Diversidad… Pero Igualdad ante la Ley

 por Lic. María Belén Cairo Sastre*

En principio quiero expresar mi agradecimiento por la posibilidad de poner mi voz en este ámbito, que es un honor. Tuve la ocasión de hacerlo en la consulta previa a la sanción de la Ley Provincial de Educación en la Provincia de Buenos Aires y tampoco allí escatimé la palabra. También me parece importante aclarar que todo aquello que manifieste estará dicho desde la práctica política en que me desempeño, que es la de ser maestra y formadora de maestras, fundamentalmente en el Partido La Matanza. Cuando asumió su cargo la actual Presidenta de la Nación, la Dra. Cristina Fernández, nombró entre sus pretendidas acciones de gobierno a la Ley de Educación Superior en el discurso inaugural: fue todo un gesto en ese momento; y también lo es el hecho de que estemos hoy debatiéndola en los Institutos Superiores de Formación de todo el país, en algunas Universidades y en este ámbito, por supuesto. Finalmente, para terminar con este párrafo aclaratorio, deseo explicitar que, ya que mi desempeño en Educación Superior está ceñido a la Formación Docente a la que sé con identidad propia, reniego de definirla por la negativa respecto de la Educación Superior Universitaria y, a partir de este momento aludiré a la Formación Docente cada vez que diga Educación Superior, sin necesidad de ninguna otra aclaración.

La Ley Nacional de Educación Superior debe fortalecer al Nivel en sus rasgos específicos y, a la vez, brindar las herramientas para la integración de éste en el conjunto del sistema educativo. Es inadmisible en los tiempos históricos que nos tocan, que algún Nivel del Sistema monte su pretendida elite en lo que es nada más y nada menos que una de sus funciones y que, entonces, desde su cumbre enclenque y habiendo levado anclas del Sistema pretenda erguirse como observador externo, objetivo, desnudo de cargos y, todavía, autorizado a juzgar y a cercenar. Por otro lado, y siguiendo con esta misma lógica, la Educación Superior debe abandonar, desde la normativa misma, esos rasgos secundarizados heredados del normalismo y que tanto perjudican a los estudiantes. La articulación con los otros niveles del sistema tendrá que contemplar lazos verticales y horizontales que aseguren trayectorias dinámicas, diversas e inclusoras para la totalidad de los actores. En cuanto a la horizontalidad quiero expresar la necesidad de que la Ley contemple la circulación interinstitucional a ciclo abierto y no sólo a ciclo cerrado como actualmente sucede.

Respecto del gobierno y la administración del Nivel Superior quiero plantear la necesidad de establecer una forma colegiada que trascienda los Consejos Académicos Institucionales, de tinte Regional con representantes de todas las instituciones del Nivel, incluso de las universidades.

En cuanto a las condiciones de ingreso la Ley podría exigir la acreditación del nivel inmediato anterior como única restricción aparte de las limitaciones que los sujetos descubran de sí mismos y fortalecer la permanencia de los estudiantes contemplando la posibilidad de crear trayectos complementarios para quienes los necesiten y defender el tan bastardeado principio de equidad.

Es en estos términos que me pregunto hasta cuándo la normativa va a otorgar con su silencio que la expulsión es excelencia educativa; hasta cuándo vamos a permitir que se publiquen resultados de fracaso en los ingresos con cierta sádica fruición por despellejar al nivel anterior, a la juventud perdida y, como si no fuera suficiente, sobre ese fracaso masivo construir un imaginario de excelencia y honorabilidad. O peor, aún; cuándo vamos a llamar a los fenómenos por su nombre y decir, entonces, que aquellos excelentes profesionales que egresan lo son más por un simple hecho de selección natural, en clara alusión al darwinismo, que por la calidad de las propuestas pedagógicas.

Por otro lado, hay cierto consenso en la comunidad académica respecto de la función de los Institutos Superiores; ya nadie duda de las famosas cuatro patas que los (nos) sostienen: formación, investigación, extensión y gestión. Formación de todas y todos los estudiantes, sin distinción de puntos de partida y, reitero, con trayectos complementarios que garanticen la equidad. Investigación, es decir, la producción de conocimientos, la reflexión sobre un hacer y un saber didáctico, la investigación sobre la propia práctica. La extensión, que no es otra cosa que la socialización del conocimiento, que la entrega de esa producción, que la garantía de la circulación. Y, finalmente, la gestión; una función a veces subestimada en su arista política, pero crucial a la hora de incidir en su doble movimiento: hacia el interior de los Institutos y hacia los otros niveles del sistema, incluyendo la incidencia en las políticas educativas regionales y nacionales, llegado el caso.

Sin embargo, y a pesar de ese cierto consenso explicitado es el marco normativo, la letra de la Ley Nacional de Educación Superior, esa que hoy está en sus manos, la que debe garantizar a los Institutos Superiores todas las herramientas necesarias para que estas funciones puedan concretarse de manera institucional; trascendiendo la apelación al voluntarismo y la puesta en marcha de grandilocuentes estrategias mentirosas que, lejos de aportar a que se cumplan las funciones naturales de los Institutos confunden a sus actores y los sumergen en el como sí… tan poco funcional al conocimiento.

Honorables Diputados y Diputadas que conforman esta Comisión, para terminar, quiero decir que jamás descreo del voto popular y ese fue el mecanismo por el que cada uno de Uds. está en el lugar en el que está; espero, con esperanza espero, que puedan estar a la altura de la enorme responsabilidad que este tiempo histórico requiere de cada uno, si lo que realmente deseamos es que, de una vez y para siempre, nuestra Entrañable Argentina sea una Nación Grande, en la que los circuitos privados sean elegidos por quienes quieran juntarse sólo con los suyos, pero que no exista una diferencia de velocidad, una adscripción internacional que garantice algún valor más a la titulación de esos, en detrimento de los que no pueden elegir; una Nación Grande en la que todo el pueblo goce del derecho a la diversidad, no como estrategia de segregación sino, en igualdad ante la Ley.

Muchas gracias.

 

* Coordinadora del Polo de Desarrollo

Escuela Normal Superior Dr. Mariano Etchegaray, I.S.F.D. Nº 105
Ciudad Evita, La Matanza