“LA EDUCACIÓN MEDICA EN EL ÚLTIMO SIGLO DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA”

 

Prof. LUCIA M. BONOMI*


Considere Ud. qué es un verdadero privilegio el haber transcurrido los últimos cincuenta años dentro del escenario universitario que conforma la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba. ¿Quién es el longevo que se para con tanta euforia metafísica ante la vidriera de la historia que los académicos de la Medicina proyectaron en nuestra tricentenaria Universidad? La experiencia vivida, la imaginación y los testimonios históricos de GARZÓN MACEDA nos alientan a dejar en Uds. una visión de lo que hemos aprehendido en los últimos 50 años; vitales, sufridos y fructíferos; dentro del marco centenario de la accidentada vida de nuestra “alta” casa de estudios.
 

El desarrollo de la enseñanza en Medicina tuvo etapas brillantes, fruto de científicos cordobeses herederos de destacados maestros europeos, quienes fundaron una tradición de disciplina científica y calidad profesional reconocida en toda América.
 

Los avatares de la política en nuestro país provocaron cambios de todo tipo en la vida académica de la Universidad Nacional de Córdoba. En el transcurso de los últimos cincuenta años los altibajos de las políticas académicas; promoviendo y destruyendo los avances pedagógicos; llevaron a éstos a la mínima expresión en estos últimos años.
 

Hoy, que hablamos de una economía del conocimiento, nos encontramos con una currícula muy desbastada por la falta de planificación en la búsqueda del producto médico. Se proclama producir una discusión enriquecedora, entre los distintos estamentos, para alcanzar un programa de excelencia. En la práctica NO se ejecutan tales mecanismos.
 

El hegemónico y desacertado accionar de los funcionarios directivos nos han llevado a la pérdida de toda lógica que nuestra evolución exige a los fines de producir médicos conocedores de su arte y de su ciencia. Universalmente hay un despliegue de estrategias que aseguran la transferencia del conocimiento y su aplicación. Hoy, en nuestra Facultad de Ciencias Médicas se estrechan las mentes y se empobrece la economía del conocimiento.
 

¿Qué podrán ser o saber ser nuestros médicos?, si les alcanzamos escasos retazos o mendrugos de conocimientos que les sirven sólo para confundir lo que es el saber, o el creer que se sabe. Los adiestramos dentro de un sistema de discontinuidad e indisciplina de estudio. Los adiestramos bajo un manto de pobreza intelectual ruin y vacía de objetivos.
 

¿Quién podrá aceptar que en un sólo lapso de DOCE HORAS se logre enseñar las bases de la NEUROLOGÍA CLÍNICA? ¿Quién puede aceptar que un médico fundamente sus conocimientos clínicos en TREINTA HORAS de intercambio con sus docentes?
 

¿Quién puede aceptar que un médico se diplome para practicar el arte de la medicina cuando en su vida y con mucha suerte pudo haber visto diez pacientes?
 

¿Quién puede creer que el año de medicina rotatoria para práctica puede suplir todas las pérdidas de los cinco años ya transcurridos en las aulas de la Facultad?
 

¿Quién puede satisfacer lo perdido o aquietar las angustias del vacío existencial que arrastran dentro de una práctica también vacía?
 

Se habla mucho de la Medicina por la Evidencia como una estrategia científica del Médico Generalista o –aún- del Especialista. Nuestros médicos no podrán construir sus diagnósticos por la evidencia porque no tienen las bases teóricas y conceptuales para sostener los criterios a tal fin. Porque han perdido la brújula del conocimiento y han perdido el norte filosófico de su porqué y para qué. Sólo saben que son portadores de un vacío de objetivos y perspectivas que los llevan a ser la mínima expresión de un “proveedor de salud” y con el escepticismo de sentirse un “curador”; ni tan siquiera un “sanador” porque no posee la mística del ser médico,
 

Desde HIPÓCRATES hasta hoy pareciera que no ha pasado nada. Es decir, SI han ocurrido eventos muy importantes que han revolucionado la enseñanza de la Medicina. La vida social se plantea cada vez más conflictiva a todo nivel. Ni hablar en lo laboral y profesional. El ámbito intelectual del aprendizaje es lo más caótico. Los jóvenes transitan por la vida en una burbuja de inconsciencia, en un espacio histórico de incoherencias, antinomias o anomias. Lo que parece ser no es y lo que es, parecer no ser.
 

Estas reflexiones surgen del caos estructural que explican la irrespetuosidad y falta de ética en la formulación de planes de enseñanza por parte de quienes tienen la máxima responsabilidad de conducir al educando y proveer al conocimiento de quienes tendrán la responsabilidad de la salud de sus congéneres.
 

Pareciera que MACCHIAVELO se reinstaló en el poder para LA DESTRUCCIÓN DE LA LÓGICA Y NO PARA LA CONSTRUCCIÓN DEL SER Y DEL SABER SER.

 

* Profesora EMÉRITA de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA -