciudadano proactivo lo sabrá visualizar. De ser así, los vamos a condenar. Vamos a ganar las elecciones por más que se apruebe este proyecto. La oposición va a llenar las bancas de este recinto.

          Todos sabemos que los pingüinos tienen que residir en zonas frías o, a lo sumo, en un zoológico, en un acuario o en la residencia de Olivos, porque en la provincia de Buenos Aires se mueren; duran poco tiempo. No importa con quién vayan, la oposición los va a derrotar. Aquí están jugando con las instituciones.

 

Sra. Presidenta (Bayonzo).- Tiene la palabra la señora diputada por Buenos Aires.

 

Sra. Llanos.- Señora presidenta: como integrante del bloque del Frente para la Victoria adelanto el voto positivo a este proyecto de ley, partiendo de un punto de vista político. No debemos olvidar que por la política estamos sentados en estas bancas.

          Escuchando los distintos argumentos, me pregunto: ¿por qué tanta resistencia a este proyecto? Entiendo, comprendo y sé que los consensos son necesarios, pero la comprensión, la razonabilidad y la oportunidad, también.

          Todos sabemos que la decisión del pueblo es soberana y está por encima de todos nosotros. ¿Es malo consultarlo? ¿Es malo convocarlo?

          Ahora nos quieren hacer creer que es malo pedirle al pueblo que se exprese libremente en las urnas con su voto, y que es malo cuando un gobierno legítimamente electo, por razones de gobernabilidad, excepcionalmente solicita adelantar la fecha prefijada para saber qué proyecto elige el pueblo de la Nación Argentina. ¿Será malo esto? ¿O será que algún sector no está preparado para afrontar una elección en poco tiempo?

          ¿O resulta que ahora debemos sacrificar la estabilidad y el crecimiento económico para privilegiar los intereses particulares de algún sector?

          Sí, hablo de interese particulares, porque todos podemos leer en los párrafos finales del dictamen de minoría que se dice textualmente: “...no puedo dejar de mencionar que la unificación de las elecciones municipales con las nacionales va en contra de los intereses de los ciudadanos porteños. No es lo mismo discutir el estado de las plazas o de las veredas que discutir la política exterior de la Nación, o la política monetaria del Banco Central.”

          A confesión de parte, relevo de pruebas. Tengo muy claro que el gobierno de todos los argentinos pretende tener en cuenta cuanto antes la decisión del pueblo y actuar en consecuencia. Todos juntos: el mundo de la política, del campo social, de las fuerzas laborales y empresariales, absolutamente todos deseamos que se solucionen los problemas que nos aquejan, como hemos escuchado acá.

 

- Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, doctor Eduardo Alfredo Fellner.

 

Sra. Llanos.- Pero todos sabemos que de a poco los problemas se van a ir solucionando. Somos conscientes de que no existen las soluciones mágicas. Debemos respetar la propuesta de nuestro gobierno y no descalificar constantemente todas sus iniciativas, sin importar si son buenas o malas. Simplemente se las critica porque son políticamente inconvenientes para los intereses de algún sector.

          En función de lo expuesto, reafirmo convencida

–después de haber razonado profundamente‑ que estamos en el camino más noble: el de someternos a la voluntad del voto soberano, cuando el país lo necesita. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- La Presidencia informa que aproximadamente hay anotados cincuenta oradores, independientemente de los minutos que corresponden como cierre a cada uno de los bloques políticos.

          Se me ha comunicado que los presidentes de bloque habrían llegado a un acuerdo para iniciar los discursos de cierre a partir de las 19.

          En cuanto tengamos quórum someteremos a decisión de la Cámara dicho criterio.

          Tiene la palabra la señora diputada por Santa Fe.

 

Sra. Berraute.- Señor presidente: teniendo en cuenta la larga lista de oradores y el pedido por usted formulado, seré brevísima.

          Lo que nos pide la señora presidenta es de una claridad tan meridiana que realmente no se comprende el larguísimo debate en el que estamos sumidos.

          La crisis internacional no puede ser negada absolutamente por nadie. Todos los días y a toda hora escuchamos a personajes destacados de nuestro país y del mundo entero señalando las condiciones de esa crisis.

          Entonces, la señora presidenta no dice que con esta norma vamos a solucionar la crisis, como aviesamente señalan algunos, sino que, dadas las características que suele tener, el debate preelectoral en la Argentina conspira contra la unidad de todos los sectores en defensa de lo que es prioritario -como lo subrayé en el debate que tuvimos a fines de diciembre-, que es la “defensa” del trabajo de los argentinos.

          Les recuerdo que nosotros como políticos estamos aquí precisamente para “defender” a nuestros ciudadanos. En este sentido, no sólo debemos garantizar la recuperación económica de los individuos sino la armonía de las familias y la red social, que a todos nos debe unir y que nos puede llevar a la recuperación de los valores solidarios que hemos abandonado o que están deteriorados. Ese es el objetivo prioritario que debemos perseguir.

          Esa es simplemente la propuesta: abreviemos los tiempos electorales, y una vez superada esa etapa, que nos obliga a trabajar para la obtención de los votos, atendamos de una buena vez lo prioritario con todas nuestras fuerzas y todos unidos.

          Es así de sencillo y de transparente. No hay nada que se pueda discutir, porque en ello no está en juego la confianza o la desconfianza que podamos tener en la señora presidenta. Son cuestiones que conocemos todos, son verdades de perogrullo, son obviedades.

          Esa es la lectura simple y clara de lo que está ocurriendo y de lo que aquí estamos considerando. Pero algunos se han empeñado en ver otras cuestiones debajo del agua. Yo no quiero hacerlo; si no, tendría que pensar que más allá de la confusión de algunos colegas, muchos otros están apostando a no llegar a octubre; y esto no quiero ni pensarlo. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Córdoba.

 

Sra. Baldata.- Señor presidente: tal como lo hicieron otros miembros de la bancada de la Coalición Cívica, quiero adelantar el rechazo al proyecto de ley bajo análisis.

          No voy a entrar en consideraciones técnicas, pero quiero señalar que la sola presentación de este proyecto trajo una modificación en el escenario político e institucional. Por ello, no podemos dejar de hacer un análisis al respecto.

          Inmediatamente después de conocerse el viernes pasado la decisión del gobierno nacional de modificar el calendario electoral y ponerlo ‑como es evidente- al servicio de las estrategias del partido de gobierno, que viene a modificar –como bien se dijo‑ la previsibilidad, absolutamente necesaria, y las reglas de juego, la Coalición Cívica y todos los diputados nos expresamos exactamente en la misma dirección, sin habernos puesto de acuerdo ni saber lo que cada uno de nosotros pensaba.  Nos expresamos lisa y literalmente por el rechazo al proyecto.  ¿Por qué?  Por la sencilla razón de que rechazarlo es de sentido común, y además por apego a las leyes, por respeto a la institucionalidad y porque entendemos que la previsibilidad que dio la anterior ley había sido todo un avance.  Somos consecuentes con el discurso y con la acción.

          Debo reconocer que la primera reacción fue de mucho asombro, de incertidumbre lógica por querer entender, conocer y dilucidar las razones que ameritaban que se borre con el codo lo que muy bien se había escrito con la mano hace cuatro años y que seguramente salió de la misma cabeza que en aquel momento la presentó, porque esta irracionalidad tiene nombre y apellido: Néstor Kirchner.

          Pero además del asombro, de no saber el porqué, sentimos indignación, porque se nos atacó en nuestra inteligencia.  No puede ser más burdo el argumento, que inclusive está escrito en el proyecto de elevación, al decir que se modificaba el escenario electoral y el cronograma porque había una crisis, que sabemos que existe y que segura y lamentablemente se va a profundizar.

          Se nos atacó en nuestra capacidad de análisis, de pensamiento y de espíritu crítico.  ¿Cómo creer semejante despropósito?  Cuando no hay causalidad alguna por la crisis económica y social, de la cual se debiera salir con más medidas para poder paliarla, se modifica el calendario electoral. 

          Después del asombro y de la indignación hoy llego a este recinto con muchísima preocupación, porque anoche escuché en La Plata al presidente del PJ que muy livianamente ponía blanco sobre negro.  Anoche nos dijo la verdad; explicó por qué razón presentó este atropello a la institucionalidad.  Textuales palabras de Kirchner: ¿Cuál es la razón para impedir que la gente exprese si está de acuerdo con la profundización del proyecto o no?  Es bueno que lo haya aclarado precisamente el autor de la norma.

          Pero no sólo esto es de gravedad, porque además la presidenta mintió cuando presentó en el sur este proyecto, si tomamos en cuenta las desafortunadas expresiones vertidas por Emilio Pérsico esta mañana, como bien se mencionó acá. Debo decir –los integrantes del oficialismo lo saben‑ que Emilio Pérsico verbaliza el pensamiento del ex presidente.  Todos saben que es así.  Pérsico dijo que si en junio –en caso de que se apruebe la iniciativa‑ la ciudadanía es adversa a este proyecto de gobierno, el gobierno quedaría en manos de Cobos.  Díganme si no es éste el más preocupante discurso y línea política de desestabilización. Yo apelo no a las risas, porque en esa banca oficialista hay muchos hombres y mujeres muy sensatos, responsables, honestos. Por favor, a través de ustedes, les pido que pongan fin a la locura de Néstor Kirchner. Pérsico, quien lee e interpreta el pensamiento del presidente, no puede decir ni anticipar prácticamente un autogolpe.

          Lo que estoy diciendo es lisa y llanamente el pensamiento no de la Coalición Cívica, tampoco de la oposición, sino que debe ser también el tema de ustedes...

 

Sra. Conti.- ¡Las locuras de Carrió!

 

Sra. Baldata.- No puede el señor presidente o la señora presidenta -pero en todo caso, aparentemente es el matrimonio gubernamental o presidencial- querer modificar el rol que tiene la oposición.

          Vamos a seguir investigando, vamos a seguir controlando y señalando, porque la Constitución nos ha dado esta facultad y la gente nos ha delegado ese poder. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Mendoza.

 

Sra. Lemos.- Señor presidente: adelanto que voy a compartir mi tiempo con la señora diputada Giudici.

          Nosotros adelantamos, desde la Unión Cívica Radical, el rechazo a este proyecto del Poder Ejecutivo, y las razones del rechazo tienen que ver porque no podemos continuar avalando una conducta que ya es reiterada por parte de este Poder Ejecutivo.

          Dicha conducta se viene dando desde 2003, pero se ha acentuado, en mi opinión, desde 2006, propiciando normas legales que atentan contra las instituciones. Desde 2006 el Poder Ejecutivo nacional ha intentado vaciar de contenido al Congreso de la Nación, se ha modificado el Consejo de la Magistratura, se ha destruido el INDEC, se avanza sobre la Auditoría General de la Nación, y en esta oportunidad se pretende modificar el Código Electoral Nacional.

          Somos muy respetuosos de las instituciones porque creemos que son el basamento y el fundamento de la Nación. Las instituciones tienen varias características, y las más importantes tienen que ver con que son permanentes, uniforman conductas, persiguen fines, y para ello utilizan instrumentos.

          Las leyes son instrumentos de estas instituciones, y a su vez, también son instituciones. Pero nosotros creemos que las leyes no pueden ser chalecos a medida; en todo caso son el límite dentro del cual el Poder Ejecutivo puede llevar adelante su cometido.

          Por esa razón, porque creemos en la institucionalidad y en la permanencia, es que no podemos avalar que ahora, por conveniencia política y económica y con argumentos que en nuestra opinión son absolutamente falaces, confusos y contradictorios, se diga que es necesario adelantar las elecciones, porque con eso se va a acotar o limitar este largo proceso electoral.

          Dadas las características federales de este país, que tampoco son respetadas por este gobierno, nada garantiza que además de las elecciones nacionales que se realizarán el 28 de junio, si esta ley es aprobada, el resto de los Estados provinciales unifiquen sus procesos electorales, con lo cual me parece que se cae el argumento más fuerte que esgrime el gobierno.

          Por esa razón no vamos a apoyar esa iniciativa.

          Antes de terminar quiero decir que se da una gran paradoja, porque aquí se ha hablado del modelo desde la oposición y desde el oficialismo. La gran paradoja es que el modelo no puede modificarse en una letra mientras que las instituciones son permanentemente modificadas. Se modifica el Código Electoral, se modifican las leyes, también el presupuesto, es decir, modificamos todo.

          Quiero concluir con el recuerdo de un presidente que fue muy importante para el radicalismo y que fue el doctor Arturo Illia. Ese día, el 28 de junio, se van a cumplir 43 años de su derrocamiento.

          En la fecha del derrocamiento yo era muy chica, pero he podido leer los documentos de la época, y así puedo decir que el coronel que fue a la Casa de Gobierno a decirle que se fuera, el coronel Perlinger, recibió de Illia una respuesta, en la que le dijo que la historia y sus nietos le iban a reprochar lo que estaba haciendo. En verdad, antes de que Illia muriera, el general le escribió una carta, dándole la razón y pidiéndole disculpas. Además de este homenaje, queremos reflexionar para que la historia no se repita, a fin de que el Poder Ejecutivo no tenga que pasar a la historia por haber cometido un nuevo error en la misma fecha.

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por la Capital.

 

Sra. Giudici.- Señor presidente: las razones institucionales y jurídicas que recién planteaba la diputada Lemos generan el rechazo absoluto de nuestro bloque.

          También es necesario efectuar una reflexión política, en el mismo sentido planteado por la señora diputada Baldata. Cuando nos enteramos del adelantamiento, pensamos en las razones o la lógica de la decisión. ¿Es simplemente una especulación electoral?

          Repasando los últimos acontecimientos de la Argentina, nos damos cuenta de que la lógica del antagonismo o del dilema falso o sofisma está presente. Esto lo podemos observar en tres casos.

          Cuando las cuentas fiscales empezaron a no cerrar y a enviar señales de alerta, el año pasado se intentó generar mayores recursos para el fisco mediante las retenciones móviles. Esta decisión se revistió de la épica vinculada con el conflicto entre la oligarquía y el pueblo; era la patronal rural o el pueblo. El debate terminó muy mal y la generación de ese antagonismo paralizó a la Argentina durante más de un año, y aun siguen vigentes sus secuelas.

          El otro dilema falso se plantea a partir de la censura en los medios y el cuestionamiento a los periodistas y la prensa independientes. Con un discurso épico también se señala que tendremos que dirimir entre Kirchner y Clarín.

