APORTES 

 

 

JORNADAS A DIEZ AÑOS DE LA SANCION DE LA

LEY FEDERAL DE EDUCACION

 

ORGANIZADAS POR LA COMISIÓN DE EDUCACIÓN DE LA

HONORABLE CÁMARA DE DIPUTADOS DE LA NACIÓN


 

 

 

Título: “Una mirada sobre la escuela secundaria”

 

Tema: Estructura del sistema educativo- escuela secundaria - obligatoriedad.

 

Autoras: Prof. Claudia Bracchi y Lic. Victoria Gonzalez

 

Institución: Universidad Nacional de La Plata

 

Datos personales:

 

Claudia Bracchi

Domicilio: calle 125 Nº 25 Ciudad de Ensenada. Cod. Postal (1925) Prov. Buenos Aires. Tel. particular 0221-425-8862, Tel. laboral 0221-483-8777

Correo electrónico: dfabian@netverk.com.ar

 

Victoria González

Domicilio: Juncal Nº 1635 3º B Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Tel particular 4811-1176.

Correo electrónico: victoriagnonzalezm@hotamail.com

 

 

 

 

 

 

 

Una mirada sobre la escuela secundaria argentina.

Claudia Bracchi[1]

Victoria González[2]

La historia

Si bien la escuela media ha cumplido diferentes e incluso múltiples funciones a lo largo del tiempo, es posible afirmar que la sociedad argentina le asignó tradicionalmente, al menos dos funciones principales. Filmus y Moragues en un trabajo reciente identifican al menos tres etapas en el desarrollo histórico del nivel, subrayando en cada una de ellas el predominio de una modalidad específica. Con respecto a la primera etapa, afirman que existe consenso acerca de que en sus orígenes, y hasta las primeras décadas del siglo XX, la escuela media tuvo como principal función la preparación y selección de aquellos alumnos que habrían de acceder a la educación universitaria, así como la formación de los funcionarios públicos que el incipiente aparato burocrático requería.

Esta función no presentaba discontinuidades respecto del modelo de desarrollo económico adoptado, de producción y exportación de bienes primarios de origen agrícola y minero. En este sentido, cabe señalar que el rápido desarrollo del sector primario de la economía no fue acompañado por un movimiento similar en el sector industrial, siendo por tanto, escasas las tareas productivas que requirieron cierto nivel de capacitación (Filmus, 2001). Así, durante el gobierno de la generación del 80, la escuela secundaria, estuvo caracterizada por una función puramente política, es decir formar un tipo de ciudadano con capacidades para cumplir papeles políticos, poder acceder a la universidad o a empleos en la administración pública, en este sentido, fue una educación fundamentalmente elitista. El tipo de Estado oligárquico liberal que se establece durante el siglo XIX sólo estará interesado, por tanto, en aquella educación abocada al desarrollo y mantenimiento de las elites dirigentes (Tedesco, 1986; Rama, 1987).

A partir de 1930, acompañando la transformación del modelo de crecimiento económico, se produce un cambio en el nivel medio vinculado a las modificaciones ocurridos en la esfera productiva (desarrollo de la Industrialización por Sustitución de Importaciones). Se desarrolla, además de la tradicional educación humanista en el nivel medio, un tipo de educación vinculada a una formación más técnica.

Con el advenimiento del gobierno peronista se profundizan las características anteriores tratando de hacer hincapié en una educación técnica vinculada a la cultura del trabajo manual. En la década del 60, con los gobiernos de corte desarrollista el énfasis estuvo canalizado en la educación secundaria y universitaria ya que eran los niveles de enseñanza más comprometidos con el desarrollo del proyecto económico de ese momento. Durante los años 70 se concebía a la educación y por lo tanto a la escuela, siguiendo las tendencias mundiales, como un aparato reproductor de las ideologías y de las relaciones sociales que establecen las clases dominantes. A partir del golpe militar de 1976 el autoritarismo esparcido por todos los rincones de la sociedad penetra también en la totalidad del sistema educativo y atraviesa a la escuela media.

