|
H.
CÁMARA DE DIPUTADOS DE LA NACIÓN
COMISIÓN DE EDUCACIÓN
Programa de Consulta para una nueva ley de Educación Superior
7 de
mayo de 2008
Dr..Augusto Pérez Lindo, Director de la Maestría en Gestión y Políticas
Universitarias del MERCOSUR, Universidad Nacional de Lomas de Zamora,
ex Profesor Titular de Filosofía en la UBA
Aspectos relevantes para la reforma de la Ley de Educación Superior
-
Para contextualizar las propuestas relacionadas con la reforma de la
Ley de Educación me parece pertinente retomar algunas conclusiones
del informe “Prospectivas Educación Superior 2020” (www.rapes.unsl.edu.ar)
que realizamos para la SECYT en 2007:
-
el sistema de educación superior se
expandirá pasando de los 2 millones de estudiantes actuales a unos 4
millones para el 2020, donde el 60% estará en universidades nacionales,
el 20% en universidades privadas y el 20% en institutos superiores: este
es el universo para el que se tiene que legislar;
-
la internacionalización avanza, tanto con
el MERCOSUR como con otros países, facilitar la movilidad de alumnos y
profesores, como asimismo asegurar la validez de las equivalencias de
certificaciones es algo que la ley tiene que contemplar;
-
la educación a distancia, y en particular
la enseñanza virtual, tienen y van a tener un crecimiento exponencial;
cabe reconocer esta modalidad y crear mecanismos de regulación
especiales;
-
con las proyecciones actuales donde sólo
un 20% de los ingresantes a la universidad pública terminan los
estudios, la frustración académica va a afectar a millones de jóvenes en
una época donde se necesita más que nunca facilitar la socialización de
los jóvenes; los programas de becas sustantivas y las políticas de
retención y mejoramiento académico deberían ser prioritarias;
-
el sistema de gestión universitaria
nacional es muy deficiente, según reconocen todos los actores, las
universidades nacionales carecen por ello de capacidad de planeamiento y
gastan una parte importante de sus cargos en funciones administrativas o
políticas; la división de poderes, la profesionalización de los
funcionarios, el mejoramiento de los mecanismos de control de gestión,
la creación de un sistema de arbitraje interno de conflictos, son
algunas de las respuestas posibles
-
las demandas masivas de recursos humanos
no proviene de las profesiones tradicionales sino del sector educativo y
de la gestión pública, principal empleadora de profesionales.
-
Desde el punto de vista institucional me parece adecuado conservar
dentro de la denominación “educación superior” a todas las
instituciones post-secundarias que ofrecen carreras de dos, cuatro o
más años. La denominación de “universidad” debería estar reservada
para aquellas instituciones que hacen investigación, ofrecen
diplomas profesionales y organizan cursos de posgrado. La
distinción o jerarquización de las instituciones en cuanto a la
calidad o naturaleza de sus actividades debería quedar sujeta a las
evaluaciones institucionales de la CONEAU o agencias autorizadas.
- Un
objetivo fundamental de la ley de educación superior debiera ser la
consolidación del Sistema de Educación Superior que padece de varias
fragmentaciones y desactualizaciones. En este sentido
me parece acorde con las tendencias mundiales marchar hacia un
espacio común entre las universidades y los institutos superiores no
universitarios. Existen diferencias en el valor de los diplomas y
certificados, que también existen entre las mismas universidades. La
CONEAU y el Consejo de Educación Superior son los encargados de
establecer los estándares comunes y los criterios de acreditación de
carreras. El sistema de créditos, que ya ha sido recomendado por la
Reunión de Ministros de Educación del MERCOSUR, puede servir
eficazmente para especificar equivalencias y diferencias en las
certificaciones. Por lo tanto, debería estar instituído por la Ley
de Educación Superior.
- La
Ley de Educación Superior debe revalorizar la autonomía de las
comunidades universitarias. En la actualidad la autonomía reposa en
las instituciones y en aquellos que controlan las instituciones.