          El tercer elemento también constituye un dilema falso. En estas horas el ex presidente decía que las razones de la inseguridad en la Argentina responde a una conspiración de bandas que actúan sobre los famosos.

          Nada está más allá de nosotros que el caer en estas trampas. Al nuevo dilema que se intenta instalar entre los argentinos, consistente en elecciones anticipadas o el caos, la oposición responde que se deben hacer cargo.

          La sociedad no les demanda que se vayan o cambien el proyecto nacional. Les demanda que cambien el modelo y den soluciones. La plaza llena no es una plaza de la muerte: hay que gobernar para quienes aplauden y para quienes hacen oír sus demandas.

          Desde la Unión Cívica Radical vamos a tener toda la disposición para ayudar a la gobernabilidad, pero de parte de ustedes tiene que haber responsabilidad. No se debe plantear, como lo hizo un encumbrado dirigente del oficialismo –Pérsico‑, el dilema de que si pierden las elecciones, se van. Le hacen un muy mal favor a la Argentina, sobre todo cuando la sociedad está en este momento de crisis.

          Muy pocos de quienes están a favor de la institucionalidad y de la democracia van a poder defender esta medida que están tratando de imponer con las 129 manos levantadas. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Buenos Aires.

 

Sra. Puiggrós.- Señor presidente: no voy a dar argumentos legales, puesto que la discusión es política. Desde el punto de vista legal se han dado todos los argumentos. Incluso, la oposición ha dado argumentos en el sentido de que el hecho de que el Poder Ejecutivo envíe un proyecto de ley al Parlamento es uno de los actos de mayor legalidad posible. Por lo tanto, esto está afuera de discusión.

          Desde el punto de vista político, quiero subrayar lo siguiente: en la Argentina hay una costumbre que muestra la falta de respeto y de confianza hacia las instituciones de nuestra Constitución que fueron construidas a partir de 1853, y en adelante con las sucesivas reformas constitucionales. A la sociedad argentina, a la Nación Argentina, le ha costado construir una trama institucional en la cual sostener los vínculos tan complejos de una sociedad como la nuestra. Me refiero a una sociedad chica en cuanto a la cantidad de habitantes, pero con una enorme cantidad de problemas y dificultades para estructurar tramas políticas consistentes, capaces de sostener la vida social.

          Esa costumbre a la cual me refiero es la de no entender que el corazón de los acuerdos es el Congreso de la Nación; el lugar de la gran convocatoria es el Congreso de la Nación. Otro tipo de convocatorias son convocatorias parciales que tienen que ver con el lógico diálogo que mantienen los diversos poderes, el Poder Ejecutivo  o el Poder Legislativo, consultando a diferentes sectores de la sociedad.

          Un ejemplo es el diálogo que está manteniendo en estos momentos el Poder Ejecutivo con los sectores vinculados con la actividad agraria, especialmente con representantes de algunos de dichos sectores, en el Ministerio de Producción con la presencia de la señora presidenta. Este es un espacio de diálogo con sectores que además de pertenecer a corporaciones últimamente se han ido mostrando cada vez más como una oposición política.

          La propia presidenta de la Nación ha estado conversando con estos sectores, de modo que se ha establecido un diálogo abierto, más allá de lo que reflejen los medios de comunicación o los titulares dentro de una campaña política electoral lanzada tempranamente.

          Muchas comisiones en este Congreso han seguido la costumbre no sólo de recibir a todos los sectores de la sociedad que así lo soliciten sino también de convocarlos. Podría dar un montón de ejemplos demostrando que esta es una actividad que honra al conjunto de diputados que pertenecen a este recinto y se encuentran sentados en sus bancas.

          Las consultas con la sociedad son actividades que se llevan a cabo permanentemente, pero cuando la oposición dice que el gobierno no consulta e impone una ley se está confundiendo realmente a la población. En realidad, lo que se está haciendo es campaña electoral; es decir, participar de esa campaña electoral que el gobierno ha lanzado prematuramente. Sin embargo, se dice algo que no es cierto como parte de esa campaña electoral.

          ¿Qué es lo cierto? Que la señora presidenta de la Nación manda un proyecto de ley; ni siquiera ha firmado un decreto de necesidad y urgencia cuando lo podría haber hecho en uso de sus facultades. Ha decidido no utilizar ese recurso y mandar la iniciativa a este Parlamento para que se estudie, discuta y debata de la manera más democrática del mundo: a través del voto de los representantes del pueblo. Por lo tanto, no hay ninguna imposición sino un proyecto que estamos analizando y que cuenta con una inmensa lista de oradores. En este sentido, nadie podrá decir que no se ha discutido, porque existe una enorme lista de oradores como ha ocurrido cuando se debatieron proyectos importantes que han llegado a este Parlamento, y además existirá el resultado de la votación.

          Entonces, el envío de un proyecto a este Parlamento con el fin de fijar nueva fecha de elecciones es una potestad del Ejecutivo, que cuenta con todo el respaldo constitucional y de tratados internacionales; es decir que tiene todo el respaldo legal para mandar esta iniciativa al Parlamento, que en definitiva decidirá.

          En síntesis, quiero decir que la sociedad ha sido y está siendo consultada por intermedio de sus más legítimos representantes. También quiero destacar que me parece realmente dañino para la sociedad y para el buen funcionamiento de las instituciones que se denigre, menoscabe y reste valor a la representatividad que quienes estamos aquí tenemos para decidir en torno a la reforma de un artículo de una ley que fija la fecha de las elecciones.

          Para terminar, no podemos anteponer los intereses electorales inmediatos a la gran crisis que se está viviendo. Lo que está haciendo el gobierno es dar prioridad al combate de la crisis e instarnos a tomar conciencia de la situación que se vive y que tenemos por delante. Esto es más importante que la cuestión electoral, que estamos tratando de llevar adelante con todo respeto y de hacer todo el esfuerzo para que en los tres meses próximos se cumplan todos los pasos necesarios para que a fin de junio votemos como corresponde. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Santa Fe.

 

Sra. Fein.- Señor presidente: en primer lugar quiero ratificar la importancia que da nuestro bloque a la seguridad jurídica, que tiene que ver con el respeto a las normas vigentes y su contenido, porque esto es lo que construye confianza entre los ciudadanos y el Estado. En este sentido, no vamos a apoyar un cambio de la ley vigente para adelantar la fecha de las elecciones.

          En el debate del día de hoy y también en los días anteriores se ha hablado reiteradamente de las elecciones en mi provincia, Santa Fe, y se las ha citado como antecedente. En este contexto quiero permitirme aclarar  la situación legal y política de mi provincia.

          En primer lugar, la ley 10.300 de la provincia de Santa Fe determina que la elección de autoridades municipales y comunales se realizará con una antelación no inferior a noventa días de la fecha de terminados los mandatos. Si entendemos que estos finalizan el 9 de diciembre, según el artículo 1º de la ley 10.300, el límite para la elección es el 9 de septiembre.  Pero además el sistema electoral vigente dispone la realización de elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias para elegir los candidatos que se presentarán en los comicios municipales y comunales. La ley 12.367 establece que las elecciones obligatorias deben realizarse 60 días antes de las generales y da al gobernador un plazo de entre 120 y 150 días para llamar a elecciones.

           Con esta ley vigente, y previa consulta a todos los partidos políticos con representación parlamentaria, el gobierno de Santa Fe llamó a elecciones internas, abiertas y obligatorias para el 28 de junio, y generales para el 30 de agosto.

          Si bien todas las provincias, y por supuesto la Nación, deben respetar las leyes –esto es lo que estamos reclamando-, quiero detenerme en el proceso político de mi provincia para llegar a este sistema electoral que fue un mensaje del Ejecutivo anterior del gobierno provincial pero que fundamentalmente fue la lucha y el reclamo de una sociedad por buscar mayor transparencia en los mecanismos electorales.

          El oficialismo de mi provincia por veinticuatro años tomó diferentes decisiones en cada uno de los años electorales. Por ejemplo, en el año 89 en mi provincia se llamó a elecciones a intendentes y concejales junto con las presidenciales. Por supuesto que el socialismo, como siempre, planteó que no compartía la decisión tomada por el partido Justicialista, que impedía el debate local al unir las elecciones para presidente con las elecciones de intendentes y concejales.

          Pero diez años después, en el 99, cuando la realidad nacional era diferente, la apreciación del Ejecutivo fue distinta y decidieron separar las elecciones locales de las nacionales. Como digo, el 89 era diferente del 99.

          Pero esta realidad de cambios de leyes en Santa Fe tuvo un nuevo engendro. En 1990 se sanciona la famosa ley de lemas santafecina, y digo famosa porque además de todo lo que podríamos decir de esta ley, permitía  la unión de lemas, partidos o frentes y los votos los sumaba el partido que tenía más afiliados, no el más votado, es decir que creemos que era una ley hecha a medida.

          En Santa Fe, como lo hemos reiterado, asumieron cargos no aquellos que fueron más votados sino muchas veces  quienes sumaron los votos de diferentes candidatos. También existieron concejales “truchos” que aprovecharon esta gran confusión electoral para tener un cargo.

          Pero en el 2003 se generó una nueva ley, la 12.121, que permite unificar las elecciones locales provinciales con las nacionales. En el 2003, por un decreto firmado por el entonces gobernador Reutemann, que planteaba que la ley de lemas era muy valiosa, tuvimos en nuestra provincia  la elección de senadores nacionales, diputados nacionales, gobernador, vicegobernador, senadores, diputados provinciales, intendentes, concejales, uniendo dos sistemas electorales en una misma boleta.

          Se trataba de una boleta que se llamó “supersábana”, que tenía 70 centímetros  y 7 cuerpos. Esto fue en el año 2003, cuando hubo 44 mil candidatos, y esta unión de dos sistemas electorales diferentes, el nacional con el provincial, permitió por ejemplo en mi ciudad, donde el Frente para la Victoria llevó más de 15 sublemas locales, unir 15 veces al candidato a senador, el actual senador Reutemann, en la boleta de los concejales.

          El altísimo cuestionamiento social de esta ley llevó a que el gobernador Obeid, hoy actual diputado, a los once días de asumir mandara el cambio de ley y se aprobara la ley 12.367, de internas abiertas, simultáneas y obligatorias.

          Los santafecinos hemos reclamado un sistema electoral transparente. Queremos que los ciudadanos a nivel local puedan discutir sus problemas, elegir sus concejales, presidentes de comunas e intendentes, discutiendo los problemas locales, que es donde se construye la democracia.

          Queremos que las elecciones provinciales se hagan en forma separada, y se puedan discutir los problemas de nuestra provincia y por supuesto las elecciones nacionales.

          Hay muchos que plantean que esto tiene un alto costo. Los que hemos luchado por la democracia sabemos lo que significan los costos de no tener democracia. Pero además si este fuera el elemento que definiera nuestras acciones, podríamos decidir por ejemplo en el área de salud –que es donde yo actúo‑ prohibir el ingreso de enfermos graves a los hospitales porque esto conlleva un muy alto costo. 

          La verdad es que el costo de los procesos democráticos se deben medir por la participación, el involucramiento y el debate de los ciudadanos acerca del fortalecimiento institucional.

          Finalmente, estamos dispuestos a discutir los problemas de la crisis: el problema del trabajo, el de las jubilaciones, el agropecuario. Nuestro bloque está dispuesto a discutir aquellas cuestiones que los ciudadanos reclaman y que seguramente habrá para ellas una respuesta mejor que el adelantamiento de las elecciones.

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Buenos Aires.

 

Sra. Giannettasio.- Señor presidente: en honor a la brevedad y a la cantidad de expositores que restan hacer uso de la palabra quiero efectuar una consideración general sin perjuicio de insertar el resto de mi discurso en el Diario de Sesiones, con la autorización del cuerpo.

          En estos días hemos escuchado decir que la norma que pretende modificar el segundo apartado de un artículo de la ley electoral, anticipando así la convocatoria a elecciones, atenta contra el régimen electoral.

          El régimen jurídico electoral está constituido fundamentalmente por los partidos políticos, la periodicidad de los mandatos y la posibilidad de la renovación sin un acortamiento o extensión de los mismos. Ningunos de estos supuestos están involucrados en esta modificación.

          Desde la recuperación de la democracia la Argentina ha vivido de manera regular e irregular tres momentos de anticipación del proceso electoral, que en ninguno de los casos implicó un acortamiento de los mandatos vigentes ni una extensión de los mandatos de los elegidos.

          Recordemos todos que el primer acortamiento de los mandatos surgió con el primer presidente de la democracia, en momentos de una crisis importante que implicaba casi el estado de disolución de la sociedad argentina. Cierto es que la dirigencia política participó de la decisión. También valdría la pena recordar en este recinto que la dirigencia política participó anticipadamente en este proceso y no por convocatoria, como consecuencia de la asonada militar del año 1988. Cualquiera de los que están sentados en estas bancas puede tener en sus retinas la imagen del doctor Antonio Francisco Cafiero ingresando a Campo de Mayo junto con muchos legisladores de distintos partidos políticos, algunos de ellos muy recordados por sus peleas en materia de derechos humanos y actualmente ya fallecidos. No hubo necesidad de convocatoria. Fueron todos los partidos políticos argentinos los que concurrieron a defender la democracia. No alcanzó con aquel consenso espontáneamente surgido en el núcleo de la democracia argentina incipiente y todavía débil.

          Todos recordamos la época de la hiperinflación, cuando en la provincia de Buenos Aires votamos cuatro presupuestos sucesivos porque se agotaban trimestralmente. Esa situación llevó a un estado tal que motivó el adelantamiento de las elecciones justamente para garantizar la paz social, la estabilidad y quizá un nuevo sistema de consensos. Era el preludio de lo que después en toda América se conoció como la década del noventa.

          Hubo una segunda interrupción con el gobierno de la Alianza, que desgraciadamente hizo fracasar todos los mecanismos de acefalía, y en el último de ellos, durante la presidencia del doctor Duhalde, hubo un nuevo acortamiento del período que correspondía, fundado también en la necesidad de conservar la paz social.

          Este Parlamento fue fundante en cada uno de aquellos momentos. No hubo acortamiento de los mandatos. Ningún legislador con mandato vigente atentó contra las instituciones porque sabía que la patria se moría en cada uno de los momentos que describo. Simplemente hubo una toma de conciencia de la realidad.

          Algunos discursos de hoy nos dan cuenta de que esta decisión no es apresurada sino atinada. Quienes adjetivan, ironizan o ridiculizan la imagen de la señora presidenta de la Nación al decir que podrían ir a verla a un zoológico, no contribuyen al diálogo sino al odio.