Posteriormente, en la década del 80 los cambios estuvieron vinculados a la apertura democrática. Se abrió el diálogo y el debate sobre educación media en general y sobre su calidad en particular. A partir de 1988 se pusieron en práctica estrategias de transformación del nivel medio relacionadas al mejoramiento de la calidad de éste (Braslavsky y Tiramonti, 1990). En la década del 90 lo central en educación se produce a través de la nueva Ley Federal de Educación sancionada en 1993 que sintéticamente plantea el rediseño de la estructura del sistema educativo, se extiende la educación primaria de 7 a 9 años, produciendo un corte en la antigua educación secundaria, ésta queda sólo en tres años hoy denominada educación polimodal, por otra parte el hincapié estuvo puesto también en los procesos de descentralización administrativa de los establecimientos, entre otros grandes cambios. Por ese entonces, además, se elaboraron programas compensatorios como el Plan Social Educativo y, en 1997, Becas de Retención Escolar, cuyos objetivos eran mejorar la equidad de aquellos sectores menos favorecidos.

Teniendo en cuenta las consideraciones precedentes podemos decir que la educación secundaria, en la actualidad, forma parte de lo que los especialistas denominan educación básica[3], razón por la cual también se ha trasformado en un segmento altamente masivo[4]. Esta característica, como señalan Dubet y Martuccelli (1998), es producto del crecimiento del sistema escolar en todos sus segmentos. Esto genera indefectiblemente un cambio en las reglas del juego del mismo y hace que entre en un proceso de diversificación continua por su propio movimiento y dinámica. Que sea cada vez más masivo significa que las características que presenta su población son de una alta heterogeneidad. Inevitablemente implica una readaptación del sistema a su continua y renovada población.

Los jóvenes[5]

La categoría juventud se manifiestan como una construcción social, es decir se construye de acuerdo a las épocas y a las culturas y, en última instancia, también al sector social al que se pertenezca. La división por edades es una arbitrariedad impuesta y a su vez un objeto de lucha, establecer los límites es parte de esta arbitrariedad, por eso podemos decir que esta demarcación se encuentra altamente atravesada por la cuestión del poder como una forma de imponer los límites (Bourdieu 1990, Urresti 2000)

Los límites generacionales no se encuentran dados sino que se construyen socialmente mediante la interacción social, en este sentido Bourdieu propone hablar de las diferentes juventudes ya que al ser una construcción social son varias las que se presentan, podemos encontrar a jóvenes de la misma edad biológica pero con condiciones de vida altamente diferentes que tienen origen en el sector social al que pertenecen.

La condición de joven adolescente en este caso se encuentra vinculada, a su vez, a la permanencia en el sistema educativo. En cambio, los que se retiran (o son expulsados) anticipadamente del sistema educativo para insertarse en el mercado laboral, adquieren la condición de adultos. El pasaje de la escuela al trabajo es considerado como el pasaje de joven a adulto.

Al hablar de nivel medio estamos hablando, fundamentalmente, de adolescencia es decir aquella etapa clave en la formación de la identidad social que se va construyendo a través del proceso biográfico (la trayectoria de los jóvenes con relación a las diferentes instituciones sociales por las que estuvo y está atravesado) y relacional (referido con el reconocimiento de los otros de su propia identidad, saberes y competencias de acuerdo con los distintos espacios sociales) (Pake y Bhatti, 1999).

Por oposición al concepto de adulto[6], el de juventud sería aquel que está dado por un período de mora en el que determinada población llega a la madurez sexual, a la plena capacidad biológica para reproducirse, pero no encuentra todavía capacidad para convertirse en un adulto y espera conseguir las cualidades que le otorguen esa posición (Urresti, 2000). Por lo tanto ser joven estaría dado por una serie de características como la edad, si bien no es un factor determinante, la generación a la que se pertenece ya que marca la época en la que el individuo fue socializado, la conformación de la identidad social, la clase social a la que se pertenece, el marco institucional, el género y por la moratoria vital [7] (Margulis y Urresti, 1996). Es cierto también que esta moratoria social no es para todos los jóvenes por igual, hay grupos juveniles para los que prácticamente este concepto, que funciona como una herramienta fundamental para definir la juventud, no es aplicable. Los jóvenes de sectores populares donde prácticamente no hay juventud ya que por diferentes razones (maternidad adolescente, necesidad de trabajar, abandono del sistema educativo, en definitiva desigualdad social) el periodo de moratoria es prácticamente inexistente, como ya se dijo anteriormente es una categoría atravesada por el concepto de poder.