Pero la autonomía se pensó como una conquista para asegurar que la
comunidad académica conservara la libertad de pensamiento y la
independencia frente a todo poder político, gremial, económico o
religioso. En la práctica, en muchas universidades, el espacio
público universitario ha sido ocupado por individuos, grupos
políticos, gremiales o religiosos. Las comunidades académicas
padecen entonces un alto grado de heteronomía. Con lo cual, además,
se produjo de hecho una especie de privatización, una apropiación
particular, del espacio público universitario.
- La
Ley de Educación Superior debe afirmar el carácter de servicio
público de la universidad nacional y debe proteger la independencia
de la comunidad académica de todo poder unipersonal, político,
gremial, religioso o económico. (Podemos mencionar el caso de la UBA
donde en los últimos 25 años de democracias todos los rectores han
defendido la plena autonomía al mismo tiempo que se le negaba total
participación a la mayoría de los docentes en la toma de decisiones
porque no había concursos, porque eran honorarios o porque no tenían
status institucional, como los 2.500 docentes del CBC).
-
Otro fenómeno que la Ley de Educación Superior debe contemplar es el
de la “endogamia”, o de la “autoreproducción” de los mismos actores
que controlan la universidad. En España la “apertura” del currículo
y del claustro de profesores hacia el mundo fue decisiva para
renovar el sistema universitario en la transición democrática. En
Francia luego de 1968 se fueron imponiendo nuevas reglas para evitar
que los profesores y los estudiantes quedaran atrapados en la
endogamia. Para asegurar el intercambio académico y científico la
Ley debe establecer que al menos el 10% de los docentes esté
compuesto por profesores externos y que al menos el 10% de las
materias de los planes de estudios puedan cursarse en cualquier
universidad del país.
-
Actualmente el Ministerio de Educación tiene pocas posibilidades
para llevar adelante políticas públicas en educación superior. Se
debería reconocer a la Secretaría de Políticas Universitarias la
capacidad para diseñar y promover programas especiales con
financiamiento adicional (como se viene haciendo). También se le
debe asignar la responsabilidad de mediar automáticamente cuando se
pone en riesgo la gobernabilidad o en caso de graves conflictos. En
estos casos también sería conveniente promover la creación del cargo
de Mediador (Ombusman) Académico (como existe en España y otros
países) en todas las universidades nacionales a fin de arbitrar la
resolución de conflictos antes de llegar a los enfrentamientos o a
los litigios jurídico-administrativos.
- La
futura Ley de Educación Superior debería establecer formalmente la
convergencia entre el sistema científico nacional y el sistema
universitario nacional. Algo que no aparece en la ley vigente. Esto
implica que los institutos del CONICET y sus investigadores tienen
que tener articulaciones con las universidades nacionales (algo que
ya se viene haciendo). Cuando las universidades establezcan sus
propios programas de investigación, los mismos tienen que ser
congruentes con las prácticas científicas en todas las universidades
nacionales (algo que se ha demostrado indispensables en el programa
de Incentivos).
- La
colaboración científica y académica entre universidades públicas y
privadas en función de políticas públicas de interés científico y
académico, debería ser favorecida. Si estamos tratando de converger
con todo tipo de universidades en el MERCOSUR con mayor sentido
deberíamos favorecer la convergencia de todos los actores
universitarios y científicos en el país. La Ley de Educación
Superior debe favorecer la cooperación de universidades públicas y
privadas en el plano de los posgrados y de la actividad científica.
Esto puede contribuir a saldar en menos tiempo la brecha que el país
tiene en esos campos.
- El
sistema de Auditorías y de control de gestión de las universidades
públicas es deficiente y ha dado lugar a irregularidades. Los
auditores internos son actualmente designados por el Rector. Sería
razonable volver al sistema de auditorías internas independientes
del Rectorado y establecer una conexión directa de los auditores con
la SIGEN.