          También me enteré de algunas otras versiones atribuidas a autores anónimos, que indican que la Constitución es un chaleco de fuerza a la locura. En este sentido, quisiera decirles que Arturo Sampay –maravilloso constitucionalista en opinión de cualquier jurista argentino- instaló una frase que todos recordamos con mucho amor: “La Constitución es el plan con que un pueblo traza su destino”.

          Justamente, en esta materia la Constitución no establece ninguna traba. Fuimos nosotros quienes limitamos por ley y fijamos una fecha para la realización de las elecciones, y el procedimiento para la sanción, promulgación, derogación o modificación de una  norma es éste. El Parlamento es el único que puede intervenir en esta materia. Por eso la señora presidenta remitió el proyecto al Congreso; no se lo envió a los medios de comunicación o a un poder diferente y tampoco resolvió la cuestión mediante un decreto de necesidad y urgencia, porque no lo podía hacer. Simplemente apeló al único mecanismo previsto por nuestra Constitución para la sanción y modificación de las leyes.

          Por otro lado, quiero aclarar que la Constitución de 1994 no indica que las mayorías especiales tienen que ser monocolor o de partidos diferentes; simplemente dice que son mayorías especiales.

          En estos días he escuchado diferentes discursos que tienen que ver con las distintas tomas de posiciones. Pero algunos bloques que adelantaron su voto afirmativo cuando esta decisión tomó estado público -seguramente se sentían en condiciones de afrontar el debate electoral-  y felicitaron a la señora presidenta por recurrir al voto popular, en esta sesión fijaron una posición distinta.

          En su momento también escuché los discursos de algunos legisladores que negaban la autoridad de los parlamentos provinciales para fijar la fecha de las elecciones, pero hoy quieren recuperar esa facultad para el Parlamento nacional.

          En derecho, así como existen definiciones para determinar cuáles son las facultades constitucionales, también rige la teoría denominada “de los actos propios”. Esta teoría no deviene de una norma escrita sino del derecho natural. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Córdoba.

 

Sra. Storni.- Señor presidente: el adelantamiento de las elecciones constituye, lisa y llanamente, una muestra más del ejercicio abusivo del poder al que nos tiene acostumbrado este gobierno.

          Hoy asistimos a una muestra típica de la denominada “viveza criolla”, con la que el ex presidente

-que junto con la señora presidenta es quien toma las decisiones que rigen los destinos de la República- intenta llevarnos a un cambio en las reglas de juego, modificando el Código Electoral vigente desde 2004, cuando él gobernaba el país.

          Esa es una muestra más del divorcio que existe entre el gobierno y la ciudadanía, a la que intentan convertir en un espectador pasivo frente al desmoronamiento de las instituciones.

          Cuando este gobierno fue electo no se le otorgó un cheque en blanco, sino que obtuvo los votos necesarios para gobernar pensando en la República y en la totalidad de los ciudadanos argentinos y no en la necesidad política del partido en el gobierno.

          Hace pocos días el presidente del Partido Justicialista dijo en Catamarca: “Adelantan las elecciones porque tienen miedo.”

          Evidentemente, algo de eso hay en este adelantamiento de las elecciones que coarta la posibilidad de que los partidos –en la Argentina rige un sistema de partidos políticos‑ puedan llevar a cabo sus elecciones internas.

          Además, todo esto coincide con una crisis que no solamente está golpeando fuertemente a nuestro país, sino también con una fuerte caída de los índices de popularidad de este gobierno como consecuencia de la falta de un plan serio y previsible.

          La solución no se va a encontrar con mentiras ni transgrediendo reglas básicas de democracia; se soluciona convocando realmente a todos los sectores, a todos los partidos políticos y a todas las instituciones representativas de nuestra sociedad para realmente poder trabajar y pensar, con el fin de hacer frente a una crisis sin precedentes, que requiere de una consulta a todos los implicados para que podamos colaborar efectivamente con el gobierno.

          El cambio en el cronograma electoral y en las reglas de juego introduce un factor de imprevisibilidad importante. También contribuye a una pérdida de la calidad institucional. Ni hablar de la falta de seguridad jurídica que provoca este cambio y manipulación del Código Electoral.

          Por otro lado, existe una cuestión muy importante: en un momento en el que arrecian las denuncias por corrupción, el gobierno está siendo investigado no solamente por la Auditoría General de la Nación sino también por el hasta hace muy poco fiscal de Investigaciones Administrativas, Manuel Garrido. Pero la limitación que se ha puesto de manifiesto con el fiscal mencionado es un elemento más que contribuye a generar la inseguridad jurídica y la falta de previsibilidad. Esto nos preocupa a los argentinos, porque las crisis se enfrentan convocando a todos los sectores.

          Hay que hacer frente a todo, permitiendo que se investigue lo que haya que investigar. Además, los ciudadanos deberán pensar seriamente. Se trata de un momento muy difícil para nuestro país.

          El gobierno ha avanzado en forma permanente sobre este Congreso, limitando sus funciones mediante la sanción de la ley de superpoderes. También, con la modificación de la ley del Consejo de la Magistratura, ha limitado las funciones del Poder Judicial, poniendo en jaque las bases de la República, que tienen que ver con la independencia de poderes.

          Realmente nos encontramos en un momento difícil. En realidad, estamos ante una crisis internacional, aunque es cierto reconocer que nosotros venimos de una crisis previa y esto no se soluciona modificando el Código Electoral ni adelantando las elecciones.

          No vamos a acompañar el proyecto del oficialismo por este motivo. Realmente esperamos que en algún momento cesen estas iniciativas que en nada contribuyen a mejorar la calidad institucional de nuestra República.

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Tucumán.

 

Sr. Dato.- Señor presidente: retomo lo que decía la señora diputada Giannettasio en cuanto a la teoría de los propios actos ‑probablemente esta es una suerte de deformación por provenir del Poder Judicial‑, que sostiene que los propios actos son sancionados por los jueces cuando se contradicen.

          Pero creo que en el ámbito parlamentario vale el tema de los precedentes. Cuando analizamos la historia de estos veinticinco años de democracia argentina observamos como un movimiento pendular entre la elección simultánea y la elección provincial, entre si la convoca el Poder Ejecutivo nacional o la convocan los poderes provinciales.

          En ese conjunto de leyes que retocaron el Código Electoral sancionado por la llamada “revolución argentina” aparece una ley sobresaliente: la 23.952. La califico como sobresaliente por su condición de excepcional, tal como se aclara expresamente en su texto. Esta norma, que llegó al Parlamento el 14 de mayo de 1991, recibió sanción definitiva el 20 de junio del mismo año. Es bueno hacer algunas precisiones sobre su articulado.

          Esa ley tocaba algunos plazos, como los plazos de convocatoria y de candidatura, y derogaba expresamente la ley 23.229. Cuando se refería a la convocatoria, reducía la previsión del artículo 54 de noventa a cuarenta y cinco días. Cuando se refería a las listas provisionales, reducía el plazo de noventa a setenta y cinco días, y al referirse a las listas de presentación de candidatos reducía el plazo de cincuenta a treinta días.

          ¿Cuál es la particularidad de esa ley? Que fue un proyecto del Poder Ejecutivo que se trató sobre tablas en el Senado, fue aprobado y enviado en revisión a esta Cámara de Diputados, donde se le dio un tratamiento preferencial y se lo trató sin despacho de comisión.

          Pero eso no tendría ninguna importancia si no supiéramos quiénes definieron esa excepcionalidad. La definió como miembro informante el ex diputado Soria Arch y la definieron votando diputados que han sido íconos de la joven democracia argentina. Entre los diputados que la votaron figuran el maestro Juan Carlos Pugliese y el renombrado, querido y admirado César Jaroslavsky, como presidente de bloque. Pregunto: ¿acaso podemos imputarles a Pugliese o a Jaroslavsky que votaran una medida de excepcionalidad quebrando lo que hasta ese momento eran las reglas de juego? Realmente es algo impensado.

          Lamentablemente, en esa sesión no pudo estar, porque estaba con pedido de licencia, el constitucionalista Jorge Vanossi. Y digo que su ausencia fue lamentable por dos razones: primero, por su sapiencia en la materia, y segundo, porque integró sucesivamente dos de los partidos que hoy se oponen a esta excepcionalidad.

   - Ocupa la presidencia la señora vicepresidenta 1ª de la Honorable Cámara, doña Patricia Vaca Narvaja.

         

Sr. Dato.- Creo que ya se ha hablado mucho del tema legal,  y como decía el señor diputado Bonasso, no ha habido ningún constitucionalista en la Argentina que impugne la posibilidad de hacer esto por vía de una ley con una anticipación de noventa días.

          Con respecto a esa ley del año 1991 que se aprobó rápidamente, el último tratamiento sobre tablas ‑no tenemos más referencias que eso- lo plantea el actual gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá. O sea que en el caso de esa ley sancionada en 1991 todo el espectro político argentino aprobó el cambio de los términos sin que esa excepcionalidad haya hecho que se rasguen las vestiduras los que creo que han titularizado un segmento importante del proceso democrático argentino.

          Al no tener más antecedentes que el tratamiento sobre tablas del proyecto, nosotros debemos decir que acogieron las razones por las cuales el Poder Ejecutivo lo mandaba, que rápidamente paso a leer:  “Es por lo expuesto que por razones operativas de índole económica y de racionalidad en el aprovechamiento de los recursos humanos que se aconseja el desdoblamiento de las elecciones nacionales a los efectos de posibilitar la simultaneidad de ésta con los comicios locales, evitándose así la realización de dos elecciones en breve lapso”.

          Si se toma el mensaje del Poder Ejecutivo, evidentemente ésta fue la razón de la decisión casi unánime de nombrar una norma excepcional.

          Salvada la cuestión constitucional y legal, me parece que lo que en definitiva corresponde es examinar si las razones que expone el Poder Ejecutivo tienen la suficiente entidad como para que se disponga una norma excepcional. Yo digo que sí, y aunque a algunos los escandalice rescato el párrafo que dice que en toda esta crisis es importante una suerte de ratificación de la legitimidad. Probablemente hoy, como ayer, tengamos que decir, como el viejo adagio romano, vox populi vox Dei. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra el señor diputado por Córdoba.

 

Sr. Ardid.- Señora presidenta: voy a ser breve para no reiterar conceptos que ya escuchamos.

          No voy a discutir la legalidad de esta medida, pero no puedo menos que reflexionar con pena acerca de las circunstancias que hacen que la presente medida se compare con otras decisiones que se han tomado en otros estamentos gubernamentales, que no fueron iguales porque en ninguno de esos casos se tuvo que modificar una ley que establecía una fecha eleccionaria precisa que, de algún modo, había hecho que todo el espectro político del país hiciera previsiones a ese respecto.

           En la época que estamos viviendo creo que esto sí atenta contra algo que es fundamental para que podamos funcionar adecuadamente y dar soluciones, que es la credibilidad. Al no tener credibilidad nos va a costar muchísimo más tratar de encontrar solución a esta crisis que, según mi óptica, nos está llevando a un problema que no hace fundamentalmente a lo que va a ser el desempeño del país, que es adelantar un poco más o menos una fecha política para un gobierno que no necesita reafirmar nada porque ya tiene la legitimidad de origen que debe tener. Es más, creemos que está haciendo una jugada que puede ser arriesgada y terminar atentando contra la gobernabilidad de este país si los resultados electorales no son aquellos con los que el gobierno piensa que se va a encontrar después del 28 de junio.

          Habríamos querido que esta reunión que tenemos la hubiéramos hecho para debatir los problemas puntuales que hacen a la crisis que está empezando a sufrir este país y no para discutir esta cuestión. Se trata de una crisis que en alguna medida fue generada por nosotros, los argentinos, y que en otra buena medida nos viene de afuera, pero creo que toda la ciudadanía hubiera visto con mejores ojos que nos dedicáramos a resolver otras cuestiones en vez de juntarnos en esta sesión especial solamente para tratar si se adelanta o no una fecha electoral.

          No discuto la legalidad de la iniciativa, pero tiene mucho de la picardía de jugar en un tablero que puede ser el más adecuado para una determinada fracción política.  Son las reglas de juego y tendré que aceptarlas, pero repito que no es lo más conveniente ni hace a la credibilidad que tiene que despertar un gobierno. El ejemplo claro lo tenemos quizás en la democracia más firme que tiene el mundo, que es la de los Estados Unidos, que pese a la enorme crisis que atraviesa y a ser ellos los que la generaron ‑y por eso están en el ojo de la tormenta‑ no modificaron para nada la fecha electoral que tenían. Creo sinceramente que sería un importante ejercicio para los politólogos plantearse qué hubiera pasado si en los Estados Unidos se hubieran adelantado las elecciones y se hubieran hecho antes de la caída de Lehman Brothers.

          Por todas estas cuestiones debemos empezar a apuntar a una institucionalidad de mejor calidad. Reitero que no estoy discutiendo la legitimidad o la legalidad que puede tener esta iniciativa, pero sí estoy expresando que desearía que en nuestro país alguna vez empecemos a manejarnos con reglas distintas y no que usemos el triste argumento de que porque otro quebrantó o cambió una determinada regla de juego que puede modificar bastante lo que hace a la vida de un país, yo también me siento autorizado a hacerlo.

          Creo que las cosas no tienen que ser así. Incluso veo con mucha preocupación el hecho de que este gobierno pareciera querer plebiscitarse a través del acto electoral del 28 de junio, ya que si el resultado no es el que el gobierno espera puede poner aún en más serio riesgo la gobernabilidad que todos vamos a necesitar para poder capear esta crisis.

          Por lo señalado, adelanto mi voto por la negativa.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. West.- Señora presidenta: quiero bucear en un tema que hasta ahora no se ha tocado: cuál fue el espíritu de la ley que se votó bajo el número 25.983. ¿Qué era lo que se buscaba en ese momento?

          El mensaje actual de la presidenta nos dice que es desaconsejable la extensión de las campañas electorales desde principios de marzo hasta el cuarto domingo de octubre. El adelantamiento de los comicios ya anunciado en dos de los principales distritos, a los que se pueden sumar otros, terminará por instaurar un verdadero estado deliberativo que hará que el año 2009 casi íntegro resulte dedicado por superposición a campañas electorales de distinto tipo y nivel.