 

La relación con el mercado de trabajo

La escuela media funciona como lo describe Filmus, de trampolín a paracaídas: no ayuda a ascender socialmente, por el contrario, en las actuales condiciones sociales y el proceso de reversión por el que atraviesa actualmente la movilidad social, funciona como un paracaídas que posibilita hacer del descenso una caída más lenta y más amortiguada.

Finalizar los estudios secundarios no es garantía de tener un trabajo asegurado, para conseguirlo hacen falta más títulos y certificaciones, por lo tanto a mayor cantidad de títulos más posibilidades de conseguir empleo aunque para el desempeño del mismo los sujetos se encuentren sobre-educados (efecto fila[8]). Por otro lado y desde el punto de vista juvenil puede observarse que la escuela secundaria significa “la postergación de la incertidumbre que emana del mercado de trabajo”.

Hoy en día la escuela secundaria adquiere dos dimensiones importantes. Se presenta por un lado, como necesaria pues brinda la posibilidad de acceder a empleos de calidad y a los sectores modernos de la economía y, por el otro lado, como insuficiente pues no asegura a sus egresados la posibilidad de empleo en los segmentos de calidad. Se reafirma entonces la idea de que ir a la escuela dejó de estar asociado a las expectativas de conseguir un empleo que brinde la posibilidad de lograr autonomía e independencia económica para alcanzar la condición adulta (Filmus, Kaplan y otros, 2001).

Se pueden clasificar de tres maneras diferentes la relación de los jóvenes con la educación, en primer lugar de afiliación educacional: la realización de estudios secundarios, terciarios o universitarios o la finalización de los mismos. En segundo lugar vulnerabilidad: nivel secundario finalizado pero sin continuidad en estudios formales y, en tercer lugar desafiliación: sin asistencia a establecimientos educativos secundarios o con estudios primarios incompletos o carencia absoluta de algún estudio formal (Salvia y Miranda, 1999). Las crecientes transformaciones de los procesos productivos, la incorporación de la nueva tecnología y la escasez de trabajo relacionado al denominado efecto fila condicionan una demanda de trabajadores cada vez más calificados. Esto a su vez dificulta otra serie de factores vinculados a las cuestiones culturales ya que anteriormente la construcción de la identidad adulta estaba dada por el paso del sistema educativo al primer empleo, relación que en la actualidad se presenta más compleja (o no se presenta) por la falta de empleo y de oportunidades para conseguirlo.

 

La empresa

En general en los países latinoamericanos, durante la década del 90, comienzan a implementarse diferentes políticas vinculadas a la reforma de sus sistemas educativos. La reforma en el sistema educativo argentino se produce en tres niveles distintos, en primer lugar, el que podríamos llamar cambio de estructura que está asociado a los cambios en los años de escolaridad obligatoria. En segundo lugar, cambio alrededor de la currícula, teniendo en cuenta diferentes modalidades las que en cierta manera se vinculan a los nuevos requerimientos en los puestos de trabajo. Por último, la reforma también introdujo cambios en la gestión.

Actualmente se concibe a la escuela como una organización pedagógica, como una unidad de formación integral con autonomía de gestión y proyecto institucional propio. En Argentina particularmente comenzó todo un proceso de descentralización del sistema educativo y de traspaso de las escuelas que dependían de nación a los Consejos o Ministerios educativos de cada provincia (Tedesco y López, 2001).