- La
estructura de la CONEAU necesita una reforma para fortalecer su
perfil académico y su independencia de juicio. De hecho, es el
tribunal académico superior de las universidades. Por lo tanto, los
miembros del directorio deberían tener el máximo grado académico y
deberían ser especialistas en educación superior en diversas
disciplinas. El número de miembros del directorio debiera ser de
seis, como en Francia. Tendrían que ser seleccionados por concurso
público y por antecedentes publicados por lo menos en los sitios web
universitarios.
- La
CONEAU como órgano encargado de velar por la calidad y las
acreditaciones necesita otras reformas para que la acreditación de
las especializaciones, que son muchas y atascan los procedimientos,
vuelvan a ser incumbencia de las universidades. Sería conveniente
también conservar a la CONEAU como única agencia nacional (en la
actualidad existen otras dos privadas) teniendo en cuenta las
convergencias en curso dentro del MERCOSUR universitario.
- Un
problema agudo es el crecimiento de las ofertas de educación
superior a distancia. En la actualidad hay cerca de 200.000 usuarios
de cursos o programas completos de educación a distancia. Hacia el
2020 podrían ser más de 600.000. La ley de educación superior, con
visión prospectiva, tiene que formalizar el reconocimiento del
espacio de educación superior a distancia y al mismo tiempo tiene
que proponer la creación de un organismo para regular la actividad
del sector.
-
Actualmente existe la Red Universitaria de Educación a Distancia
(RUEDA) por donde se ofrecen cursos y carreras de las distintas
universidades nacionales. Sería conveniente ,como en Brasil,
formalizar la existencia de una Universidad Virtual Argentina con
los mismos componentes. En la misma línea de Brasil, sería
conveniente crear una Subsecretaría de Educación a Distancia para
tratar los problemas específicos del sector. Por ejemplo: dictaminar
sobre la aparición constante, diaria, de ofertas transfronterizas y
mercantiles en el espacio nacional.
- El
MERCOSUR educativo ha permitido acordar mecanismos para
reconocimiento de diplomas y para acreditación de carreras
profesionales. También se ha avanzado en términos de intercambios
académicos. Brasil ya creó la UNILA, universidad para la integración
latinoamericana. El perfil bilingüe o trilingue (portugués, inglés,
castellano) de los graduados brasileros confiere una ventaja
evidente en el mercado profesional y coloca a los argentinos en
desventaja. Por lo tanto, debiera reconocerse como requisito de
todas las carreras de posgrado el aprendizaje del portugués y del
inglés para asegurar la inserción de los graduados en todo el
continente americano. El aprendizaje del español está instituído por
ley en las escuelas primarias y secundarias de Brasil. Aquí podría
instituirse como requisito de los estudios de posgrados el
conocimiento del portugués, cumpliendo así con los protocolos del
MERCOSUR.
- El
posgrado se encuentra desfinanciado y desjerarquizado. No forma
parte del presupuesto y del gobierno universitario. Sus alumnos y
profesores no tienen claustro ni ciudadanía universitaria, no votan.
El posgrado es el talón de Aquiles de la Argentina en este momento.
Mientras que Brasil gradúa cerca de 10.000 doctores por año,
Argentina forma cerca de 500 doctores por año. El sistema de
posgrado y en particular los doctorados deben ser financiados por el
presupuesto universitario nacional y nó como en la actualidad en que
la mayoría se costea con los aranceles de los alumnos. Reconocer la
ciudadanía universitaria de los profesores y estudiantes de
posgrados sería coherente con el modelo de co-gobierno que sustenta
la gestión en las universidades
nacionales.
-
Otro aspecto importante es la valorización de los títulos de
posgrados que no dan lugar a remuneraciones especiales, como ocurre
con los títulos de grado. (Esto se ha planteado en las paritarias
con los gremios universitarios). También es importante afirmar, como
se hace en algunos estatutos universitarios, y en la ley de
educación superior vigente, que los cargos superiores de profesores
(profesor titular, asociado) requieren el máximo nivel académico (el
doctorado).