          El mensaje enviado por el presidente Néstor Kirchner en el año 2004 decía que la experiencia recogida hasta el presente aconsejaba unificar las fechas de las elecciones a fin de posibilitar su realización en un solo y único acto electoral, evitando así la dispersión de esfuerzos, etcétera, y coadyuvando a avanzar en la reforma política electoral que ha venido impulsando el gobierno nacional.

          Analicemos lo que decía el senador Pichetto cuando se discutía el proyecto. Señalaba que era para evitar lo que en muchas oportunidades en el país ha sido una larga cabalgata de elecciones, que empezaban en febrero o marzo del respectivo año electoral y concluían en noviembre o diciembre, en un fixture decidido por las provincias que obligaba prácticamente a los Estados provinciales y al propio país a estar permanentemente preocupados por la instancia electoral; cuando lo importante en tiempos de crisis es gobernar y gestionar, indudablemente esta situación no es conveniente.

          Eso decía en ese entonces el senador Pichetto, y otros senadores se expresaron en forma parecida. Pero lo más interesante es cómo lo tomaron los diarios en aquella fecha, cuando en diciembre la Cámara de Diputados dio sanción definitiva al proyecto.

          El diario “La Nación” tituló el jueves 16 de diciembre de 2004: “Se unificaron las fechas de las elecciones nacionales. El gobierno busca evitar que el debate electoral se extienda todo el año”.

          Más impactante todavía es lo que dijo el diario “Clarín”, el de mayor tirada de nuestro país, el que más influye en la formación de la opinión pública. Se trata de un tema que hoy mismo estará tratando la presidenta con su propuesta.

          El diario “Clarín” anunció el 16 de diciembre de 2004 que se unificaban las fechas de las elecciones, señalando: “La Cámara de Diputados convirtió en ley en la mañana de ayer la reforma del Código Electoral Nacional, que unifica en una fecha, cuarto domingo de octubre, las elecciones nacionales, provinciales y municipales.” Así el diario “Clarín” interpretaba erróneamente lo que se había votado, porque las provincias tienen la posibilidad de fijar sus fechas.

          El espíritu de lo que se discutía era, sin ninguna duda, lograr que se unifique la totalidad de las elecciones. En aquellas épocas había un ánimo de conciliación, y todos estábamos preocupados por la tremenda crisis en la que había entrado el país.

          Se habían apaciguado los espíritus y se buscaba que la totalidad de las elecciones se hicieran en la misma fecha para acortar los tiempos de los debates electorales. En ese momento el resultado en la Cámara de Diputados no fue por unanimidad, como hoy se plantea, sino por 139 votos por la afirmativa, cifra que quizás sea igual a la que probablemente alcancemos esta noche.

          Algunos diputados de la oposición han dicho cosas increíbles. La versión taquigráfica del discurso de uno de ellos reza: “En nuestra Constitución, la mayoría especial está pensada para una lógica de acuerdo entre partidos y no para que el oficialismo, a partir de un mecanismo de construcción de una mayoría bastante poco transparente, quiera cambiar las reglas electorales”.

          Le contesto con lo que dijo otra diputada de su mismo bloque: “La Constitución nos ha dado esa facultad, y la gente nos ha delegado ese poder.” Por eso lo vamos a votar esta noche. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra la señora diputada por la Capital.

 

Sra. Gil Lozano.- Señora presidenta: no voy a referirme a aspectos técnicos o formales, pues me parece que ya se han expresado todos.

          Quiero dejar una reflexión vinculada con la relación que estamos teniendo en este momento con la sociedad, a cuyos ciudadanos teóricamente debemos representar.

          Para esto me retrotraeré a la crisis de 2001, que no ha ocurrido hace tantos años. En esa época recuerdo que un gran número de políticos sufrió realmente la repulsa de toda la ciudadanía.

          Estos hechos se pueden justificar o repudiar, pero de alguna manera reflejan un estado de ánimo del ciudadano frente a nosotros. Esa crisis pasó, pero creo que nuestra credibilidad quedó seriamente dañada.

          Posteriormente, producto del crecimiento económico, se va modificando esta actitud y comienza a generarse un nuevo vínculo entre la ciudadanía y la clase política, pero no se restablece por completo.

          Hoy hay una relación entre la ciudadanía y la política matizada con síntomas de desconfianza. Muchos sectores salen a la calle a manifestarse por los motivos más diversos, ya sea porque se quedan sin trabajo, les  falta el agua, les dieron viviendas en malas condiciones, por las retenciones o por la seguridad.

          A raíz del proyecto que hemos estado discutiendo hoy durante toda la tarde he recibido por lo menos treinta correos a través de mi teléfono donde me hablan de distintas movilizaciones en todas partes.

          Me parece que está bien que discutamos la ley, como lo hemos hecho durante toda esta tarde, pero creo que se trata de un problema interno que nos interesa a nosotros; me parece que la ciudadanía está con otras dificultades.

          Sinceramente considero que hay señales que nos están acercando nuevamente al año 2001. La semana pasada se votó aquí una ley marco de violencia de género. Sin embargo, un patotero que tengo como compañero en esta Cámara tuvo el tupé de insultar y amenazar de muerte a una compañera de bancada, y curiosamente...

- Varios señores diputados hablan a la vez.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- El señor diputado West le solicita una interrupción, ¿se las concede?

 

Sra. Gil Lozano.- No, señora presidenta.

          No estoy exagerando, ustedes no estaban aquí. Esto es lo que sucedió.

          ...Curiosamente la negación que todos tienen, y no por nada mayoritariamente varones, cuando digo que hay 500 mujeres en los prostíbulos todos se ríen, aunque a espaldas o a escondidas me llaman y me dicen: “Tengo una persona desaparecida, ayudame”. Y yo los ayudo. Votaron impunemente una ley que es una basura –la ley de trata-, y que hace diferencias de las víctimas. Ahora abuchean, en privado piden disculpas.

          Este señor se comportó como un golpeador con la mujer golpeada. Vino despacito, estableció una atmósfera privada y amenazó a la diputada. Después se fue rápidamente y dijo: “Yo no dije eso. ¡Qué barbaridad!”. ¿Qué es lo que hacen sus colegas compañeros? No dicen absolutamente nada como no dijeron nada cuando discutimos la violencia de género, porque estaban en otro lado. Se fueron todos, las mujeres solas nos quedamos hablando de la violencia de género...

- Varios señores diputados hablan a la vez.

Sra. Gil Lozano.- Mi compañera dijo lo que hay que decir en la forma en que hay que hacerlo, y no insultó a nadie. Este es un lugar fuerte de discusión. Aquí discutimos ideas; y esto es válido, pero yo no tengo ningún derecho de acercarme a la otra bancada para insultar o amenazar a nadie. Esto no está bien de ninguna manera; mucho menos decir: “No te metás con tal cosa porque te vamos a hacer cagar”. Estas fueron las palabras que utilizó.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- La señora diputada Camaño le solicita una interrupción, ¿se la concede?

 

Sra. Gil Lozano.- No voy a conceder ninguna interrupción, señora presidenta, porque tengo muy poco tiempo.

          Creo que estamos en un contexto donde votamos determinadas cosas y no las podemos aplicar. Dicen que la sociedad es fascista porque pide la pena de muerte. Yo me encuentro con muchas madres que me dicen por qué no vuelve el servicio militar obligatorio. También podría decir: ¡qué fascistas que son! ¡Qué vergüenza! Lo que yo pienso es que la gente está pidiendo políticas públicas que no aparecen por ninguna parte.

          La gente está desesperada y nos damos el lujo de estar discutiendo cuestiones, en el marco de una interna que nos importan sólo a nosotros. El tema del campo no lo resolvimos, y hay un montón de otros asuntos que podría citar como ejemplo. El conurbano está lleno de narcotraficantes que están dirimiendo territorio. Sin embargo, tenemos un ministro que dice que está todo bien. Eso es violencia.

          Sinceramente creo que esta tarde que hemos pasado, en la que algunos expusieron mejores argumentos y otros no tanto, sólo nos interesa a nosotros. Debemos utilizar mejor nuestro tiempo, porque el país nos está demandando otro tipo de acciones que nada tiene que ver con esto. La ética y los principios republicanos se ven en los momentos de crisis, cuando está todo bien todos somos espléndidos. Aquí la ética la tenemos que probar en la dificultad, al igual que la política y que los principios que decimos que defendemos. Y si votamos favorablemente un proyecto con un marco de género y de violencia, no tienen que venir acá a decirnos “¡Estuviste bien! ¡Qué barbaridad!”. Tienen que agarrar el micrófono y solidarizarse con las mujeres que fueron agredidas. Eso es lo que debieron haber hecho. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra la señora diputada por Buenos Aires.

 

Sra. Camaño.-  Señora presidenta: brevemente y sin ánimo de interrumpir el debate, que me parece que es lo más importante, como a mí sí me interesan las cuestiones de género, como sí creo que existe violencia laboral, como sí creo que la población más desfavorecida de nuestro país es precisamente la femenina, quiero recordar a este honorable recinto que ha habido otras discusiones en las que mi género agredió al otro género. Recuerdo que hubo una señora legisladora que se levantó de su banca y sopapeó a un señor legislador.

          Con esto quiero decir, señora presidenta, que tenemos que poner el ojo donde corresponde. No se puede pedir a los compañeros y colegas, como lo está haciendo la diputada, una suerte de manifestación pública en aras de la defensa del honor de nadie, porque francamente no sentí que fuera ni más ni menos agresivo que muchas otras circunstancias que se viven en el recinto. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra el señor diputado por Entre Ríos.

 

Sr. Varisco.- Señora presidenta: el gobierno pretende que las elecciones se realicen el próximo 28 de junio, y para ello propone modificar el Código Electoral. En realidad, no hay ningún asidero o argumento que justifique esto desde lo jurídico, salvo la propia conveniencia electoral del gobierno. Desde el oficialismo se la ha calificado como una decisión noble, pero creo que solamente se puede exhibir el cálculo y el oportunismo.

          Se dice que nosotros no queremos que se consulte al pueblo. ¡Por supuesto que queremos! En la historia nadie más que nosotros tuvo que ver con el cuarto oscuro para todos los argentinos. Queremos que se consulte al pueblo, pero también queremos que se lo consulte sobre las retenciones, sobre el blanqueo de capitales y sobre los superpoderes. ¿Por qué no se lo consulta acerca de la actual composición de la Magistratura o sobre la coparticipación federal?

          Se dice, casi tomándonos el pelo, que hay que acortar las campañas electorales. ¿Desde cuándo el debate es malo en la democracia? Con lo que hay que terminar es con el doble discurso, como ocurrió en mi provincia, Entre Ríos, donde en su momento se desarrolló una campaña electoral a favor del pueblo de Gualeguaychú y sin embargo hoy se trata de demonizar la lucha de ese pueblo.

          Entonces, no hay argumento alguno para acompañar este proyecto. Esto genera dos debates: uno es el que tiene lugar en este recinto y el otro, el de la calle, la voz de la calle. En este sentido, desde el más humilde hasta el más encumbrado de los argentinos sabe que la única razón, el único argumento y el único objetivo que persigue este proyecto es patear para adelante, mostrando una capacidad supina del gobierno para resolver los problemas que son urgentes hoy, como la seguridad, el conflicto agropecuario y lo que sucede día a día, encubriéndose bajo el paraguas de una crisis internacional que, si bien influye, no tiene que ver tanto como los errores  y desaguisados del propio gobierno.

          Con esta medida se pretende ocultar una trampa. A mí no me interesa cómo resuelven sus cuestiones internas los demás partidos. En definitiva, son partidos democráticos que tienen elecciones internas. Con esto se mete una cuña pretendiendo que lleguemos desorganizadamente a la lucha por el poder.

          Por lo tanto, no hay razón alguna para acompañar este proyecto que trae improvisación, y que lleva implícita la idea de la picardía. Desde el gobierno se piensa en cómo aniquilar al otro en términos políticos.

          Digo esto porque el diálogo y la convivencia que presupone la democracia lamentablemente van a quedar sepultados por muchos meses, porque estas cosas lo único que hacen es ahondar las diferencias y confrontar cada vez más.  Hasta la fecha no es feliz ni acertada.

          El 28 de junio de hace 43 años, salteadores nocturnos de las corporaciones, de las fuerzas armadas y la oligarquía deponían a un presidente como don Arturo Humberto Illia. El país creció un 8 por ciento de promedio en sus casi mil días de mandato.  Supo enfrentarse a los poderes extranjeros con la ley de medicamentos, retomando el control de la soberanía del petróleo.

          En fin, supo enfrentarse a los grandes con políticas de pleno empleo y de salario mínimo, vital y móvil. Traer aquí la humildad y la sabiduría de Illia debe servir para que todos, gobierno y oposición, aprendamos que la democracia es otra cosa que esta medida oportunista.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra la señora diputada por Mendoza.

 

Sra. Montero.- Señora presidenta: en función de los siete minutos que tengo para hablar voy a tratar de conceptualizar lo más rápido posible lo que me parece que tengo para decir. En principio me parece que lo importante de este proyecto de ley es el impacto que tiene, como cualquier ley que nosotros votamos en este Congreso, sobre el sistema político, el sistema económico y el sistema social. No es una ley cualquiera, es una ley que impacta gravemente y afecta a estos tres sistemas.

          Por eso creo que no se puede hacer una valoración de ella. Es decir, en el momento en que los diputados tenemos que votar por sí o por no, debemos hacerlo dentro de un marco valorativo adecuado, y creo que éste no es el que dan los propios fundamentos de la iniciativa.

          Los fundamentos hablan simplemente de que nosotros tenemos que votar este cambio de fecha eleccionaria por el contexto de crisis económica. Si bien este es grave para la Argentina, y por suerte ya está reconocido, no deja de ser una crisis coyuntural en la que podríamos tener algunos otros resortes para poder asumirla, tratarla y conducirla hacia el bienestar de todos los argentinos.

          Creo que debe enmarcarse valorativamente esta ley en otro contexto, que es el de la legitimidad de este gobierno. Este gobierno fue legitimado por el voto popular a partir de una propuesta que hizo, convocando al pueblo para que fuera aceptado y votado.  Eso no es cosa menor, porque justamente ese pueblo es soberano y transmite la titularidad del poder para su ejercicio al gobierno, por lo cual la idea que el futuro gobierno presenta en el acto eleccionario es lo que lo convoca.

          Esto debería guiar por lo menos todas las acciones de este gobierno hacia el logro del objetivo que propuso. Creo que este debe ser el marco valorativo, justamente el de los objetivos que ellos propusieron, desde lo político, desde lo social y desde lo económico, que son los sistemas que se van a impactar con esta ley.