Particularmente, la reforma educativa en la provincia de Buenos Aires cae de lleno sobre la modificación del antiguo sistema educativo. Se extendieron los años de escolaridad de los alumnos en la escuela primaria, hoy EGB, transformándola en un ciclo más extenso, es decir pasa de ser un nivel de 7 años a un nivel de 9 años, de esta forma se absorben los dos primeros años de la vieja educación secundaria. La obligatoriedad de la educación ya no sería de 7 años sino de 10 (recordemos que la educación inicial también es obligatoria)[9]. La prioridad planteada con esta reforma es que el alumno permanezca en la escuela hasta los 14 años de edad. Este segmento educativo recibe el nombre de EGB (Educación General Básica) y se encuentra dividido en tres ciclos de acuerdo a los distintos grados (EGB1, EGB2 Y EGB3). El tercer ciclo de la EGB pasaría a cumplir el rol de la transformación en el sistema educativo pues posee una función articuladora que garantiza la finalización integral de la educación general obligatoria y la continuidad en el subsiguiente nivel, el polimodal.

Lo que hoy llamamos Educación Polimodal representan aquellos tres últimos años de la antigua escuela secundaria. Allí la educación se vuelve más especializada en diferentes ramas del conocimiento, es una formación a la que podríamos denominar polivalente, técnico- profesional que se encuentra estrechamente vinculada a la formación profesional y a los sectores productivos de la sociedad.

Esta nueva propuesta pretende adaptarse a las diferentes necesidades planteadas por los alumnos, por la comunidad y por la sociedad en general, de esta manera se expone a la Educación Polimodal como un sistema flexible y dinámico capaz de contemplar las heterogeneidades acaecidas en nuestra sociedad y los intereses y necesidades de los diferentes grupos que la conforman. En este sentido los diversos campos de especialización propuestos son: Humanidades y Ciencias Sociales, Comunicación, Arte y Diseño, Ciencias Naturales, Economía y Gestión de la Organización y Producción de Bienes y Servicios.

Estos cambios en el sistema educativo plantearon además, el tema de garantizar y establecer la equidad en el sistema ya que se asegura, en todas las modalidades ofrecidas, una formación equivalente; y, a su vez, se propone responder a una sólida formación que posibilite y resista tanto la continuación de cualquier tipo de estudios superiores como la inserción a cualquier rama del mercado laboral

Esta reforma educativa se encuentra vinculada a un mercado de trabajo flexible, polivalente, donde la mano de obra necesaria es aquella adaptable a sus nuevas condiciones de funcionamiento como señala Tiramonti, en los 90 la educación es sinónimo de la implementación de un paquete organizacional que se desenvuelve a través de la lógica, la dinámica y las reglas empresariales. Son los criterios de mercado los que dirigen y rigen la nueva gestión educativa, generando, por otro lado, la construcción de nuevas subjetividades vinculadas al desarrollo de las competitividades, las capacidades de adaptación y a la construcción de identidades “ganadoras”.

En la actualidad, es posible afirmar que la educación media atraviesa una crisis de identidad (Gallart, Ibarrolla, 1994). Para Filmus, el nivel medio se ha convertido en una condición necesaria aunque ya no suficiente para el cumplimiento de las tres promesas tradicionales que competen al sistema educativo: el acceso al mercado de trabajo en condiciones dignas, la posibilidad de continuar los estudios superiores y la participación ciudadana plena (Filmus, 2001). 

Podríamos decir entonces que actualmente el análisis que se realiza sobre la función de la escuela media es, por un lado, una análisis que plantea su carácter de necesaria para acceder a empleos de calidad en los sectores modernos de la economía pero, por otro lado, se destaca su carácter de insuficiente para asegurar y garantizar a sus egresados la posibilidad de un empleo en los segmentos de calidad de la economía (Filmus, Kaplan y otros, 2001).

 

La propuesta

Con este trabajo nos propusimos revisar la educación secundaria, sus funciones  en diferentes momentos históricos, haciendo hincapié en los jóvenes y en  especial analizando su vinculación con la construcción de ciudadanía, el mercado  trabajo y  los estudios superiores .

