Seminario-Taller

 

"Articulación de los Institutos Universitarios de las Fuerzas Armadas

y su integración en el Sistema Universitario Nacional".

 

Organizado por el Ministerio de Defensa de la Nación.

 

Buenos Aires 3 de julio de 2008

 

 

Ponencia de la Diputada Adriana Puiggrós* 

 

 

HACIA UNA NUEVA LEY DE EDUCACIÓN SUPERIOR

PENSADA PARA EL DESARROLLO NACIONAL

 

            En principio quiero agradecer especialmente la invitación que me ha hecho el  Ministerio de Defensa para participar de este seminario. Hemos tenido la oportunidad de compartir distintas actividades educativas con las Fuerzas Armadas y conversar acá en el ministerio, y en otros sitios sobre, entre otros temas, planificación educativa. Por otra parte, hace pocas semanas, recibimos en la comisión de Educación de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, la visita de los representantes de las instituciones de educación superior, en el marco de la consulta “Hacia una nueva Ley de Educación Superior”, que la comisión que presido está llevando a cabo con diferentes sectores del quehacer educativo y de la comunidad en su conjunto.

            En este sentido, les hago extensivo el saludo de los diputados que conforman la comisión de Educación, y quiero comentarles que los aportes vertidos en esa oportunidad están en manos del conjunto de los legisladores. Estas opiniones están siendo cuidadosamente estudiadas, en el marco de la tarea que está llevando a cabo tanto la Cámara de diputados desde mediados del mes de marzo, como la que está llevando a cabo el Senado. Ambas cámaras acompañan, también, la tarea que realiza el ministerio de Educación de la Nación, en dirección a analizar, entre otras cuestiones, los cuadros de la situación actual de la educación superior en la Argentina; las posibilidades de realizar cambios legales en ese sentido; es decir, estamos decididos a avanzar hacia una nueva Ley de Educación Superior basados, fundamentalmente, en las siguientes cuestiones y hechos.

            La Ley de Educación Superior que está vigente, es decir la ley de los años 90, planteó el concepto de la educación superior que es un concepto que va más allá de la reducción a la idea clásica de universidad. Ha sido la primera vez en la Argentina que se plantea un cuerpo legal, la organización de un verdadero sistema de educación superior, que incluya no sólo a las universidades, y universidades en el sentido más tradicional del término, sino, también, que incluya a diversas modalidades, en particular, las modalidades de  educación superior que se desarrollaron durante estos años en el marco de la defensa nacional y de la formación de los miembros de las Fuerzas Armadas, como son los institutos de  educación superior mal llamados universitarios que ya en la ley de los 90 son llamados institutos de educación superior y que cumplen, como mencionaré luego, funciones muy importantes en la formación de técnicos, de profesionales, de docentes, de especialistas de nivel superior en diversas áreas y también en otras modalidades como los institutos universitarios. Es decir la ley de los años 90, vuelvo a decir, planteó la idea de la educación superior que es un concepto que va más allá de la reducción a la idea clásica de universidad.

            El marco contextual para abordaje de esta primera cuestión nos obliga a analizar ¿qué ha ocurrido en la aplicación de dicha ley, de la ley de los 90? Por diversas circunstancias de políticas públicas llevadas a la práctica -que pueden luego enumerarse, pero que en general los que estamos aquí conocemos-, en realidad no ha habido un desarrollo de ese sistema, sino, por el contrario hubo, lo que denomino una suerte de caos del espacio de la educación superior acompañado de un fuerte crecimiento de ofertas provenientes del sector privado. En realidad este crecimiento muy acelerado no se dio sólo en la Argentina, en nuestro país, sino que también fue en la región, en toda América Latina y en algunos países europeos, como es el caso, por dar un ejemplo, de España. En este último país, se observa un crecimiento acelerado de ofertas no sólo privadas, sino de tercerización de las ofertas públicas. Sin plan, sin planificación, sin ideas estratégicas, sin más perspectivas que las demandas parciales, las demandas locales, las demandas de diversos sectores y en algunos lugares, sin más que las demandas corporativas.