          Desde lo político recuerdo, y simplemente para hacer una abstracción muy simple, que la presidenta hablaba de calidad institucional, y después voy a volver sobre esto.  Desde lo económico se hablaba del desarrollo económico con diversificación, con industrialización, con inclusión social y con internacionalización.

          Desde lo social se hablaba de un moderno Estado de bienestar, con educación y salud, es decir el goce de los derechos sociales para todos y cada uno de los argentinos, que de esto sí ha sabido siempre hablar bien el Justicialismo.

          Yo me pregunto qué es lo que tenemos que entender por calidad institucional. A mi criterio se trata de respetar los principios rectores. Uno puede fijarse un objetivo pero después debe tener principios rectores para llegar a él y un organigrama funcional para hacer cumplir todas las acciones que nos conduzcan a ese objetivo.

          La calidad institucional está dada justamente por la letra de la Constitución Nacional, que son nuestros principios rectores. Allí se establece el gobierno democrático, que es el basado en la soberanía popular y en el principio de igualdad: igualdad de los ciudadanos ante la ley, igualdad en las condiciones de acceso al goce de los derechos sociales, igualdad de oportunidades.

          Pero la Constitución establece también en su primer artículo que estamos ante un gobierno representativo, republicano y federal. Por eso digo que fundamentalmente nosotros, los representantes del pueblo, que no somos los dueños de estas bancas, somos los que tenemos que hacer valer los principios constitucionales.

          Cuando hablamos de República nos referimos al gobierno de todos, y ella se moviliza a través de principios. Como decía Montesquieu, así como el principio que moviliza las acciones de una monarquía es el honor, el que moviliza las acciones de una república es el de la virtud, y la virtud consiste en el amor a la patria para tratar de llegar a lograr el bienestar de todos y para todos.

          Creo que tenemos que ver lo que hemos hecho en materia de leyes durante todo el año que pasó para saber si hemos logrado acercarnos al objetivo o no. En principio, creo que nos hemos excedido. La primera ley que votamos en este Congreso fue la llamada “ley de Antonini Wilson”: no respetamos la división de poderes ni tampoco la estrategia de internacionalización. Así, durante todo el año seguimos violando sistemáticamente los objetivos que el gobierno se había propuesto para este país.

          Mi pregunta entonces es hacia qué modelo vamos cuando en realidad actuamos sobre una realidad virtual fabricada con los números de Moreno; o cuando actuamos con la lógica de la sustitución de todos los poderes del Estado; o cuando actuamos con la lógica de la negación de la realidad y con la lógica de la acumulación.

          Quiero terminar señalando que este proyecto de ley vulnera principios fundamentales, así como la posibilidad de acción de los partidos políticos al acortarle los tiempos para su propia organización antes de llegar al acto eleccionario. También vulnera el principio de participación para muchos ciudadanos, viola principios constitucionales ‑aunque no está excluida la posibilidad de adelantamiento de las fechas‑ y vulnera la legitimidad de este gobierno.

          Este gobierno nos está conduciendo hacia un modelo que desde el punto de vista económico es de acumulación, como bien dice la presidenta; desde lo social, en vez de un moderno estado de bienestar se plantea un Estado que hace beneficencia a partir de lo que acumula para construir su propio poder, y desde lo político debemos rever si en la categorización de las formas de gobierno estamos ante un república o ante una “nupciocracia”, guiada por principios que no creo que sean para el bien común.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra el señor diputado por Tucumán.

Sr. Vargas Aignasse.- Señora presidenta: creo que el señor miembro informante ha sido muy claro al hacer uso de la palabra al comienzo de esta sesión, cuando se refirió a los aspectos técnicos, jurídicos y constitucionales de este proyecto. No hay dudas de que la calidad institucional no se afecta en lo más mínimo, porque nos estamos manejando dentro del marco que fija nuestra Constitución Nacional. En consecuencia, si logramos la mayoría que prevé el artículo 77 no vamos a estar modificando ninguna regla de juego, dado que el Código Nacional Electoral mantendrá la vigencia en todos sus aspectos.

          Evidentemente, esta iniciativa tiene un enorme componente político. Por ello, de acuerdo con la subjetividad e intereses de cada uno de los bloques, puede considerarse una buena o mala propuesta.

          A continuación quisiera hacer un poco de memoria y recordar que en 2004 nos tocó debatir la ley que estableció el último domingo de octubre como fecha fija para la realización de las elecciones. Esa fue una propuesta del entonces presidente de la Nación, el doctor Néstor Kirchner.

          A pesar de que algunos hablaron de unanimidad en el resultado de la votación de aquel proyecto, lo cierto es que no fue tan así, porque se plantearon algunas diferencias. La idea fue establecer reglas de juego para que las provincias y la Nación votaran en los años impares en el mismo momento, dado que esos años se caracterizaban por la escasa gestión.

          Reitero que el resultado no fue por unanimidad, tal como lo señalaron algunos legisladores. Como ocurre habitualmente, los extremos se opusieron. En este sentido, me gustaría recordarle al señor diputado De Marchi lo que dijo en aquella sesión el legislador por Mendoza Gabriel Joaquín Llano, quien manifestó: “Señor presidente: como representante del Partido Demócrata de Mendoza, un partido de entrañable filiación federal, adelantamos nuestro voto negativo al proyecto de ley en tratamiento. Creemos que la fijación de la fecha de elecciones debe estar reservada exclusivamente a las provincias argentinas.”

          Es decir que el diputado Llano estaba en contra de lo que dispone la Constitución Nacional. Quizás a ellos no les convenía nacionalizar las elecciones, dado que integran un partido con escasa presencia en otras provincias. Obviamente, cada uno juega el partido que más le conviene, y por eso hoy el diputado por Mendoza defiende otra posición. Nosotros lo respetamos, porque cuando lo que está en juego son cuestiones políticas es lógico que cada uno atienda su juego de la mejor manera posible.

          El núcleo de coincidencias básicas que se aprobó en 2004, que hoy, extraordinariamente, intentaremos modificar por cuestiones que nada tienen que ver con problemas internos de nuestro país –hablamos de una crisis que viene de afuera-, intentó establecer una pauta común que lamentablemente fue violada por quienes tenían responsabilidades en los gobiernos locales.

          Así, recuerdo que en 2007 en la Capital Federal la Coalición Cívica –nos referimos a Telerman y a su socia de ese momento, la doctora Carrió-, fijaron una fecha de elección con varios meses de anticipación a la del comicio nacional. Por eso en aquella oportunidad en la Capital se votó en el mes de junio.

          Un diputado de la Coalición Cívica habló en esta sesión de los cinco o seis meses que van a transcurrir entre la fecha de la elección y la asunción de los nuevos legisladores, pero nada dijo de que en esa ocasión a ellos les convino fijar la fecha en junio. Ese fue el juego al que se debieron ajustar el oficialismo nacional y el partido de Macri. Sin embargo, nadie habló de falta de ética; todo lo contrario. Esas fueron las reglas de juego que propusieron quienes tenían la facultad de hacerlo, como hoy este Congreso tiene la atribución de avanzar en este proyecto.

          Lo mismo ocurre en la provincia de Santa Fe, porque desde 1983 al presente ésta va a ser la primera vez que las elecciones municipales se van a efectuar en una fecha diferente a las nacionales. En Santa Fe se va a votar en agosto. Es cierto que van a gastar más dinero y que se van a someter a la provincia a una maratón de elecciones, pero tienen la facultad de hacerlo. Seguramente tomaron esa decisión porque les conviene políticamente, y no está mal que lo hayan hecho.

          No podemos demonizar ni tildar de falta de ética aquellas decisiones que se ajustan a lo que establece la Constitución Nacional.

          Lamento que en este momento no esté presente en el recinto el ingeniero Solá, porque en 2004, cuando era gobernador de la provincia de Buenos Aires, en la Cámara de Diputados de la provincia avanzó un proyecto que llegó a figurar en el Orden del Día. No recuerdo si la Cámara lo sancionó, pero sí que hubo un acuerdo entre el radicalismo, el PJ y algunos partidos más para que las elecciones intermedias en la provincia de Buenos Aires se celebraran con una fecha fija. O sea que se efectuaba una analogía con lo que ocurre a nivel nacional, fijando un día y pautando una regla de juego.

          Cuando se enteró el ingeniero Solá –en ese momento gobernador‑ por todos los medios comenzó a vilipendiar el proyecto. Logró anularlo, diciendo que a él no le iban a atar las manos. Dijo que contaba con la facultad de fijar la fecha y que iba a ser cuando “le conviniera a la provincia.”

          Es decir que podemos observar como existe un doble estándar ético cuando somos oficialismo u oposición.

          El domingo lo vi al ingeniero Solá en un programa de América, y hablaba de “una cuestión de principios.”

          ¡Esto es una cuestión de principios y de ética! La verdad que a uno le molesta mucho cuando advierte que se procede de una forma cuando existe una responsabilidad nacional y de manera distinta cuando no se la tiene.

          No nos olvidemos de que el ingeniero Solá, con todo derecho, buscó su reelección hasta último momento. Quería que la Corte interpretara que su mandato de dos años no había sido un mandado. Quería la reelección y estuvo a punto de hacer una presentación. Lo dijo públicamente en todos los medios de comunicación: “Voy a buscar la reelección, porque para mí estos dos años no son un mandato.”

          Pero a partir de lo que ocurrió en Misiones el presidente de la Nación lo convocó y le pidió que no forzara la Constitución y que no avanzara más. Quizás   a partir de ahí no se sintió contenido en este proyecto. Aclaro que a mí no me parece mal. Cuando se habla de ética y de principios, y en el momento de tomar decisiones aparecen cuestiones antiéticas, la verdad que uno siente que el tema está muy politizado y nos lleva a que nos cueste entender la lógica de quienes son oposición.

          Para el final había dejado el tema Catamarca. En realidad, en dicha provincia se produjo un hecho muy grave, que se viene repitiendo hace dieciocho años desde que el Frente Cívico gobierna.

          Acá hay muchos periodistas de diferentes medios que hablaron de la derrota del gobierno nacional y de Kirchner. Lo cierto es que hace dieciocho años en todas las elecciones intermedias de Catamarca el Frente Cívico

–integrado por el radicalismo básicamente‑ obtiene triunfos que varían entre el 12 y el 17 por ciento. En esta última elección obtuvo la victoria por una diferencia de menos del 10 por ciento de los votos. Para el peronismo fue una elección bastante importante.

          Al peronismo siempre se lo acusó de manipular leyes, constituciones y de utilizar las normas para beneficio propio. Por eso quiero leerles lo que dice la Constitución de Catamarca en su artículo 90: “Las elecciones para la renovación de las cámaras legislativas se realizarán en día domingo del mes de marzo, y si hubiera elecciones nacionales se realizarán simultáneamente.” “Realizarán.” No dice “se podrán realizar” o que el gobernador tiene discrecionalidad. Se dice: “...se realizarán simultáneamente.”

          Hace dieciocho años que se viola la Constitución en Catamarca. El Frente Cívico tiene mayoría en la Corte del Superior Tribunal de Catamarca, que nunca se expide. ¿Saben por qué nunca se expide? Porque el plazo de convocatoria es de sesenta días, y en enero hay feria judicial. La gente está de vacaciones. No hay forma de hacer internas, de armar frentes, etcétera.

          En Catamarca la campaña se hace en vacaciones. ¡Es una vergüenza institucional!

          La Coalición Cívica en esta votación sacó un 2 por ciento. Espero que los diputados del radicalismo –creo que algunos obran de buena fe cuando hablan de la ética‑ adviertan esta barbaridad y a la hora de hablar hagan una autocrítica previa. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra la señora diputada por el Chaco.

 

Sra. Damilano Grivarello.- Señora presidenta: voy a ser breve resaltando cuatro o cinco puntos que son los que fundamentan mi decisión de acompañar el proyecto oficial, totalmente convencida de que estamos en el camino correcto. Creo que los diputados que me precedieron en el uso de la palabra y nos representan en el bloque han sido más que claros y explícitos con respecto al convencimiento que tenemos sobre el proyecto del Poder Ejecutivo.

          Si me permiten, quiero hacer una breve aclaración a fin de no dejar un manto de dudas, por lo menos en lo que a mí respecta, sobre lo que escuché del señor diputado preopinante, de la provincia del Chaco. Me parece de muy mal gusto que utilice cada sesión para venir a hacer denuncias contra el gobernador de nuestra provincia. Me parece que éste no es el ámbito, pues tenemos la provincia para eso.

          Aprovecho para decir que hay distintas cuestiones que el señor diputado mantiene con la justicia desde hace muchos años. En el diario “Ambito Financiero”, que hoy leímos porque justamente él lo manifestó acá, se habla de un juicio que el señor diputado tiene desde hace muchos años con productores por haberles vendido semillas adulteradas.  Los productores se dieron cuenta de ello cuando en lugar de crecer girasoles crecían margaritas, tal como se expresa en la nota publicada en el diario. Le pido al señor diputado que resuelva estas cuestiones en el ámbito de la Justicia y no en esta sesión, que ha sido convocada para debatir un tema muy importante como es el adelantamiento de las elecciones.

          No coincido en absoluto con quienes dicen que este proyecto es inconstitucional o antidemocrático. De hecho, si la presidenta de la Nación tuvo la decisión política de enviarlo al Congreso, que es el ámbito adecuado para que lo debatamos, somos nosotros los que vamos a decidir hoy, y seguramente la semana que viene lo hará el Senado, si se va a concretar o no el adelantamiento de las elecciones.

          Por otro lado, quiero remarcar algo que se ha dicho muy poco. Se dice que este problema nos interesa solamente a nosotros y que en realidad la gente está preocupada por otras cuestiones. Puede ser, pero tampoco se tiene en cuenta una encuesta que se le ha hecho a esa gente y que ha salido la semana pasada en un programa televisivo, que arroja que el 60 por ciento de los argentinos estarían conformes con el adelantamiento de la fecha de las elecciones. Tampoco se tiene en cuenta una encuesta realizada hace apenas quince días en la provincia del Chaco que dice que el 54 por ciento estaría de acuerdo con que se unifiquen las fechas de las elecciones.