 

Este recorrido nos posibilitó centrar la mirada en la estructura del sistema educativo, específicamente en este nivel del sistema y en su obligatoriedad, ya que  consideramos necesario revisar en este sentido el marco normativo.

 

El presente documento pretende contribuir al debate y formulación de propuestas de modificación o complementación de la  normativa vigente. Por lo tanto proponemos por un lado, trabajar en lo que respecta a los aspectos normativos referidos a la obligatoriedad de dicho nivel del sistema educativo. Por el otro, avanzar en la elaboración de estudios que permitan establecer las condiciones mínimas que garanticen  la posibilidad de la extensión de la educación obligatoria.

 

Infraestructura, equipamiento, condiciones pedagógicas,  educación y ciudadanía, el viejo / nuevo contrato escuela-familia, la relación escuela-comunidad etc.  representan algunas de las líneas a trabajar  en función de esta propuesta de más años de escolaridad para los jóvenes.

 

En este sentido,  se propone que el debate referido a la obligatoriedad de lo que conocemos como escuela secundaria (para algunas jurisdicciones EGB3 y Polimodal, para otras Ciclo Básico y Ciclo Superior) se hace necesario realizarlo teniendo en cuenta que las jurisdicciones tendrán que efectuar para su implementación,  estudios que acompañen esta decisión.

 

Los temas y líneas de trabajo a desarrollar, a nuestro criterio, giran en torno a: 1) programas de promoción y apoyo a la escolaridad, 2) asistencia técnica y pedagógica a los equipos directivos de las escuelas, a equipos de orientación  escolar, a profesores y maestros, 3) propuestas de trabajo pedagógico que hagan hincapié en temáticas referidas a la retención de los jóvenes en el sistema educativo y que contribuyan a reducir la desigualdad educativa, 4) revisar y  describir los viejos y nuevos itinerarios escolares de los jóvenes, de manera que a partir de ello, se puedan elaborar propuestas tanto institucionales como de enseñanza-aprendizaje que faciliten la construcción de vínculos alternativos entre lo educativo y lo escolar, configurando así nuevos espacios de aprendizaje para su posterior inserción en la escuela, 5) trabajar sobre las nuevas estructuras familiares para poder establecer un nuevo contrato escuela- familia.

 

 

 

Bibliografía

·        Albergucci, A., “Transformación educativa. Camino y sentido de la escuela polimodal”, Pcia. de Buenos Aires , 1999.

·        Bianchi, A., “La transformación educativa en Córdoba. Reforma con pronóstico reservado”, en Aula Abierta. Revista de Educación, Año 5, Nº 47, Buenos Aires, 1996.

·        Bourdieu, P., “La juventud no es más que una palabra” en Sociología y Cultura, Grijalbo, México, 1990.

·        Braslavsky, C y Tiramonti, G., “Conducción educativa y calidad de la enseñanza media”, FLACSO- Miño y Dávila editores, Buenos Aires, 1990.

·        Buccino, F., Documento Preliminar para un análisis de los Proyectos de Ley de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Vicepresidencia 1° Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Bs. As., julio de 2001.

·        Ibarrola, M. y Gallart, M. A (compiladoras)., “Democracia y productividad. Desafíos de una nueva educación media en América Latina”, UNESCO- Orealc, Bs. As. , 1994.

·        Filmus, D., Kaplan, C., Miranda, A. y Moragues, M. "Cada vez más necesaria, cada vez más insuficiente. Escuela media y mercado de trabajo en épocas de globalización", Santillana, Argentina, 2001.

·        Filmus, D. y Moragues, M., “Para qué universalizar la educación media” en Tenti Fanfani, E. (comp.) Desafíos de la universalización de la escuela media, IIPE, 2003 (en prensa).

·        Mc Pake, J. y Bhatti, G., “Educación y pobreza en Europa Occidental”, en Revista Perspectiva, vol. XXIX Nº 4, Chile, 1999.