-
Asegurar la igualdad de oportunidades para acceder a la educación
superior es un principio que tiene consenso universal. Pero, aplicar
este principio se requieren fuertes programas de becas. La
experiencia internacional muestra que solo cuando los individuos
discriminados y con bajos recursos disponen de un apoyo económico
específico pueden superar las barreras sociales, culturales o de
género. La ley de educación superior puede establecer que se
destine un 10% del presupuesto universitario nacional para un
programa de unas 40.000 becas mensuales equivalentes a un salario
mínimo. (En 2007 el Ministerio de Educación otorgó cerca de 6.000
becas universitarias anuales de $ 2.500). En EE.UU. y Europa el
gasto en becas equivale a más del 30% del gasto en educación
superior.
-
Salvaguardar las publicaciones científicas, pedagógicas y
culturales es de sumo interés para las universidades y para el país.
La ley de educación superior podría alentar la formación de un
consorcio de universidades nacionales para las publicaciones y
producciones multimediales de carácter académico. Ya existe REUN
(Red de editoriales universitarias nacionales) que podría
transformarse en una editora universitaria argentina con capacidad
para proyectarse hacia todo el mundo de habla castellana.
- La
internacionalización académica avanza. La movilidad estudiantil
crece. El MERCOSUR educativo ya ha analizado la conveniencia de
instituir el sistema de créditos para facilitar los intercambios de
estudiantes. El Proceso de Bolonia en Europa (54 países) también
incorpora este mecanismo. Convendría adoptar entonces el sistema de
créditos para todas las universidades argentinas, públicas o
privadas. Esto permitiría, también, flexibilizar el currículo, ya
que los estudiantes podrían incorporar a su plan de estudios
materias cursadas en distintas instituciones.
-
La actual ley de educación superior buscó fragmentar las
negociaciones salariales y las organizaciones gremiales. Con un
gran desgaste para todos los sectores involucrados. Las fuentes
principales de recursos de las universidades nacionales provienen
del Estado Nacional y por lo tanto hay que volver a una única
paritaria para el personal docente y empleados. Esto implica
establecer también un escalafón único para docentes y para empleados
de las universidades nacionales. Las condiciones de las carreras
docentes, del régimen de concursos y de otros procedimientos tienen
que ser coherentes con el carácter “nacional” de los cargos. O sea,
tiene que asegurarse la apertura nacional al concurso de candidatos
de cualquier lugar del país.
-
Para facilitar la movilidad estudiantil en todo el sistema
universitario nacional conviene instituir un Código Universitario
Nacional para el cual ya está preparado el SIU, Sistema de
Información Universitario del Ministerio de Educación. Con este
Código se podrán obtener vía Internet o telefónica todas las
informaciones pertinentes del interesado y se podrán realizar
trámites de inscripción y otros.
- La
internacionalización de la educación superior ya forma parte de la
experiencia de casi todas las universidades. La Ley de Educación
Superior, como se está procediendo en Europa, debe por un lado
promover la circulación de estudiantes y profesores; y por otro lado
debe asegurar la correspondencia de las certificaciones académicas.
En este sentido la Ley de Educación Superior española permite que un
estudiante universitario elija hasta un 10% de materias electivas en
cualquier universidad del país en acuerdo con sus tutores
académicos. Esta modalidad podría ser adoptado por la LES argentina.
- El
actual sistema de gobierno en las universidades nacionales padece de
una estructura pre-moderna donde se confunden las funciones
ejecutivas, legislativas y arbitrales en los consejos superiores.
Sería absolutamente conveniente delimitar esas instancias y
establecer la división de poderes y de funciones. El Rector y los
Decanos tienen que tener todas las responsabilidades en tanto
autoridades electas para tomar las decisiones administrativas y
operativas. Los Consejos Superiores tienen que tener como función
establecer políticas académicas y ejercer el control de gestión.