          Me parece que de esas dos encuestas podemos hacer una clara lectura, y es que la gente efectivamente tiene otros problemas pero también le preocupa saber cuál será el futuro de cada uno de ellos y de nosotros. Entonces, más allá de la importancia que tiene ese acto democrático o esa expresión cívica de poder elegir a nuestros representantes, sería bueno acortar los tiempos de la campaña electoral porque todos sabemos que las campañas electorales provocan la distracción de quienes ocupamos algún cargo ejecutivo o legislativo, ya que debemos compartir nuestra función con nuestra campaña electoral.

          En caso de no adelantarse la fecha de las elecciones, no sólo perderíamos de trabajar todos estos días sino hasta el mes de octubre, pues sabemos que muy pocas veces lograríamos llegar al quórum para celebrar las sesiones y poder debatir todos esos temas que nos preocupan y le preocupan a la gente, tales como el problema del campo, de la educación, de la inseguridad, etcétera. Mal podríamos tratar todos esos temas si no tenemos quórum. Ya vimos lo que ocurrió el día de hoy: si el oficialismo no llegaba al quórum, seguramente la oposición –que estaba detrás de las puertas- no iba a ingresar al recinto para que podamos hacer este debate.

          Por otro lado, con respecto a la expresión de que no hay gobernabilidad, creo que el justicialismo ha dado sobradas muestras de que es capaz de gobernar hasta el último día de mandato, y esto no lo decimos nosotros sino la historia y lo que ha pasado con los anteriores gobernantes.

          Por último, cuando se habla de imprevisibilidad, yo imagino el caso de la Argentina como una gran nave e imagino a la señora presidenta de la Nación como piloto de esa nave que justamente está atravesando una tormenta con muchas turbulencias, y que muchas veces esas imprevisibilidades no son tales sino que son las maniobras que la presidenta tiene que hacer justamente para pilotear esa nave y que llegue a buen puerto.

          Estas son las distintas medidas anticíclicas que se han venido anunciando desde el año pasado a esta parte que tienden a preservar el trabajo, el consumo interno y la industrialización.  Por otro lado esta otra medida que se suma es justamente una de esas maniobras que hacen que al no tener que estar en permanente campaña electoral desde ahora hasta octubre podemos acortar los tiempos electorales y definir cuestiones, ya sea apoyando el modelo actual o bien diciendo que no estamos de acuerdo con él.  Para eso están las elecciones, pero el 29 de junio debemos seguir trabajando para que esta gran nave en la que estamos todos –no está únicamente el oficialismo sino que también está la oposición y el país entero‑ salga ilesa.  Todo va a depender de la voluntad que ponga cada uno de nosotros. 

          Por lo expuesto acompaño este proyecto y espero que se convierta en ley. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra la señora diputada por el Chaco.

 

Sra. Beveraggi.- Señora presidenta: voy a compartir mi tiempo con el legislador de la bancada de la Unión Cívica Radical, Juan Acuña Kunz. 

          Voy a ser breve, y pido autorización a la Honorable Cámara para insertar en el Diario de Sesiones el resto de mis fundamentos.

          En reiteradas ocasiones se ha dicho que llama la atención que el adelanto de las elecciones de los cargos electivos de diputados y senadores nacionales se fundamente en la profundidad y extensión de la crisis internacional y en el impacto que genera en nuestro país.  A esta altura yo no puedo considerar que eso sea un hecho nuevo para el gobierno nacional.

          Aquí se ha dicho que había una trampa para los partidos políticos.  Creo que lamentablemente es cierto, y no es sólo para los partidos políticos sino también para el pueblo de la Nación, porque aparentemente con el problema de la crisis, que es real, vamos a ahorrar o a tener un concepto de austeridad nada más y nada menos que en una cuestión electoral, cuando es el más expreso acto de manifestación y participación de la ciudadanía.

          Aunque sea muy tentador para la sociedad en general, no creo que vayamos a ahorrar en propaganda o en campaña electoral.  Además tendríamos que haber pensado si no podíamos haber tomado otras medidas cuando se estableció la disposición económica para la llamada ley de recuperación de Aerolíneas Argentinas.

          Creo que frente a las crisis debemos tener políticas públicas que las traten y las enfrenten, atendiendo las distintas situaciones de fondo, como las políticas agropecuarias o de salud.  Las emergencias deben ser atendidas en forma oportuna.

          Pertenezco a la provincia del Chaco, donde lamentablemente hay una epidemia de dengue, hoy ya públicamente informada por el director de Infectología del Hospital Ferrando. Menciono el caso a modo de ejemplo.

          Esas son las cuestiones de fondo, las prioridades que vamos a tener para gastar. ¿Cuando se anunciaban los megaplanes de obra no se tenían en cuenta?  ¿No existía la crisis?  La crisis estaba y no creo que hoy sea un argumento válido aplicado solamente para adelantar las elecciones.

          En ese sentido el párrafo tercero del mensaje de la señora presidenta habla expresamente de actualizar la voluntad popular.  Durante el tiempo que he sido diputada, la mayoría de las veces que hemos votado el oficialismo dio como fundamentación que se trata de una votación y que están absolutamente legitimados porque ganaron las elecciones y son mayoría. 

          ¿Por qué hay que adelantar la fecha? ¿Están perdiendo la legitimidad? Es un discurso algo contradictorio.

          También preguntaría por qué en la crisis se ahorra con el más débil. Por ejemplo, en el caso de las viviendas, las achicaron en 10 metros cuadrados, pasando de 54 a 44 metros cuadrados. Y podríamos seguir dando ejemplos.

          Hoy estamos tratando un tema que aparentemente es del microclima político o del ámbito de la elección, pero creo que trasciende a toda la ciudadanía y, por lo tanto, adelanto mi voto negativo, no por oposición sino realmente por convicción.

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra el señor diputado por Santa Cruz, aclarándole que le quedan tres minutos.

 

Sr. Acuña Kunz.- Señora presidenta: en primer lugar me gustaría preguntar, desde esta tribuna política, por qué la presidenta, en su discurso inaugural del período ordinario de sesiones, no nos informó el 1º de marzo la intención de acortar los tiempos electorales, y lo hizo un tiempo después, desde la ciudad de Rawson, donde además el presidente del Partido Justicialista y ex presidente en funciones Néstor Kirchner reconocía la futura crisis de gobernabilidad, cuando hasta el momento parecía que la crisis solo castigaba al mundo y no rozaba de lleno a la Argentina.

          En nuestro criterio, este proyecto es pura y exclusivamente una maniobra especulativa, que rompe con las más elementales normas de los cronogramas electorales, creadas y enviadas por el propio Kirchner a este Congreso Nacional en el año 2004.

          Pero a nosotros nada nos sorprende. Los que venimos de Santa Cruz estamos acostumbrados a que permanentemente el kirchnerismo nos cambie las reglas. Modificaron la Constitución primero para reelegirse, después volvieron a modificarla para reelegirse en forma indefinida y ponen candidatos que miden bien en las encuestas pero finalmente no cumplen con su mandato. La hermana del presidente no abandonó nunca el Ministerio de Desarrollo Social; sin embargo, ha sido varias veces candidata y ha sido elegida.

          Sin ir más lejos, en la elección de 2007, cuando el ex ministro Ginés González García fue electo diputado por Buenos Aires, al poco tiempo abandonó y ahora está en una embajada, que creo que es la de Chile.

          Hasta desafía las propias leyes naturales. Este pingüino, que dice ser del sur, ahora quiere convertirse en “pingüino del norte”, porque quiere presentarse como candidato en la provincia de Buenos Aires.

          En rigor de verdad, sabemos que esta medida fue tomada en la más absoluta soledad del matrimonio Kirchner, tal vez con alguien más, pero porque se acerca a un shock crítico que viene en tiempos muy cercanos con profundo descreimiento por parte de la sociedad, y va a venir con una amedrentada y enflaquecida billetera, y ya la “caja rosada” no va a poder alcanzar para pagar los sándwiches para la gente del conurbano, ni siquiera el transporte de los humildes peregrinos políticos que concurren a cada acto organizado por este gobierno en forma clientelista.

          Es lamentable que la agenda política del momento sea esta discusión y este debate, cuando deberíamos estar discutiendo la crisis económica, los problemas del campo, la mortalidad infantil, la inseguridad, la inflación o la educación, que también son crisis. Y no estoy seguro si mañana vamos a poder conseguir el quórum en esta Cámara.

          Quiero terminar con una anécdota: mi hija de seis años me decía el otro día, cuando miraba la televisión: “Papá: ¿la presidenta es la esposa del presidente?” Le tuve que decir, invariablemente: “Sí, hija, es la esposa del presidente”.

         

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Recalde.- Señora presidenta: parece que el mes de marzo es muy propicio no solamente para estos debates sino también para recuperar la memoria colectiva.

          Lo hicimos hace poco, cuando esta Cámara votó un proyecto de resolución del señor diputado Morante y otro de mi autoría, homenajeando la Constitución de 1949. Y lo hicimos el miércoles pasado, que fue 11 de marzo, fecha en que el pueblo recuperó la democracia después del golpe de 1966, que derrocó, como acá se dijo, a un hombre excelente, un hombre probo, como fue el doctor Arturo Umberto Illia. Pero a la Constitución de 1949 la dejó sin efecto un golpe. Quedó sin efecto una Constitución votada por el pueblo argentino, y no fue el pueblo el que la dejó sin efecto mediante un proceso establecido por la Constitución, sino que lo hicieron las Fuerzas Armadas, acompañadas por civiles.

          También el mes de marzo es propicio para recordar qué pasó el 18 de marzo de 1962, cuando gobernaba el doctor Frondizi con el peronismo proscripto. Se convoca a elecciones en la provincia de Buenos Aires, y, proscripto el general Perón, las elecciones las gana un dirigente sindical, secretario general del gremio de obreros textiles, Andrés Framini.

          Por supuesto que no se admite el triunfo popular de un dirigente sindical que encabezaba esa fuerza política, que ni siquiera pudo presentarse con la sigla del Partido Justicialista porque estaba proscripto; creo que lo hizo con la sigla de Unión Popular.

          Así llegó al gobierno el ex senador –casi digo general, pero vale el acto fallido‑ Guido. Estos hechos que nos sucedieron son momentos para recordar. En general, fuimos los que sufrimos el atropello y las violaciones legales y constitucionales.

          Me parece importante rescatar lo que dijo una diputada en cuanto a dejar de lado las calificaciones –en realidad, son descalificaciones‑ para pasar a discutir los temas de fondo.

          En este debate he escuchado hablar de trampa, debilidad y fraude. Faltaba que se invoque al monstruo de Amstetten, pero todavía faltan algunos oradores, por lo que quizás lo mencionen.

          También tuve oportunidad de hacer una autocrítica, porque una diputada habló de una ley basura, y a mí no me gustó.  Pero después hice una autocrítica y recordé que yo también mencioné una ley que contenía contratos basura, aunque no era legislador en ese momento.

          Entonces, dejemos las calificaciones y discutamos el fondo de la cuestión. Una ley puede ser reformada por otra ley. No voy a ser reiterativo porque hay otros diputados que también quieren expresarse, pero ha sido señalado con mucha  capacidad jurídica por compañeros como Prieto, Giannettasio, Vargas Aignasse y otros, por lo que me remito a ellos.

          Además, en el proceso de formación de leyes, donde deben alcanzarse las mayorías consagradas por el voto popular, también hay derecho a elegir el sentido de la oportunidad.

          La presidenta de la Nación lo ha hecho y ha estimado oportuno enviar ahora este proyecto de ley para modificar por única vez el Código Electoral. Esto forma parte del proceso de formación de leyes y de la Constitución Nacional.

          No es cierto que se viole la ley o la Constitución. Además, el sentido de la oportunidad me parece espléndido, a fin de que el pueblo se exprese lo antes posible y que los temas de fondo no se contaminen  con la puja electoral. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tal como se ha acordado con los jefes de bloque en el sentido de que a las 19 horas comienzan los debates de cierre, queda tiempo para dos oradores más.

          Tiene la palabra la señora diputada por Formosa.

 

Sra. de la Rosa.- Señora presidenta: se han dicho muchas cosas respecto del proyecto de ley en debate. Fueron muchos los compañeros de mi bloque y de otras bancadas que defendieron adecuadamente el proyecto de ley.

          Quiero refutar algunas cuestiones que se han expresado en el recinto, porque parece que no se ha escuchado convenientemente el discurso de la señora presidenta de la Nación del 1° de marzo de este año.

          Fue muy clara al hablar de la crisis económica financiera internacional y su impacto a nivel global, de América latina y de la Argentina. Creo que es clara la posición que va a adoptar la Argentina a nivel internacional y en vista de la próxima reunión del G-20; otros países de América Latina se supone que tomarán una actitud similar: basta de subordinación y coordinación entre los países.

          Es necesario que muchos organismos multilaterales, incluida las Naciones Unidas, se tengan que reformular. Además, habló de la necesidad de crear un nuevo acuerdo macroeconómico global, vinculado con la demanda global y el financiamiento para sostener la actividad mundial. Asimismo, ese financiamiento debe venir de nuevos o reformulados organismos multilaterales de crédito.

          Además, se habló del contexto de la Argentina. Muchos señores diputados dijeron: “¿cuál es la respuesta a la crisis? ¿Es este proyecto que estamos discutiendo hoy?”. No es así. La respuesta a la crisis la tiene la Argentina, porque a diferencia de otros países aquí se ha instaurado un modelo económico, financiero, social y político que dio los mejores resultados que tuvo nuestro país en toda su historia.

          Estaríamos hablando demasiado si dijéramos por qué estamos mejor parados para afrontar la crisis internacional. Muchas veces nos referimos al superávit, al desendeudamiento, al fin con el Fondo Monetario Internacional y sus condicionamientos dictados durante muchos años en la Argentina que determinaron la política económica de nuestro país. Fue el Fondo Monetario Internacional el que dictó las políticas de ajuste que terminaron con el gobierno de la Alianza. Basta de eso. Hay una política de independencia y de soberanía, y esa es la posición de la Argentina.

          ¿Qué presenta hoy nuestro país? Políticas claras, porque este modelo productivo pudo hacer que la Argentina crezca, y no sólo el producto bruto interno sino también el empleo.

          La posición de la Argentina ante la crisis es clara: vamos a defender el empleo y sostener la actividad económica. Las medidas que el 1° de marzo sostuvo la señora presidenta, y luego en sucesivos actos en Olivos o en la Casa de Gobierno, fueron conocidas por todos y se relacionan con sostener la actividad económica. No es casualidad que el plan de infraestructura económico y social sea del 7 por ciento del producto bruto. Sostener la demanda, sostener la oferta, esas son las acciones claras que tendrá la Argentina para garantizar fundamentalmente el empleo de sus habitantes.