·        Margulis, M. y Urresti, M., “Juventud es más que una palabra” en Margulis, M. (editor) La juventud es más que palabra, Biblos, Bs. As., 1996.

·        Rama, G., “Educación y sociedad en América latina” en Revista de Educación, N° 101, OEA, 1987.

·        Salvia, A. y Miranda, A., “Norte de nada. Los jóvenes y la exclusión en la década de los ‘90” en Realidad Económica, Nº 165, Argentina, agosto 1999.

·        Tedesco, J. C., “Educación y sociedad en la Argentina (1880- 1945)”, Ediciones Solar, Bs. As, 1993.

·        ---------- y López, N., “Algunos dilemas de la educación secundaria en América Latina”, IIPE- UNESCO, Bs. As., 2001.

·        Urresti, M. “Cambios de escenarios sociales, experiencia juvenil urbana y escuela” en Tenti Fanfani, E. (comp.) Una escuela para los adolescentes. Reflexiones y valoraciones, UNICEF / Losada, Bs. As., 2000.



[1] Prof. en Ciencias de la Educación (UNLP), Adjunta de la Cátedra de Sociología de la Educación, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UNLP. Cursó la Maestría en Ciencias Sociales con Orientación en Educación (FLACSO sede Argentina).

[2] Lic. en Sociología (UNLP), Ayudante alumna de la Cátedra de Sociología de la Educación, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UNLP. Actualmente cursa la Maestría en Ciencias Sociales con Orientación en Educación (FLACSO sede Argentina).

[3] Anteriormente al hablar de educación básica se hacía referencia a la que se corresponde con el nivel primario, actualmente se habla de considerar e incluir a la educación media como conformadora de ese circuito llamado educación básica, es decir se trata de considerarla también como aquella “cantidad de educación” necesaria para el mejoramiento de la calidad de vida (Braslavsky, 2001).

[4] Al respecto queremos señalar la evolución de la matricula (en miles) hasta el año 1986 de este nivel del sistema educativo a nivel nacional: para 1966 de 828, para 1970 de 975, para 1975 de 1.243, para 1980 de 1,327, para 1985 de 1.684 y para 1986 de 1.810.

[5] Generalmente cuando es necesario realizar análisis estadísticos sobre la categoría juventud ésta es considerada como aquella franja de la población que comprende las edades entre los 15 y los 24 años en cuyo interior se distinguen dos grupos etarios: la adolescencia que va desde los 15 a los 19 años y la juventud plena que abarca desde los 20 a los 24 años.

[6] El adulto es definido por Urresti como aquella persona que ha construido una vida al margen de su familia de origen, que construyó su propia familia y se sustenta solo, que tiene hijos y que ha definido un destino laboral.

[7] El concepto de moratoria vital estaría asociado a aquellos jóvenes, pertenecientes a sectores sociales medios y altos, que mediante la continuación en el circuito educativo universitario se les “extendería” el plazo de ingreso al mercado de trabajo, por lo tanto el plazo para convertirse en adultos.

[8] Filmus denomina, citando a Carnoy, efecto fila al desplazamiento de aquellas personas con menor nivel educativo por parte de aquellas con mayor nivel educativo al momento de conseguir un empleo, aunque estas últimas se encuentren sobrecalificadas o sobreeducadas para el desempeño del mismo

[9] En este sentido la provincia de Buenos Aires definió a la EGB como una “unidad pedagógica y organizada en tres ciclos” con “conducción única”. En cambio la provincia de Córdoba, a pesar de haber suscrito al Pacto Federal, ubico el primer y segundo ciclo de la EGB en el nivel primario y el tercer ciclo lo secundarizó como ciclo básico unificado, es decir que secundarizó al séptimo grado. Luego del CBU sigue el ciclo básico especializado lo que suma un total de seis años de nivel medio. (Albergucci, 1999; Bianchi, 1996) Por otra parte en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no rige la Ley Federal de Educación, por el contrario dicho distrito mantiene la vieja estructura y mediante la Ley N° 898 hace obligatorio el nivel medio (secundario) (Buccino, 2001).