            En ese sentido ha habido un fuerte desarrollo de lo que podemos llamar la clonación de universidades públicas, instalando otras sedes en diversos lugares del país. En muchos casos se hace esto para poder subsistir. Muchas veces la idea de iniciar una sucursal universitaria -estatal o privada- en otra región, en otra zona de la provincia donde está inserta, o cuando se fundan pequeñas universidades muchas veces, esa decisión se origina en problemas graves como los son la falta de financiamiento, los bajos salarios docentes, la necesidad de contar con recursos suficientes que el Estado no otorga para poder subsistir. Este proceso comenzó un poco antes de dictarse la actual ley. El tema está en que en el curso de estos últimos catorce años, o un poco antes, como dije, en el que este proceso comenzó a ocurrir no hubo planificación y estrategia. Comenzó sin ningún tipo de idea eje, y hoy nos encontramos, realmente, con un sistema bastante caótico. Si esta situación caótica la proyectamos de este presente a diez (10) años nos vamos a encontrar con que la República Argentina tiende a perder uno de los instrumentos fundamentales que hacen a la Constitución de la Nación (CN), como es la educación profesional, la educación técnica a nivel superior, la educación de sus docentes, que deben tener una educación de nivel superior y la vinculación que debe haber entre la docencia y la investigación. Un daño, no sólo grave para la docencia sino, además, un daño muy importante para la investigación que en condiciones de la antigua universidad, necesariamente tiende a convertirse en una tarea, voy a decirlo así, con una palabra quizás muy fuerte, que es más estética que vinculada con el desarrollo nacional. Y la universidad tiene que estar, más que estéticamente vinculada, compenetrada con las necesidades del país, con perspectivas de llegar a ser parte activa e integrada a una sociedad, no sólo rica para algunos sectores, sino una sociedad fundamentada en un desarrollo con justicia social e igualdad de acceso a la educación como derecho ciudadano.

            Para eso es necesario que el modelo elitista, casi aristocrático de investigación que ha tenido la Argentina sea abierto. Muchas veces ha dado un salto y en ese sentido la tarea de las Fuerzas Armadas ha sido históricamente muy importante en muchos momentos, pero digamos desde  Fabricaciones Militares hacia, mirando hacia el futuro, lo que se debe desarrollar en investigación, en investigación para la defensa nacional y en todo lo que se pueda aportar para el sostenimiento de la Nación, a eso nosotros le podemos sumar la necesidad de investigación en biotecnología, en software y en este preciso momento, podemos sumarle la necesidad de atender seriamente la investigación en materia agropecuaria, en materia del desarrollo rural, y que sea realmente entendida como una cuestión, un problema de Estado, una cuestión que hace a la estrategia política de la Nación.

            Entonces, en este conjunto de diversas necesidades que tenemos de investigación, pero de investigación pensada partiendo de una estrategia, con una perspectiva y no simplemente estímulo diversificado y, en muchos momentos, anárquicos de distribución de fondos en universidades que terminan en una situación de autonomía pero de autonomía casi de mercado, es realmente un motivo para sentarse, debatir, intercambiar opiniones y sugerencias y pensar cuál es la Ley de Educación Superior (LES) que tenemos, cuál es la política de educación superior que a partir de esta ley y de muchos otros acontecimientos de la Argentina de los años 90, quedó planteada.

            En este sentido, quiero hacer referencia al discurso de la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner del 1º de marzo cuando dio apertura a las sesiones legislativas 2008.  La Presidenta planteó a la asamblea legislativa la necesidad de discutir y aprobar este año una nueva Ley de Educación Superior. Entonces, desde mediados de ese mes, a eso nos hemos abocado. Quiero decir que en la Cámara de Diputados hemos estado trabajando y hemos mantenido con el fin de consultar sobre los lineamientos hacia una nueva Ley de Educación Superior, más de sesenta (60) reuniones con distintos sectores representativos de la comunidad educativa universitaria, pero no sólo con ellos hemos conversado e intercambiado ideas, sino, además, hemos hablado con la muy poco organizada comunidad de educación superior no universitaria o de educación superior, hemos llamado a diferentes sectores, hemos hablado con sectores gremiales del mundo de la educación y gremiales en general. Hemos tenido a la Sociedad Rural y a ConInAgro; hemos tenido a los representantes de las organizaciones sociales, entre otros. También la comisión de Educación de la Cámara de diputados, se ha puesto en contacto con la comisión de Educación del senado. Hemos tenido la semana pasada un foro muy importante, al cual con seguridad se referirá la Sra. Senadora presente, con invitados internacionales. Entonces, se está haciendo una consulta lo suficientemente amplia como para que nosotros en poco tiempo podamos decir, al menos los legisladores sabemos,  qué es lo que piensa y espera la sociedad de una nueva LES.