          Esta crisis –vemos lo que está ocurriendo en el mundo entero- está dejando y va a dejar millones de desocupados, con la caída de la economía en las grandes potencias, el quiebre dramático del comercio internacional y el impacto que ello tendrá en nuestro país.

          Estamos preparados y como bien dijo el señor diputado Delich hay un modelo que vamos a defender. Y justamente con eso se vincula este proyecto de ley. Es bueno adelantar las elecciones y la discusión acerca de cuál es la visión de la Argentina, cuál es el modelo estratégico que los argentinos vamos a elegir; es decir, este modelo de trabajo, de producción, de inclusión social u otro dictado por aquellos neoliberales o algunos que todavía quieren negociar con el Fondo Monetario Internacional.

          Esto es lo que hoy se discute en la Argentina: cuál es el modelo a seguir para que esta crisis inevitable, porque es global, impacte lo menos posible en la economía de nuestro país y de nuestras familias. (Aplausos.)

 

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- Tiene la palabra la señora diputada por Santa Fe.

 

Sra. Martín.- Señora presidenta: voy a tratar de sintetizar un punto de vista que en cierta forma anticipé en la reunión de comisión del día de ayer porque creí que era mi obligación aportar a la discusión de este tema.

          Con el proyecto de ley del Poder Ejecutivo en materia electoral que estamos considerando se pone nuevamente en tela de juicio quién tiene la facultad de convocar a elecciones nacionales de diputados y senadores, y en cierta medida la modalidad. Voy a abordar esto desde dos aspectos: uno de ellos es el constitucional y el otro es el aspecto práctico de la cuestión.

          Desde el punto de vista constitucional, cuando hablamos de facultades del Estado debemos considerar la fuente constitucional, no la ley. La ley no es suficiente fuente constitucional cuando se trata de la atribución de facultades para los órganos del Estado. La fuente constitucional es la que determina el marco legal dentro del cual puede moverse el gobierno federal.

          En este aspecto, ¿qué es lo que nos dice la Constitución Nacional? La Constitución expresamente no le da la facultad ni al Congreso ni al Ejecutivo. Me refiero a la facultad de convocar la elección, no a la de legislar sobre el régimen electoral, que es una cosa distinta.

          En este punto entiendo que debe regir el principio general que la Constitución nos da en el artículo 121 para el caso de que no esté expresamente determinada una materia en las competencias del Estado. Esa regla dice que las provincias conservan en los órganos del gobierno federal todo el poder que no se encuentra expresamente delegado en la Constitución Nacional.

          En esta materia tan delicada como es la convocatoria a elecciones, entiendo que es competencia de las provincias, de acuerdo con el diagrama de distribución de competencias que por fuente constitucional tenemos en nuestro país.

          En lo que respecta a la conveniencia, veamos un poco lo que ha sucedido en nuestro país. Desde 1984 a la fecha el Código Electoral ha sufrido aproximadamente setenta y ocho modificaciones –a través de leyes, decretos y resoluciones-, gran parte de ellas vinculadas a la cuestión electoral y de la convocatoria en los circuitos.

          Evidentemente, todos los partidos políticos de nuestro país, en lo que va de la historia nacional desde 1984 a la fecha, pueden encontrarse indudablemente de un lado o del otro del mostrador a la hora de hablar  de la cuestión práctica y de la conveniencia. Es decir que en ese aspecto no podemos encontrar un hilo conductor.

- Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, doctor Eduardo Alfredo Fellner.

 

Sra. Martín.- Hay una cuestión, que también forma parte de la realidad y que se vincula con el desarrollo democrático. En los tiempos en que nos toca vivir, el desarrollo democrático no sólo tiene que ver con la expresión del voto sino que afortunadamente se vincula también con la multiplicidad de centros o sedes en los que debe expresarse el voto. En nuestro sistema democrático, en nuestro sistema institucional, no hay un poder único. En nuestra sociedad existe una multiplicidad de poderes que se refleja en el gobierno federal y en los gobiernos locales o federales, que son autónomos.

          Esta multiplicidad de sedes donde debe expresarse el voto genera una serie de problemas adicionales que es necesario solucionar. Esos problemas se relacionan con la coordinación de las elecciones, su organización y realización, que no son problemas menores a la hora de definir todas estas cuestiones.

          En ese sentido, en diciembre de 2004 se llegó a una solución transaccional que entiendo fue buena. Y efectivamente fue así porque recibió la adhesión de la mayoría de la Cámara, y reunía la facultad de coordinar o convocar. Se la otorgaba el Ejecutivo, pero como otra cara de una misma moneda, esto no era incondicionado.

          Se establecía que además las elecciones iban a ser el cuarto domingo de octubre del año que corresponda. Esto otorgaba a las provincias que pudieran organizar sus elecciones locales y que en ese sentido fueran respetadas las autonomías locales.

          Téngase en cuenta que ya sea por Constitución, por ley o por voluntad política muchas provincias consideran que las elecciones provinciales y locales deben realizarse en forma separada de la nacional.

 

Sr. Presidente (Fellner).- Señora diputada: se ha agotado su tiempo.

 

Sra. Martín.- Termino en un minuto, señor presidente.

          El tema es que con esta propuesta se desquicia esta situación.

          Acá se ha hablado mucho de la regla de la mayoría. Es cierto, la regla de la mayoría es una de las reglas del sistema democrático pero no es la única. Hay también dentro del sistema democrático reglas que no se pueden suprimir, ni aun por la mayoría.  Y esas reglas que no se pueden suprimir están dadas en los principios constitucionales.

          Entiendo que en este caso el proyecto afecta la distribución de competencias, y concretamente ha sido así en nuestras provincias. La convocatoria a elecciones se hace en forma superpuesta con la convocatoria que ya tenía realizada mi provincia para las elecciones internas, simultáneas y abiertas que deben realizar los partidos políticos.

          Como estamos hablando de padrones que tienen cierre en distintas fechas, esto genera una situación de incoordinación absoluta, de manera tal que esta resolución avasalla decisiones que ya tenía adoptada nuestra provincia y que no es posible solucionar.

 

Sr. Presidente (Fellner).- Se ha agotado su tiempo, señora diputada.

          De acuerdo con lo acordado por los miembros de la Comisión  de Labor Parlamentaria, y con el asentimiento de la Cámara, los discursos de los señores diputados anotados para hacer uso de la palabra van a ser incorporados en el Diario de Sesiones de la presente sesión.

         

 

 

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Jujuy.

 

Sr. Giubergia.- Señor presidente: solicito que por Secretaría se lea el pedido de renuncia presentado por el señor diputado Alejandro Nieva, quien ha sido nominado para cubrir el cargo de auditor en la Auditoría General de la Nación.

          En ese sentido, nosotros desde el bloque de la Unión Cívica Radical, queremos agradecer todo el esfuerzo, todo el trabajo, toda su juventud que puso a disposición de este Congreso de la Nación, y fundamentalmente de esta Cámara de Diputados de la Nación.

          Quienes lo conocen más allá de las pertenencias políticas, saben de su actitud, hombría de bien y de su compromiso permanente y consecuente con los sistemas democráticos en defensa de los intereses de la República y en defensa de los intereses de nuestra provincia.

          Por eso, desde el bloque de la Unión Cívica Radical queremos agradecer al señor diputado Nieva por todo su trabajo y contribución en pos de hacer posible un país mejor, y le deseamos el mayor de los éxitos para que cumpla acabadamente –como no nos cabe la menor duda que lo hará‑ su tarea en la Auditoría General de la Nación defendiendo los intereses de la patria. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Señor diputado: para que el cuerpo pueda considerar la renuncia presentada por el señor diputado Nieva es necesario que se formule moción de apartamiento del reglamento.

moción de orden

Sr. Giubergia.- Formulo entonces moción de apartamiento del reglamento, señor presidente.

 

Sr. Presidente (Fellner).- En consideración la moción de apartamiento del reglamento formulada por el señor diputado por Jujuy.

          Se va a votar. Se requieren las tres cuartas partes de los votos que se emitan.

 

- Resulta afirmativa.

Sr. Presidente (Fellner).- Queda aprobada la moción.

renuncia

Sr. Presidente (Fellner).- En consideración la renuncia presentada por el señor diputado Nieva.

          Se va a votar.

- Resulta afirmativa.

Sr. Presidente (Fellner).- Queda aceptada la renuncia del señor diputado Nieva a partir del 31 de marzo de 2009.

          Le deseamos mucha suerte en sus nuevas funciones y lo vamos a extrañar personalmente.

          Tiene la palabra el señor diputado por Jujuy.

 

Sr. Nieva.- Señor presidente: quiero agradecer a todos los diputados la consideración y respeto con el que nos hemos tratado durante todos estos años.

          Como digo en el texto de mi renuncia, creo que todos los diputados venimos a este recinto buscando representar de la mejor manera posible los intereses de todo el pueblo argentino y del pueblo de las provincias a las que pertenecemos. Sé que todos lo hacemos a veces equivocándonos y a veces acertando, pero siempre actuando de buena fe.

          Me llevo de este recinto a lo largo de todos estos años los mejores recuerdos y muchas amistades.

          También deseo mucha suerte a todos los señores diputados y seguramente seguiremos en contacto, en mi caso desde otro rol institucional. (Aplausos.)

 

convocatoria a elecciones de diputados nacionales período 2009-2013 y senadores de la nación para el período 2009-2015 (continuación)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Prosigue la consideración de los dictámenes de la Comisión de Asuntos Constitucionales recaídos en el proyecto de ley por el cual se fija de modo excepcional la fecha de las elecciones nacionales de diputados y senadores de la Nación para el próximo 28 de junio de 2009 (expediente 2-P.E.-2009).

          Tiene la palabra la señora diputada por la Capital.

 

Sra. Ibarra.- Señor presidente: yo fijé mi posición en la reunión de la Comisión de Asuntos Constitucionales, pero quiero ahora referirme a algunos puntos específicos.

          Creo que todos percibimos que estamos hoy ante un gobierno más débil que el que fue elegido en 2007. Seguramente el conflicto con el sector agropecuario se generó en alguna medida a causa de errores propios del gobierno, llevándolo a márgenes de debilidad; también el tema de las alianzas electorales, pero esta es una cuestión que no viene al caso tratar hoy; sin embargo, todos percibimos que es un gobierno más débil.

          No dudo que es posible que además de la crisis haya habido motivos de conveniencia política para elevar este proyecto al Congreso de la Nación; la misma conveniencia política que solemos presenciar en todas las convocatorias a elecciones en los ámbitos locales y nacionales de nuestro país.

          Mucho se habló de la previsibilidad y de la conveniencia política, y suelen ir juntas. Durante la década del 80 la facultad de convocar a elecciones para cargos nacionales radicaba en el Poder Ejecutivo, y en los años noventa se provincializó, pudiendo cada provincia convocar a elecciones para dichos cargos. En el año 2004 se volvió a nacionalizar.

          Alfonsín adelantó elecciones y convivimos con un Congreso en ejercicio y diputados electos que no iban a asumir hasta luego de seis meses.

          Menem convocó al pacto de Olivos. Miren la previsibilidad y el cambio de reglas de juego. Allí participó la UCR. Ese pacto de Olivos introdujo la reelección presidencial, es decir, cambió totalmente las reglas de juego. Además, incorporó el núcleo de coincidencias básicas, y por primera vez hubo que votar en un paquete por sí o por no las cuestiones más importantes de una reforma constitucional.

          Con de la Rúa ni qué hablar de previsibilidad: hubo cinco presidentes en un mes Duhalde también adelantó las elecciones.

          Además, suspendimos la ley de internas únicas, obligatorias y simultáneas, que habíamos sancionado dos años antes pero que nunca aplicamos. Al suspenderla permitimos que un solo partido fuera con tres candidatos a las elecciones generales.

          La ley de internas abiertas es un caso peculiar, porque luego de sancionarla la derogamos sin haberla aplicado nunca, ya que se suspendió su vigencia en dos oportunidades.

          Sin duda todos tenemos una enorme deuda –me incluyo- por la responsabilidad que nos cabe en cuanto a la necesidad de encarar una verdadera reforma política. El gobierno también tiene una deuda en esta materia, dado que prometió una reforma política y no presentó ninguna iniciativa en tal sentido.

          En cuanto a la facultad que tienen los gobernadores para fijar las fechas de las elecciones aquí se ha dicho que la situación es diferente porque a nivel nacional existe una ley que fija la fecha del comicio, mientras que los gobernadores tienen la facultad de establecer cualquier otra. ¿Saben por qué tienen esa facultad? Porque la mayoría de las provincias no cuentan con códigos electorales. En la Nación nos dictamos un Código Nacional Electoral, pero muchos distritos no sancionan sus propios códigos electorales –por más mayoría que tuviesen en la Legislatura- porque prefieren seguir manejando las fechas con discrecionalidad.

          Estas cosas siempre se deciden por conveniencia política. Pegan las elecciones provinciales a las nacionales cuando el candidato arrastra votos y las despegan cuando el candidato no tiene la posibilidad de traccionar más sufragios. Esto pasa en casi todos los distritos, a excepción de unas pocas jurisdicciones que cuentan con sus propios códigos electorales. Lo cierto es que este sayo le cabe a la clase política en su conjunto y a los dirigentes que no asumimos con seriedad la discusión  de una reforma electoral.

          Como representantes del pueblo debemos preguntarnos si esta ley va a ser buena para el país y los ciudadanos. Sinceramente creo que sí. El mejor ejemplo lo tuvimos cuando el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y algunos dirigentes de su espacio político prestaron su apoyo ni bien la señora presidenta hizo pública su propuesta. Se enojaron por no haber sido consultados, pero dijeron que esto iba a ser bueno para el país.

          Sin embargo, al día siguiente la lógica electoral los llevó a anticipar que votarían en contra de este proyecto. Esta es la lógica propia de los procesos eleccionarios, cuando uno intenta debilitar al otro y diferenciarse. En épocas electorales nadie busca consensos.

          Hemos hablado hasta el cansancio del problema de la crisis. A esta altura nadie discute su magnitud. El diputado Claudio Lozano hizo un análisis que nos debería llamar a la reflexión, sobre todo en lo que respecta a algunos indicadores que nos tienen que alertar sobre la dimensión de la crisis.

          Nos llenamos la boca hablando de diálogo y de consenso, pero me gustaría saber si alguien piensa que con la virulencia que tienen nuestras campañas electorales y la virulencia con la que se mueve el gobierno y la de muchos sectores de la oposición es posible encontrar consensos que nos permitan afrontar la crisis.

