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“LA EDUCACIÓN MEDICA EN EL ÚLTIMO SIGLO DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA”
Prof. LUCIA M. BONOMI*
El desarrollo
de la enseñanza en Medicina tuvo etapas brillantes, fruto de científicos
cordobeses herederos de destacados maestros europeos, quienes fundaron una
tradición de disciplina científica y calidad profesional reconocida en toda
América. Los avatares
de la política en nuestro país provocaron cambios de todo tipo en la vida
académica de la Universidad Nacional de Córdoba. En el transcurso de los
últimos cincuenta años los altibajos de las políticas académicas;
promoviendo y destruyendo los avances pedagógicos; llevaron a éstos a la
mínima expresión en estos últimos años. Hoy, que
hablamos de una economía del conocimiento, nos encontramos con una currícula
muy desbastada por la falta de planificación en la búsqueda del producto
médico. Se proclama producir una discusión enriquecedora, entre los
distintos estamentos, para alcanzar un programa de excelencia. En la
práctica NO se ejecutan tales mecanismos. El hegemónico
y desacertado accionar de los funcionarios directivos nos han llevado a la
pérdida de toda lógica que nuestra evolución exige a los fines de producir
médicos conocedores de su arte y de su ciencia. Universalmente hay un
despliegue de estrategias que aseguran la transferencia del conocimiento y
su aplicación. Hoy, en nuestra Facultad de Ciencias Médicas se estrechan las
mentes y se empobrece la economía del conocimiento. ¿Qué podrán
ser o saber ser nuestros médicos?, si les alcanzamos escasos retazos o
mendrugos de conocimientos que les sirven sólo para confundir lo que es el
saber, o el creer que se sabe. Los adiestramos dentro de un sistema de
discontinuidad e indisciplina de estudio. Los adiestramos bajo un manto de
pobreza intelectual ruin y vacía de objetivos. ¿Quién podrá
aceptar que en un sólo lapso de DOCE HORAS se logre enseñar las bases de la
NEUROLOGÍA CLÍNICA? ¿Quién puede aceptar que un médico fundamente sus
conocimientos clínicos en TREINTA HORAS de intercambio con sus docentes? ¿Quién puede
aceptar que un médico se diplome para practicar el arte de la medicina
cuando en su vida y con mucha suerte pudo haber visto diez pacientes? ¿Quién puede
creer que el año de medicina rotatoria para práctica puede suplir todas las
pérdidas de los cinco años ya transcurridos en las aulas de la Facultad? ¿Quién puede
satisfacer lo perdido o aquietar las angustias del vacío existencial que
arrastran dentro de una práctica también vacía? Se habla
mucho de la Medicina por la Evidencia como una estrategia científica del
Médico Generalista o –aún- del Especialista. Nuestros médicos no podrán
construir sus diagnósticos por la evidencia porque no tienen las bases
teóricas y conceptuales para sostener los criterios a tal fin. Porque han
perdido la brújula del conocimiento y han perdido el norte filosófico de su
porqué y para qué. Sólo saben que son portadores de un vacío de objetivos y
perspectivas que los llevan a ser la mínima expresión de un “proveedor de
salud” y con el escepticismo de sentirse un “curador”; ni tan siquiera un
“sanador” porque no posee la mística del ser médico, Desde
HIPÓCRATES hasta hoy pareciera que no ha pasado nada. Es decir, SI han
ocurrido eventos muy importantes que han revolucionado la enseñanza de la
Medicina. La vida social se plantea cada vez más conflictiva a todo nivel.
Ni hablar en lo laboral y profesional. El ámbito intelectual del aprendizaje
es lo más caótico. Los jóvenes transitan por la vida en una burbuja de
inconsciencia, en un espacio histórico de incoherencias, antinomias o
anomias. Lo que parece ser no es y lo que es, parecer no ser. Estas
reflexiones surgen del caos estructural que explican la irrespetuosidad y
falta de ética en la formulación de planes de enseñanza por parte de quienes
tienen la máxima responsabilidad de conducir al educando y proveer al
conocimiento de quienes tendrán la responsabilidad de la salud de sus
congéneres. Pareciera que MACCHIAVELO se reinstaló en el poder para LA DESTRUCCIÓN DE LA LÓGICA Y NO PARA LA CONSTRUCCIÓN DEL SER Y DEL SABER SER.
* Profesora EMÉRITA de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA -
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