            De hecho,  estamos planificando para que a partir de fines de agosto, principio de septiembre,  la comisión de Educación de la HCDN se constituya en cuatro lugares del interior del país, Salta, Córdoba, Rosario y en una universidad de la Patagonia que no está todavía fijada, para hacer consultas regionales. Entonces, quizás les surjan a ustedes, ahora, algunas preguntas como: ¿Por qué tanta consulta?, y ¿por qué tanta necesidad de escuchar?, Porque como legisladores que somos, como ciudadanos que podemos ser parte de la construcción de una nueva LES, es lo que sentimos que debemos hacer. Es nuestra concepción. La necesidad de escuchar proviene de que la educación superior de ninguna manera puede ser para un pequeño sector de los argentinos, sino que la educación superior debe -ya lo marcó nuestra Constitución y lo dice la nueva Ley de Educación Nacional 26.206- posibilitar el acceso a todos. La educación superior es un derecho de todos. Cuando la ley de educación nacional del año 2006 estableció la obligatoriedad de la educación secundaria, en ese mismo momento lo que hizo fue crearle al Estado argentino, la obligación, el deber de prever para los próximos años la educación superior de una población, de un conjunto de jóvenes pertenecientes a una población que tiene tan sólo 37 millones de habitantes. Un académico importante,  invitado en una de las últimas reuniones que mantuvo la comisión de Educación, dijo: “bueno en China hay un terrible examen selectivo para entrar a la educación superior”. Lo mencionó como diciendo: ¿Por qué acá no? ¿Por qué acá no exigir tanto como en China? Inmediatamente, mientras él iba mencionado esa frase, pensé. Si, pero en China hay 1300 millones de habitantes o más. La Argentina tiene 37 millones en un enorme territorio, con una enorme riqueza, riqueza que por supuesto solo lo es en la medida en que se la trabaje, en la medida en que pase a formar parte de centros productivos del conjunto de la sociedad.

            En ese sentido, aquí hay entonces, una primera razón por la cual debemos dar el salto y tenemos que poder atender al conjunto. La segunda es que el problema de si el ingreso a la educación superior debe ser restricto o irrestricto es un problema antiguo, porque la tecnología actual lo permite resolver. Ahí hay un problema de vinculación entre aspectos tecnológicos de la educación y aspectos pedagógicos. La pedagogía universitaria, y mucho menos la pedagogía de la educación superior, ha sido muy poco desarrollada. Hay un déficit, lo digo como pedagoga, hay un enorme déficit por parte de la pedagogía de la educación superior, respecto del avance de las tecnologías. Tendremos que trabajar más en la articulación de los niveles, para que los chicos lleguen con la preparación que requiere.

            Entonces, si nosotros a esto le sumamos que hoy en la Argentina tenemos una demanda nueva, una demanda de educación superior territorial que hay que analizar profundamente. Quiero decir: cuando recién mencioné el tema de la clonación de universidades (hoy hay 10 o 12 proyectos de creación de universidades en ambas Cámaras); la aparición de nuevas formas institucionales de educación superior, algunas descontroladas, a distancia, etc. Ese problema lo podemos ver desde dos puntos de vista. Uno desde el punto de vista del mercado, pero el otro desde la demanda. Y es una obligación preguntarnos ¿qué está queriendo decir esto? Y cuando se aborda el tema uno se pregunta, entre otras tantas cuestiones,  qué es lo que le pasa a una familia cuyos hijos quieren ir a la universidad, o quieren tener educación superior, pero que sólo tienen una institución de educación superior mudándose de ciudad y a más de 300 kms. Qué pasa con el desarraigo de ese estudiante. Surge, también, el tema económico, no sólo el de desarraigo, porque sostener a un alumno en la universidad de Rosario, o en otra ciudad universidad, por ejemplo, cuesta como mínimo 1500 pesos por mes. Esto implica, para comprender la creación de una universidad poner todas estas cuestiones en la balanza de la planificación estratégica educativa. Cuando la demanda es crear una institución de educación superior cercana a otra, a no más de 30 kilómetros del lugar de arraigo, entonces hay que pensarlo de otra manera, hay que empezar a pensar en términos sistémicos, si no esto no se puede resolver.