          Para el ciudadano común es mejor que se cierre definitivamente el calendario electoral en el primer semestre de este año. Una vez ordenadas las cosas en el segundo semestre deberemos abocarnos a discutir las políticas que apunten a proteger el empleo, sostener la producción y controlar la pobreza.

          Aquí se han planteado distintos escenarios. Muchos se preguntaron qué podría ocurrir si el oficialismo perdiera las elecciones y pasara a ser minoría en el Parlamento. La verdad es que siempre que hubo crisis y se afectó la paz social el costo se paga con millones de personas que caen por debajo de la línea de pobreza. Las crisis siempre las pagan los más pobres, mientras que otros logran sostener sus privilegios con cualquier gobierno.

          Probablemente estemos votando un proyecto detrás del cual haya muchas conveniencias políticas, pero no tengo dudas de que nos va a ordenar en la búsqueda de diálogo, consenso y seriedad para enfrentar la crisis.

          Por último quiero plantear –así me lo pidieron en el marco de la Comisión de Asuntos Constitucionales- algunas modificaciones de índole estrictamente técnico al proyecto remitido por el Poder Ejecutivo. Estas propuestas fueron analizadas por la diputada Camaño y el diputado Landau y se incorporaron al dictamen. Lo aclaro porque el señor diputado Alvarez hizo mención a esta cuestión.

          Así, en el artículo 1°se suprime del texto: “en virtud de la profundidad y extensión de la crisis económica internacional”. No es porque no sea pertinente la causa, sino porque forma parte de los fundamentos y no del texto del articulado.

          En el artículo 5°, donde dice: “Suspéndese por única vez, lo dispuesto en el artículo 53 del Código Electoral Nacional...”, debe decir: “...en el artículo 53, último párrafo,...”, porque si suspendiéramos todo el artículo 53, no tendríamos facultad para convocar a elecciones.

          Finalmente, en el Anexo referido al cronograma electoral, en la última parte, donde se habla del límite  para la designación de autoridades de mesa, se cita el artículo 72. Debería cambiarse por el artículo 75.

          Esas tres modificaciones fueron aceptadas por la comisión, pero quería dejar planteado que ya fueron debatidas.

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza.

 

Sr. Alvaro.- Señor presidente: voy a hacer uso de la palabra para fundamentar nuestro voto positivo.

          Como ha dicho un señor diputado hace varias horas, en el fondo acá existe un profundísimo debate político.  Estamos ante la toma de una decisión que significará un paso trascendente en la vida democrática de nuestro país.

          En realidad, en este marco de crisis internacional, lo que está en juego en la Argentina es el destino de un proyecto de país que se viene delineando hace pocos años, y que lógicamente –aunque mucho se empeñen en negarlo‑ incorpora una profunda lucha y una profunda disputa por la apropiación de la renta.

          Este país, si no cuenta con un Estado que se erija en el rector de la distribución de la renta, seguirá siendo un país con un costado conservador, con un costado retrógrado y con un costado de atraso que trae las consecuencias sociales que aquí se han enumerado, que por ahí dan motivo a marchas multitudinarias de gente afectada.

          El adelantamiento de las elecciones que propone el Poder Ejecutivo nacional, precisamente se inscribe en la necesidad de relegitimizar su gestión, ya que a esta disputa por la renta ante la crisis internacional –un escenario por demás negativo‑, se suma el rol que cumplen los medios de difusión masiva.

          Seguramente dentro de un tiempo vamos a discutir la ley de radiodifusión. No quiero hablar del tema, pero debo reconocer que en la sociedad argentina hoy el humor de muchos sectores urbanos y rurales se digita desde los ámbitos donde en apariencia se expresa la conciencia y la opinión de la mayoría de los argentinos. Esto no es así en absoluto.

          Hoy el gobierno nacional nos plantea plebiscitar su gestión, porque si seguimos mirando y escuchando a las personas que asisten a los programas políticos de televisión, viendo cómo cuestionan cada una de las medidas que toma el gobierno nacional, nos queda la impresión de que estamos ante un gobierno carente de legitimidad, un gobierno que miente, un gobierno que distorsiona la realidad y que engaña a los argentinos. Pero estoy absolutamente seguro de que la gran mayoría de los argentinos no opina como las figuritas que vemos en televisión recurrentemente.

          Por eso, vayamos al escenario real. Vamos a preguntarles a los argentinos si están de acuerdo con esta marcha o con esta forma de tomar decisiones, y por fin encararemos los problemas que están y que van a seguir estando.

          No sé si se trata de ser apocalípticos. Por ahí, retóricamente y generalizando se habla de la inminente crisis, pero la verdad –y escúchenme bien- es que me tienen podrido con el Apocalipsis. (Aplausos.) Según algunos, hace dos años nos íbamos a quedar sin energía, hace un año nos carcomía la inflación y ahora se nos viene el cuco de la crisis. Yo no sé si se puede hacer futurismo; no sé si iremos a perder nuestro superávit comercial; no sé si iremos a tener una recesión o no, aunque creo que no. Lo que sí sé, señor presidente, es que si esta toma de riesgo que nuevamente hace el Poder Ejecutivo nacional ‑plebiscitando su gestión, plebiscitando su programa y plebiscitando un proyecto que emergió de una terrible crisis de la Argentina- le resulta adversa, vamos a asistir a una inédita restauración conservadora en la Argentina.

          Entonces, vamos a votar favorablemente este proyecto; vamos a tomar nosotros también el riesgo y veremos en qué quedan las invocaciones triviales y genéricas al diálogo después de que ganemos las elecciones. Pareciera ser que la aspirina para los problemas de la Argentina es el diálogo. Pero pregunto: ¿cuál diálogo?, ¿entre quiénes?, ¿el diálogo que tiene el Poder Ejecutivo con las patronales del campo, que salen de las reuniones corriendo permanentemente el arco, arrogándose una representatividad absolutamente mesiánica que nadie les confirió, en el mismo plano del que los recibe con respeto?

          ¿Esa es la forma en la que aquí se invoca el diálogo? Es una terrible irresponsabilidad, es absolutamente demagógico. Sólo hay un diálogo posible en el futuro inmediato de la Argentina, y es entre las mayorías legitimadas y una oposición que primero reconozca a las mayorías. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

 

Sr. Katz.- Señor presidente: en la vida siempre he tenido bastante buena suerte y hoy no ha sido la excepción, porque me toca hablar justo ahora.

          Me voy a sumar a aquellos que afirman que no estamos discutiendo un tema constitucional ni un tema cuyo centro lo tengamos que analizar desde el punto de vista jurídico. Adscribo a aquellos que dicen que estamos discutiendo un tema eminentemente político. La diferencia que seguramente tenemos y vamos a profundizar es acerca de qué entendemos por un criterio político.

          Destaco y pondero favorablemente que el gobierno haya reconocido que la crisis internacional también va a afectar a la Argentina. Está bien que el gobierno reconozca que hay un agravamiento por la propia crisis que tenemos puertas adentro de nuestro país.  Es saludable que lo haga frente a un malestar creciente, a una economía que se derrumba y a una producción que está jaqueada. Un país que ya no exporta lo que el mundo necesita –como corresponde‑ y en lugar de poner condiciones de competitividad parece que todos los días pensara cómo hacer para generar más inconvenientes también necesariamente es un país que recauda menos, y por lo tanto el Estado, como equilibrador de diferencias sociales, ve mermada su capacidad de incidir.

          Me parece bien que en ese contexto antes de que aparezca otra vez la protesta social, el cacerolazo o el “que se vayan todos” pensemos en que la gente vote para descomprimir esta situación.  Lo que no me parece bien es que toda esta lógica en realidad responde a una necesidad electoral en términos de agravamiento de esta crisis, y yo agrego algo más: electoral en la provincia de Buenos Aires.  La elección que hay que apurar en la Argentina, según la mirada del gobierno, es básicamente la de la provincia de Buenos Aires.

          Ahora bien, si de políticas de Estado estamos hablando, el 28 de junio también es muy tarde.  La verdad es que los problemas del Estado argentino requieren que nos reunamos mañana a la mañana y no solamente en una sesión especial para discutir la problemática agropecuaria de la Argentina, que no es un dato menor. Podríamos discutir un montón de problemas estructurales que tiene la Argentina y no distraer horas y horas del Congreso de la Nación para debatir solamente sobre la necesidad de votar rápido, antes de que se sigan escurriendo votos.

          Me parece que lo más grave de todo esto es lo que se está anticipando inexorablemente para el día 29 de junio.  No se está aceptando revisar la cultura política de la imposición, de la confrontación, de los buenos y los malos o de aquellos que tienen la razón indiscutible.  Esta cultura política no se quiere dejar atrás.  Por lo tanto, pienso que la vocación del diálogo, la construcción de consensos, la visión del estadista no se va a tener ahora ni tampoco el 29 de junio.

          Lo que nuestro país está necesitando desesperadamente es reconstruir confianza.  Se trata de la misma confianza que hace no tantos años, con el propio presidente de la Nación Néstor Kirchner, se estaba empezando a vislumbrar, y por eso volvía a haber esperanza y producción, con una efectiva aunque tenue repatriación de capitales.  Por eso los indicadores se tornaban favorables.  Hoy todo eso ha sido dilapidado y lo que necesitamos básicamente es reconstruir confianza en la Argentina.

          Alterar las reglas de juego no significa construir confianza; todo lo contrario.

          No le voy a dar a Pérsico más entidad de la que merece, aunque sí todo el respeto, como a cualquier dirigente político, pero me refiero a entidad como vocero del gobierno.  Está en todos los portales de noticias desde hace ya más de seis horas y diez un titular enorme que dice: “Si perdemos las legislativas entregaremos el gobierno y que siga gobernando Cobos”.  Es preocupante que habiendo pasado varias horas ningún integrante del gobierno desmintiera o descalificara esta afirmación.  Sí acabamos de escuchar, con una honestidad a la cual me tiene acostumbrado el diputado Alvaro, -honestidad en todo sentido, tal cual ha sido su historia de vida-, plantear frontal y honestamente que lo que está en discusión es un proyecto de país. Anoté textualmente lo que dijo: un proyecto de país que básicamente va a discutir la apropiación de la renta, y a partir de ahí plantea que el gobierno tiene una imperiosa necesidad de volver a legitimarse para avanzar. Eso desemboca en lo que por fin alguien plantea claramente, que es la necesidad de entender estas elecciones del próximo mes de junio como un plebiscito al gobierno nacional.

          Aquí se acaba de decir “queremos plebiscitar nuestra gestión”, pero se dijo algo que es mucho más revelador. Se dijo “queremos plebiscitar nuestra forma de tomar decisiones”. Y ahí se entra en el terreno de dónde están las mayorías o los porcentajes realmente calificados para definir un modelo de país, que seguramente no es la televisión ni las revistas de espectáculos, pero que sin lugar a dudas es el Congreso de la Nación.

          Lo último que acabo de decir debo sumarlo al sugestivo silencio y a una verdad no original, porque cuando se votaba la confirmación o derogación de la resolución 125 también el rumor de renuncia corrió a troche y moche por la República Argentina. Se nos vuelve a poner a todos los argentinos en esta alternativa de “o votan nuestro modelo de gestión, o acompañan nuestra manera de tomar decisiones, o aceptan sin discutir porque la mayoría nos dio los votos necesarios para decidir qué tipo de país queremos, o ustedes van a ser los responsables de lo que venga”.

          Y en verdad, lo que debería venir después de que la gente vote, cualquiera sea el resultado, es terminar de hacer cierto aquello de que el nuestro es un sistema de gobierno que, aparte de ser representativo, empieza a ser republicano y federal.

          La verdad es que va a haber muchos problemas electorales para el oficialismo en algunas provincias. También es verdad que van a disfrutar de holgados triunfos en otras. Pero en lo que es el núcleo electoral de la República Argentina están asumiendo que se juegan a todo o nada, para triunfar fundamentalmente en la provincia de Buenos Aires, porque están arriesgando la figura del ideólogo de esta forma testaruda de querer llevar adelante la política en la Argentina.

 

Sra. Conti.- ¡Lo hubieras pensado cuando entraste!

 

Sr. Katz.- Debería haberlo pensado mucho antes, cuando fui parte de un armado que prometía una cosa e hizo otra. Yo sigo pensando igual; el que cambió fue Kirchner.

 

- Varios señores diputados hablan a la vez.

 

Sr. Katz.- Yo sigo pensando igual. Sigo pensando que los problemas de la Argentina no los arregla un partido político solo; tampoco los arreglan un hombre y una mujer solos. Sigo pensando que los problemas de la Argentina son tan graves que no los arregla la política sola.

          Pienso que un país serio y maduro necesita del concierto de toda la sociedad para sentarse a planificar estratégicamente un país, y que los momentos en los que se acumula poder son aquellos en que realmente hay que arriesgar en la construcción de una nueva política, sin tentarse a volver al supuesto calor y comodidad del partido histórico del que uno proviene.

          Lo que quiero plantear es que nosotros no vamos a votar una necesidad electoral del gobierno en la provincia de Buenos Aires. Sí vamos a estar dispuestos a discutir políticas de Estado, pero somos muy pesimistas, porque vemos que lo que el gobierno quiere es imponer a través de los votos un modelo de gestión, lo que supone pensar que aun en la democracia no hay lugar para matices. Estamos muy lejos de pensar en términos republicanos, y el federalismo tan ansiado está aun más lejos para imponer el elemento fundamental, que es la caja. (Aplausos.)

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por San Luis.

 

Sr. Lusquiños.-  Señor presidente: con su autorización, voy a compartir el tiempo con el señor diputado Albrisi, a quien le cedería el uso de la palabra.

 

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Córdoba.

 

Sr. Albrisi.- Señor presidente: estamos ante el tratamiento de un proyecto de ley de enorme importancia, que se ha considerado de sopetón y en forma vertiginosa. Nada de esto debería sorprendernos, porque es el sello y la marca del kirchnerismo en el Parlamento.

          Igualmente, hemos escuchado a los miembros informantes y al resto de los discursos; dentro de pocos minutos votaremos en general y en particular, y se alcanzará o no la sanción correspondiente.

          Lo que me preocupa es la profundización de los conceptos del plebiscito en boca de la señora presidenta. En el mensaje mismo del proyecto se habla de actualizar la  voluntad popular; también hemos escuchado este concepto del señor ex presidente ayer en La Plata y de la señora presid