Deben existir mecanismos de arbitraje de conflictos, para eso se
propone la creación de la figura del Mediador Académico, que debería
ser un profesor de máximo nivel y reconocimiento elegido por todos
los miembros de la comunidad universitaria por voto universal.
- La
distribución de los cupos de participación de los claustros en todas
las universidades tiene que ser igual para todas las universidades
nacionales, porque de lo contrario se crean asimetrías que los
distintos sectores consideran injustas (inclusión/no inclusión de
empleados en el gobierno, mayor o menor participación de
estudiantes, mayor o menor participación de profesores, etc.). A mi
entender una estructura de participación similar al de las
universidades federales brasileras parece el más adecuado: 60% de
votos para los profesores, 30% del voto para estudiantes y 10% del
voto para empleados. La inclusión del voto de los graduados se ha
demostrado redundante e innecesaria. El claustro de graduados no
cumplió con las funciones que se pensaron que podía asumir: conectar
a la universidad con la sociedad, aportar informes sobre las
demandas profesionales en el mercado, procurar recursos extra para
las universidades.
- En
cuanto a los empleados, pensando en una participación efectiva de
los mismos en el co-gobierno, debiera establecerse la carrera del
funcionario universitario que requiere que todo el personal
administrativo, técnico y profesional tenga diploma universitario
(algo usual en universidades norteamericanas, europeas y
brasileras). Por otro lado, esto implica profesionalizar la gestión
de las universidades hasta el cargo de los Secretarios de Facultad.
O sea, deben ser personal de carrera. En este momento ya existen
programas de tecnicatura en gestión universitaria que han sido
organizadas por los gremios o por algunas universidades.
- El
sistema argentino de educación superior ofrece más de 5.000 títulos,
con posibilidades de acceso variadas en todo el territorio nacional
y por Internet. Sus problemas principales radican en los bajos
rendimientos académicos y en la incapacidad para planificar y
determinar cambios y objetivos para el futuro. Necesita reforzar la
gestión pero también la calidad académica.
Si el sistema de educación superior mejorara hasta
alcanzar un 50% de graduados entre sus ingresantes, cerca el promedio
regional latinoamericano, entonces el problema sería la capacidad del
mercado y de la sociedad para absorber estos graduados (que podrían ser
del orden de los 200.000 por año para el 2020). Argentina ya posee el
perfil educativo más alto de su fuerza de trabajo en América Latina. Por
lo tanto tiene una de las condiciones esenciales para adoptar un modelo
de desarrollo con uso intensivo del conocimiento. Esta es la decisión
crucial. Que debería comenzar en el Estado, principal empleador de
profesionales universitarios. La profesionalización de las funciones
públicas y la preparación de funcionarios públicos desde la misma
universidad resulta fundamental. En la perspectiva optimista de un país
con un modelo de desarrollo inteligente y solidario, la función de la
ley debe ser la de facilitar, no reglamentar, los cambios y de
asegurar mecanismos que permitan realizar políticas de igualdad de
oportunidades, de transferencias de conocimientos a la sociedad, de
producción científica y innovaciones pedagógicas.
- Si
tenemos en cuenta que la Educación Superior en general va a atender
a cerca de 4 millones de personas en los próximos diez años, de los
cuales el 60% corresponderá a la matrícula de las universidades
nacionales, si tenemos en cuenta el alto índice de deserción que se
produce actualmente y los déficits de equipamiento existentes, el
presupuesto de las universidades nacionales no podría ser inferior
al 1% del PBI. (en la actualidad se encuentra cerca del 0,8% para
una PBI estimado de unos 250 mil millones de dólares). Este volumen
de inversión se justificaría por el impacto de la educación superior
en el crecimiento económico, porque permitiría mejorar la retención
de los jóvenes en la enseñanza universitaria y porque fortalecería
las políticas sociales que buscan la equidad.
|