            Ahora a esto hay que agregarle otra cuestión. Si hablamos de sistema, hablamos de una complejidad, hablamos de un desarrollo que justamente es contrario a la [omenpereidad] de las instituciones posibles en la educación superior. La antigua idea de universidad, la idea de universidad que heredamos, en realidad viene de hace muchos siglos. En el 1200 la universidad, al contrario, se piensa como una sola institución elitista, homogénea, controlada.  Esa es la universidad medieval, es una secta, es algo cerrado. Esa universidad es muy antigua, es una universidad que no sólo no cumple una función para la sociedad, sino tampoco cumple una función para quienes concurren a ella, salvo que avance desde varios puntos de vista, como ha avanzado la Universidad argentina.

            En la actualidad, en universidades como la UBA, por ejemplo, pueden encontrarse dos grandes sectores. Un sector que es el que llega, los que hemos llegado a ser profesores titulares o investigadores de carrera y que somos un núcleo muy cerrado. Los investigadores del CONICET somos un núcleo muy cerrado y cuando somos investigadores del CONICET y profesor de la universidad, más cerrados. Y luego hay una cantidad de estudiantes, profesores, etc. que constituyen una masa amorfa sin dirección y que dan clases y se van y no son parte de la construcción del “colectivo”, del sentido y fin colectivo de esa universidad, en el marco de un sistema de educación superior.

            El otro ejemplo es el de institutos que se desarrollan y que pierden especificidad y al perder especificidad, buscando incorporar, creo que es el caso de algunos institutos de las Fuerzas Armadas, y aquí estoy dando mi opinión, que son muy importantes porque no hay ninguna otra institución en el país que pueda transmitir los saberes que ustedes tienen y que existen en esos institutos. Son de un enorme valor y que es muy importante que de ninguna manera se dispersen, es muy importante que se profundicen, es muy importante que la Nación cuente con este tipo de especializaciones.

            Voy a dar otro ejemplo, un ejemplo en ciencias de la salud. Nosotros necesitamos que haya instituciones de educación superior especializadas en ciencia de la salud. En la Argentina hay un jefe de médicos por cada paramédico. En España la relación es inversa. Necesitamos ampliar enormemente las especializaciones de postgrado. Entonces ¿esto qué significa? Significa que tenemos que pensar en un sistema de educación superior en donde existan diferentes tipos de instituciones, en donde no haya desacreditación -y ahora me voy a referir a eso- y donde realmente sea posible transitar por el conjunto de sistemas.

            Primera cuestión: que no haya desacreditación. Tradicionalmente, si, ir a la universidad y a la universidad Estatal o a las más prestigiosas de las universidades privadas, ha sido algo mucho más prestigiado, da un estatus superior socialmente, que concurrir a un instituto de educación superior o incluso a un instituto universitario, cuando lo que no se entiende, lo que no se entendió, es que cumplen funciones distintas pero al mismo tiempo, y este es el segundo problema, la cuestión es que se ha tendido ha establecer carreras terminales. Durante muchísimas décadas quienes concurrían, en el caso de la educación secundaria, a una escuela comercial después no podía entrar a cualquier carrera de universidad, lo que era caso terminal. O un docente, docente politécnico, todavía tiene enormes dificultades como para poder seguir y para que le reconozcan lo que ha hecho en la universidad.

Entonces, esto tiene que ver con que tenemos un sistema de cátedras antiguo, un sistema de acreditación antigua, que ha sido superado en muchísimos países y que en realidad hay que adaptar a un sistema de créditos, de manera que aquel que hace una especialidad, que cursa una carrera, obtiene un título de dos años, una carrera de cuatro años en una institución de educación superior, y que luego quiere continuar quiere obtener una licenciatura, quiere obtener un título de postgrado o le interesó otra especialidad razonablemente dentro de un área que pueda ser reconocido lo que él ha hecho, que podamos construir un sistema que acredite, no un sistema que desacredite. Hoy desacredita. Hoy si alguien no termina la carrera de médico, haber estudiado cuatro años no puede sumarlo y el país no suma, y el estado no suma el esfuerzo que ha producido.

            Entonces, la acreditación de las instituciones en reconocerle el estatus a las instituciones de educación superior que son distintas, que son especializadas, pero que, además, tienen necesariamente una vinculación con los estudios generales. Porque tampoco vamos a hablar de una hiperespecialización, ahí hace falta un equilibrio, un equilibrio entre la especialización y la formación general que necesita tener toda persona que cursa educación superior. Hacia ese tipo de modelo es que nos parece, al menos nos está pareciendo a los diputados, que hay que seguir trabajando, que hay que seguirlo discutiendo porque es lo que recibimos, las demandas diversas que recibimos de los diversos sectores consultados, quienes de alguna manera buscan ese tipo de respuestas.

            No quiero extenderme mucho más, pero sí quiero decir por último, que la educación superior no puede esperar, como piensan algunos sectores, muchos sectores piensan que en realidad primero hay que solucionar el problema del analfabetismo existente hoy en la Argentina, después el de la educación primaria, después el de la secundaria, formar a los docentes y después atender a la educación superior. Y esto, a mi entender, es profundamente equivocado, porque en cualquier país, pero además en el nuestro con nuestras características, hay que hacer todo a la vez. La inversión en recursos, la inversión en recursos financieros, la inversión en recursos humanos, la inversión en espíritu de aliento y la fuerza de la convicción que debemos poner en la transformación de la educación argentina en su conjunto que debe ser un esfuerzo colectivo, no puede esperar esta sucesión, una política que vaya sucesivamente arreglando los problemas. Así como hay un problema clave en su estructura, en todo el sistema educativo y también en las universidades; nosotros estamos acostumbrados a ver escuelas rotas. Ahora en estos días nos están mostrando nada menos que el Colegio Nacional de Buenos Aires con columnas partidas. Hay un problema en sus estructuras hay universidades chicas  nuevas, que han mejorado mucho su infraestructura y funcionan muy bien; universidades que tienen un tope ocupacional que es el de 30.000 alumnos, alrededor de 30.000 alumnos como tope. La UBA tiene 380.000.

            Entonces hay problemas de infraestructura, hay graves problemas respecto a la capacitación docente, a la inexistente carrera docente. Hay graves problemas con relación al desarrollo de los concursos. Y hay graves problemas respecto a la idea que tiene, especialmente gran parte de la comunidad universitaria, con relación a cuál es el lugar institucional de las universidades respecto al Estado. Y voy a concluir con esto. Personalmente estoy convencida de que algo que voy a decir y debiera ser de sentido común, no es de sentido común y hay que sostenerlo: la universidad es un organismo autónomo y autárquico, como dice la Constitución Nacional del Estado Nacional y hay algo muy importante, no confundir gobierno con Estado pero tener en cuenta que en la época en que vivimos, el Estado tiene que ser más complejo, el Estado tiene que ser más democrático, el Estado tiene que ser más profesional y tiene que contar con cuadros más profesionales y el Estado tiene que poder contener a instituciones de muy diferente tipo -descentralizadas, autónomas, autárquicas- pero no por eso estas instituciones dejan de ser parte del Estado nacional y con esto no estoy diciendo que no, lo aclaro por las dudas, no estoy diciendo que no haya actividad de educación superior privada, tiene que haberla, pero las instituciones de educación superior que están financiadas por el Estado nacional tienen que estar en línea, en sintonía, con las grandes estrategias de políticas públicas estatales y sociales de la actualidad tendientes al desarrollo pleno de la Nación.  

            Muchísimas gracias.

 


 

* Presidenta de la Comisión de Educación de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación (HCDN). Doctora en Pedagogía, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Master en Ciencias en la Especialidad de Educación, del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (CINVESTAV) del IPN, México. Licenciada en Ciencias de la Educación, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Profesora en Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.